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A Un Suspiro Del Deseo

A Un Suspiro Del Deseo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: R.C.Mary.G.

Katia no dejó de amar a su esposo. Ese es precisamente el problema.
Después de veinte años de matrimonio, tres hijos y una vida construida junto a Gael, creyó que el deseo simplemente había desaparecido. Hasta que Rafael, su profesor de tango, la hizo sentirse mirada, deseada… y viva otra vez.
Lo que debía quedarse en una pista de baile cruzó demasiadas fronteras. Y cuando Katia comprende que está enamorada de Rafael, descubre también la verdad más incómoda de todas: amar a alguien nuevo no borra automáticamente el amor, la historia ni la familia que existían antes.
Entre Guadalajara, Bogotá y Buenos Aires, Katia tendrá que decidir no solo a quién ama, sino qué consecuencias está dispuesta a asumir por la mujer en la que se está convirtiendo.
Porque algunas decisiones empiezan mucho antes de decir “me voy” o “me quedo”.
Un romance adulto donde nadie sale ileso de volver a sentirse vivo.

NovelToon tiene autorización de R.C.Mary.G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No era solo sexo

POV Rafael

En ese milímetro de espera donde el deseo amenazaba con desbordarlo todo, Rafael acortó la última distancia y unió sus labios en un beso apasionado y postergado que marcaba, al fin, la ruptura definitiva con el pasado.

Ese primer beso fue el detonante que destruyó de golpe todos los muros y reservas que Katia había construido durante años.

Cuando sus labios se unieron, la contención dio paso a una necesidad voraz, a un hambre acumulada que ninguno de los dos intentó disfrazar.

El fuego de la pasión ardió esa noche con una intensidad como nunca antes ella había experimentado.

Rafael la guio hacia la habitación en la penumbra, sin romper el contacto de sus manos ni la urgencia de sus miradas.

Cada prenda que caía al suelo se sentía como el despojo de una carga antigua: el abrigo, la culpa, el vestido, las expectativas ajenas.

Al quedar piel con piel, Katia sintió un escalofrío abrasador que le recorrió todo el cuerpo.

No había prisa por el reloj, pero sí una urgencia frenética por sentirse viva, deseada y dueña de su propio cuerpo.

Las manos de Rafael recorrieron cada curva de Katia con una mezcla de devoción y firmeza que la hacía temblar.

Él no la buscaba con la prisa de la costumbre ni con la apatía de la rutina; la buscaba a ella, a la mujer real, encendiendo zonas de su piel que habían estado dormidas por décadas.

Katia, lejos de inhibirse, respondió a cada caricia con una audacia que no reconocía en sí misma, enredando sus dedos en el cabello de Rafael y ahogando pequeños gemidos contra su cuello.

Las manos de Katia parecían tener vida propia.

Libres al fin de la timidez y de las ataduras del pasado, las yemas de sus dedos comenzaron a recorrer despacio el cuerpo de Rafael: la firmeza de sus hombros, el mapa de su espalda y el perfil marcado de su torso.

Sentir la calidez de su piel y ver cómo cada uno de sus músculos reaccionaba ante su toque convirtió la noche en algo verdaderamente mágico.

Ya no era solo una receptora del deseo; era la creadora de ese fuego.

Rafael ahogó un leve gemido cuando la caricia de Katia descendió por sus costillas, aferrándose con más fuerza a las sábanas al sentir la audacia de sus trazos.

Ver el poder que sus propias manos ejercían sobre él provocó en ella un estremecimiento eléctrico.

Cada estremecimiento de Rafael, cada respiración agitada que provocaba su tacto, alimentaba una seguridad que Katia creía perdida para siempre.

El espacio se llenó del sonido de sus respiraciones acompasadas y del roce continuo de sus pieles.

En esa penumbra, donde el tiempo parecía haberse detenido por completo, el mapa del cuerpo de Rafael se convirtió en su territorio descubierto, y el impacto de su toque convirtió el momento en un encuentro hipnótico, casi sagrado.

En la penumbra del cuarto, el movimiento de sus cuerpos encontró un ritmo propio, tan fluido y apasionado como el mejor de sus bailes, pero infinitamente más íntimo.

Cada roce, cada respiración agitada y cada murmullo en la oscuridad alimentaban una hoguera que parecía inextinguible.

Katia se entregó sin reservas, dejándose llevar por la marejada de sensaciones, sintiendo que en ese abrazo sofocante y perfecto renacía de sus cenizas.

Fue una noche sin tregua, donde el deseo no solo los consumió, sino que reescribió por completo la historia de Katia, dejando en claro que, tras cruzar esa frontera, jamás volvería a ser la misma.

Años de matrimonio envueltos en la monotonía y la tibieza de la costumbre habían dejado en Katia un pozo profundo de frustración.

Durante dos décadas, las muestras de afecto con Gael se habían reducido a la rutina de lo predecible, a momentos breves donde ella era solo una compañera de vida y no una mujer deseada con vehemencia.

Se había acostumbrado a apagar su propia piel, a sofocar sus fantasías y a convencerse de que esa falta de fuego era el precio natural del tiempo.

Pero estar ahí, entre las sábanas de Rafael, desató una tormenta contenida por demasiado tiempo. Rafael no la buscaba como quien cumple con un trámite.

Cada uno de sus besos era hambriento, exigente y devoto; sus manos recorrían la cintura, la espalda y los muslos de Katia con una certeza que la hacía jadear, derribando de golpe la coraza de inseguridad que la había perseguido al cumplir los cuarenta.

Por primera vez en décadas, Katia no sintió la necesidad de controlar nada ni de pensar en el qué dirán.

La frustración acumulada se convirtió en pura adrenalina, en un combustible ardiente que la llevó a reclamar cada caricia con una audacia que no sabía que poseía.

—Mírame, Katia...—murmuró Rafael con la voz enronquecida por la pasión, sujetando su rostro para fijar la mirada en la suya en mitad de la penumbra.

Al encontrar sus ojos cargados de una devoción absoluta, Katia sintió un nudo en la garganta.

La sensación de ser vista, de ser el centro del universo de alguien en ese instante, terminó de romper el último cerrojo de su alma.

Un gemido entrecortado, mezcla de alivio y deseo desbordado, brotó de su pecho mientras se arqueaba hacia él, entregándose por completo al compás frenético que imponían sus cuerpos.

El choque de sus pieles, el calor sofocante de la habitación y la intensidad de cada embestida sepultaron cualquier rastro del pasado.

Katia tocó la cima de un placer que creía olvidado, arañando la espalda de Rafael mientras las lágrimas de liberación se mezclaban con el sudor.

No era solo sexo; era la respuesta rotunda a años de sequía emocional, el estallido inevitable de una mujer que renacía exactamente en el punto

1
Moni Velázq
Nueva seguidora.
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