Renace en un mundo mágico, en un matrimonio sin amor, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Persiana
Helen se dedico mas a su nuevo proyecto de persianas, sin embargo, los primeros intentos fueron… un desastre elegante.
Helen había habilitado una de las salas laterales de la mansión como taller improvisado. Había mesas cubiertas con telas, rollos de hilo, pequeñas poleas, varillas de madera, engranajes simples y bocetos pegados en las paredes.
El primer prototipo de persiana colgaba torcido de una viga.
—No debería hacer ese ruido…
mientras tiraba suavemente de la cuerda.
Craaaak.
La varilla se dobló.
La tela se tensó de más.
Y todo el conjunto se desplomó con un golpe seco contra el suelo.
Helen cerró los ojos.
—Perfecto.. Simplemente perfecto.
Dylan, que estaba apoyado contra la pared con una libreta en la mano, dio un paso adelante.
—Bueno.. Al menos ahora sabemos que ese material no sirve.. el diseño es perfecto..
Ella se dejó caer en una silla.
—No es solo el material. Es el peso, la fricción, el mecanismo… En mi cabeza todo funciona tan bien…
Agarró uno de sus bocetos y lo miró con frustración.
—Y en la realidad se ve como un espantapájaros caro.
Dylan soltó una risa suave.
—Todos los grandes proyectos empiezan pareciéndose a un espantapájaros caro.
Helen lo miró de reojo.
—¿Eso es una frase motivacional o te lo estás inventando?
—Un poco de ambas
El segundo intento fue peor.
La tela elegida era hermosa, translúcida, de un tono marfil suave… y completamente inútil para sostener su propia forma.
Cuando Helen intentó bajarla con cuidado, se enredó en el eje central y quedó hecha un nudo imposible.
—No… no… no…
Tiró un poco más.
Rrip.
La tela se rasgó.
Helen apretó los dientes.
[Genial. Dinero a la basura.]
Dejó caer la cuerda y se llevó ambas manos a la cara.
—No sirvo para esto.
Dylan cruzó la sala en tres pasos.
—Eso es mentira.
Ella lo miró, con los ojos brillantes.
—Llevo días intentándolo. Nada funciona.
Él se agachó frente a ella, a su misma altura.
—Llevas días creando algo que no existe en este reino ¿De verdad esperabas que saliera perfecto al primer intento?
Helen bajó la mirada.
—Tal vez soy buena con ideas… pero no con ejecutarlas.
Dylan negó lentamente.
—Eres buena con visión. Y eso es lo más difícil de conseguir.
Tomó uno de los bocetos del suelo.
—Mira esto.. Aquí ya resolviste el problema de la luz.. Aquí el de la privacidad.. Aquí el de la estética.
Señaló otra parte.
—Solo falta resolver el problema del movimiento..
Ella soltó una risa pequeña y triste.
—Ah… solo eso.
Dylan sonrió.
—Exacto. Solo eso..
El tercer intento no se rompió.
Pero tampoco funcionó.
La persiana subía… pero no bajaba.
Helen tiró de la cuerda varias veces.
—Vamos… baja…
Nada.
—¿En serio?
Dylan se acercó y tiró también.
La cuerda salió completamente del mecanismo y cayó al suelo como una serpiente muerta.
Ambos se quedaron mirándola.
En silencio.
Helen apoyó la frente en la mesa.
—Voy a llorar.
Dylan se apoyó a su lado.
—Si lloras, yo traigo té. Y luego volvemos a intentarlo.
Ella levantó la cabeza.
—¿No crees que esto es una pérdida de tiempo?
Él la miró con una seriedad suave.
—No. Creo que estás construyendo algo que va a cambiar tu vida.
Helen tragó saliva.
—¿Y si fracaso?
—Entonces fracasas.. Y luego ajustas. Y lo vuelves a intentar.
Tomó una varilla torcida del suelo y la giró entre los dedos.
—¿Sabes cuántos contratos horribles firmé antes de aprender a negociar bien? ¿Cuántos errores cometí trabajando para Mortimer?
Ella negó con la cabeza.
—Demasiados para contarlos en una tarde.. Pero si me hubiera rendido en el primero… no estaría aquí contigo ahora.
Helen lo miró en silencio.
Algo cálido se le acomodó en el pecho.
—Gracias… por no decirme que lo deje.
Dylan sostuvo su mirada.
—Jamás haría eso.
Se puso de pie y le tendió la mano.
—Vamos. Uno más por hoy.
Helen dudó un segundo.
Luego tomó su mano.
—Uno más.
No funcionó del todo.
Pero fue mejor.
Y esa noche, mientras recogían restos de telas, engranajes fallidos y bocetos arrugados…
Helen ya no se sentía una fracasada.
Se sentía… Acompañada.
Y por primera vez desde que empezó Luz y Velo, entendió algo esencial
No iba a lograrlo sola.
Y eso… no la hacía débil. La hacía más fuerte.
A la mañana siguiente, el sol entraba en el taller improvisado con una luz suave que hacía brillar los restos del caos del día anterior telas dobladas a medias, engranajes sobre una bandeja, varillas apoyadas contra la pared, bocetos corregidos con líneas nerviosas.
Helen estaba sentada en una silla baja, sosteniendo una taza de té caliente entre las manos. Tenía el ceño fruncido, pero ya no era de frustración pura… era de pensamiento.
Dylan apareció en la puerta con una carpeta bajo el brazo.
—Buenos días, inventora
Helen suspiró.
—Buenos días, hombre que aún cree que no estoy loca por intentar esto.
Él entró y dejó la carpeta sobre la mesa.
—Justamente por eso quería hablar contigo.
Ella alzó una ceja.
—Eso suena peligroso.
Dylan rió por lo bajo.
—He estado pensando en tus problemas con los materiales.. Peso, fricción, tensión, soporte…
Helen asintió lentamente.
—Exacto. Todo eso quiere matarme.
—No estás sola en eso… Hay otras personas en el reino que están innovando en áreas distintas… pero con problemas muy similares.
Ella lo miró con interés real.
—¿Como quién?
Dylan tomó aire, como si estuviera esperando su reacción.
—Lady Norhaven.
Helen parpadeó.
—¿La de los carruajes?
—Esa misma.. Está rediseñando los sistemas de suspensión y apertura. Usa materiales más ligeros, soportes flexibles, mecanismos que no se traban con facilidad.
Helen se incorporó un poco en la silla.
—¿En serio?
—Muy en serio… Ha logrado que puertas pesadas se abran con una sola mano. Y que techos móviles se deslicen sin crujir.
Helen miró uno de sus prototipos torcidos en la pared.
[Puertas pesadas… una sola mano…]
—Eso… eso podría servirme muchísimo.
Dylan sonrió al ver cómo sus ojos volvían a encenderse.
—Pensé lo mismo.. Tal vez ella esté usando algún tipo de material o soporte que podría inspirarte. O al menos ayudarte a resolver parte del mecanismo.
Helen se levantó de golpe.
—Quiero conocerla.
Dylan parpadeó, divertido.
—¿Así de rápido?
—Sí… No quiero quedarme encerrada aquí golpeando la misma pared una y otra vez.. Si hay alguien que ya resolvió problemas parecidos, sería absurdo no aprender de ella.
Se quedó mirándolo un segundo más, con una sonrisa sincera.
—Programa una cita con Lady Norhaven, por favor.
Dylan inclinó la cabeza con una expresión satisfecha.
—Será un placer.
Sacó una hoja de su carpeta.
—Le escribiré hoy mismo. Es una mujer ocupada, pero suele ser receptiva con proyectos interesantes.
Helen cruzó los brazos, emocionada.
—¿Crees que acepte?
—Si le cuentas lo que estás intentando hacer… estoy casi seguro de que sí.
Ella respiró hondo.
—Gracias, Dylan. De verdad.
Él la miró con una calidez nueva en los ojos.
—No quiero que te encierres en tus propios límites.. Eres demasiado brillante para eso.
Helen sintió un cosquilleo extraño en el pecho.
—Entonces… ¿esto cuenta como que no me rindo?
Dylan sonrió, ampliamente esta vez.
—Cuenta como que acabas de subir de nivel.
Ella soltó una risa ligera.
—Me gusta cómo suena eso.
Dylan ya estaba escribiendo la carta cuando añadió
—Y Helen…
—¿Sí?
—Estoy orgulloso de ti por no tirar todo por la ventana anoche.
Ella lo miró, sorprendida.
—Lo pensé.
Él rió.
—Lo sé.
Sus miradas se sostuvieron un segundo más de lo normal.
Luego Helen tomó uno de sus bocetos y lo alisó con decisión.
—Bien.. Si Lady Norhaven pudo hacer que un carruaje pesado se mueva con suavidad… yo puedo lograr que una persiana elegante funcione como un sueño.
Dylan selló la carta con cera caliente.
—Esa es la actitud.
Y mientras el mensajero partía rumbo a Norhaven…
Helen ya no veía sus prototipos fallidos como fracasos.
Los veía como escalones.
Y esta vez, no estaba subiendo sola.