Una hermosa joven caminaba con lagrimas en sus ojos por las oscuras y humedas calles de la cuidad, confundida por el hecho de que todo el mundo la odiaba,incluso sus padres que llegaron hasta el punto de venderla.
Ahora le pertenesia al mafioso mas poderoso de Nueva York, preguntandose si este seria el hombre que la sacaba de un infierno o era el quien la hiba a meter en otro
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VII
-6 y 15 !!!- decía Brisa mientras se cambiada después de un refrescante baño.
A paso lento salió del cuarto con sus cosas en mano, bajaba las escaleras grada por grada, miro hacia el frente observando a un elegante Señor Stevans.
Aquel pelinegro programaba con Harry los movimientos de hoy, ya que hoy le entregaba la mercancía a su tío, su mirada se posó en aquella mujer que bajaba con dificultad por las gradas. Se quedó observándola, tenía puesto unos sexys pantalones apegados y una blusa transparente, agradecía a la persona que compro esta ropa.
-Buenos días Señor- el pelinegro salió de su transe y se dio cuenta que tenía a la ojigris frente suyo
-Buenas para ti también Brisa, Benjamín no podrá venir hoy, podrás tener el día libre.
Vio como después salía y subía a su coche, Harry subió y condujo, todos tenían armas, no le sorprendía pues su padre también portaba eso. Dejo sus cuadernos en la mesa de la sala y fue a la cocina.
-Buena señorita.
-Buenas- dijo con entusiasmo- como se llama.
-Loren.
-Hermoso nombre.
-Gracias señorita Brisa- la ojigris se sentó con una gran sonrisa, se sentía rara, siempre sus mucamas la trataron mal, pero Loren no fue así.
Entro una chica más joven que Loren, tendría sus 20 años pensó Brisa, al entrar miro de arriba a abajo a la ojigris y mostro una cara de desagrado.
La ojigris se encamino hacia el refrigerador y saco una de las muchas verduras, para preparar ella misma su desayuno, ya lo había aprendido por años.
-No debes jalar cosas sin el consentimiento de Señor-comento aquella pelirroja.
- Ágata cállate, la señorita puede jalar lo que quiera.
-No Loren ella tiene razón, perdón- dijo para salir de la cocina con los ánimos hasta el suelo, sabía que alguien la trataría así, se estaba ilusionando con pensar que a alguien le caería bien.
Aburrida fue a la alberca y se sentó bajo el inmenso sol, mirando a la nada, pensando en que estará haciendo sus padres, si almenos la extrañaran, estaban mejor sin ella.
-Listo Jefe- menciono Harry al pelinegro que se encontraba inspeccionando la entrega.
-Bien- dijo para voltearse hacia un camión que venía en su dirección, bajando así el señor Rick.
-Está todo listo - menciono aquel hombre
-Por supuesto cuando te he fallado Rick- dice de manera fría.
El hombre ríe , mientras su hombres guardaban las joyas con drogas.
-Tienes el mundo a tus pies Kim y lo sabes, pero no eres feliz y lose- dicho esto se despidió de su sobrino y se fue dejando a un Kim Stevans inmóvil, nunca se preguntó eso, siempre le importo más el negocio y el hacer plata.
El castaño le abrió la puerta y el pelinegro procedió a subir, momentos después llegaron a la mansión, por hoy no tenía más trabajo que involucraba a su mafia, solo estar chequeando sus empresas, por lo que estaría todo el día en su oficina.
Bajo del carro y se encontró con la ojigris que se encontraba riendo como una niña, mientras un guardia se acercaba a ella, el pelinegro al ver esto, se dirigió furioso hacia ellos.
-Que se supone que hacen.
-Señor, la señorita estaba aburrida, así que me ofrecí a enseñarle algunos movimientos de pelea
-Estas aquí para trabajar, no para ser niñero de niñas caprichosas- el hombre asiente y se aleja, el pelinegro voltea a ver a Brisa quien se encontraba enojada.
-Tu vete a dentro hacer algo productivo, en vez de estar coqueteando con mis guardias.
-Por respeto señor no le respondo diciéndole todas sus verdades, pero no le permito que me llame coqueta, usted sabe lo que se siente ser odiada por muchos, estar encerrada aquí como si fuera una prisión, ver como hay un mundo el cual nunca conoceré, solo intentaba distraerme un momento, perdóneme si coquetee con su guardia, desde ahora me mantendré tiesa y callada ante todo, buenas tardes.
Stevans al igual que el castaño se quedaron impactados por el enfrentamiento que Brisa le había dado al mafioso más temido.
-Pero que mierda!!- exclamo enojado, razonando el hecho de que en parte tenia razón, ella es una prisionera, pero eso de q nunca conocerá el mundo es algo absurdo pensó.
Entro a la mansión observando de reojo a Brisa que se encontraba sentada en uno de los sofás, mirando su deprimente y triste mirada, no supo porque pero se sintió nuevamente culpable.
Se dirigió a su oficina cruzándose con Loren.
-La joven Brisa ya almorzó.
-No señor, tampoco desayuno.
-Hay esta niña. Se quiere morir acaso- toco el puente de su nariz y suelta un suspiro
Se volteo para volver hacia la sala.
-Quieres morir, porque no has probado bocado en todo el dia, son las 2 de la tarde.
-Dijeron que tenía que pedirle permiso para poder jalar los alimentos.
-Porque los jalarías- alzo una ceja.
-Quería prepararme mis alimentos.
-Ja enserio, acaso eres tonta, ellas te la pueden cocinar, solo pídeles, acaso nunca te han atendido o te han llevado la comida a la habitación.
-No, jamás han hecho eso por mi Señor, es por eso que suelo prepararme mis alimentos.
El pelinegro sonrió sarcásticamente, la ojigris solo lo miro para luego retirarse pero una voz la detuvo.
-No te he dicho que te vayas aún- menciona enojado.
-Pero...
-Aquí yo soy el jefe y tu mi empleada!! Entiendes, no recuerdas que te compre, me perteneces y puedo hacer contigo lo que quiera, si pudiera te botara, solo me has traído problemas.
-Y por qué no lo hace!!
-Porque necesito que tu padre se dé cuenta que te necesita y venga implorando por ti.
-Eso no pasara, pierde su tiempo.
-En ese caso te venderé o mejor te regalare.
Stevans miraba fríamente a Brisa, quien débilmente asentía apretando firmemente su mandíbula ante de hablar algo y recibir nuevamente palabras dolorosas.
-Usted Señor no conoce nada de mí, no juzgue por las apariencias, estas engañan, puedo ser muy feliz, como infeliz, muy débil como muy fuerte, muy tonta como la más perversa- ni siquiera Brisa sabía lo que decía solo quería amenos darle a entender a Stevans lo mucho que ella sufre con sus palabras.
Stevans miraba incrédulo como Brisa subía las escaleras, a que se refería, estaba totalmente confundido, se fue a su oficina sin antes ordenar que le llevaran sus alimentos a la ojigris a la habitación.
Sintió realmente compasión, nuevamente al recordar todo lo que él le dijo a Brisa, reprimiéndose por eso nuevamente, abrió su carpeta y empezó a trabajar, ignorando el hecho de que no sabía que secretos trágicos ocultaba Brisa.
Con aquella Brisa en su mansión, Stevans perdería toda gordura.