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Dos Vida, Un Solo Corazón

Dos Vida, Un Solo Corazón

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:904
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

Julián deja su vida humilde y su familia al reencontrarse con Valeria, su amor millonario de la infancia, que lo manipula para separarlo de Mara y sus hijos Luca y Elena. Tras mudarse a la mansión, los conflictos, los secretos y los acosos en la escuela rompen la armonía. Mara se va con los niños, y Julián queda atrapado entre dos vidas hasta que el dolor de perderlos lo obliga a elegir. Al final, se aleja de Valeria, reconstruye su familia con honestidad, y los hijos también sanan y construyen relaciones sanas y respetuosas.

NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

— Mentiras y partida

Las peleas se volvieron diarias, como un ritual que se repetía cada noche al llegar la oscuridad. Julián llegaba muy tarde, cuando las luces de la casa ya estaban apagadas y solo quedaba la luz del pasillo encendida esperándolo. Llegaba oliendo a Valeria, a ese perfume dulce y penetrante que se le quedaba pegado a la piel y a la ropa, como una huella que no se podía lavar. Llevaba la ropa arreglada por ella, planchada con precisión, combinada de una manera que él nunca hubiera elegido solo. Ella se ocupaba de su nuevo look como si fuera su mujer, como si tuviera derecho a decidir cómo se veía, cómo se vestía, cómo se presentaba al mundo. Y cada vez que Mara decía algo, cada vez que señalaba algo que le dolía, él se ponía a la defensiva de inmediato, levantando muros antes de que ella pudiera terminar de hablar.

Una noche, el teléfono sonó con insistencia, rompiendo el silencio de la casa. Julián lo tomó, y al escuchar la voz al otro lado, su expresión cambió por completo. Valeria llamó llorando, con sollozos que se escuchaban incluso desde donde estaba Mara.

—Julián, necesito que vengas. Me siento mal.. Solo ven por favor—decía con voz quebrada, como si estuviera a punto de desvanecerse.

—Ya voy —dijo él, tomando las llaves del mueble de la entrada con movimientos rápidos y decididos.

—¿A esta hora? —preguntó Mara, con el corazón latiéndole con fuerza en la garganta—. Julián, es una excusa y lo sabes.

—¡No hables así de ella! —gritó él, girándose hacia ella con los ojos encendidos de rabia—. Está sufriendo. Pasa por un mal momento con su familia. No voy a dejarla sola.

—¿Y yo? —le gritó ella, con lágrimas que le rodaban por las mejillas sin poder detenerlas—. ¿Nosotros no contamos? ¿Somos un estorbo para ti? ¿Somos lo que dejas de lado cuando ella te llama?

—Si no puedes entender, no sé qué hacer contigo —le dijo él, con frialdad, con una voz que parecía de un extraño—. Me voy. Regresaré lo más rápido posible sí.

Salió de la casa cerrando la puerta con un golpe seco que resonó en toda la estancia. Pasó dos días y Julián todavía no regresaba. Ni un mensaje, ni una llamada, ni una sola palabra para decir dónde estaba o cuándo volvería.

Salió de la casa. Mara se quedó temblando en el silencio de la sala, sintiendo cómo la soledad se le cerraba encima como una pared. en la noche, los hijos la encontró llorando en la cocina, sentada a la mesa con las manos entrelazadas sobre la madera fría, con la luz apagada y solo la luz de la luna entrando por la ventana.

—Mamá… —dijo Luca, acercándose despacio y abrazándola con fuerza—. No dejes que te trate así. No mereces esto.

—No sé qué hacer, hijo —susurró ella, apoyando la cara en su hombro—. Lo amo. Pero me está perdiendo. Y no sé cómo detenerlo.

—Podemos volver —dijo Elena, con voz suave, acariciando la mano de su madre—. Podemos volver a nuestra casa. Allí estábamos bien. Allí nadie nos molestaba.

Mara los miró, miró los rostros de sus hijos, y en ese momento tomó la decisión. Una decisión que le dolía en el alma, pero que sabía que era necesaria.

—Sí —dijo, secándose las lágrimas con la manga de su camisa, enderezando la espalda—. Volvemos. Sin él, si es necesario.

Empacaron al amanecer, en silencio, para no llamar la atención. Cogieron solo lo esencial, lo que era suyo, lo que les pertenecía de verdad. Dejaron una nota sobre la mesa del comedor, escrita con letra firme aunque la mano le temblaba. "Nos vamos a casa. Si quieres estar con nosotros, sabes dónde encontrarnos."

Luca miró la mansión por última vez desde el umbral, con la mochila al hombro. Algo se rompía en él, algo de lo que había esperado, de lo que había soñado que sería esta vida nueva. Pero también sentía alivio, como si se quitara un peso de encima que no se había dado cuenta de que llevaba cargando. Elena tomó la mano de su madre, apretándola con fuerza.

—Volveremos a ser felices, mamá —le prometió, mirándola a los ojos con una convicción que le dio fuerzas—. Ya lo verás.

—Sí, mi amor —dijo Mara, apretando la mano de sus hijos, sintiendo su calor y su apoyo—. Así será.

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