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Le Propuse Matrimonio Al Demonio 2 El Hijo De Los Villanos Es Un Dragón

Le Propuse Matrimonio Al Demonio 2 El Hijo De Los Villanos Es Un Dragón

Status: En proceso
Genre:Hijo/a genio / Fantasía épica / Amor prohibido
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Serafín Trudeau lo tiene todo: es el joven príncipe del imperio más poderoso del continente, heredero de Cassandra y Balkan, dos de los villanos más temidos de la historia. Bello, arrogante y extraordinariamente poderoso, Seraf descubre que también es la reencarnación del legendario dragón destinado a cambiar el mundo.

Pero existe una amenaza: una sacerdotisa de la Luz nacerá con el único poder capaz de destruirlo.

Seraf decide no esperar quince años para enfrentarse a ella.

Desaparece durante una semana y sigue la resonancia de su sangre dragoniana hasta encontrarla: Estrella, una joven sacerdotisa de dieciocho años. La enamora antes de revelar su verdadera naturaleza.

Cuando Estrella descubre que el hombre que ama es el dragón de la profecía, siente miedo.

Pero ya es demasiado tarde.

Seraf ha decidido llevársela a casa.

La futura verduga del dragón acababa convertirse en su mujer.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Atrapada entre el miedo y el alma

Cuando Estrella volvió con él, no pronunció una sola palabra. Caminaba con la mirada clavada en el suelo, los hombros caídos, como si cada paso pesara mil veces más que su propio cuerpo: las palabras de la Emperatriz le ardían en la mente como hierro candente, cerrando cualquier puerta, cualquier salida, cualquier esperanza que le hubiera quedado abierta. Al cruzar el umbral de la habitación, el silencio que traía consigo dolía más que cualquier grito.

Serafín la miró de arriba abajo con esa media sonrisa burlona que tan bien conocía:

—¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua el ratón o fue mi madre quien te dejó sin aliento? Tranquila… ella no te quitaría la vida aquí dentro. Fuera sí… ahí sí encaja perfecto con su estilo.

Estrella alzó la vista un instante, horrorizada: hasta sus bromas tenían filo de cuchillo, crueldad escrita en cada palabra. Entendió entonces con terrifying claridad: eran así hasta la médula. Cada uno de ellos llevaba el mal en la sangre, y hasta lo que llamaban risa nacía de sombras profundas.

Y entonces estalló. Rompió a llorar con una angustia que le partía el pecho en dos: sollozos profundos, desgarradores, como si estuviera llorando su propia libertad muerta antes de haber vivido. Se dobló bajo el peso de su desgracia, temblando entera, sin fuerzas para sostenerse más.

—¡Te he dicho que odio que llores! —bramó él, duro como siempre… pero ella no podía detenerse: el dolor se le desbordaba sin control, cada lágrima era una cadena más que sentía atarle las manos y los pies.

Algo en él se rompió también. Ese orgullo de dragón se hizo añicos ante su dolor verdadero. Se acercó de un solo paso y la atrajo con fuerza contra su pecho, envolviéndola por completo en su calor, sus manos grandes y firmes acariciando su espalda, su cabello, sosteniéndola para que no se desmoronara del todo:

—Ya… ya, Estrella… basta. Compórtate como la mujer que eres. Deja de ser esa niña asustada que se esconde tras las lágrimas… no me gusta verte así…

Pero ella se aferró a él como quien se agarra a la única tabla en medio de una tormenta sin fin: por mucho que su mente le gritara que debía odiarlo, que él era su prisión, entre sus brazos encontraba el único refugio que el mundo jamás le había dado. Allí el frío desaparecía, la soledad se callaba, y por unos instantes se sentía extrañamente querida, protegida, necesitada… amada contra toda lógica.

Levantó el rostro empapado, mirándolo con esos ojos enormes, oscuros y llenos de todo lo que no sabía cómo decir:

—Por favor… Serafín… te lo suplico con el alma… déjame ir. Tú sabes que esto está mal… que no debemos ser así… Si alguna vez sentiste aunque sea un instante algo distinto por mí… suelta mi mano y déjame marchar…

Él le tomó el rostro entre ambas manos, con una ternura que contradecía la dureza de sus palabras:

—Jamás, Estrella. Jamás mientras tenga vida. Tú me perteneces. Cuerpo, sangre, alma… todo. Y nadie… nadie en todo este mundo… te sacará jamás de mi lado.

Esa mirada suya, limpia de mentiras, lo venció por completo. No pudo resistirse más. Bajó la boca sobre la suya con una intensidad feroz, desesperada, como si quisiera beberla entera para que no quedara nada fuera de su alcance. Y ella… se rindió. Una vez más, contra Su voluntad, contra su razón, contra todo lo que le habían enseñado: sus labios se abrieron recibiéndolo, sus manos se enredaron en su cuello atrayéndolo más cerca, olvidando pedir libertad para pedirlo a él en cambio.

Cayeron juntos hacia la cama, despojándose de todo lo que los separaba: miedos, dudas, nombres, destinos. Se buscaron con una hambre antigua y profunda: él la tomaba con la furia de quien reclama lo que le pertenece desde siempre, y ella se entregaba con el llanto aún en los ojos y el amor creciendo en cada respiración entrecortada. Se fundieron en una unión ardiente, profunda, que traspasaba la piel y llegaba hasta lo más hondo de su ser: cada caricia era una cadena nueva, cada beso una promesa sin palabras, cada gemido suyo una confirmación que su boca se negaba a decir pero su cuerpo ya gritaba sin vergüenza.

—Eres mía… solo mía… —le repetía una y otra vez contra su piel, mientras el fuego que él llevaba dentro los consumía a ambos por igual—. Mi Estrella… mi mujer… mi todo… Resígnate a ello, porque ya no hay vuelta atrás… Tu lugar es aquí: bajo mi cuerpo, bajo mi nombre, bajo mi cielo…

Estrella se arqueaba hacia él, perdiéndose en su calor, dejando que él la rehiciera a su imagen y semejanza. Su mente seguía gritando que huyera, que corriera lejos de aquel mundo oscuro… pero su corazón ya sabía la verdad: amaba a este ser tan terrible como maravilloso, y por él… bajaba voluntariamente hasta el mismo infierno si él le tomaba de la mano para guiarla. Y entre el placer que la cegaba y el sentimiento que la ahogaba más fuerte que cualquier llanto, supo que ya estaba perdida mucho antes de que él llegara a tocarla.

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