¡Advertencia! Está novela es poli amor. Si no desea leer este contenido detengase y no insulte por favor. Ya está advertido.
El héroe y el villano comparten un único amor dulce y posesivo hacia la extra de una historia.
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Capitulo 13
Han pasado dos años desde que los gemelos partieron a la guerra.
Al inicio las noticias llegaban con frecuencia. Informes del frente, mensajes militares, cartas firmadas por comandantes. Entre esos documentos también estaban las cartas que Bastian y Calister enviaban cuando podían. No siempre llegaban juntas y no siempre eran largas, pero eran suficientes para mantener una conexión con ellos.
Bonnie aprende rápido a reconocer la forma en que cada uno escribe.
En una de sus cartas escribe:
“Las tropas del norte resistieron un ataque esta semana. La disciplina del ejército ha sido clave para mantener la posición. Estoy orgulloso de los soldados que luchan a mi lado.”
Las cartas de Calister son distintas:
“Hoy casi pierdo la paciencia con un capitán que decidió atacar antes de tiempo. Bastian tuvo que intervenir antes de que lo convirtiera en rana. No te preocupes, solo estoy bromeando, aunque la idea no era mala.”
En otra carta escribe algo más serio:
“La magia ayuda, pero no siempre es suficiente. Hubo un momento en el que pensé que no saldríamos de esa batalla.”
Y en la última línea añade:
“Tu carta llegó justo después de eso. Fue un buen momento.”
Bonnie guarda todas esas cartas en una caja de madera dentro de su habitación. No las relee todos los días, pero saber que están ahí le da cierta tranquilidad.
Los meses pasan.
La guerra no termina.
Un nuevo problema aparece cuando un reino aliado del enemigo decide unirse al conflicto. Esa noticia llega al palacio con un informe urgente que se discute durante horas en la sala del consejo.
Bonnie está presente cuando el rey escucha la información.
Un general coloca el mapa sobre la mesa.
—Majestad, el ejército enemigo ha recibido refuerzos del reino del este —dice con voz grave—. Eso significa que el frente norte ahora enfrenta dos fuerzas al mismo tiempo.
El rey observa el mapa con atención.
—¿Los príncipes están en esa zona?
El general asiente.
—Sí, majestad.
La sala queda en silencio unos segundos.
Bonnie mantiene la mirada en los documentos frente a ella. No dice nada, pero siente el peso de la noticia.
Después de esa reunión los informes del frente se vuelven más frecuentes y más tensos.
Las cartas continúan llegando durante algunos meses más.
Bastian sigue escribiendo sobre el ejército, sobre la necesidad de mantener el orden entre los soldados y sobre las decisiones difíciles que debe tomar como líder.
Calister escribe sobre las batallas, sobre la magia que usa para proteger a su hermano, sobre las veces que ha tenido que intervenir cuando un ataque enemigo estuvo a punto de alcanzarlo.
Sin embargo, hace seis meses algo cambia.
Las cartas dejan de llegar.
Al principio Bonnie piensa que es solo un retraso. Las rutas de mensajería siempre han sido complicadas durante la guerra.
Pasa una semana.
Luego otra.
Un mes entero.
No llega ninguna carta.
Bonnie intenta mantenerse tranquila. Sigue trabajando junto a su padre, revisando documentos y ayudando al rey con infórmese de guerra. Nadie en el palacio nota una diferencia en su comportamiento porque ella no permite que la noten.
Un día su padre la observa mientras organiza pergaminos en la oficina.
—Bonnie.
Ella levanta la mirada.
—¿Sí?
El hombre la mira con atención.
—No has recibido cartas últimamente.
Bonnie mantiene la voz tranquila.
—No.
—¿Te preocupa?
Bonnie guarda un documento antes de responder.
—Sí.
Su padre asiente con seriedad.
—Es una guerra. Los mensajeros no siempre logran cruzar el frente.
Bonnie entiende eso.
Aun así, la ausencia de noticias se vuelve cada vez más difícil de ignorar.
Los días continúan pasando.
El palacio sigue funcionando con su rutina habitual, pero en las calles del reino el ambiente cambia. La gente comienza a hablar de la guerra con miedo. Algunos comerciantes se preocupan por el comercio con otros reinos, los soldados que regresan heridos cuentan historias duras y los rumores se esparcen con rapidez.
Una tarde Bonnie escucha a dos sirvientes hablando en un pasillo.
—Dicen que el frente norte está perdiendo terreno —murmura uno.
—Eso escuché también —responde el otro—. Si el enemigo avanza más, la guerra podría acercarse al reino.
Bonnie continúa caminando sin interrumpirlos, pero esas palabras se quedan en su mente.
Decide concentrarse aún más en el trabajo.
Un día el rey la observa durante una reunión.
—Señorita Bonnie —dice mientras enrolla un pergamino—. Ha trabajado con constancia durante estos dos años.
Bonnie inclina la cabeza.
—Solo hago lo que puedo, majestad.
El rey asiente.
—El reino necesita personas que mantengan la calma incluso cuando la situación es incierta. Al terminar esto, le tendré un puesto muy bueno.
Bonnie no responde, pero esas palabras tienen un significado que entiende bien.
Pasan más semanas.
Cada mañana Bonnie revisa la correspondencia del palacio con la esperanza de encontrar una carta con la letra de alguno de los gemelos.
Nunca aparece.
Hasta que un día todo cambia.
La noticia llega al palacio al mediodía, cuando un mensajero del ejército entra al patio principal con el uniforme cubierto de polvo del camino.
Los guardias lo acompañan hasta la sala del consejo.
Bonnie está en la oficina de su padre cuando escucha movimiento en el pasillo.
Un asistente corre hacia la puerta.
—¡Ha llegado un mensajero del frente!
El padre de Bonnie se levanta de inmediato.
—Vamos.
Ambos caminan hacia la sala del consejo, donde varios nobles ya se han reunido alrededor del rey.
El mensajero está de pie frente al trono.
Su armadura tiene marcas de batalla y su respiración todavía es agitada por el viaje.
El rey lo observa con seriedad.
—Habla.
El soldado se inclina con respeto.
—Majestad… el ejército enemigo ha sido derrotado en la batalla final.
Un murmullo recorre la sala.
El soldado continúa.
—Los príncipes lideraron el ataque final. El enemigo se retiró después de perder su posición principal.
El rey se mantiene en silencio unos segundos.
—¿El ejército del reino sigue en pie?
—Sí, majestad.
—¿Y los príncipes?
El soldado responde con firmeza.
—Están vivos.
La sala estalla en murmullos de alivio.
Bonnie permanece quieta donde está.
Siente cómo la tensión que llevaba meses dentro del pecho finalmente se afloja.
El rey levanta la mano para pedir silencio.
—¿Cuándo regresarán?
—El ejército comenzó el regreso ayer. Los príncipes encabezarán la llegada a la capital en unos días.
El rey asiente con satisfacción.
—El reino celebrará esta victoria.
Los consejeros comienzan a hablar entre ellos sobre preparativos, anuncios oficiales y celebraciones.
Bonnie no participa en esa conversación.
Solo piensa en una cosa.
“Van a regresar."
Esa noche. En la oficina de su padre, Bonnie se queda revisando documentos.
El hombre la observa un momento.
—Te quedarás en el castillo cuando lleguen —dice con tono tranquilo.
Bonnie levanta la mirada.
—¿Puedo?
Su padre sonríe levemente.
—Claro que sí. Has trabajado aquí durante toda la guerra. No tendría sentido que no estuvieras presente cuando regresen.
Bonnie asiente.
—Gracias.
El hombre la observa unos segundos más.
—Has esperado mucho tiempo por esta noticia.
Bonnie responde con honestidad.
—Sí.
Su padre apoya una mano en su hombro.
—Entonces asegúrate de recibirlos cuando crucen las puertas del castillo.
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Muchas gracias por leer no olviden dejar su me gusta y su comentario ❤️.
Es que debieron de buscarla mucho ante de que todo se volviera una locura 🤭🤭🤭🤭😭😭
Siempre de los digo a mis hijos 🤣🤣🤣