En un universo donde los mundos caen uno tras otro bajo la destrucción de un monstruo colosal conocido como el Destructor de Mundos, un joven llamado John despierta sin recuerdos y con un destino extraordinario. Cada mundo que visita le enseña nuevas habilidades, lo fortalece y lo prepara para enfrentar una amenaza que trasciende dimensiones.
A su lado está Azul, una niña que salvará y adoptará, y juntos se convertirán en un faro de esperanza en mundos sumidos en la devastación. Con la guía de un sistema misterioso creado por su difunto padre, John aprende a subir de nivel, desbloquear poderes inimaginables y construir armas capaces de enfrentarse a la catástrofe misma.
Cuando finalmente se enfrenta al Destructor de Mundos, descubre secretos aún más profundos: hay otras variables, otras entidades colosales, y una profecía que marcará el futuro de un mundo futurista donde los habitantes pueden despertar poderes increíbles.
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El Salvador.
El mundo estaba en ruinas.
Edificios destruidos, calles cubiertas de polvo y autos abandonados formaban un paisaje silencioso y triste. El viento soplaba entre las estructuras caídas como si el mundo mismo estuviera suspirando.
John caminaba con dificultad.
Cada paso le dolía.
Su cuerpo todavía estaba herido por la batalla que no podía recordar completamente. Solo sabía una cosa: había peleado contra algo gigantesco… algo que había destruido mundos.
Pero ahora estaba aquí.
Y este mundo necesitaba ayuda.
El grupo de humanos que había encontrado lo llevó a su refugio: una estación de metro abandonada bajo la ciudad.
Allí vivían unas treinta personas.
Familias.
Niños.
Personas cansadas de correr.
Cuando llegaron, algunos miraron a John con desconfianza.
—¿Quién es él? —preguntó uno.
El hombre que lo había encontrado respondió:
—El tipo que mató a ese monstruo de un golpe.
Eso hizo que todos se quedaran en silencio.
Una mujer mayor se acercó y miró a John con cuidado.
—Entonces quédate —dijo—. Aquí necesitamos gente fuerte.
John no respondió.
Solo se sentó contra una pared.
Estaba agotado.
La recuperación
Pasaron varios días.
Los sobrevivientes cuidaron sus heridas.
Le dieron comida.
Agua.
Un lugar donde dormir.
Durante ese tiempo John revisó varias veces la libreta con los planos.
El arma.
El mensaje.
Pero su memoria seguía incompleta.
—Destructor de mundos… —murmuraba a veces.
Algo dentro de él sabía que esa criatura volvería.
Y cuando lo hiciera… tenía que estar listo.
Cuando su cuerpo finalmente se recuperó lo suficiente, John volvió a salir a la superficie.
La ciudad estaba llena de monstruos.
Criaturas deformes.
Algunas parecían animales mutados.
Otras parecían sombras vivientes.
Pero ninguna era rival para él.
El primer monstruo apareció entre los restos de un autobús.
Saltó hacia John.
John lo golpeó antes de que pudiera siquiera tocarlo.
La criatura salió disparada contra el suelo.
Murió al instante.
[SISTEMA]
Monstruo eliminado
Experiencia obtenida
John respiró profundo.
El sistema seguía allí.
Entonces empezó.
Cada día salía a cazar monstruos.
Cada día mataba más.
Cada día salvaba a personas atrapadas entre las ruinas.
Traía comida.
Medicinas.
Y protegía el refugio.
Los sobrevivientes comenzaron a hablar de él.
Primero en voz baja.
Luego cada vez más.
—Ese hombre nos salvó otra vez.
—Mató cinco monstruos él solo.
—Si no fuera por él, estaríamos muertos.
Un día un niño pequeño lo miró con admiración.
—Mamá… ¿él es un héroe?
La mujer respondió en voz baja:
—No… es nuestro salvador.
El nombre se quedó.
Desde ese día comenzaron a llamarlo El Salvador.
Pero John no parecía interesado en eso.
Solo seguía peleando.
Seguía haciéndose más fuerte.
Porque en el fondo sabía…
Que algún día algo mucho peor aparecería.
Azul
Un día, mientras exploraba un sector destruido de la ciudad, escuchó algo extraño.
Un sonido pequeño.
Como un sollozo.
John caminó entre los edificios caídos hasta encontrar el origen.
Debajo de los restos de una tienda derrumbada había una niña pequeña.
No debía tener más de cinco años.
Estaba abrazando un peluche sucio.
Y lloraba en silencio.
—Mamá… —susurraba.
John se acercó lentamente.
—Hola.
La niña levantó la cabeza.
Sus ojos eran grandes y asustados.
—¿Eres un monstruo…?
John negó con la cabeza.
—No.
En ese momento un monstruo apareció detrás de ellos.
Una criatura grande, con mandíbulas enormes.
La niña gritó.
Pero John ni siquiera se dio vuelta completamente.
Golpeó al monstruo con un solo movimiento.
La criatura se estrelló contra una pared y murió.
La niña lo miró con los ojos abiertos.
—¿Tú lo mataste?
John asintió.
Luego extendió la mano.
—Ven.
La niña dudó un momento.
Luego tomó su mano.
—¿Cómo te llamas? —preguntó John.
—Azul…
John frunció ligeramente el ceño.
—Es un nombre bonito.
Ella miró alrededor.
—Mi mamá… no volvió…
John guardó silencio unos segundos.
Había visto esa historia muchas veces.
Demasiadas.
Se agachó frente a ella.
—Puedes venir conmigo.
La niña lo miró.
—¿Con los otros humanos?
John asintió.
—Sí.
Ella apretó su peluche.
—Está bien.
Una nueva familia
Cuando regresaron al refugio, todos miraron sorprendidos.
—¿Encontraste una niña?
John asintió.
Azul se escondió detrás de él.
La mujer mayor del refugio sonrió.
—Pobre pequeña…
John miró a la niña.
Ella estaba agarrando su ropa con fuerza.
Como si no quisiera separarse.
—Se quedará conmigo —dijo John.
Los demás lo miraron sorprendidos.
—¿Quieres adoptarla?
John no respondió inmediatamente.
Miró a la niña.
Luego dijo simplemente:
—Sí.
Azul levantó la cabeza.
—¿Entonces… eres mi papá ahora?
John se quedó en silencio.
Esa palabra le resultaba extraña.
Pero algo en su interior cambió en ese momento.
Finalmente respondió:
—Sí.
La niña sonrió por primera vez.
—Entonces no tengo miedo.
John levantó la vista hacia la superficie del mundo destruido.
Todavía quedaban monstruos.
Todavía quedaban batallas.
Y en algún lugar del universo…
El Destructor de mundos seguía existiendo.
Pero ahora…
John tenía algo que proteger.
Y eso lo hacía más peligroso que nunca.