Dos genios.
Una rivalidad que duele.
Un amor que se repite en cada vida.
Cuando él gana, yo recuerdo.
Cuando yo brillo, él tiembla.
Esta vez… ¿podremos elegirnos antes de volver a perdernos?
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8: Cuando el ciclo recuerda su error
No fue el público quien rompió el silencio.
Fue el latido descontrolado en el pecho de Ren.
Había regresado a su habitación, pero el lienzo seguía frente a sus ojos como si lo hubiera seguido hasta allí. Cada trazo parecía moverse cuando no lo miraba directamente, como si la pintura aún respirara. Cerró la puerta con cuidado, apoyó la espalda contra ella y dejó escapar un suspiro tembloroso.
—Demasiado cerca… —murmuró—. Estuvimos demasiado cerca.
El recuerdo no había llegado del todo, pero lo sentía presionando desde dentro, como una marea a punto de romper. No era una imagen clara, sino una certeza dolorosa, una verdad que había estado esperando ser reconocida.
Al otro lado del edificio, Aiden tampoco podía descansar.
Estaba sentado frente al piano, con las luces apagadas salvo por una lámpara tenue que proyectaba sombras largas sobre las teclas. La partitura permanecía abierta, pero no la leía. Sus manos descansaban inmóviles, tensas, como si tocar fuera ahora un acto peligroso.
—Hoy… fue distinto —susurró.
No había tocado para el jurado.
No había tocado para el reconocimiento.
Había tocado para Ren.
Y eso lo aterraba más que cualquier fracaso.
Aiden cerró los ojos.
Entonces ocurrió.
El recuerdo no llegó como una imagen suelta.
Llegó como una vida entera.
Un teatro antiguo, majestuoso, iluminado por cientos de velas. El público vestía ropas elegantes, los aplausos resonaban como un mar interminable. Era la noche final. La última presentación.
Aiden se vio a sí mismo, más joven, más rígido, sentado frente al piano. Tocaba como si su existencia dependiera de ello. Cada nota era perfecta. Cada acorde, impecable.
Ganó.
El aplauso fue ensordecedor.
Pero cuando se levantó, buscó instintivamente entre las sombras.
—Ren… —susurró.
No lo vio.
Detrás del escenario, Ren recordaba.
Se vio a sí mismo esperando.
No escondido.
No huyendo.
Esperando.
Había decidido quedarse. Decirlo todo. Decir que no quería ser una sombra, pero tampoco marcharse. Que quería existir a su lado, no detrás de él.
Pero Aiden no llegó.
Ren recordó el dolor seco en el pecho.
La sensación de volverse invisible.
Y luego… nada.
No huida.
Desaparición.
Ren cayó de rodillas en su habitación, jadeando.
—Así fue… —susurró—. No me fui… yo desaparecí.
En el salón, Aiden se llevó una mano al pecho.
—Yo no te busqué… —dijo, con la voz rota—. Elegí el aplauso.
Ambos recordaron al mismo tiempo.
El ciclo completo.
No era que Ren huyera.
Era que el destino lo borraba cada vez que Aiden elegía brillar solo.
Las lágrimas corrieron sin permiso.
—Te perdí… —susurró Aiden—. Te sacrifiqué sin saberlo.
Ren apretó los dientes.
—Y yo creí que huir era mi culpa… —dijo—. Cuando en realidad, estaba condenado.
El golpe fue devastador.
Se encontraron en el salón creativo sin saber quién había llegado primero.
El aire estaba cargado, vibrante, como si el lugar reconociera lo que acababan de recordar. El piano, los lienzos, las paredes… todo parecía observarlos.
Ren fue el primero en hablar.
—Ya lo sé todo.
Aiden lo miró, con los ojos enrojecidos.
—Yo también.
Se acercaron lentamente, con miedo. No del otro, sino de lo que estaban a punto de aceptar.
—No huí —dijo Ren—. Te esperé.
Aiden cerró los ojos.
—Y yo no fui —respondió—. Elegí ganar.
El silencio que siguió fue absoluto.
—Entonces esta vez… —Ren respiró hondo—. Si vuelves a elegir el escenario… yo no volveré a existir.
Aiden abrió los ojos de golpe.
—No —dijo con firmeza—. Esta vez no.
En la puerta, Milo los observaba, pálido, como si acabara de ver algo que temía desde siempre.
—Así que lo recuerdan todo… —murmuró—. Entonces estamos al final del ciclo.
Aiden se giró hacia él.
—¿Qué pasa si no repito la elección?
Milo dudó. Por primera vez, no tenía una respuesta preparada.
—El destino se rompe —admitió—. Pero cuando se rompe… exige un precio.
Ren dio un paso adelante y tomó la mano de Aiden.
—No me importa —dijo—. Prefiero vivir contigo una vez… que desaparecer mil.
Aiden apretó su mano.
—Yo también.
El auditorio aún estaba abierto cuando regresaron.
Algunos miembros del jurado conversaban. El público no se había ido del todo. El murmullo se apagó cuando Aiden subió al escenario.
—Hay algo que debo decir —anunció.
Las luces parecieron temblar.
—Esta música… no vale nada si tengo que perder a la persona que le dio sentido desde el principio.
Un murmullo recorrió la sala.
Ren lo miraba desde abajo, con el corazón en la garganta.
Aiden cerró la tapa del piano.
—Ren —dijo—. Esta vez te elijo a ti.
El aire vibró violentamente.
Las luces parpadearon.
Milo cerró los ojos.
—El destino… —susurró—. Está reaccionando.
Ren subió al escenario y lo abrazó sin pensar.
El mundo parecía a punto de quebrarse.
Pero ninguno soltó al otro.
En algún lugar invisible, el ciclo antiguo se resquebrajó.
Y por primera vez en muchas vidas,
el destino no supo qué hacer.