Micaela es una joven humilde y llena de sueños que gana una beca para estudiar Literatura en una de las universidades más importantes del país.
Allí conoce a Nicolás, el director: un hombre atractivo, poderoso y verdadero dueño de la universidad.
Todos conocen su fama: relaciones ocultas con alumnas y un corazón que nunca se queda con nadie.
Pero cuando Micaela llega, algo empieza a cambiar.
Ella no quiere dinero ni poder, solo estudiar y salir adelante.
Aun así, el amor aparece cuando menos se espera, incluso donde no debería existir.
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capitulo 7: felicidades
Al verla así, el director consideró que era inadmisible para el concurso, motivo por el cual se acercó con gesto serio.
—¿Usted no se miró en un espejo antes de salir al escenario? —susurró el director con severidad, asegurándose de que solo ella lo escuchara.
Micaela se quedó paralizada, sin saber qué responder, y Malú quiso acercarse para ayudarla, pero al ver que el director seguía hablando con severidad decidió quedarse quieta; entonces, el organizador del concurso anunció que era momento de comenzar, y Micaela tuvo que mantener la calma y la confianza a pesar del maquillaje desastroso y la mirada retante de Blaumeise.
—Yina lopez, mencione un autor representativo del Romanticismo y una de sus obras más conocidas —pidió el organizador, mirando a la participante de la universidad contraria.
—Lord Byron, y una de sus obras más conocidas es Don Juan —respondió Yina con seguridad, sonriendo a Blaumeise, quien asintió satisfecha.
—Micaela Chávez, explique brevemente las características principales del Romanticismo y cómo se reflejan en un poema de Gustavo Adolfo Bécquer —continuó el organizador, dirigiéndose a micaela con claridad.
Aunque hablar frente al micrófono la ponía nerviosa, Micaela respondió con confianza, ya que la pregunta estaba dentro de lo que dominaba.
—El Romanticismo se caracteriza por la exaltación de los sentimientos, la libertad creativa y la naturaleza como reflejo de las emociones humanas; en Rima LIII, de Bécquer, se nota especialmente la melancolía y la idealización del amor perdido.
Las miradas del público se centraron en ella, y hasta Blaumeise se mostró sorprendida por la claridad de sus respuestas. A medida que avanzaba la competencia, ambas participantes seguían respondiendo correctamente, manteniendo el marcador completamente empatado y aumentando la tensión en el auditorio. Finalmente, al llegar a la ronda final, el organizador decidió aumentar la complejidad de las preguntas, con la intención de poner a prueba realmente los conocimientos de cada estudiante y descubrir quién se destacaría en la categoría de literatura.
—Yina, explique la diferencia entre realismo y naturalismo, y mencione un autor representativo de cada corriente —dijo el organizador.
Yina estaba un poco insegura con esa pregunta, ya que le parecía algo compleja dentro de su nivel de preparación, y dudaba si podría responder correctamente frente a todo el auditorio.
—Eh… bueno, el realismo… mmm… creo que trata de mostrar la vida cotidiana, supongo, con muchos detalles, y el naturalismo… es algo más extremo, algo así que habla de la herencia y el entorno… Un autor de realismo podría ser eh… Flaubert, y de naturalismo… mmm… tal vez Zola —terminó su respuesta, insegura y completamente avergonzada ante el público.
—Micaela Chávez, mencione dos características del Modernismo en la literatura hispanoamericana y cite un autor que las ejemplifique —continuó el organizador.
Aunque Micaela había estudiado el tema, al sentir al director justo detrás de ella, los nervios la dominaron y se quedó en silencio, mientras los presentes la observaban expectantes y algunos ya la daban por perdida.
—El Modernismo se distingue por un lenguaje elegante y musical, junto con la renovación temática y estética; Rubén Darío representa muy bien estas características —contestó Micaela al fin, con nervios, pero confiada en su respuesta.
—El concurso de literatura de este año ha llegado a su fin, y la estudiante Micaela Chávez se lleva el primer lugar. ¡Felicidades! —anunció el organizador, mientras Micaela apenas podía creerlo.
Algunos asistentes no podían ocultar su sorpresa ante el resultado, pero el director se mostraba satisfecho; por fin uno de sus estudiantes había ganado, y su mirada hacia Blaumeise era todo un mensaje: “Esta vez, mi universidad se llevó la victoria.”
Con el concurso finalizado, Micaela recibió su premio y se tomó unas fotos con el director. Aunque al inicio los nervios la dominaron, pronto recuperó la confianza al recordar que su victoria le había devuelto la beca.
Unos minutos más tarde, el director se aproximó a Blaumeise, cuyo rostro mostraba la frustración de no haber ganado.
—Sí, esta vez la ganamos nosotros. No se estrese — comentó el director, pasando junto a Blaumeise con una sonrisa de suficiencia.
Blaumeise no dijo nada y se marchó acompañando a su estudiante, claramente insatisfecha por la derrota.
Más tarde, el director estaba en su oficina, disfrutando una copa de vino, cuando de repente la puerta se abrió y Sonia apareció, dispuesta a seducirlo sin previo aviso.
—Felicidades, director de la Vega —dijo Sonia, abrazándolo por la espalda.
—Sonia, ¿qué haces en mi oficina? —preguntó el director, girando para observarla.
—Vine a ver a mi querido director— contestó
—¡Sonia, Sonia! Estoy ocupado —mintió el director, ya que en realidad no tenía ninguna intención de dejarse enredar en lo que ella claramente buscaba.
—Pero, Nicolás… —trató de besarlo, y él la separó inmediatamente.
—¡Sonia, detente! —pidió el director, al mismo tiempo que gritaba—: ¡Berenice!
—Señor director, dígame —dijo Berenice, entrando de inmediato ya que su oficina quedaba junto a la del director.
—Berenice, infórmele a la señorita Chávez que venga a mi oficina —pidió el director, dejando claro a Sonia que debía retirarse.
Sonia comprendió la señal y se retiró tan pronto Berenice confirmó la instrucción del director.
Mientras tanto, Micaela estaba en el baño junto a Malu. Ella la observaba con admiración, aunque en su mirada había una clara duda: quería saber quién había sido la responsable de arruinarle el maquillaje que ya se había limpiado.
—Ahora sí, señorita Micaela, dígame quién le arruinó el maquillaje, porque estoy segura de que alguien lo hizo y le prometo que yo misma le daré un escarmientico que ni va a doler, pero sí va a aprende—dijo Malú, intrigada y convencida de que alguien lo había hecho a propósito.
—Fui yo quien se lo arruinó —mintió Micaela, asustada de que Malú tomara represalias si le decía la verdad.
Malú no quedó del todo convencida, pero antes de que pudiera insistir, la voz de Berenice sonó por el megáfono llamando a Micaela. Ella le dedicó una sonrisa tímida a Malú y salió del baño rumbo a la oficina del director, donde entró con cautela.
—Felicidades, señorita Chávez. Me alegra informarle que su beca está oficialmente de vuelta —le dijo el director, contento, apenas la vio entrar.
Micaela asintió con timidez; aun así, la alegría le llenaba el pecho. El director, evidentemente contento, se acercó y le dio un abrazo rápido, casi involuntario. Ella quedó atónita, y él se apartó de inmediato, sorprendido de haberse permitido una cercanía tan inusual.