Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
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Capítulo 8- La verdad comienza a salir
"Algunos secretos se pueden esconder durante un tiempo, pero no para siempre."
Habían pasado varios días desde aquel encuentro.
Valentina intentaba continuar con su vida con normalidad.
Sin embargo, cada vez le resultaba más difícil.
Su embarazo ya no podía ocultarse con facilidad.
Por las mañanas, Isabella la acompañaba a sus controles y, por las noches, Marco insistía en asegurarse de que estuviera bien.
Luca, por su parte, había desarrollado una especie de vigilancia constante.
—No necesito que me cuides todo el tiempo —protestó Valentina una tarde.
—No te estoy cuidando.
—Llevas veinte minutos preguntándome si necesito algo.
—Eso se llama ser un buen hermano.
Valentina soltó una pequeña risa.
—Eres insoportable.
—Y tú estás embarazada.
—Eso no te da derecho a mandarme.
Luca sonrió.
—Nunca dije que tuviera derecho.
Solo dije que voy a hacerlo.
Valentina negó con la cabeza.
A pesar de todo...
Se sentía protegida.
Pero había una persona que cada vez estaba más cerca de descubrir su secreto.
Dante.
En la residencia Vesperi...
Dante estaba sentado frente a una enorme ventana.
Sobre su escritorio había fotografías, informes y documentos relacionados con aquella noche en el Eclipse.
Había intentado reconstruir cada detalle.
Sin éxito.
Enzo entró al despacho.
—Tenemos algo.
Dante levantó la mirada.
—Habla.
—Una de las cámaras exteriores registró algo que no habíamos visto.
Enzo dejó una fotografía sobre la mesa.
Dante la tomó.
Su expresión cambió.
En la imagen aparecía Valentina saliendo del edificio aquella noche.
No era suficiente para demostrar nada.
Pero había un detalle.
Un pequeño accesorio que ella llevaba.
Dante lo reconoció.
Lo había visto aquella noche.
—¿Estás seguro de que esta fotografía es de esa noche?
—Completamente.
Dante se quedó en silencio.
Su corazón comenzó a acelerarse.
No sabía exactamente qué significaba aquello.
Pero cada pieza parecía conducir al mismo lugar.
Al día siguiente...
Valentina llegó a una reunión acompañada por Marco.
Cuando entró al salón, Dante ya estaba allí.
Sus miradas se encontraron.
Él observó discretamente su vientre.
Después volvió a mirar sus ojos.
Valentina notó el gesto.
—¿Qué?
—Nada.
—Estás mirando demasiado.
—Solo estaba pensando.
—Eso nunca es bueno contigo.
Dante casi sonrió.
—Sigues teniendo la misma lengua afilada.
—Y tú sigues siendo igual de insoportable.
Marco intervino.
—Creo que ya es suficiente.
Dante lo miró.
—No estoy buscando problemas.
—Espero que sea así.
Valentina tomó el brazo de su hermano.
—Vamos.
Cuando se alejaron, Dante permaneció observándola.
Algo dentro de él le decía que la verdad estaba mucho más cerca de lo que imaginaba.
La reunión terminó al anochecer.
Valentina salió al estacionamiento.
Antes de llegar a su automóvil, escuchó pasos detrás de ella.
Se giró.
Dante.
—¿Qué quieres?
—Hablar.
—Ya hablamos.
—Esta vez será diferente.
Valentina cruzó los brazos.
—Te escucho.
Dante se acercó, pero mantuvo distancia.
—No voy a obligarte a decirme nada.
Ella pareció sorprendida.
—¿Entonces?
—Quiero que sepas que, si el bebé es mío...
Hizo una pausa.
—No voy a desaparecer.
Valentina sintió un nudo en la garganta.
—Dante...
—No estoy diciendo que tengas que confiar en mí.
Solo que no pienso ignorar algo tan importante.
Ella bajó la mirada.
Durante unos segundos, ninguno habló.
—Cuando llegue el momento —dijo finalmente Valentina—, te contaré todo.
Dante asintió.
—Lo prometo.
Se alejó.
Valentina permaneció inmóvil junto a su automóvil.
Aquella conversación había sido diferente.
Por primera vez...
Dante no había intentado imponer nada.
Solo había pedido una oportunidad para conocer la verdad.
Y eso hizo que el secreto pesara todavía más sobre los hombros de Valentina.
Porque sabía que pronto tendría que elegir.
Seguir escondiéndolo...
O contarle a Dante que el bebé que crecía dentro de ella podía ser suyo.
"Guardar un secreto puede protegerte por un tiempo, pero también puede convertirse en el peso más difícil de llevar."
La noche había caído sobre la ciudad.
Valentina permanecía frente a la ventana de su habitación, con una mano apoyada sobre su vientre.
Las palabras de Dante seguían dando vueltas en su cabeza.
"Si el bebé es mío... no voy a desaparecer."
No había esperado escuchar aquello.
Durante semanas había imaginado a Dante reaccionando con rabia, acusándola y tratando de controlar la situación.
Pero esa tarde había sido diferente.
Más tranquilo.
Más sincero.
Y eso la confundía todavía más.
Unos golpes suaves en la puerta la hicieron girarse.
—¿Puedo pasar? —preguntó Isabella.
—Sí, mamá.
Su madre entró y se sentó junto a ella.
—Te noto preocupada.
Valentina sonrió débilmente.
—Dante me habló.
Isabella guardó silencio.
—¿Qué te dijo?
—Que si el bebé es suyo, no va a desaparecer.
Su madre la observó atentamente.
—¿Y qué sentiste al escucharlo?
Valentina bajó la mirada.
—No lo sé.
Creo que...
Me dio tranquilidad.
Isabella tomó su mano.
—Entonces quizá deberías dejar de verlo únicamente como tu enemigo.
Valentina soltó una pequeña risa.
—Eso es imposible.
—¿Por qué?
—Porque cada vez que pienso que estoy empezando a entenderlo, vuelve a hacer algo que me recuerda por qué no debería confiar en él.
Su madre sonrió.
—Tal vez eso es precisamente lo que tienes que descubrir.
Al día siguiente, Dante recibió una llamada.
—¿Sí?
La voz de Raffaele sonó al otro lado.
—Tenemos información nueva.
Dante se incorporó.
—¿Qué encontraron?
—Una persona que trabajaba aquella noche en el Eclipse recuerda haber visto a una mujer hablando contigo.
Dante frunció el ceño.
—¿Quién?
—No pudo ver claramente su rostro.
Pero recuerda algo.
—¿Qué?
—El perfume.
Dante quedó completamente quieto.
Aquel detalle hizo que un recuerdo regresara a su mente.
Un aroma suave.
Familiar.
La misma fragancia que había percibido aquella noche.
Y que había vuelto a sentir cuando estuvo frente a Valentina.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
Dante cerró los ojos.
Ahora tenía una sospecha mucho más fuerte.
—Necesito que sigas investigando.
—¿Crees que fue Valentina?
Dante tardó unos segundos.
—No lo sé.
Pero quiero descubrir la verdad antes de acusarla.
Esa tarde, Valentina se encontraba en la biblioteca de su casa.
Intentaba leer, aunque llevaba varios minutos mirando la misma página.
Luca apareció en la puerta.
—¿Puedo entrar?
—Claro.
Se sentó frente a ella.
—Papá quiere hablar contigo.
Valentina cerró el libro.
—¿Sobre qué?
—Dante.
Ella suspiró.
—Otra vez.
—Dice que debemos estar preparados por si descubre la verdad.
Valentina permaneció en silencio.
—¿Crees que sería tan malo? —preguntó Luca.
—No lo sé.
—¿Tú lo quieres?
Valentina levantó la mirada inmediatamente.
—¿Qué?
—No dije que estuvieras enamorada.
Solo pregunté si lo quieres.
Ella no respondió.
Luca sonrió ligeramente.
—Tu silencio respondió por ti.
—No empieces.
—Está bien.
Pero recuerda algo.
No importa lo que sientas por Dante, nadie puede obligarte a tomar una decisión que no quieras.
Valentina asintió.
—Gracias.
Dos días después...
Las familias coincidieron nuevamente en un evento empresarial.
Esta vez, Valentina llegó acompañada por sus padres y sus hermanos.
Dante estaba al otro lado del salón.
Cuando la vio, su mirada se dirigió inevitablemente hacia ella.
Y nuevamente se detuvo en su vientre.
Ya no podía ignorarlo.
Caminó hacia ella.
Marco inmediatamente se colocó cerca de su hermana.
—Dante.
—Marco.
Valentina intervino.
—Está bien.
Dante la miró.
—¿Podemos hablar?
—Sí.
Se apartaron unos metros.
Dante bajó la voz.
—Encontré algo sobre aquella noche.
Valentina sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Qué cosa?
—Alguien recuerda el perfume de la mujer que estaba conmigo.
Valentina permaneció inmóvil.
Dante la observó atentamente.
—Y ese mismo perfume lo he sentido contigo.
Ella tragó saliva.
—Los perfumes no son exclusivos de una persona.
—Lo sé.
Por eso todavía no estoy seguro.
Valentina sostuvo su mirada.
—Entonces no me acuses.
—No lo estoy haciendo.
Dante respiró profundamente.
—Solo quiero saber la verdad.
Ella bajó la mirada.
Durante unos segundos pareció estar a punto de hablar.
Pero finalmente negó.
—Todavía no.
Dante asintió.
—Está bien.
Se alejó sin discutir.
Valentina lo observó marcharse.
Esta vez, sin embargo, algo había cambiado.
Ya no sentía únicamente miedo.
También sentía que había llegado el momento de prepararse para contarle la verdad.
Porque tarde o temprano...
Dante descubriría que el bebé que ella protegía con tanto cuidado podía ser suyo.
Y cuando ese día llegara...
Nada volvería a ser igual.
"Hay momentos en los que guardar silencio deja de ser una elección y se convierte en una cuenta regresiva."
La noche terminó mucho después de que Valentina regresara a casa.
Sin embargo, no consiguió dormir.
Las palabras de Dante seguían presentes en su mente.
"Solo quiero saber la verdad."
Valentina se giró en la cama y observó el techo.
Había imaginado muchas veces el momento en que tendría que contarle.
Pero ahora que ese momento parecía acercarse, el miedo era diferente.
No tenía miedo de decirle que el bebé podía ser suyo.
Tenía miedo de lo que ocurriría después.
A la mañana siguiente, Isabella encontró a su hija sentada en la cocina.
—¿No dormiste?
Valentina negó.
—Casi nada.
Su madre se sentó a su lado.
—¿Por Dante?
Valentina soltó un suspiro.
—Cada vez está más cerca de descubrirlo.
Isabella tomó su mano.
—Entonces tendremos que prepararnos.
—¿Y si se enfada?
—Puede enfadarse.
Pero eso no significa que pueda decidir por ti.
Valentina asintió.
—Quiero que conozca al bebé.
Isabella la miró sorprendida.
—¿Estás segura?
—Sí.
No quiero que mi hijo crezca pensando que tiene que esconderse.
Pero tampoco quiero que Dante piense que puede decidir todo por nosotros.
Su madre sonrió.
—Entonces ya sabes lo que quieres.
Solo te falta encontrar el valor para decirlo.
Mientras tanto, en la residencia Vesperi...
Dante estaba revisando documentos cuando Enzo entró.
—Tenemos novedades.
Dante levantó la mirada.
—¿Qué encontraron?
—La persona que vimos en las cámaras recuerda que la mujer que estuvo contigo llevaba un accesorio muy particular.
Dante frunció el ceño.
—¿Cuál?
Enzo dejó una fotografía sobre el escritorio.
Era una imagen borrosa tomada aquella noche.
Dante se quedó inmóvil.
Reconoció inmediatamente el accesorio.
Era el mismo que Valentina había llevado durante aquella conversación en el Eclipse.
Su expresión cambió.
—¿Dónde conseguiste esto?
—De las cámaras del estacionamiento.
Dante tomó la fotografía.
Su mente comenzó a unir las piezas.
El perfume.
El accesorio.
La fecha.
El embarazo.
Y aquella extraña sensación que había tenido desde que volvió a encontrarse con Valentina.
—No puede ser...
Enzo lo observó.
—¿Crees que es ella?
Dante no respondió.
Pero esta vez...
Su silencio decía demasiado.
Esa tarde, Valentina recibió una llamada.
Era Dante.
Observó la pantalla durante varios segundos antes de contestar.
—¿Sí?
—Necesito verte.
—¿Por qué?
—Encontré algo.
Valentina cerró los ojos.
—Dante...
—No voy a discutir contigo.
Solo quiero hablar.
Ella permaneció callada.
Finalmente aceptó.
—Está bien.
Se encontraron en un pequeño café alejado del centro.
Dante llegó primero.
Cuando Valentina entró, él se levantó.
—Gracias por venir.
—¿Qué encontraste?
Dante colocó una fotografía sobre la mesa.
Valentina la miró.
Su rostro cambió inmediatamente.
Reconocía aquella noche.
Reconocía el accesorio.
Reconocía el lugar.
Dante observó su reacción.
—Ahora entiendo por qué te quedaste callada.
Valentina levantó la mirada.
—Dante...
—¿El bebé es mío?
Ella respiró profundamente.
Durante meses había intentado prepararse para esa pregunta.
Pero ahora que la escuchaba...
Las palabras parecían quedarse atrapadas en su garganta.
—Sí.
Dante cerró los ojos.
El silencio entre ambos fue absoluto.
—¿Desde cuándo lo sabes?
—Desde hace meses.
—¿Y por qué no me lo dijiste?
Valentina sostuvo su mirada.
—Porque tenía miedo.
—¿De mí?
—De lo que pudieras hacer.
Dante bajó la mirada.
Por primera vez, pareció comprender la gravedad de todo lo que había dicho anteriormente.
—Valentina...
—No quiero que mi embarazo se convierta en otra batalla entre nuestras familias.
—No lo será.
—¿Puedes prometerlo?
Dante levantó los ojos.
—Sí.
Ella permaneció en silencio.
Dante miró nuevamente la fotografía.
Después volvió a verla.
—Entonces... voy a ser padre.
Valentina asintió.
—Sí.
Una emoción difícil de identificar apareció en el rostro de Dante.
No era enojo.
Tampoco alegría completa.
Era algo mucho más profundo.
Miedo.
Responsabilidad.
Y una felicidad que todavía no sabía cómo aceptar.
—Quiero estar presente —dijo finalmente.
Valentina lo observó.
—Eso dependerá de cómo actúes.
Dante asintió.
—Lo entiendo.
Y por primera vez...
No intentó imponer su voluntad.
Solo extendió la mano sobre la mesa.
Valentina la observó unos segundos.
Finalmente, la tomó.
Aquel pequeño gesto no solucionaba los problemas entre sus familias.
Pero era el primer paso hacia algo completamente diferente.
🖤 Palabras de la autora
Gracias por acompañarme hasta el final del capítulo 8.
La verdad finalmente comenzó a salir a la luz, pero esto apenas es el comienzo. Ahora Dante tendrá que aprender que ser parte de la vida de Valentina y de su bebé no significa controlar sus decisiones, sino demostrar que puede estar a su lado.
Gracias por cada lectura, comentario y apoyo a esta historia.
Con cariño,
Zahira# 🖤