Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.
NovelToon tiene autorización de vasitos de veneno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 10
Eleonor caminaba por el hall del edificio junto a Abby. El lugar era amplio, luminoso, con ese silencio controlado que tienen las clínicas donde todo parece medido. Abby le sostenía la mano con firmeza, como si supiera exactamente cuánto lo necesitaba.
—Tranquila… —le dijo—. Estoy aquí. Siempre juntas, como en el jardín.
Eleonor sonrió apenas.
—¿Te acuerdas cuando le pegué a ese niño que te molestaba? —preguntó.
Abby soltó una risa breve.
—¿El del moco en la nariz?
—Ese mismo —respondió Eleonor, riendo también—. Siempre se burlaba de ti.
—Y tú siempre me defendías.
Llegaron al sector de informes y se acercaron al mostrador. Tras dar sus datos, la empleada levantó la vista con una sonrisa profesional.
—Señora Baxter, qué gusto tenerla aquí. La doctora la está esperando en el consultorio cuatro.
—Gracias —respondió Eleonor.
Ambas caminaron por el pasillo hasta la puerta indicada. Eleonor respiró hondo antes de entrar.
—Señora Baxter —dijo la doctora al verla—, qué bueno verla de nuevo.
La mujer le estrechó la mano con cordialidad.
—Hola, doctora. Gracias por la confidencialidad —respondió Eleonor—. Ella es mi amiga Abby. Me va a acompañar durante el procedimiento.
—Me parece muy bien —dijo la doctora, asintiendo—. Es importante no estar sola en este momento.
La doctora tomó una carpeta y la abrió con calma.
—Tengo buenas noticias. Los estudios hormonales que se realizó hace dos semanas dieron bien. Algunos valores están apenas bajos, pero nada grave.
Eleonor asintió.
—Tomé la medicación que me indicó, al pie de la letra.
—Perfecto. La estimulación ovárica es fundamental, y usted respondió muy bien —dijo la doctora—. Ahora le voy a explicar cómo será el procedimiento.
Eleonor se acomodó en la camilla, mientras Abby se quedaba a su lado, sin soltarle la mano.
—Utilizaremos una cánula muy fina —continuó la doctora—. A través de ella se colocará el semen directamente dentro del útero.
Eleonor escuchaba atenta.
—No duele —aclaró—. A lo sumo, puede sentir una molestia leve. El procedimiento dura solo unos minutos.
Eleonor cerró los ojos un instante.
No por miedo.
Por emoción.
Porque, por primera vez en mucho tiempo, sentía que ese paso no dependía de nadie más que de ella.
Un rato más tarde, la doctora le indicó que respirara profundo.
Eleonor apoyó la cabeza contra la camilla y dejó que el aire entrara lento, como le habían enseñado. Abby seguía a su lado, firme, silenciosa, sosteniéndole la mano con la misma fuerza de cuando eran chicas.
—Voy a comenzar —avisó la doctora, con voz serena—. Si en algún momento te sientes incómoda, me lo dices.
Eleonor asintió.
Sintió el contacto frío del instrumental y luego una presión leve, distinta, extraña, pero no dolorosa. Cerró los ojos. Se concentró en su respiración. En no tensar el cuerpo.
Pensó, inevitablemente, en todo lo que la había traído hasta ahí.
En el tiempo perdido.
En el embarazo que no había llegado a ser.
En las palabras que nunca dijo.
En las decisiones que otros tomaron por ella.
—Muy bien —dijo la doctora—. Ya estamos colocando la cánula.
Eleonor apretó un poco más la mano de Abby.
—Estoy bien —murmuró—. Sigue.
El procedimiento duró apenas unos minutos, pero para Eleonor el tiempo se estiró de una forma extraña. Cada segundo estaba cargado de significado. No había aplausos ni promesas, solo un acto silencioso, preciso, lleno de esperanza contenida.
—Listo —anunció la doctora—. Ya terminamos.
Eleonor abrió los ojos.
—¿Eso fue todo? —preguntó, casi incrédula.
—Eso fue todo —confirmó la doctora, sonriendo—. Ahora vamos a dejarte recostada unos minutos.
La doctora salió del consultorio, dándoles privacidad.
Eleonor quedó mirando el techo blanco, sin hablar. Abby no dijo nada tampoco. No hacía falta.
—Tengo miedo —admitió Eleonor al cabo de unos segundos—. No de que no funcione… sino de ilusionarme.
Abby se acercó un poco más.
—Eso no es una debilidad —dijo—. Es lo que hace que valga la pena.
Eleonor dejó escapar una lágrima silenciosa que rodó por su sien.
—Esta vez lo estoy haciendo por mí —susurró—. No para reparar nada. No para retener a nadie.
Abby sonrió.
—Y eso lo cambia todo.
Eleonor cerró los ojos otra vez.
No sabía qué iba a pasar.
Pero, por primera vez, sentía que había dado un paso que le pertenecía por completo.
Sin culpas.
Sin explicaciones.
Sin pedir permiso.
Y eso, pasara lo que pasara después, ya era un comienzo.
La doctora volvió a entrar al consultorio con una sonrisa tranquila.
—Bueno, Eleonor —le dijo—. Dentro de doce a catorce días vas a venir nuevamente al consultorio. Ya mismo estoy agendando la cita. Vamos a hacer un test de embarazo.
Eleonor asintió, visiblemente emocionada. Deseaba con todas sus fuerzas que todo saliera bien.
—En algunos casos indicamos progesterona para ayudar a la implantación —agregó la doctora.
—Gracias… por todo —respondió Eleonor.
—No tienes nada que agradecer. Gracias a ti por confiar en nosotros —dijo—. Y está de más decirlo, pero todo el procedimiento es absolutamente confidencial. Los donantes son anónimos, firman contratos. Nunca tendrás ningún tipo de problema.
—Lo sé. Gracias —respondió Eleonor, con sinceridad.
Un rato más tarde, Abby la acompañaba hasta su departamento de soltera.
Apenas entraron, Abby la ayudó a sentarse en el sillón.
—Gracias —dijo Eleonor, dejándose caer.
—¿Te duele algo? ¿Estás dolorida? —preguntó Abby, mirándola con atención.
—No… solo me duele un poco la cabeza.
—¿Quieres que me quede?
—Sí… ¿te puedes quedar?
—Claro que sí. No pensaba irme.
—Pensaba en tomarme una copa de vino —agregó Abby—. Tú no puedes, pero yo sí.
Eleonor sonrió.
—Entonces pedimos pizza y helado.
—Listo, ya me convenciste.
—Nos acostamos en mi cama enorme y vemos Crepúsculo uno y dos —propuso Eleonor.
Mientras esperaban la pizza, sonó el timbre. Abby se levantó y, al abrir la puerta, se encontró con Sebastián.
—¿Me invitan a pasar? —preguntó, con una media sonrisa.
Saludó a las dos y se aflojó el saco.
—Gracias por venir —dijo Eleonor.
—De nada. Igual te voy a cobrar tarifa triple por hacerme llegar tarde a casa —bromeó.
—Ay, no te hagas —intervino Abby—. Si no tenías nada que hacer. Quédate a comer pizza con nosotras, ya está por llegar.
Los tres cenaban tranquilos, entre risas y comentarios sueltos.
—Tú eres mi amiga —le dijo Sebastián a Eleonor—. Él es tu esposo. Siempre estaré de tu lado.
—Gracias —respondió ella.
Sebastián hablaba con una porción de pizza en la mano y una copa de vino apoyada cerca.
—Mi secretario fue a llevarle unos papeles —continuó—. Apenas los agarró, los tiró sobre el escritorio.
—Pidió hablar contigo. Dice que es necesario que te reúnas con él.
Eleonor suspiró.
—Sí… lo sé.
—¿Quieres que llame a su oficina y programe una reunión con él?
Eleonor asintió en silencio.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?