Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
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capítulo 19
Alana cerró la puerta con un suave pero firme golpe, y en ese momento, Alejandro, ansioso, le preguntó rápidamente si iba a salir a caminar con él después de lo que había sucedido entre ambos.
Alana lo miró fijamente y respondió: “No hay nada de malo en eso, solo vamos a caminar. De hecho, solo accedí para que pudieras salir de este lugar”.
Alejandro, aún más determinado, replicó: “Puedo salir normalmente; no me importa que me vean contigo... ¿O a ti te importa?”
Alana, con una expresión seria, le dijo: “Señor, esto deberíamos discutirlo en un lugar más adecuado. Ahora mismo no estamos solos, y nos están esperando”.
Alejandro insistió, casi con un tono de incredulidad: “Esto es real, Alana”.
Alana lo miró de nuevo, sintiéndose atrapada entre sus emociones y la situación, y se dio cuenta de que no sabía qué decir.
Cuando Alejandro la vio quedarse en silencio, decidió que era momento de salir. Sin embargo, Alana lo detuvo de inmediato y le dijo: Espera, afuera está Juan. No me importa que me vea salir de esta habitación; necesito que se dé cuenta de una vez que tú estás conmigo, dijo Alejandro.
Alana lo tomó del brazo y salió primero, mientras Alejandro se quedó allí parado, sintiendo un leve resentimiento. No entendía por qué ella se mostraba de esa manera, y eso lo irritaba aún más.
Alana le dijo a Juan: Vamos, bajemos rápido, y él la siguió sin dudarlo. Ambos se dirigieron al jardín, dejando atrás la habitación.
Cuando Alejandro finalmente salió, se dio cuenta de que no podía verlos. Pensó, sorprendido: ¿Tan rápido se fueron?
Sara, quien había presenciado a Alejandro salir de la habitación de Alana, pensó para sí misma: Esta chica realmente es una descarada, ¿acaso no tenía nada con él? La imagen de Alejandro abandonando el cuarto de Alana la perturbó, así que decidió acercarse. Con una sonrisa, le dijo: ¡Buenos días, guapo!
Alejandro la miró y respondió con cortesía: Buenos días.
Sara, tratando de mantener la conversación, le dijo: ¿Buscabas a tu asistente? Me pareció verla salir, agarrada de la mano con Juan.
Alejandro la miró con sorpresa y repitió: ¿Agarrada de la mano?
Sí, respondió Sara con firmeza. Eso fue lo que vi.
A medida que absorbía esta información, Alejandro sintió cómo sus manos se cerraban en puños, controlando su frustración y enojo. Sara, notando el cambio en su postura, dijo: Bajemos.
Alejandro asintió con la cabeza, y juntos comenzaron a descender las escaleras, su mirada fija en la búsqueda de Alana, sintiéndose cada vez más inquieto por lo que había presenciado.
Sara exclamó: ¡Mira, ahí están todos! ¡Vamos! Alejandro, mientras caminaba, continuaba buscando a Alana, pero no lograba encontrarla. Frustrado, comentó: Ya vuelvo, voy a buscar un poco de agua. Al ver que se alejaba, Sara lo miró y dijo con determinación: ¡Serás mío!
Alejandro se dirigió a la cocina, que contaba con una gran ventana que daba al jardín. Fue allí donde, para su sorpresa, vio a Alana conversando con Juan, lo que provocó en él una intensa rabia.
Alana estaba escuchando a Juan, quien le estaba insistiendo para que le diera una oportunidad de invitarla a salir. Ella, con una expresión tranquila, respondió: Lo siento, Juan, pero en este momento tengo mucho trabajo. No puedo, discúlpame.
Juan le dijo a Alana: Bueno, pero ¿acaso no tienes días libres? Podría ser un fin de semana. Alana sonrió y le respondió: ¿Qué te parece si te aviso cuando pueda? Déjame tu número y seré yo quien te contacte. Juan, al escuchar esto, comentó: Bueno, por lo menos es un avance. Ven, déjame anotar mi número en tu teléfono.
Alana, sin pensarlo mucho, le pasó su teléfono a Juan, quien rápidamente anotó su número. Mientras tanto, Alejandro, al observar esta escena, apretó los puños con frustración y decidió retirarse a la habitación. Una vez allí, comenzó a organizar sus pertenencias y, tras unos momentos, tomó su teléfono y llamó a Alana.
Cuando Alana contestó, con un tono formal le dijo: Dígame, señor. Alejandro, visiblemente tenso, respondió: Ha pasado algo y debemos irnos ya.
Alana, un tanto sorprendida, preguntó: ¿Pero qué sucedió, señor?. Alejandro, con un tono urgente, le respondió: Por favor, organiza tus cosas, tenemos que salir en media hora.
Alana suspiró y contestó: Está bien, ya voy. Luego, colgó el teléfono y se volvió hacia Juan, informándole: Pasa algo, tenemos que irnos.
Juan, comprendiendo la situación, le dijo: Bueno, si prefieres quedarte, puedo llevarte más tarde. Alana sonrió levemente y respondió: Gracias, pero debo regresar con mi jefe. También tengo algunas cosas que hacer. Te escribiré, no te preocupes.
Juan, aún con una actitud comprensiva, dijo: Está bien, entonces déjame acompañarte a la habitación. Alana, relajada y decidida, le contestó: Tranquilo, ve con los demás, yo puedo ir sola.
Juan soltó una risa y, aceptando su decisión, dijo: Está bien.
Alejandro se encontraba en su habitación, claramente molesto por la actitud de Alana. No podía dejar de pensar que a ella no le había importado lo que había ocurrido entre ellos. Sin embargo, también reflexionaba sobre su propia situación; nunca antes se había sentido así con otra mujer.
Decidido a actuar, llamó a Maximús para informarle que iban a irse. Un momento después, Maximús subió a la habitación y se despidió de él con una palmada en el hombro, reconociendo la tensión en el ambiente.
Luego, Alejandro se dirigió hacia la puerta de Alana y tocó suavemente. Con voz firme, preguntó: “¿Alana, ya estás lista?”. Desde el interior, ella le respondió que sí, que ya iba a salir.
Maximús, antes de marcharse, le dijo a Alejandro: “Amigo, espero que puedas resolver tu situación pronto; sería genial que nos viéramos de nuevo”. Las palabras de su amigo resonaron en su mente mientras se preparaba para enfrentar la incertidumbre que había dejado su relación con Alana.
Alejandro comentó con entusiasmo: Amigo, estoy seguro de que no tardaremos en vernos nuevamente. Nuestro proyecto ha comenzado y estoy convencido de que será un éxito rotundo. En ese momento, Alana apareció y, mostrando una actitud decidida, exclamó: ¡Estoy lista!. Luego, se acercó a Maximus y se despidió de él con gran cariño, dejando entrever la buena relación que tenían.
Los tres amigos comenzaron a bajar las escaleras. Al llegar al auto, Alana cargó su maleta y, después de asegurarse de que todo estaba en orden, se subió al vehículo. Mientras tanto, Alejandro estaba en conversación con Maximus, quien le expresó su preocupación: No sé qué es lo que me está pasando, amigo, pero estoy decidido a solucionarlo. Ante esto, Maximus le respondió con calma: Tómate tu tiempo, amigo. Si necesitas algo, no dudes en llamarme.