Rubí, princesa consorte de Evans. Muere por el desprecio de su esposo. Ella renace en el siglo XXI, sin embargo, muere tras una misión peligrosa. Vuelve a su primera vida. está vez, ella no morirá por la distancia de su marido, si es necesario lo obligará a mucha cosa por el bienestar suyo y el de reino.
En una noche, con un cuchillo en el cuello del principe, rubí lo amenaza.
—No te obligare a amarme. Pero si a estar juntos por la seguridad mía y del reino. De lo contrario, te haré sufrir.
Evans, extrañamente le empieza a gustar su lado peligroso.
—Con gusto me gustaría cumplir tus deseos
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Capítulo XIX
La habitación de Arnold olía a pólvora y a vino derramado. Una mezcla amarga que se impregnó en los muros apenas unos segundos después del disparo. El cuerpo yacía boca arriba, los ojos abiertos, fijos en un punto inexistente del techo. La sangre formaba un círculo oscuro bajo su cabeza, avanzando lento, como si incluso la muerte se tomara su tiempo.
Rubí fue la primera en entrar por completo. No vaciló, tampoco mostró sorpresa. Observó la escena con la frialdad de quien ya ha visto demasiados finales parecidos. Evans avanzó detrás de ella, con el ceño endurecido, la mandíbula tensa.
— Cierren las puertas del ala este —ordenó Rubí—. Nadie abandona el palacio. Nadie se mueve sin autorización directa.
Los guardias obedecieron de inmediato.
Thomas estaba contra la pared opuesta, pálido, con las manos temblorosas manchadas de vino. El vaso había caído al suelo y se había hecho trizas. Respiraba rápido, como si el aire no fuera suficiente.
— Yo… yo estaba con él hace un momento… —balbuceó—. Salí para buscar más bebida. Cuando volví… estaba así.
Se llevó las manos a la cabeza.
— ¡Esto es una locura! ¡Una maldita locura!
Kain apareció en la entrada. Su mirada se clavó en el cuerpo de Arnold y algo se quebró en su expresión. No fue tristeza. Fue furia.
— ¿Quién estuvo aquí? —preguntó con voz grave.
Rubí se giró lentamente hacia él.
— Esa es una pregunta que todos quisiéramos saber.
Kain avanzó un paso más, los puños cerrados.
— Mi señor estaba bajo su protección. En su palacio. En su territorio. ¡¿Quien lo hizo?!
Evans dio un paso al frente, interponiéndose apenas.
— Modere su tono, general. Está hablando con los emperadores de Norum.
— ¡Mi señor está muerto! —rugió Kain—. ¿Cree que el tono es lo que me importa ahora?
Thomas dejó escapar un sollozo ahogado.
— Kain… por favor… esto… esto no puede estar pasando…
Rubí levantó una mano.
— Silencio.
La palabra fue seca, afilada. Thomas se calló de inmediato.
Rubí se acercó al cuerpo. Se agachó sin importarle la sangre, examinó la herida con atención. Un disparo limpio. Preciso. Sin forcejeo.
— El arma no fue disparada aquí —dijo—. El sonido resonó demasiado. Quien lo hizo sabía exactamente dónde colocarse.
Evans observó la habitación con detenimiento.
— La ventana —murmuró—. Está abierta.
Rubí siguió su mirada. La cortina se movía con la brisa nocturna.
— Klaus —susurró.
Pero la sombra nunca emergió.
— ¡Klaus!— gritó, su sombra jamás haría algo como esto. Desaparecer sin aviso.
— Nadie entró ni salió por los pasillos —informó uno de los soldados que custodiaban el pasillo.
Kain apretó los dientes.
— ¿Insinúa que mi señor se disparó a sí mismo?— Se dirige a los emperadores— Esto es obra suya. De Norum. Siempre lo ha sido. Arnold vino con la mano extendida y ustedes le ofrecieron una tumba. Mucha amabilidad se me hacía extraño.
Evans sostuvo su mirada sin retroceder.
— Cuidado con lo que dice. Está acusando sin tener pruebas.
— ¿Pruebas? —rió Kain, sin humor—. Mi reino acaba de perder a su embajador. Bajo su amparo.
Thomas dio un paso adelante, desesperado.
— ¡Kain, basta! —gritó—. No sabemos nada. Esto… esto pudo ser cualquiera. Incluso… incluso…
Se quedó callado. Miró a Rubí. Tragó saliva.
— Incluso alguien de Blossom.
Kain lo fulminó con la mirada.
— Cierra la boca. Nadie más que tú y yo llegamos aquí.
Rubí se incorporó despacio.
— Thomas tiene razón en algo —dijo—. Las acusaciones no resuelven asesinatos.
Kain se volvió hacia ella.
— Usted no entiende. Con la muerte del embajador una guerra se puede desatar. Busquén al culpable, entreguelo y mi rey pasará este crimen.
— Bien —interrumpió Rubí—. Pero ninguno saldrá de aquí. Hasta no tener al responsable.
El silencio se volvió pesado. El general habló entonces, con voz firme.
— No. Thomas y yo nos iremos al amanecer, en cuánto antes sepa mi rey, más rápido tomaremos medidas.
Rubí alzó una ceja.
— ¿Qué?
Evans se acercó a ello. Porque Rubí, a pesar de tener una bata gruesa, llevaba su arma escondida. En cualquier momento podría sacarla y amenazar con ella.
— Esperen. Lo que dice mi esposa es cierto. Nadie puede salir. Todos somos sospechoso.
— Incluso ustedes.— Afirmó kain.— Lo lamento. Quieran o no. Nos iremos.
Rubí lo miró fijamente. Thomas empezó a hiperventilar llevándose toda la atención.
— ¡Esto es una trampa! —gritó—. ¡Nos van a culpar! ¡Van a decir que fue Blossom! ¡Que fue Kain!
— Cálmate —ordenó Rubí con una bofetada.
Thomas negó con la cabeza.
— No puedo… no puedo… vi algo… antes…
Kain giró hacia él con violencia.
— ¿Qué viste?
Thomas dudó.
— A… a una figura… en el corredor. Pensé que era un guardia. Pero… no caminaba normal.
Rubí se tensó apenas.
— Como… como si flotara. Era todo negro—susurró—. Creí que era el vino.
Kain dio un paso atrás, frustrado.
— ¡Habla, maldita sea!
Thomas se sobresaltó y dice.
— Una sombra.—respondió—. Humanoide, no tenía rostro. Se dispersaba como humo negro.
Rubí apretó los dientes. Esa era la descripción de Klaus en mayor parte.
Kain ofreció una mirada aterradora. Gruñe con todo su ser.
— ¡Esto no quedará así!
Rubí lo enfrentó, sin miedo.
— No, no quedará así. Porque mientras estén en Norum, están bajo mi ley.
Kain la miró, respirando con desesperación.
— ¿Después de esto?
— Sí —respondió ella—. Porque el verdadero culpable quiere guerra. Y no se la daré. Mucha sangre se ha derramando en el suyo. Y quiero proteger a los míos evitando una masacre por un crimen
Evans colocó una mano sobre el hombro de Rubí, firme.
— El general se queda bajo vigilancia —ordenó—. Thomas también.
— ¿Prisioneros?— preguntó kain, con ironía.
— Véalo así si quiere —dijo Rubí—. Pero de mi palacio no salen.
Thomas dejó caer el cuerpo contra la pared, derrotado.
— Arnold… —murmuró hacia el cadáver—. Perdóname… Debí estar contigo.
Rubí se giró una última vez hacia el cuerpo.
— Llamen al sumo sacerdote. A partir de ahora, se llevará una investigación. Comenzado con estos tres.
Miró primero al cadáver, luego al general y el último al acompañante.
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Chicas, se prendió una dinámica. Quiero leer sus teorías sobre quien asesinó al embajador. Las ganadoras tendrán un especial nombramiento por acertar con sus teorías. ❤️.
¿Cómo sabrán que ganarán cuando el asesino se presente él solo?