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MAS ALLA DE LA TORMENTA

MAS ALLA DE LA TORMENTA

Status: Terminada
Genre:Casarse por embarazo / Reencuentro / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:220
Nilai: 5
nombre de autor: Cecilia Ruiz Diaz

Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.

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CAPITULO 9: HABLADURÍAS Y CONSECUENCIAS

CAPITULO 9: HABKADURIAS Y CONSECUENCIAS

El señor Robledo le informo a su hija que el señor Miranda habia pedido su mano.

-¡Claro que no!- exclamó la joven.

-Elena, por favor, no lo hagas más difícil.- agrego Robledo alterandose.

-¡Dije que no me casare!- insistió ella.

-¡La gente comenzo con habladurías!... él propone llevarte a su finca hasta que todo se calme.- dijo el hombre, mientas Juan Manuel y Pánfilo observaban todo callado.

-¿Que pecado tan grande he cometido para semejante castigo?- pregunto la chica.

-¡No seas insolente!- la reprendió el padre.

-¡No me casare con un viejo rabo verde!- desafío la chica a su progenitor.

Juan Manuel no pudo evitar una sonrisa al ed ychar esto, al parecer la pequeña damicela poseía más carácter del que él creía.

-Por favor, Francisco, mejor me retiro.- dijo Pánfilo ofendido y de marcho, mientras Robledo atino a seguirlo para detenerlo.

Una vez que ya se había marchado, Francisco fue directo a su hija y la tomo del brazo. Movimiento que alerto a Juan Manuel.

-¡¿ES QUE ACASO TE HAS VUELTO LOCA? ¡ACASO QUIERES MATAR A TU MADRE DE UN DISGUSTO?!- grito su padre zamarreandola, y propinandole un golpe que la hizo caer al piso y sangrar la boca, está vez.

-¡NO!- grito Juan Manuel, poniéndose en frente de Elena -No la vuelva a golpear en frente mío o le olvidaré del respeto que le tengo, Fransisco.- continuo mirando a la chica en el piso..

-¡Por favor, Placeres, no se entrometa!- respondió él hombre enfrentándolo.

Así se quedaron un momento, mirándose fijamente, hasta que Juan Manuel vio a Rosalía, quien estaba corriendo a socorrer a su protegida. reaccionó, se dió la vuelta y se agachó para ayudarla a levantarse.

-Hare lo posible para ayudarla.- susurro él mientras le miraba el golpe en el rostro y le limpiaba la sangre en la boca con el pulgar.

Rosalía la tomo de los hombros y se la llevó a toda prisa.

Una vez solos, Juan Manuel, se dirigió a Robledo, mientras esté mantenía la mirada baja

-Señor Francisco, creí que debería retirarme y regrese luego, cuando ambos estemos más tranquilos.- le dijo y después se marchó.

Luego de largas horas de llanto, Elena, se sentía en la cama un poco más tranquila.

-¿Y si mi padre tiene razón, ranita? Mi madre no está bien.- le pregunto a Rosalía.

-Mi niña.- dijo la mujer, sentándose a su lado y acariciando su mejilla -No es tan pequeña, no debería casarse ni con mi Pedro ni con nadie.-

-¡Es que no quiero que mi madre muera!- dijo llorando nuevamente y apoyando la cabeza en el regazo de Rosalía.

Al salir de la casa de Robledo, no quiso tomar ningún coche. decidió andar a pie. camino sin rumbo cierto, solo dirigía sus pasos. A cabo de unas horas de encontro frente al palacio real. Se puso a recordar de la cantidad de veces que había pasado por ese lugar, con la sola intension de imaginarse con Adela en ese lugar.

Su Adela... que con solo 22 años se había casado con un hombre de unos 50. No pudo evitar pensar en lo desdichada que debía de ser con aquel maldito que la apartó de su lado.

Elena era 7 años menor que su amada, casi una niña, y ese vejedtirio de Pánfilo Miranda era mayor a García Teagle. Se le revivió el estómago al pensar en el futuro de esa pobre chica.

Le había prometido a Elena que la ayudaría, pero era muy difícil. Estaba seguro de que Robledo trataría de convencer a Miranda para que vuelva a hacer su propuesta… Y todo por el chisme de la gente. Era algo que no entendía de esta sociedad y lo sacaba de quicio, Pero ¿qué podía hacer?

Se estaba quemando la cabeza en busca de una solución, hasta que se paró firme, pero sin esta seguro si lo que se le había ocurrido era lo correcto.

Retomo el camino a casa de Robledo, prácticamente, corriendo.

Cuando llegó a destino, muy agitado, ya era de noche. Se acomodó un poco la ropa y llamo a la puerta. Abrió una empleada a quien le pidió hablar con el señor de la casa.

-¿Juan Manuel?- pregunto el hombre en cuanto lo vio.

-Sé lo tarde que es, señor Francisco, Pero necesito hablar con usted de firma urgente.- le rogó.

Entonces, el hombre lo invito a pasar a su despacho.

-Bueno, lo escucho.- dijo Francisco, señalando un asiento.

-Seré breve, lo prometo.- respondió él, aceptando el asiento -Usted dijo que deseaba casar a su hija con Miranda para que se la lleve a la finca, hasta que cese las habladurías de la gente ¿Verdad?-

-Sí... Lo escucho.- repitió el hombre, prestando más atención a las palabras del joven caballero.

-Entonces... Cásela conmigo.- propuso y Francisco lo quedó mirando -Mire, puedo aplazar mi viaje hasta el primer día de septiembre para casarnos, así me acompaña.-

-Pero... ¿Se tendría que marchar con usted a Argentina?- pregunto el hombre nostálgico.

-Me temo que sí.- respondió él.

Robledo meditó por un momento, la idea de que su hija se marche lejos no le gustaba en demasía.

-Está bien.- dijo al fin, con pena el señor Robledo y le estrecho la mano.

Juan Manuel no estaba muy seguro de que esto era lo correcto. Él era unos 18 años mayor que la chica, pero era mejor que él "Viejo rabo verde de Miranda", por lo menos sabría si ella estaba segura.

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