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DE SUPER AGENTE A MARIDO MANTENIDO

DE SUPER AGENTE A MARIDO MANTENIDO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Fantasía épica / Aventura
Popularitas:452
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Victoria Hale tiene poder, dinero y un imperio millonario que defender. Lo último que realmente necesita es un marido mantenido, torpe y aparentemente inútil como Adrián Blake.
Para todos, Adrián es el hombre perfecto para una vida cómoda: cocina, hace bromas, come donas y deja que su esposa pague las cuentas. Victoria está convencida de que su mayor problema es tener que soportarlo.
Pero detrás de esa sonrisa ridícula existe otra verdadera realidad.
Adrián es un hombre audaz, estratega y peligrosamente inteligente. Su torpeza es una máscara. Sus accidentes son calculados. Y mientras Victoria intenta descubrir qué oculta su esposo, enemigos poderosos comienzan a acercarse a ellos.
Entonces, la máscara empieza a romperse.
Victoria descubre que el hombre que creyó mantener podría ser el único capaz de protegerla. Y que su matrimonio esconde un secreto mucho más peligroso de lo que jamás imaginó.
Porque Adrián no pertenece a este siglo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La máscara se agrieta

Lo llamaban el Foro de las Sombras, pero no era un lugar cualquiera: era una trampa perfecta disfrazada de invitación. Victoria detuvo el coche frente a un viejo almacén en el puerto, enorme, desgastado y solitario, rodeado sin embargo de los coches más caros y blindados que existían. Poder oculto justo donde nadie pensaría buscarlo.

—¿Estás preparada? —se preguntó ella misma apretando fuerte el volante hasta blanquear los nudillos.

Adrian abrió los ojos muy despacio, como si le costara volver del todo al mundo.

—¿Depende de qué haya para comer allá dentro? Si hay marisco fresco de verdad… vamos bien. Si no, aviso ya: me declaro en huelga hasta que me traigan algo digno. Mis servicios cuestan, ya sabes.

Victoria bajó sin añadir nada más. Él la siguió arrastrando un poco los pies, envuelto en su abrigo largo sobre ropa de dormir, pareciendo lo menos importante del mundo entero. Dos enormes guardias les cortaron el paso con tecnología avanzada en las manos y miradas duras como piedra.

—Identificación —pidió una voz metálica sin tono humano.

Pasaron a ella sin problemas… pero al llegar a él el aparato chilló fuerte en señal de rechazo. Las manos de los guardias fueron directas a sus armas. Adrian se quedó mirando fascinado una mancha en la bota del hombre:

—Ese aceite tan especial… si no lo limpias bien se te come el cuero entero, te lo aseguro. Mi abuelo siempre…

—¡Atrás! —lo empujaron con fuerza. Adrian perdió el equilibrio, cayó justo contra una caja eléctrica exterior: chispas azules saltaron, luces parpadearon… y de repente el escáner cambió a verde azulado.

—Autorizado. Pueden pasar —dijo la voz sin dudar más.

Adrian se sacudió el polvo muy tranquilo:

—Estos aparatos… siempre fallan justo cuando menos lo esperan. Deberían revisarlos bien.

Allí dentro todo brillaba demasiado para estar escondido: gente cubierta, lujo exagerado y tecnología por todas partes. Victoria le ordenó no separarse… y él respondió señalando las mesas de comida: que no se preocupara, que tenía asuntos importantes que resolver allá con las ostras.

Ella avanzó sola hasta llegar al hombre que la esperaba en silencio: Julian Thorne. Nadie conocía bien su origen, pero mandaba mucho más de lo que parecía.

—Por fin llegas —dijo serio y cortante—. Y trajiste tu entretenimiento favorito. Sabía que vendrías por esa foto falsa. Pero lo que no sabes es que el famoso Cable Azul no es obra de tu padre: es una copia muy bien hecha… hecha por alguien que no debería existir. Alguien que esconde justo donde nadie mira.

Victoria sintió cómo el suelo se movía bajo ella mientras él hablaba. Miró hacia atrás: Adrian seguía entre la comida, distrayendo a todos los ojos curiosos con bromas torpes y gestos exagerados. Parecía imposible que supiera nada.

—No sabe nada —intentó defenderse—. Es solo… lo que ves.

—Eso es justo lo que quiere que todos piensen —respondió Thorne avanzando un paso—. Mientras finge ser inofensivo, nadie vigila lo que hace de verdad.

De repente todo el lugar quedó en silencio: una pantalla gigante se encendió mostrando imagen en vivo directa desde su propia casa. Estaban entrando, buscando, abriendo sitios secretos que solo ella conocía.

—Mientras estás aquí entretenida… tomamos lo que nos importa —explicó él muy tranquilo.

Victoria buscó ayuda desesperada: fue por Adrian, lo tomó fuerte del brazo:

—¡Entran en casa! ¡Revisan todo! ¡Haz algo ya!

Él pareció reaccionar muy despacio, con cara de no entender nada… hasta que en la imagen apareció otro escondite profundo suyo, lo abrieron… y salieron cientos de fotos tomadas a ella en cada paso de su vida privada. Victoria lo soltó horrorizada: ¿la había seguido y observado siempre así?

—¿Tú… me espiabas todo este tiempo? —preguntó temblando de rabia y asco.

—Las cosas casi nunca son tal como parecen… —empezó él muy serio por primera vez. Pero su aparato viejo chilló fuerte: cuenta atrás final en la pantalla grande: diez segundos. Thorne gritó preguntando qué hacía. Adrian levantó su aparato roto:

—Solo avisé que nadie toca mis cosas sin permiso.

Cero exacto. Un estremecimiento recorrió todo el edificio: pantallas muertas, luces apagadas, todo el poder tecnológico apagado de golpe y para siempre. En la oscuridad absoluta solo escuchó su voz muy cerca, distinta, firme y fría:

—Corre al coche ya. No pares por nada.

—¿Tú vienes? —alcanzó a decir aterrada.

—Tengo que arreglar unos asuntos pendientes.

Ella corrió como pudo hacia la seguridad afuera. Miró atrás una última vez: entre luces débiles vio cómo él ya no tropezaba ni encorvaba la espalda: estaba derecho, firme, solo frente a quienes mandaban… y nadie parecía estar muy seguro de ganar. Poco después ruidos secos y pesados llegaron hasta ella: caían uno tras otro sin que él corriera ni gritara.

Ya en el coche temblando, vio abrirse solo su vieja maleta especial: no guardaba fotos como las que mostraron, sino mapas, conexiones, un sistema enorme mirando el mundo… y una orden clara brillando en el centro: vigilar, cuidar y protegerla a ella siempre. Las fotos no eran espionaje: eran estar siempre cerca para saber si corría peligro. El tiempo volvió a empezar a corer otra hora entera… y ella por fin empezaba a entender que nunca supo realmente quién dormía tan cerca suyo cada noche.

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