Una vez fui la general que nadie pudo doblegar.
Ahora… despierto en una jaula de cristal llamada familia.
Ella murió con traición en la sangre y una espada en el corazón.
Él era su hermano.
Él era su final.
Pero los dioses no entienden de finales.
Elara Voss. Hija legítima.
Olvidada. Humillada. Rechazada.
En su mansión, la hija adoptiva brilla como la estrella que nunca le permitieron ser.
Y todos… todos la adoran.
Excepto que algo dentro de Valeria despierta. Algo antiguo.
Algo que sabe matar con una mirada.
Y hay un secreto que nadie le dijo:
🗣️ Sus pensamientos… no son silenciosos.
La familia los oye.
El prometido los oye.
Pero la impostora… no.
¿Qué pasa cuando una leyenda renace en el cuerpo de la chica que todos ignoran?
¿Y si su voz interior… es la única arma que necesita para destruirlos a todos?
Entre galas de alta sociedad, sonrisas falsas y promesas rotas…
una guerra silenciosa está a punto de estallar.
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El primer golpe
Elara se limitó a cerrar la puerta del baño con un clic suave y se observó en el espejo que se había empañado debido al vapor del agua caliente. Las quemaduras en su brazo eran rojas e irritadas, pero superficiales. Nada comparado con la daga que le había incrustado Kael. Pero rápidamente dejó ese pensamiento de lado, y comenzó a aplicarse la crema que encontró por casualidad en un botiquín de primeros auxilios, después de eso, se cambió de ropa poniéndose una pijama limpia que encontró en un cajón. Cada movimiento era deliberado, calculado. Y no existía tiempo para la autocompasión.
«Paciencia», se recordaba a sí misma. «Una guerrera no gana la guerra en un solo día».
Cuando finalmente logró salir del baño, la habitación se encontraba totalmente vacía. Sus padres y Damien se habían marchado sin decir ni una sola palabra más, dejando solo el aroma a sopa fría y el charco en el suelo. Una doncella iba a entrar pronto a la habitación a limpiar el suelo, sin duda y le contaría lo ocurrido al resto del servicio. Perfecto. Los rumores habían corrido más rápido de lo que había creído. Mucho más rápido que cualquier orden.
Elara optó por tomar asiento en el borde de la cama y cerró los ojos. Y los recuerdos de la dueña original no tardaron en seguir llegando a su mente como oleadas fragmentadas, como si fueran páginas arrancadas de un libro quemado. Ahora sabía con exactitud la razón por la cuál la chica había muerto tan miserablemente: Ariana no se había conformado con manipular a toda la familia. había escalado.
En el futuro que la dueña original Elara nunca logró llegar a vivir del todo (porque murió antes de lo esperado), Ariana había logrado conseguir lo impensable: convencer a todos de que Elara estaba mentalmente inestable. Haciendo que su propia familia la internara forzosamente, haciendo que en aquella clínica le dieran una medicación forzosa, aislandola totalmente. Y cuando la verdadera hija legítima ya no era un obstáculo para ella, Ariana había comenzado a eliminar a los que pudieran cuestionarla.
La primera fue su madre: quien murió a causa de un ataque cardíaco “accidental” porque Miriam, en sus últimos días de lucidez, había comenzado a dudar. Ariana había conseguido lograr esconder las pastillas y observó, sonriente, la escena mientras Miriam se ahogaba en su propia cama.
Luego, el segundo fue Damien: quien desde su llegada, siempre le había sido demasiado leal a Ariana, pero también él era el heredero varón. Y terminó muriendo en un “accidente” orquestado con los sirvientes que habían sido comprados. Fue drogado, lo introdujeron en un coche, y lo estrellaron. Pero el muy idiota logró sobrevivir un tiempo... lo suficiente como para que le pudieran extraer los órganos en un hospital clandestino mientras permanecía inconciente. Luego de tres días después llegaron a encontrarlo tirado en un desagüe, completamente desangrado.
Y Victor... bueno, a Victor lo dejaron para el final, cuando ya había conseguido controlar toda la fortuna.
Cuando Elara volvió a abrir los ojos otra vez. La rabia que sentía era como fuego puro, lento y controlado. «No esta vez».
A la mañana siguiente, la mansión de los Voss amaneció en una calma tensa. En el desayuno, nadie se atrevía a mencionar la escena de la noche anterior. Ariana hizo su entrada apareciendo con unas ojeras fingidas y una sonrisa frágil, sirviéndole una taza de café a Victor como si nada hubiese pasado. Damien le revolvió el cabello con cariño protector, y Miriam le preguntó si había dormido bien.
Elara fue la última de todos en bajar, vistiendo un atuendo sencillo: traía un pantalón negro y una blusa blanca. Al llegar al comedor optó por tomar asiento en el mismo lugar de siempre —el que había estado vacío durante diez años— y desayunó en completo silencio.
—Elara, querida —dijo Miriam con un tono cuidadoso—, hoy iremos al médico para que te haga una revisión en la frente y en... las quemaduras.
—No es necesario —le contestó Elara con calma—. Ya me ocupé de eso. Pero gracias.
Victor carraspeó. —He pedido las grabaciones de seguridad del día del... incidente en las escaleras—anunció repentinamente—. Llegarán esta tarde.
Ariana no pudo evitar tensarse apenas unos segundos, pero lo suficiente como para que Elara llegara a notarlo. Entonces Damien al escuchar el anuncio, frunció el ceño.
—¿Para qué, papá? Ariana ya dijo que fue un accidente.
Ariana alzó la mirada apenas un momento, pero Elara captó de manera inmediata el destello de pánico que había en sus ojos.
«Ya lo sabes, ¿verdad?» pensó Elara, viéndola directamente. «Ya te encargaste de ellas».
—Para estar seguros —le contestó Victor, y su tono dejó claro que no se admitían réplicas. —Quiero aclarar todo esto de una vez por todas.
Ariana agachó la vista, mientras sus manos temblaban ligeramente alrededor de su taza.
«Bien jugado, padre», pensó Elara, viéndolo fijamente a los ojos. «Al menos uno de ustedes tiene algo de sentido común»
Uno de los mayordomos ingresó a la sala un rato después con una tablet en la mano y una expresión que denotaba incomodidad.
—Señor Voss... hay un problema. Las cámaras del pasillo principal y de la escalera superior fueron saboteadas ese mismo día. Los archivos de entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde están corruptos. No se pueden recuperar. Alguien borró y sobrescribió los datos manualmente desde el servidor auxiliar.
Al escuchar estas palabras, Victor no pudo evitar palidecer. —¿Cómo es posible? Ese servidor solo lo manejamos nosotros...