Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 7: El precio del contrato
El silencio en el jardín se volvió insoportable.
Camila seguía mirando la pantalla del teléfono del guardia.
La fotografía de su madre parecía arder frente a sus ojos.
Debajo de la imagen, el mensaje seguía ahí.
“¿De verdad creías que nadie descubriría tu pasado, Camila Torres?”
Camila sintió que el corazón le latía tan fuerte que apenas podía escuchar otra cosa.
—Eso… eso no puede ser —susurró.
Adrián tomó el teléfono lentamente.
Sus ojos recorrieron la pantalla con atención.
Sebastián dio un paso más cerca.
—¿De dónde salió esa foto?
El guardia respondió con nerviosismo.
—El periodista la mostró desde la entrada principal. Dice que tiene más información.
Camila sintió que el aire se volvía pesado.
—¿Más información sobre qué?
Adrián guardó el teléfono en el bolsillo.
—Eso es lo que vamos a descubrir.
Camila lo miró con preocupación.
—No quiero hablar con ese hombre.
—No tienes que hacerlo.
—Pero ya sabe quién soy.
Adrián respondió con calma.
—Y yo quiero saber cómo lo descubrió.
Sebastián cruzó los brazos.
—Esto no me gusta nada.
Camila bajó la mirada hacia el suelo.
La imagen de su madre seguía en su mente.
—¿Cómo consiguió esa foto?
Adrián la observó.
—¿Hay algo en tu pasado que debamos saber?
Camila levantó la mirada rápidamente.
—No.
—¿Estás segura?
—Sí.
Adrián mantuvo la mirada fija en ella unos segundos.
Luego habló con voz firme.
—Entonces alguien la consiguió de otra forma.
Sebastián caminó unos pasos por el jardín.
—Tal vez Salazar está intentando provocar algo.
Camila frunció el ceño.
—¿Provocar qué?
Sebastián respondió sin rodeos.
—Una reacción.
Camila tragó saliva.
—¿De mí?
—De Adrián.
El silencio volvió a caer.
Adrián caminó hacia la entrada de la mansión.
—Voy a hablar con ese periodista.
Camila lo miró.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Y si dice algo sobre mi madre?
Adrián se detuvo.
—Entonces lo averiguaremos ahora.
Sebastián miró a Camila.
—Tal vez deberías quedarte aquí.
Camila negó con la cabeza.
—No.
Adrián levantó una ceja.
—¿No?
Camila habló con determinación.
—Quiero escuchar lo que tenga que decir.
Sebastián suspiró.
—Esto podría ponerse feo.
Camila respondió con voz baja.
—Mi vida ya se volvió fea.
Adrián abrió la puerta que daba al interior de la mansión.
—Entonces ven.
Camila respiró profundo antes de entrar.
El ambiente dentro de la casa se sentía diferente.
Más tenso.
Más inquietante.
El sonido de pasos en el suelo de mármol parecía amplificarse en el silencio.
El mayordomo apareció en el pasillo.
—Señor Vega.
Adrián lo miró.
—¿Dónde está?
—En la entrada principal.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza mientras caminaban hacia el vestíbulo.
Cuando llegaron, el periodista estaba de pie cerca de la puerta.
Era un hombre de unos cuarenta años.
Delgado.
Con una cámara colgando del cuello.
Cuando vio a Adrián, sonrió.
—Señor Vega.
Adrián habló con frialdad.
—¿Qué quiere?
El hombre levantó ligeramente las manos.
—Solo hacer mi trabajo.
Sebastián soltó una pequeña risa.
—Invadir la privacidad de la gente no es exactamente un trabajo honorable.
El periodista miró a Camila.
Sus ojos brillaron con interés.
—Así que usted debe ser Camila Torres.
Camila sintió que la incomodidad recorría su cuerpo.
—¿Cómo consiguió esa foto?
El hombre sacó su teléfono.
—Las fotos aparecen cuando uno sabe dónde buscar.
Adrián dio un paso hacia él.
—Será mejor que empiece a hablar.
El periodista no parecía intimidado.
—Solo estoy siguiendo una historia interesante.
—¿Qué historia?
El hombre levantó el teléfono nuevamente.
Mostró la misma foto de la madre de Camila.
—La historia de esta mujer.
Camila sintió que el corazón le dio un vuelco.
—No la use para sus noticias.
El periodista inclinó ligeramente la cabeza.
—Eso depende.
Adrián lo miró con frialdad.
—Depende de qué.
—De cuánto esté dispuesto a pagar.
El silencio se volvió pesado.
Sebastián soltó una pequeña risa incrédula.
—¿Está intentando extorsionarnos?
El periodista respondió con calma.
—Prefiero llamarlo… una oportunidad.
Camila sintió que el estómago se le revolvía.
—¿Qué quiere exactamente?
El hombre habló sin rodeos.
—Tengo información sobre el pasado de su familia.
Camila frunció el ceño.
—No hay nada que contar.
El periodista sonrió.
—Eso no es lo que dicen mis fuentes.
Adrián lo miró con frialdad.
—Váyase de mi casa.
El hombre negó lentamente.
—No hasta que terminemos esta conversación.
Adrián dio otro paso hacia él.
La tensión en la habitación era evidente.
—Le voy a decir esto una sola vez.
El periodista sostuvo la mirada.
—Lo escucho.
—Si vuelve a mencionar a la madre de Camila en una noticia…
Adrián habló con voz baja.
Pero peligrosa.
—Se arrepentirá.
El periodista guardó silencio unos segundos.
Luego suspiró.
—No esperaba menos del famoso Adrián Vega.
Sebastián cruzó los brazos.
—Entonces lárguese.
El hombre levantó la cámara.
—Solo una última cosa.
Antes de que alguien pudiera detenerlo, tomó una fotografía.
El flash iluminó el vestíbulo.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Qué acaba de hacer?
El periodista sonrió.
—Capturar el momento.
Adrián habló con frialdad.
—Fuera.
El hombre caminó hacia la puerta.
Pero antes de salir, se detuvo.
—Por cierto…
Todos lo miraron.
El periodista observó directamente a Camila.
—Esto recién empieza.
Luego salió de la mansión.
El silencio volvió a llenar el vestíbulo.
Camila respiró profundamente.
—Esto es una pesadilla.
Sebastián miró hacia la puerta.
—Ese tipo es solo el comienzo.
Adrián habló con voz firme.
—Refuercen la seguridad.
El guardia respondió rápidamente.
—Sí, señor.
Camila se apoyó ligeramente contra la pared.
—No puedo creer que esto esté pasando.
Adrián se acercó a ella.
—Lo siento.
Camila lo miró.
—Ese es el precio del contrato, ¿verdad?
Adrián guardó silencio.
Camila soltó una pequeña risa amarga.
—Dinero, peligro, enemigos…
—No esperaba que fuera así.
Adrián habló con calma.
—Si quieres irte, todavía puedes hacerlo.
Camila negó con la cabeza.
—No.
Adrián levantó una ceja.
—¿Por qué?
Camila lo miró fijamente.
—Porque alguien está usando el pasado de mi madre.
El silencio volvió a caer.
Camila respiró profundo.
—Y quiero saber por qué.
Sebastián observó la escena con interés.
—Eso suena peligroso.
Camila respondió con firmeza.
—Tal vez.
Adrián la miró durante varios segundos.
Luego habló con voz seria.
—Entonces vamos a averiguar la verdad.
En ese momento el teléfono de Adrián vibró.
Lo sacó del bolsillo.
Leyó el mensaje.
Su expresión cambió inmediatamente.
Sebastián lo notó.
—¿Qué pasó?
Adrián levantó lentamente la mirada.
—El periodista acaba de publicar la foto.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Qué dice el artículo?
Adrián habló con voz fría.
—Dice que la madre de Camila estuvo involucrada en un caso que destruyó varias empresas hace años.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el mundo se detenía.
—Eso… eso es mentira.
Sebastián tomó el teléfono.
Sus ojos recorrieron la pantalla.
—No solo eso.
Camila lo miró con miedo.
—¿Qué más dice?
Sebastián habló lentamente.
—Dice que la madre de Camila podría haber tenido relación con el fraude que investigaba la madre de Adrián.
El aire desapareció de los pulmones de Camila.
—Eso no puede ser verdad.
Adrián guardó silencio.
Camila lo miró.
—Tú tampoco lo crees… ¿verdad?
Adrián levantó la mirada.
Pero no respondió de inmediato.
Y ese silencio…
Fue lo que más miedo le dio a Camila.