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Tentaciones Prohibidas

Tentaciones Prohibidas

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor de la infancia
Popularitas:16.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yance

El destino vuelve a reunirlos bajo el mismo techo, pero nadie sabe qué traerá consigo este reencuentro.
¿Encontrará Emma a alguien capaz de comprender su corazón?
¿Descubrirá que el amor puede llegar cuando menos lo espera?
¿O será una tentación inesperada la que ponga su mundo de cabeza?
En esta historia, nada está escrito todavía. Los sentimientos crecerán, los secretos saldrán a la luz y las decisiones de sus protagonistas irán marcando el rumbo.
Porque a veces, el corazón desea algo que la razón no sabe explicar… y la vida nos enfrenta a elecciones que jamás pensamos tener que hacer.
Bienvenidos a Tentaciones prohibidas.

NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Frente a frente

Habían pasado varias semanas desde que Emma se marchó a otra ciudad de Estados Unidos, y Leonardo no había conseguido tener siquiera una cita con otra mujer.

No era que le faltaran oportunidades. Por el contrario, las mujeres seguían acercándose a él, aceptando sus invitaciones y buscando llamar su atención. Sin embargo, ninguna lograba despertar su interés.

Su mente estaba ocupada en una rubia de ojos claros que, sin proponérselo, había conseguido desordenarle la vida.

Emma.

En su oficina, cada vez que encontraba unos minutos libres, Leonardo revisaba sus redes sociales. Observaba las fotografías que ella publicaba, se detenía en los detalles y sonreía involuntariamente cuando encontraba alguna imagen en la que aparecía feliz.

Pero había algo que evitaba hacer: mirar sus historias.

No quería que Emma descubriera que estaba pendiente de ella. Le parecía absurdo que, después de tantos años de conocerla, ahora tuviera que comportarse como un adolescente que temía ser descubierto mirando a la chica que le gustaba.

—Estoy perdiendo la cabeza —murmuró una mañana, bloqueando la pantalla de su teléfono.

—¿Hablabas conmigo o con tu conciencia?

La voz de Matteo lo hizo levantar la mirada.

Su amigo estaba apoyado en el marco de la puerta, observándolo con una sonrisa burlona.

—¿No tienes trabajo? —preguntó Leonardo.

—Sí. Precisamente por eso vine a buscarte. Tenemos una reunión en veinte minutos y llevas media hora mirando el teléfono.

—Estaba revisando algo importante.

Matteo miró el aparato y después a su amigo.

—¿Emma?

Leonardo dejó el teléfono sobre el escritorio.

—¿Podrías dejar de meterte en mi vida?

—Por supuesto. Si no me hubieras compartido tu secreto, sería el hombre más feliz del mundo. Te confieso algo: mi vida era normal antes. Ahora vivo imaginando a Alessandro descubriendo lo que pasó y matándome cada día.

—No exageres.

—¿Exagerado? Mira, Leo, deja de comportarte como un hombre perdidamente enamorado que no quiere admitirlo.

—No estoy enamorado.

Matteo soltó una carcajada.

—Claro. Y yo soy el próximo heredero de la corona británica.

Leonardo negó con la cabeza, pero no respondió. Su amigo lo conocía demasiado bien y discutir con él era una pérdida de tiempo.

Durante las siguientes horas intentó concentrarse en el trabajo. Revisó contratos, participó en reuniones y respondió correos. Sin embargo, cada vez que tenía un momento de tranquilidad, su mente regresaba a la misma pregunta.

¿Cómo estaría Emma?

¿Habría conseguido adaptarse a la universidad? ¿Estaría haciendo nuevos amigos? ¿Habría conocido a algún joven que la hiciera sonreír de esa manera que a él tanto le gustaba?

La última posibilidad le provocaba una incomodidad que prefería no analizar.

Aquella tarde, finalmente, tomó una decisión.

No podía continuar escondiéndose detrás de una pantalla.

Necesitaba verla.

Necesitaba hablar con ella, disculparse por la manera en que se había comportado y, sobre todo, dejar de fingir que aquellas semanas de distancia no habían significado nada para él.

Abrió su computadora, buscó los vuelos disponibles y reservó uno para el viernes por la noche.

Cuando terminó, llamó a Matteo.

—Voy a viajar el viernes.

—¿De negocios?

—No exactamente.

—¿A dónde?

—A...

Hubo un silencio al otro lado de la línea.

—Leonardo, dime que no estás pensando en hacer una locura.

—Voy a ver a Emma.

Matteo suspiró.

—Sabía que terminarías haciéndolo.

—Necesito hablar con ella.

—Entonces habla. Pero quiero que recuerdes algo: tú fuiste quien le pidió distancia. No puedes aparecer de repente esperando que ella te reciba con los brazos abiertos y olvide todo lo que pasó.

—No espero eso.

—¿Estás seguro? Porque a veces confundes lo que deseas con lo que tienes derecho a esperar de los demás.

Leonardo guardó silencio.

Matteo continuó:

—Escúchame, hermano. Cuando estés frente a ella, ten tacto. Pregúntale cómo está, escúchala y deja que también te diga lo que siente. Si está dolida contigo, tendrás que aceptarlo.

—Lo sé.

—Y no le prometas cosas que todavía no tienes claras. Emma merece sinceridad, no palabras bonitas que después no puedas sostener.

Leonardo se pasó una mano por el cabello.

—¿Y si me pregunta qué quiero de ella?

—Tendrás que responderle con la verdad.

—¿Y si no tengo una respuesta?

—Entonces sé honesto también sobre eso. Pero no la mantengas esperando eternamente mientras tú decides qué hacer con tu vida.

Leonardo miró por la ventana de su oficina.

—No quiero perderla, Matt.

La voz le salió más baja de lo que esperaba.

Su amigo tardó unos segundos en responder. Todavía no terminaba de asimilar que estaba hablando de Emma, la joven a la que había visto crecer junto a la familia.

—Entonces empieza por no lastimarla más. No puedes controlar lo que ella siente ni obligarla a esperar. Lo único que puedes hacer es presentarte como un hombre dispuesto a asumir las consecuencias de sus actos.

Leonardo asintió, aunque Matteo no pudiera verlo.

Cuando terminó la llamada, se quedó mirando la confirmación del vuelo.

El viernes estaba cada vez más cerca.

Y, por primera vez en semanas, sentía que estaba haciendo algo más que lamentarse por lo sucedido.

---

Por su parte, Emma había intentado mantener su mente ocupada.

La universidad le exigía cada vez más. Los proyectos de Diseño de Moda, las clases y las entregas apenas le dejaban tiempo para pensar. Cuando regresaba al departamento que compartía con Lenna, muchas noches solo quería darse una ducha, comer algo y dormir.

Aun así, se esforzaba por mantenerse cerca de su familia.

Llamaba a Alessandro e Isabella todos los días. Escuchaba las historias de Daniela y Alessandra, se reía con las ocurrencias de Nicolás y hablaba con sus abuelos, Elena y Vittorio, quienes nunca perdían la oportunidad de preguntarle si estaba comiendo bien.

Aquellas llamadas le recordaban que, aunque estuviera lejos, seguía teniendo un hogar al cual regresar.

Sin embargo, había una persona a la que no había podido llamar.

Leonardo.

Su contacto seguía guardado en el teléfono. A veces, cuando terminaba sus tareas y se quedaba sola en la habitación, Emma abría la conversación y contemplaba su nombre durante varios minutos.

Muchas veces había querido escribirle.

Preguntarle cómo estaba.

Contarle alguna tontería que le hubiera ocurrido durante el día.

O simplemente decirle que lo extrañaba.

Pero siempre terminaba cerrando la conversación.

Él me pidió distancia, se recordaba.

Y ella había decidido respetarla.

No quería insistir donde quizá ya no había lugar para ella. Tampoco quería volver a escuchar que estaba confundida, que sus sentimientos eran pasajeros o que debía olvidarse de lo ocurrido.

Lo quería demasiado como para exponerse otra vez a ese dolor.

Por eso había aprendido a sonreír cuando Lenna le preguntaba cómo estaba y a responder que todo iba bien.

Pero su amiga la conocía demasiado.

Sabía que algunas noches Emma se quedaba mirando el teléfono y que, cuando creía que nadie la observaba, sus ojos se detenían en aquel contacto que nunca se atrevía a abrir.

Aquel viernes, Lenna decidió que ya era suficiente.

—Esta noche vamos a salir —anunció desde la sala.

Emma, que estaba terminando un boceto, levantó la cabeza.

—¿Salir adónde?

—A bailar.

—Tengo trabajo pendiente.

—Y yo tengo una amiga que necesita recordar que existe un mundo fuera de su habitación.

—Lenna…

—No acepto excusas. Te vas a arreglar, te vas a poner hermosa y vamos a salir. Necesitas divertirte un rato.

Emma sonrió.

—Eres una mala influencia.

—Y así me adoras.

Ambas soltaron una carcajada.

Quizá Lenna tenía razón. Emma necesitaba salir, escuchar música y olvidarse por unas horas de todo aquello que no podía cambiar.

No iba a pasar el resto de su vida esperando una llamada de Leonardo.

Al menos, eso intentaba convencerse.

---

Aquella misma tarde, mientras Emma se preparaba para salir, un recuerdo desagradable volvió a su mente.

Desde que había comenzado la universidad, algunos compañeros habían hecho comentarios sobre su apellido.

Carter.

No era un apellido que todos reconocieran en aquellos círculos sociales. Sin embargo, bastaba con que alguien investigara un poco sobre su familia para que aparecieran rumores y especulaciones.

Algunos insinuaban que Emma era hija de un amante de su madre.

Otros se atrevían a cuestionar la historia de sus padres sin tener la menor idea de lo que Daniel había significado en su vida.

Aquellos comentarios le dolían más de lo que estaba dispuesta a admitir.

No le avergonzaba su apellido. No tenía por qué hacerlo. Daniel Carter había sido su padre, y nadie podía quitarle ese lugar en su corazón.

Lo que le molestaba era que personas que ni siquiera la conocían se sintieran con derecho a inventar historias sobre su familia.

Más de una vez había estado a punto de enfrentarse a quienes hablaban de ella.

Pero sabía que podía perder el control y terminar involucrada en un problema que afectara sus estudios.

Por eso había pedido a Alessandro un departamento para compartir con Lenna. Necesitaba privacidad, tranquilidad y un lugar donde pudiera sentirse segura sin tener que escuchar comentarios cada vez que salía de su habitación.

Alessandro había aceptado encantado, convencido de que su hija simplemente necesitaba un espacio más cómodo para estudiar.

No tenía idea de lo que estaba ocurriendo.

Emma tampoco quería preocuparlo. Él había hecho tanto por ella que prefería resolver aquella situación por su cuenta.

—¡Emma! —gritó Lenna desde la sala—. ¡Si no terminas de arreglarte, voy a salir sin ti!

—¡Ya casi!

La rubia se miró al espejo y sonrió.

Había elegido una minifalda negra y una blusa blanca con volantes que resaltaba su figura. Llevaba el cabello rubio a medio peinar y todavía no se había puesto los zapatos.

Lenna, por el contrario, estaba prácticamente lista.

—Te quedan cinco minutos —anunció su amiga al aparecer en la puerta.

—¿Cinco minutos?

—Llevas una hora frente al espejo.

—La belleza requiere sacrificios.

—La paciencia también, y la mía se está acabando.

Emma le lanzó una mirada divertida y volvió a concentrarse en su cabello.

Fue entonces cuando sonó el timbre.

—¡Abre tú! —pidió Lenna desde la sala—. ¡Estoy buscando mi perfume!

Emma tomó el peine y caminó descalza hasta la puerta.

No miró por la mirilla. Simplemente abrió.

Y se quedó inmóvil.

Frente a ella estaba el hombre que llevaba semanas intentando sacar de sus pensamientos, su adorado tormento.

Leonardo.

Vestía unos jeans oscuros y una camisa negra con las mangas ligeramente remangadas. Su cabello estaba un poco despeinado por el viaje y sus ojos se clavaron inmediatamente en ella.

Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.

Emma sintió que el corazón comenzaba a latirle con tanta fuerza que temió que él pudiera escucharlo.

—¿León? —susurró.

...****************...

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1
Ana Elena Jiménez
excelente yance,que bueno que este de regreso con su historia 🫶🫶
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
los dos son pésimos 🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭y es toda una bomba 🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja eso parece
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭😬😬😬
Ana Elena Jiménez
aquí el que parece de 18 eres tú leo🤭🤭🤭🤦🤦
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja Aja si como no 🤭
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
Yura Ran
Yance. gracias portugués regreso esta hermosa. a Lenna la pasaron por el serrucho. 🤪👌
Yura Ran
muchas gracias por tu regreso exitoso, estuvo hermosos los capítulos. 🤪😍🥰💖
Yura Ran
volvió más hermosa, tierna. enamorada estoy de esta trama 🥰
Betty Saavedra Alvarado
Yance pienso que a Lenna la violaron tiene que conversar con Emma y Adrián ella necesita de ellos Leo y su pequeña ya están juntos
Betty Saavedra Alvarado: Lenna no dejes que te roben tu sonrisa
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Yance un abrazo desde mi Piura Perú
Yance: Mi Betty hermosa 😘 un abrazo enorme.
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Yance seguimos con tu historia la App no podía vetarla ni censurarla para alegría de tus lectores que la leemos Leo y Emma a vivir su amor
jazmina de garcia
me encanta
Yaz
que padre, que se pudo solucionar el inconveniente con la app 👍👍👍
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