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El Contrato Del Despecho

El Contrato Del Despecho

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Venganza / Amor prohibido / Completas
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Margo siempre fue la mujer de los planes perfectos, hasta que su prometido la abandonó en el altar por su mejor amiga. Humillada y con la prensa social acechando, Margo decide que no será la víctima de esta historia. En un arrebato de orgullo y dolor, recurre a la única persona que odia tanto como a su ex: Lucas, el rival empresarial de su familia y el hombre que ha intentado hundir sus negocios por años.
​Lucas acepta la propuesta de un matrimonio por contrato, pero no por caridad. Él ve la oportunidad de finalmente entrar en el círculo de poder de los de Margo. Lo que comienza como una alianza gélida y transaccional, pronto se convierte en un campo de batalla emocional donde el odio se confunde con una atracción eléctrica. En un juego de apariencias, Margo y Lucas deberán decidir si su unión es la mejor venganza o la peor de sus derrotas.

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Capitulo 9

​Afuera, la ciudad estaba siendo devorada por una tormenta eléctrica que transformaba los rascacielos en siluetas fantasmales bajo los rayos. En el piso 42, el viento golpeaba los ventanales reforzados con un aullido que parecía querer reclamar la esterilidad del penthouse. De pronto, tras un estruendo que sacudió los cimientos, el mundo se sumergió en una oscuridad absoluta. Los sistemas de respaldo fallaron, dejando solo el silencio y el olor a ozono.

​Margo, que estaba en la cocina intentando ignorar la presencia de Lucas en la otra punta del salón, se quedó inmóvil. La oscuridad en ese lugar no era acogedora; era vasta y opresiva, como estar en el fondo de un océano de cristal.

​—No te muevas —la voz de Lucas, ahora sin el filtro de la distancia profesional, sonó a pocos metros—. El sistema de emergencia del edificio se ha bloqueado. Estamos aislados.

​Escuchó el roce de sus pasos y, momentos después, el chasquido de un encendedor. Una pequeña llama bailó entre ellos, iluminando las facciones de Lucas desde abajo, dándole un aspecto menos de verdugo y más de hombre. Él encendió un par de velas de cera gruesa que Margo había comprado días atrás, las mismas que él había criticado por ser "decoración innecesaria".

​Sin electricidad, el penthouse perdió su aura de centro de mando. Se convirtió en una cueva de lujo. Sin el zumbido de los servidores, sin el brillo de las pantallas y sin la distracción de los teléfonos —que apenas tenían señal debido a la tormenta—, el espacio entre ellos se encogió drásticamente.

​Lucas trajo una botella de tinto y dos copas. Se sentaron en el suelo, sobre la alfombra de lana virgen, cerca de la chimenea de gas que, afortunadamente, funcionaba con un sistema manual. El fuego proyectaba sombras erráticas en las paredes desnudas.

​—A esto hemos llegado —dijo Margo, aceptando la copa. Sus dedos rozaron los de él al tomarla, pero esta vez no retiró la mano con pánico. El roce fue un ancla en medio de la tormenta—. Dos enemigos casados, atrapados por un rayo.

​—Es una metáfora poco sutil de nuestra vida, ¿no crees? —Lucas bebió un sorbo largo. Se había quitado los zapatos y desabrochado los puños de la camisa, revelando un aspecto relajado que Margo nunca había visto.

​El alcohol y la penumbra comenzaron a erosionar los muros. Empezaron hablando del mercado, pero pronto el tema se volvió irrelevante. La falta de distracciones los obligó a mirarse, no como oponentes, sino como seres humanos compartiendo el mismo aire.

​Margo empezó a hablar de su infancia, pero no de las galas ni de los privilegios, sino de la presión constante de ser la "heredera perfecta".

​—Mi padre me regaló un juego de planos a los seis años —contó Margo con una sonrisa melancólica—. No quería muñecas; quería construir puentes que no se cayeran. Supongo que por eso me dolió tanto lo de Mateo. No fue solo la traición, fue el fallo en el diseño. Creí que había construido algo sólido sobre un terreno pantanoso.

​Lucas la escuchaba con una atención que Margo encontraba inquietante. No estaba buscando información para usarla en su contra; estaba, por primera vez, simplemente escuchando.

​—A los seis años —continuó Lucas, su voz volviéndose áspera—, yo estaba en los muelles ayudando a mi padre a contar pernos. Él decía que cada tornillo era lo que mantenía al mundo a flote. Tenía razón. Cuando se llevaron a los tornillos de su vida, todo se hundió.

​Margo notó algo entonces. Al estirarse para dejar su copa, la camisa de Lucas se tensó, dejando ver una cicatriz pálida que nacía en su antebrazo y desaparecía bajo el reloj. No era una marca quirúrgica; era una herida de guerra, un rastro de violencia antigua.

​—¿Eso fue en el muelle? —preguntó ella, señalando la marca.

​Lucas miró su brazo y luego a ella. Por un segundo, el muro volvió a subir, pero la suavidad en la mirada de Margo lo detuvo.

​—Fue la noche que arrestaron a mi padre —confesó él—. Intenté detener a los oficiales. Un niño contra hombres armados. Me empujaron contra unas chapas metálicas. La cicatriz física se cerró rápido. La otra... bueno, ya sabes cómo terminó eso.

​Margo sintió un nudo en la garganta. Esa cicatriz resonaba con su propio dolor: la marca de un momento en que el mundo dejó de ser seguro.

Ella extendió la mano y, en un impulso de curiosidad peligrosa, rozó la marca con la yema de sus dedos. Lucas se tensó, pero no se apartó. Su piel estaba caliente y la vibración de su pulso era errática bajo el toque de ella.

​—Somos un desastre, Lucas —dijo ella, retirando la mano pero manteniendo la cercanía—. Una mujer que construye puentes rotos y un hombre que colecciona tornillos oxidados.

​Lucas soltó una carcajada. No fue esa risa seca y cínica que usaba en las reuniones de negocios. Fue una risa profunda, genuina, que iluminó sus ojos de una manera que Margo encontró devastadora.

​—Si nos viera Sterling ahora —dijo Lucas, riendo todavía—, pensaría que hemos perdido el juicio por completo.

​Margo se unió a la risa. Era una risa liberadora, una que rompía el ciclo de odio y venganza que los había unido. En ese momento, en medio de la oscuridad y el fuego, el contrato se sintió como un papel insignificante. Eran dos personas heridas reconociéndose en la oscuridad.

​La risa se apagó lentamente, dejando paso a un silencio diferente. Ya no era un silencio tenso, sino uno cargado de una expectativa nueva y asfixiante. Lucas se inclinó hacia ella, su rostro a centímetros del suyo. Margo podía oler el vino y el sándalo, y sentir el calor que emanaba de él.

​—Margo —murmuró él, y su nombre en sus labios ya no sonaba como una transacción, sino como una pregunta.

​Ella no se alejó. La curiosidad que antes era una molestia ahora era un incendio forestal. Quería saber qué había detrás del verdugo, quería saber si el hombre que la defendía en los restaurantes podía ser el mismo que la destruyera con un beso.

​Justo cuando la distancia estaba a punto de desaparecer, las luces del penthouse parpadearon y se encendieron con una intensidad cegadora. El zumbido de los servidores regresó, el aire acondicionado empezó a soplar y el mundo moderno reclamó su espacio.

​Ambos se apartaron rápidamente, como si los hubieran atrapado en un crimen. Lucas se puso en pie, recuperando su máscara de hierro en cuestión de segundos, aunque su respiración seguía siendo pesada.

​—La luz ha vuelto —dijo él, su voz volviendo a ser plana—. Deberíamos descansar. Mañana es un día largo.

​Margo asintió, sintiendo un vacío repentino donde antes había calor. Caminó hacia su habitación, pero antes de cerrar la puerta, miró atrás. Lucas seguía allí, de pie entre las velas que se apagaban y la luz artificial que lo envolvía de nuevo.

​Sabía que la distancia física que habían perdido esa noche no se recuperaría con solo encender las luces. El odio se había transformado en algo mucho más difícil de controlar: un hambre de entender al hombre que se suponía que debía odiar.

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Graciela Barragan Piedra
Me encantó! Nada de mafias, matanzas, secuestros, erotismo explícito.
Genial la novela! Gracias por compartir tu talento!
Graciela Barragan Piedra
El destino jugó a su favor! Ambos son únicos!
Daiana Martínez
muy buena novela!!
Lobe ❣️: muchas gracias ☺️
total 1 replies
Yolanda milagros Cardona
me encantó la novela
Yolanda milagros Cardona
me encantó la novela 👏
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