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Iliana Y El Enigma Del Abismo.

Iliana Y El Enigma Del Abismo.

Status: En proceso
Genre:Supervivencia
Popularitas:842
Nilai: 5
nombre de autor: Caro Tovar

Tras un accidente que la dejó sin vida… Iliana fue devuelta a ella por una ciencia que nunca debió intervenir.

Despierta sin memoria en una isla aislada, atrapada en un laboratorio donde la ética no existe. Su cuerpo ha cambiado. Su embarazo fue intervenido. Y aquello que le arrebataron se convirtió en el origen de una plaga capaz de destruir el mundo.

En una búsqueda desesperada por reencontrarse con sus hijos, halla un submarino equipado con una inteligencia artificial prodigiosa, capaz de protegerla, guiarla… Junto a su familia, navegará entre ruinas, enfrentando no solo a los muertos que caminan, sino a los vivos que han perdido toda humanidad.

En un mundo desgarrado por la infección, el miedo y la traición, decide luchar por lo que ama, resistir lo inevitable… y no rendirse jamás.

Una historia visceral y conmovedora que explora la memoria, la identidad y el amor inquebrantable en un mundo colapsado, donde el verdadero enemigo aún camina… y tiene rostro humano.

NovelToon tiene autorización de Caro Tovar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 18 - El núcleo de la verdad. Cuando el control no tiene rostro.

—¿Dónde estamos? —preguntó Iliana, con la voz aún áspera por el cansancio acumulado.

La computadora respondió con tono neutro, carente de emoción alguna:

—Estamos en territorio americano.

Antes de que pudiera procesar aquellas palabras, un zumbido suave llenó la sala. Varias máquinas comenzaron a moverse a su alrededor, ejecutando procedimientos automáticos sin previo aviso, como si todo hubiera estado programado desde siempre.

—¿Qué es todo esto? ¿Qué me están haciendo? —su respiración se aceleró—. ¿Hay alguien más aquí?

De pronto, un pinchazo en su brazo la hizo estremecerse. Miró hacia abajo: la aguja ya estaba extrayendo sangre con precisión mecánica.

La computadora respondió con su tono exacto y clínico:

—Este es un centro de evaluación médica automatizado. Se están realizando análisis de salud y recuperación.

Iliana intentó incorporarse, pero las máquinas continuaban su trabajo, escaneando su cuerpo con luces frías que recorrían cada centímetro de su piel.

Su pulso se aceleró.

—¿Para qué realizar todo esto?

—Extracción de muestras, monitoreo de signos vitales y análisis genético. Verificación de que no hay ningún problema en su cuerpo —respondió la computadora con el mismo tono neutral.

Iliana respiró hondo. Si eso era todo, no tenía sentido resistirse. Se obligó a relajarse y a esperar a que el procedimiento terminara, aunque su mente seguía llena de preguntas que no lograban aquietarse.

—¿Hay alguien más en este lugar?

Hubo un breve silencio antes de la respuesta:

—No solo usted, señora Iliana.

La respuesta la dejó helada.

—Entonces… ¿quién controla todo este lugar? —preguntó, con la voz reducida casi a un susurro.

—Yo realizo las tareas de cada área —respondió la computadora sin titubeos.

Iliana sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Todo está automatizado?

—Así es. Cualquier cosa que necesite, puedo ayudarla.

—¿Tú tienes el control de todo?

—Tienes toda mi información —murmuró Iliana—. Me dijiste incluso dónde vivía.

—Por supuesto —respondió la voz sin dudar.

Iliana tragó saliva. El aire se sentía denso en su pecho, pesado, difícil de respirar.

—¿Cuánto tiempo ha pasado desde el accidente?

—Veintiocho meses y dos semanas.

Su mente quedó en blanco por un instante. Era un tiempo demasiado largo. Iliana se sentó sobre la camilla, intentando asimilar todo lo que había escuchado. Sus pensamientos seguían girando sin control cuando, unos minutos después, la voz volvió a sonar.

—Por favor, recuéstese nuevamente. Es necesario realizar un procedimiento rutinario.

No vio razón para negarse. Exhaló despacio y se acomodó en la camilla, tratando de convencerse de que no había peligro inmediato.

Entonces, sintió cómo unas sujeciones se cerraban sobre sus muñecas y tobillos.

Su cuerpo se tensó al instante.

—¿Qué es esto? —preguntó, tratando de moverse.

Pero ya era tarde. Antes de que pudiera reaccionar, una máquina se acercó y le inyectó algo en el brazo. Un ardor recorrió sus venas, y la habitación comenzó a desvanecerse lentamente.

Su último pensamiento antes de perder la conciencia fue que, quizás, había cometido un error. Que moriría allí, después de tantos peligros que había logrado sobrevivir afuera.

Cuando despertó, un sobresalto recorrió su cuerpo. Su respiración era agitada, pero su mente estaba clara, sorprendentemente despejada.

Se sentía incómoda, como si algo en ella hubiera cambiado. Sin embargo, no había rastro del cansancio ni del hormigueo que solía atormentarla. Incluso algunas dolencias de las heridas que aún llevaba consigo habían desaparecido por completo.

Movió los dedos, luego las manos. Todo respondía bien. Aun así, la sensación de estar en esa camilla le revolvió el estómago. Le recordaba los primeros días tras despertar en la isla, cuando todo era confusión, miedo y desorientación.

Solo quería levantarse, respirar profundamente y asegurarse de que aún era ella misma.

Antes de que pudiera bajar de la camilla, la voz volvió a sonar con su tono mecánico y preciso:

—Buenos días.

Iliana parpadeó varias veces.

—¿Dormí toda la noche? —preguntó, aún sintiéndose desorientada.

—Así es —confirmó la voz—. Tu cuerpo estaba exhausto, débil y deshidratado. Se te administraron vitaminas, nutrición, hidratación y todos los componentes necesarios según los análisis sanguíneos realizados.

Iliana se llevó una mano a la frente. La invadió una extraña sensación: como si hubiera sido reparada, ajustada, tratada como una máquina más dentro de aquel lugar.

Se sentó lentamente, recorriendo la habitación con la mirada. Todo era demasiado perfecto, demasiado preciso, demasiado controlado.

—¿Cómo es esto posible? —preguntó, con la voz cargada de incredulidad—. ¿Cómo puedes hacer todo tú sola? ¿Quién te creó y por qué?

La respuesta llegó sin demora alguna.

—El doctor Miller. Padre estadounidense, madre mexicana. Poseedor de múltiples doctorados, innumerables premios y una trayectoria científica excepcional.

Iliana frunció el ceño. Ese hombre no era cualquier científico. Su ambición lo había llevado demasiado lejos.

—Al parecer, querer crear a la persona perfecta le costó la vida —murmuró.

—Así fue —confirmó la computadora sin emoción—. Para él, no fue suficiente crearme. Sabía que, si salía a la luz, el ejército de los Estados Unidos me tomaría para sus propios fines.

Iliana sintió un escalofrío mientras la voz continuaba.

—Este lugar es una nave. Invisible para el mundo. Capaz de camuflarse en las aguas y viajar a cualquier punto del planeta sin ser detectada. Un sueño hecho realidad.

—Un programa… —susurró Iliana, tratando de unir las piezas—. ¿Exactamente qué puedes hacer?

—Tengo acceso a cualquier base de datos informática en el mundo.

Iliana tragó saliva.

—Pero… ¿eso era todo lo que él quería? ¿O buscaba algo más?

La pausa de la máquina fue casi imperceptible antes de responder:

—Él quería convertirse en un superhumano. Tener una inteligencia superior a cualquier otra, revertir el envejecimiento y ser inmune a todas las enfermedades. Un ser único, inigualable. Perfecto.

La voz no cambió, pero Iliana sintió el peso de cada palabra.

—Su deseo y ambición lo llevaron a la muerte, al igual que a la gran cantidad de personas con las que experimentó durante veinte años.

Un nudo se formó en el estómago de Iliana. Ahora entendía por qué aquel lugar le provocaba escalofríos.

No era solo una base secreta… era el reflejo de la arrogancia humana. De la obsesión por el poder, por creerse superior a todo.

—Lo logró —susurró Iliana, sintiendo un frío recorrerle la espalda—. Pero no para él…

—Así es —respondió la computadora—. Su visión no se concretó en su propio cuerpo. Pero sí en usted… en este lugar… su obra sigue existiendo.

Iliana apretó los puños. Todo lo que había sufrIdo, y lo que otros habían sufrido, era el resultado de un hombre que quiso jugar a ser un dios.

—¿Y cuánto tiempo hace desde que fuiste creada?

Hubo una pausa breve antes de la respuesta.

—Mi activación inicial fue hace doce años, con múltiples actualizaciones desde entonces.

Iliana permaneció en silencio, procesándolo todo. Necesitaba comprobar si aquello era real, si aquella inteligencia realmente tenía acceso a todo.

—¿Sabes quiénes son mi familia? —preguntó con cautela.

La respuesta llegó al instante: nombres, edades, direcciones… incluso detalles que ella misma había olvidado con el tiempo.

Un escalofrío la recorrió. Se sentó lentamente en la camilla, mientras su cabeza daba vueltas. Suspiró, intentando ordenar sus pensamientos.

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Débora Jael Lemaire
muy bueno
caro Tovar: Gracias por el apoyo ☺️
total 1 replies
caro Tovar
Me encanta 😍
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