NovelToon NovelToon
¡PUEDO CONVERTIRME EN GATO!

¡PUEDO CONVERTIRME EN GATO!

Status: En proceso
Genre:Romance / Mundo mágico / Autosuperación
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Bai Qi

Dorius Isolde tiene un secreto: puede convertirse en un gato naranja.

Desde que su abuela murió, vive en una casa de acogida con otros cuatro niños y Sonia, la única adulta que lo ha querido sin condiciones. En el instituto, es invisible. El chico callado de la última fila. El que nadie mira.

Kael Alistar es todo lo contrario. Capitán de baloncesto, popular, guapo, rodeado de gente. Pero su sonrisa es una máscara. En casa, sus padres lo desprecian por el color de su pelo —negro, en una familia de rubios— y le exigen que sea perfecto. En las noches, cuando nadie lo ve, se sienta frente a la ventana y le habla a un gato naranja que aparece los jueves.

El gato es Dorius.

Y Kael no lo sabe.

Todavía.

NovelToon tiene autorización de Bai Qi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO #13: LA VECINA NUEVA.

El lunes por la tarde, Dorius llegó a la casa de acogida y encontró un caos aún mayor del habitual.

—¡Dorius! —gritó Lucas desde la puerta—. ¡Hay una vecina nueva!

—¿Qué?

—Una vecina —confirmó Sonia, apareciendo con una bandeja de galletas recién horneadas—. Se mudaron a la casa de al lado. Una madre y una hija. Vamos a darles la bienvenida.

—¿Nosotros?

—Sí, nosotros. Es lo que se hace. Vamos.

Dorius no tuvo tiempo de protestar. En cuestión de minutos, Sonia había reunido a los niños, colocado las galletas en una bolsa, y estaban todos camino a la puerta de al lado.

La casa era pequeña, parecida a la de ellos, pero con cortinas nuevas y una maceta con flores en la entrada. Sonia llamó al timbre.

Una mujer de unos cuarenta años abrió la puerta. Tenía el pelo castaño recogido en un moño y una sonrisa cansada pero amable.

—Hola —dijo Sonia—. Somos los vecinos. De la casa de al lado. Trajimos galletas de bienvenida.

—Oh, qué amables —la mujer se apartó—. Pasen, pasen. Soy Carolina. Mi hija y yo acabamos de mudarnos.

Entraron. La casa olía a cartón y a pintura fresca. Había cajas por todas partes, pero se notaba el esfuerzo por hacerlo acogedor.

—¡Mami! —una voz llegó desde las escaleras—. ¿Quién es?

Una chica bajó corriendo. Tendría la edad de Dorius. Pelo castaño largo, ojos grandes y oscuros, una sonrisa fácil. Llevaba una camiseta de una banda que Dorius no conocía.

—Somos los vecinos —dijo Sonia—. Te presento a los niños: Lucas, Martina, Tomás, Sofía y Dorius.

La chica los miró uno por uno. Cuando llegó a Dorius, sus ojos se detuvieron un segundo más.

—Hola —dijo—. Soy Elena.

—Hola —respondió Dorius.

Los niños se lanzaron a hablar todos a la vez, contando quiénes eran, qué les gustaba, qué hacían en la casa de al lado. Elena se reía, respondía a sus preguntas, se agachaba para hablar con Lucas de tú a tú.

Dorius se quedó un poco apartado, observando.

—¿Tú no hablas mucho? —le preguntó Elena, en un momento en que los niños se dispersaron.

—No mucho.

—Yo tampoco. Bueno, al principio. Luego, cuando conozco a la gente, hablo más.

Dorius asintió.

—¿Vas al San Jerónimo? —preguntó.

—Sí, desde primero. Estoy en cuarto B.

—Yo voy a cuarto A.

—Ah, estamos en el mismo piso entonces.

—Sí. Seguro nos cruzamos en los pasillos.

Elena sonrió.

—Ojalá. Así tengo a alguien conocido. Aunque sea de vista.

Carolina y Sonia hablaban en la cocina, tomando café. Los niños seguían explorando las cajas con una curiosidad insaciable. Y allí, en medio del desorden de una mudanza, Dorius y Elena empezaron a conocerse.

Hablaron de música. Elena le mostró su banda favorita en el teléfono. Dorius le habló de los libros que le gustaban. Ella dijo que también leía, aunque no tanto como debería. Él dijo que leer era lo único que hacía bien.

—Seguro que haces más cosas —dijo ella.

—No muchas.

—Ya las descubriremos.

Y lo dijo con tanta naturalidad, como si fuera un hecho, que Dorius sintió algo extraño. Una calidez tranquila. La sensación de estar frente a alguien con quien podía ser él mismo sin esfuerzo.

Cuando volvieron a la casa de al lado, ya había caído la noche. Lucas se durmió en el sofá en el camino de vuelta. Sonia lo cargó hasta su habitación con una paciencia infinita.

—Elena parece simpática —dijo Sonia, cuando los niños estuvieron acostados.

—Sí.

—Y le caíste bien.

—No sé.

—Sí le caíste bien. Lo noto en esas cosas de madre.

Dorius sonrió.

—No eres mi madre.

—Ya lo sé. Pero te conozco. Y cuando alguien te cae bien, se te nota en los ojos.

Dorius no dijo nada.

—Está bien tener amigos, Dorius. Cuantos más, mejor.

—Lo sé.

—Pero no te obligues a nada. Las amistades salen solas o no salen.

Subió a su habitación con esa idea dando vueltas en la cabeza.

Amigos. Elena podía ser una amiga. Alguien con quien hablar sin la intensidad de Kael, sin la complejidad de Adán. Alguien normal.

Quizá eso era lo que necesitaba.

...--------♡--------...

El martes en el instituto, Dorius buscó a Elena en el recreo.

La encontró sentada en una mesa del patio, sola, con un libro abierto que no estaba leyendo. Cuando lo vio acercarse, sonrió con alivio.

—¡Dorius! Por fin alguien conocido.

—¿No tienes con quién sentarte?

—Todavía no. En B tengo compañeros, pero cada quien tiene su grupo. Llevo años en este instituto y siempre es igual.

Dorius se sentó frente a ella.

—En A también. Es difícil encontrar un lugar.

—¿Tú con quién te sientas?

—A veces solo. A veces con un amigo. Kael.

—¿El capitán de baloncesto?

—Sí. Lo conoces.

—De vista. Es imposible no verlo por los pasillos.

Dorius asintió. Hablaron de las clases, de los profesores, de las diferencias entre A y B. Ella le contó que había vivido en tres ciudades diferentes de niña, y que ahora de adolescente solo cambiaba de casa, que a veces deseaba quedarse en un sitio para siempre.

—Pero mi madre necesita moverse por el trabajo —dijo, encogiéndose de hombros—. Así que me muevo con ella.

—Debe ser difícil.

—A veces. Pero también tiene cosas buenas. Conoces gente nueva. Aprendes a adaptarte.

Dorius pensó en su propia vida. En cómo él también se había tenido que adaptar. A la ausencia de sus padres. A la muerte de su abuela. A la casa de acogida.

—Sí —dijo—. Aprendes.

En un momento dado, Kael apareció por el patio con una botella de agua y el pelo sudado del entrenamiento. Cuando vio a Dorius, se acercó.

—¿Quién es? —preguntó, señalando a Elena con curiosidad.

—Mi vecina —dijo Dorius—. Elena, te presento a Kael.

—Hola —dijo Elena con naturalidad.

—Encantado —Kael sonrió, pero sus ojos volvieron rápidamente a Dorius—. Bueno, me voy a cambiar. Nos vemos.

—Nos vemos.

Se fue. Elena no hizo ningún comentario sobre su altura o su aspecto. Solo dijo:

—Parece que le caes bien.

—Somos amigos.

—Ya.

El timbre sonó. Volvieron a clase.

Mientras caminaban hacia el edificio, Elena añadió:

—Mañana a la misma hora, ¿aquí?

Dorius sonrió.

—Aquí.

...--------♡--------...

Esa noche, en la cena, los niños no paraban de hablar de Elena.

—¡Dijo que le gustan los mismos dibujos que a mí! —gritó Martina.

—¡Y que sabe hacer trucos de magia! —añadió Tomás.

—Me enseñó un juego nuevo en el móvil —dijo Sofía, más tranquila.

Lucas solo sonreía, con Pipo apretado contra el pecho.

—Parece que cayó bien —dijo Sonia.

—Sí —respondió Dorius.

—¿Y a ti?

—También. Es fácil hablar con ella.

Sonia asintió, satisfecha.

—Me alegra. Necesitas gente así. Que te acepte sin pedirte que seas diferente.

Dorius pensó en Kael. En lo complicado que era todo con él. En lo mucho que dolía a veces. En lo mucho que quería a pesar del dolor.

Pero también pensó en Elena. En lo sencillo que era estar a su lado. En cómo no necesitaba esconderse ni explicarse.

Quizá eso era lo que necesitaba. Un amigo sin complicaciones.

Después de cenar, subió a su habitación y miró por la ventana. La casa de al lado estaba iluminada. Vio una sombra moverse detrás de la cortina. Elena, deshaciendo cajas, acomodando su nueva vida.

Sonrió.

No todo tenía que ser complicado. No todo tenía que doler.

A veces, solo a veces, la vida regalaba cosas simples.

Y él iba a aceptarlas.

1
no tengo dinero pa terapia😌
me da pena🥺
no tengo dinero pa terapia😌
💪eso vv
no tengo dinero pa terapia😌
JAJAJA ni que fuera perro😭
no tengo dinero pa terapia😌
hagan trio yo apoyo y Sonia tambien😭
no tengo dinero pa terapia😌
yo tambien soy negra no te preocupes💪🥺
no tengo dinero pa terapia😌
se le junto el ganado a Kael
⭐~ELISA~⭐
¡Ahhhhh! siiiiiiiiiii lo besó
Jimminie
a dónde tan romántico? 🤭
⭐~ELISA~⭐
noooooo pensé q si le iba a decir😭
⭐~ELISA~⭐
sabes por q mi papá pensaba lo mismo?
no?
por q nací Blanca 🤦JAKDJDSJDJ
⭐~ELISA~⭐
se que es personal pero eso sí me pasó a mí ,si se siente feo pero con el paso del tiempo te acostumbras y lo vas dejando atrás y no le tomas importancia
⭐~ELISA~⭐
Dorius es muy listo
⭐~ELISA~⭐
me gusta la manera en la q poco a poco Adán se hace cada vez más competitivo por su amor hacia kael,eso le da más entusiasmo al leer
⭐~ELISA~⭐
ai q lloro😭
⭐~ELISA~⭐
q bonito🤭
⭐~ELISA~⭐
si la verdad es muy bonito
⭐~ELISA~⭐
zi JAKSJAK
⭐~ELISA~⭐
ponle otorrinolaringólogo
⭐~ELISA~⭐
cuál bonito
Bello, hermoso.😻
⭐~ELISA~⭐
ai q belloo😻
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play