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TU, MI HISTORIA INESPERADA

TU, MI HISTORIA INESPERADA

Status: Terminada
Genre:Grandes Curvas / Romance de oficina / Completas
Popularitas:21.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

NOVELA +18 ⚠️

Julieta Álvarez siempre ha creído que el amor merece segundas oportunidades. El problema es que lleva tres años dándole oportunidades a la persona equivocada.

Cuando finalmente decide ponerle punto final a una relación que solo le ha dejado secretos, excusas y demasiadas decepciones, lo último que espera es que su vida se complique todavía más con la llegada de Alejandro Santana.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

...JULIETA ÁLVAREZ...

Alejandro me miró como si le hubiera pedido que bailara cumbia en medio del área de corrección.

Mantuvo la copa suspendida a medio camino de la boca, me examinó de arriba abajo con esos ojos que parecían leer mi código genético y luego dejó el cristal sobre la mesa con un golpe seco.

—Primero —dijo, alzando un dedo con la calma exasperante de un profesor de física—, el trato formal establece límites claros en un entorno profesional. Segundo, si no le hablo "como a un ser humano normal", como usted dice, es porque usted en este momento no está actuando como uno; está actuando como un personaje de radionovela que necesita dos tazas de café y una sesión urgente de realidad.

Le tiré la almohada directo al pecho.

Él ni pestañeó. La atrapó en el aire con una sola mano, con una precisión de ninja que me dio más rabia todavía, y la dejó a su lado en el sofá como si fuera un objeto contaminado.

—¡Es que eres desesperante! —me quejé, dejándome caer de espaldas sobre la alfombra, mirando al techo con los brazos abiertos—. Diez años con un cobarde y ahora estoy atrapada en una tempestad con un iceberg. Mi vida es una comedia de terror.

—Un iceberg que la sacó de la calle, le dio vino de doscientos dólares y le está evitando una neumonía —corrigió él, inclinándose sobre el borde del sillón para mirarme desde arriba. Su rostro quedaba justo sobre el mío, a un metro de distancia. La luz tenue de la sala le marcaba la línea recta de la mandíbula y, por un milisegundo, la cercanía me hizo perder el hilo del berrinche—.Pero si tanto le molesta mi "forma rara de ser", señorita Álvarez... o Julieta, como insiste en que la llame... es libre de salir a buscar su autobús en medio del huracán.

Se me cerró la boca de golpe.

Lo miré fijamente desde el piso. Él no sonreía, pero la chispa de burla en sus ojos era innegable.

Ese idiota estaba disfrutando mi drama.

—No me voy a ir a ningún lado —mascullé, sentándome de golpe y acomodándome el cabello—.El vino de doscientos dólares está demasiado bueno como para regalarte el gusto de que me vaya.

—Eso pensé —repuso Alejandro, sirviendo el último chorro de la botella en mi copa sin pedir permiso—. Tómese la última. Y ya que estamos haciendo confesiones trágicas, dígame: ¿piensa volver mañana a la oficina a llorarle por los pasillos a Daniela o ya puedo asumir que mañana sí va a trabajar a su ritmo normal?

Le di un trago largo al vino, clavándole la mirada más venenosa que pude reunir.

—Mañana voy a maquetar el capítulo cinco tan rápido que te vas a quedar sin excusas para regañarme, Santana.

Alejandro soltó un bufido corto, casi imperceptible, y por primera vez en tres años, vi cómo la comisura de sus labios se elevaba un milímetro. Un amago de sonrisa tan microscópico que, si estornudaba, me lo perdía.

—Eso espero, Señorita. Porque si no, no solo necesitará una nueva vida, si no un nuevo empleo.

—Por favor, en serio... deja de llamarme «señorita Álvarez» o «Señorita» con ese tono de juez de la Corte Suprema —le pedí, estirando los brazos hacia el techo antes de volver a sentarme bien en la alfombra—. ¿Acaso no somos amigos ahora? Te lloré, te despeiné la alfombra con mi drama y compartimos una botella de vino carísima. Eso nos convierte técnicamente en confidentes.

Miré el fondo de mi copa vacía con una tristeza fingida y luego lo miré a él.

—Es más, deberías ir por otra botella. Todavía no estás lo suficientemente ebrio como para confesarme tus oscuros secretos de robot.

Y entonces ocurrió el milagroso evento astronómico.

Alejandro echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.

No fue una sonrisa burlona ni un bufido ahogado.

Fue una carcajada de verdad, grave, limpia y vibrante que resonó por todo el departamento.

Me quedé congelada con la boca abierta.

Ver a Alejandro Santana reírse de verdad era el equivalente a encontrarte un unicornio comiendo pizza en la sala de tu casa. Y lo peor no fue la sorpresa... fue el impacto. Con la corbata floja, la camisa ligeramente abierta en el cuello y los ojos arrugados por la risa, Alejandro se veía... ridículamente sexy.

Mi cerebro, nublado por el alcohol, procesó la información de golpe: el tipo no solo era un iceberg intimidante de hombros anchos, también era insultantemente atractivo cuando dejaba de parecer un cadáver corporativo.

Lo detallé de arriba abajo por dos segundos enteros antes de recordar que seguía siendo mi jefe de corrección.

Tal vez en ese momento me di cuenta de que Alejandro de verdad ya estaba ebrio. Solo que, como era un ser de hielo y protocolo, hasta su ebriedad era extraña: no arrastraba las palabras, no se caía, solo se volvía insólitamente accesible.

—Pásala, Julieta —dijo él, tomando la copa vacía de mis manos con una suavidad que jamás le había conocido mientras se ponía de pie para ir a la cava—. Me alegra que ya te sientas mejor.

Alejandro regresó de la cocina con una nueva botella y dos copas de cristal sostenidas entre sus dedos. La soltura con la que se movía, mezclada con la postura relajada que el vino le había regalado, solo servía para acentuar lo ridículamente bien proporcionado que era.

—No hay más vino tinto —anunció, sentándose de nuevo en el sofá, esta vez más cerca del borde, justo a mi altura en el suelo—. Así que nos conformaremos con este blanco. Y no, no voy a confesarte mis "oscuros secretos", Julieta.

—Cobarde —murmuré con una sonrisa floja, estirando la mano para alcanzar la copa que me ofrecía.

Nuestros dedos se rozaron. La piel de Alejandro estaba sorprendentemente cálida en comparación con la brisa helada que seguía colándose por los ventanales. Intenté incorporarme un poco para acomodarme mejor sobre la alfombra, pero la mezcla de la ebriedad, el cansancio y el dobladillo de mi propio pantalón me jugaron una pésima pasada.

Mi pie se enganchó.

Perdí el equilibrio por completo.

—¡Ah! —solté un ahogado grito de sorpresa mientras me iba de frente hacia él.

Alejandro reaccionó por puro instinto de supervivencia. Dejó las copas sobre la mesa de centro con rapidez y estiró los brazos para atajarme antes de que me diera de lleno contra la madera.

El impacto no llegó, pero mi cuerpo terminó cayendo directamente sobre el suyo.

Quedé sentada a horcajadas sobre sus muslos, con las manos apoyadas en sus hombros para no irme de cabeza.

Alejandro se había echado hacia atrás contra el respaldo del sofá por el peso, sosteniéndome firmemente de la cintura con ambas manos.

Su agarre era seco, seguro, con unos dedos que se clavaron sutilmente en mis costados a través de la tela de mi blusa.

El aire se me escapó de los pulmones.

Lo único que se escuchaba era el repiqueteo de la lluvia afuera y nuestra propia respiración agitada.

Estábamos a escasos centímetros.

Su perfume amaderado y el aroma del vino cargaban el espacio entre los dos. Desde esta distancia, podía contar cada una de sus pestañas oscuras.

Baje la mirada por un milisegundo hacia su boca, a esos labios finos que por años solo había visto pronunciar correcciones y órdenes frías en la oficina, pero que ahora estaban ligeramente entreabiertos.

Alejandro no me apartó. Tampoco dijo nada. Solo me sostuvo la mirada con una intensidad que me hizo un nudo en la garganta, subiendo levemente una de sus manos por mi espalda.

El corazón me latía a mil por hora en el pecho.

Lo único que existía era la presión de las manos de Alejandro en mi cintura y el calor que emanaba de su cuerpo.

Dejé que el alcohol y la chispa de audacia que llevaba reprimida tanto tiempo tomaran el control.

—Al diablo con todo, Santana —susurré.

Incliné el rostro y acorté los últimos centímetros que nos separaban, presionando mis labios contra los suyos.

Sus labios se entreabrieron para corresponder el beso con una lentitud profunda y envolvente. Una de sus manos abandonó mi cintura y subió firmemente por mi nuca, enredando sus dedos en mi cabello para pegar mi rostro más al suyo, transformando el roce inocente en un beso hambriento, denso y cargado de una tensión que llevaba años acumulándose bajo la fachada de la oficina.

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Yiyita Calderón
yo creo que lo está ayudando la 🪱 a morir 😥
Yiyita Calderón
Qué problemón! no puede hacer mucho,así sin esas cosas,se imponen 😢
Yiyita Calderón
😱😱😱😥😥😥
Yiyita Calderón
Nooo que coraje,xq con todas esas personas que se creen superiores y los discriminan,xq él! escritora plis!
Yiyita Calderón
Así se hace! qué se cree? una vida siendo su juguete 😡
Yiyita Calderón
me encanta esta historia !
Yiyita Calderón
bueno,y dónde quedó el tipejo abusador🤔🤔🤔
Yiyita Calderón
Queeeee,pero cómooo???? ya es humanoide posesivo 😱😜
Yiyita Calderón
ése robot ya tiene su expediente 😜
Yiyita Calderón
si jajaja ojalá esté bien programado 👌🏽😜
Yiyita Calderón
Wooou !!! 😱 se pone interesante! acaso se derrite???
Yiyita Calderón
jajajaja éso est bien...Robocop 😐
Yiyita Calderón
vaya vaya,dolo patetica ?😐
Yiyita Calderón
Quéeee diez años!!!😱 pero por favor,te harás anciana sin una vida vivida como debe ser 🥺😥😡
Daniela
super hermosa gracias ❤️
Dany2
gracias por la historia ☺️
Liliana Torres
🥳🥳🥳🥳🥳😍😍😍 Que viva el amor
Ana Elena Jiménez
gracias @yazzGarcia por crear tan hermosa historia 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
maravilloso final 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
aaayyyyy 🥺🥺🥺🥺🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰que el amorrrsshh
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