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Votos De Sangre

Votos De Sangre

Status: En proceso
Genre:Matrimonio entre clanes / Polos opuestos enfrentados / Mujer poderosa
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: La Venenosa

Misaki Kuroda tiene demasiadas razones para odiar a los De Luca.
Hija del líder de una poderosa familia de la Yakuza, fue criada para no mostrar debilidad. Pero cuando un De Luca destruyó la vida que había imaginado para sí misma, Misaki respondió de la única manera que conocía: con sangre.
Dante De Luca no la culpa. Conocía demasiado bien a su hermano y sabe que Misaki tenía motivos para hacer lo que hizo. Pero comprenderla no significa que quiera convertirla en su esposa.
Para poner fin a años de enfrentamientos, los Kuroda y los De Luca sellan la paz mediante un matrimonio.
Misaki deberá casarse con un hombre cuyo apellido representa todo lo que perdió. Dante deberá compartir su vida con una mujer que tiene razones suficientes para odiar a toda su familia.
No habrá amor. No se espera perdón.
Pero el verdadero peligro comenzará cuando Dante deje de ser para Misaki simplemente un De Luca.
Porque hay sentimientos que ni el odio, ni la sangre, ni una familia pueden controlar.

NovelToon tiene autorización de La Venenosa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 10

Tokio

Unos días más tarde.

El sonido de los golpes resonaba por todo el templo.

Misaki permanecía de pie al borde de la zona de entrenamiento, con las manos detrás de la espalda.

Observaba.

Nada más.

Y aun así, ninguno de los hombres que entrenaba frente a ella se permitía bajar la guardia.

Uno cayó.

El otro respiró profundamente y retrocedió.

—Otra vez.

Los dos hombres la miraron.

—Señorita Kuroda, llevamos casi dos horas.

Misaki inclinó apenas la cabeza.

—¿Y?

El hombre guardó silencio.

—¿Pensás decirle eso al hombre que entre a tu casa para matar a tu familia?

—No.

—Entonces levantate.

El que estaba en el suelo obedeció inmediatamente.

Misaki caminó lentamente alrededor de ellos.

—Están cansados. Tienen hambre. Les duelen los brazos.

Se detuvo.

—No me importa.

Ninguno habló.

—Si no pueden defenderse cansados, no sirven. Si no pueden pelear heridos, no sirven. Y si necesitan que el enemigo espere hasta que estén preparados...

Su mirada recorrió a todos.

—Son una vergüenza.

Los dos hombres volvieron a colocarse en posición.

—Otra vez.

Comenzaron.

Misaki observó el primer intercambio.

—Más rápido.

Uno atacó.

—Otra vez.

El otro bloqueó.

—Más fuerte.

Golpe.

Bloqueo.

Caída.

—Otra vez.

Nadie volvió a pedir descanso.

—Señorita Kuroda.

Misaki reconoció la voz.

Hiroshi Kagawa.

Su hombre de confianza.

Su segundo al mando.

Se acercó y se detuvo a una distancia prudente.

—Tenemos un problema en el puerto.

Misaki no apartó los ojos del entrenamiento.

—Habla.

—Encontramos a los hombres que intentaron robarnos.

Ahora sí lo miró.

—¿Dónde?

—Un hotel en las afueras de Tokio.

—¿Quién dio la orden?

—Wei Zhang.

Misaki permaneció en silencio.

Hiroshi continuó:

—Tenemos confirmación de que está ahí.

—¿Cuántos hombres?

—Entre quince y veinte.

—¿Armados?

—Sí.

Misaki miró nuevamente el entrenamiento.

—Prepara cuatro camionetas.

Hiroshi asintió.

—Puedo ocuparme yo.

Misaki giró la cabeza.

Lo miró.

Nada más.

Hiroshi comprendió inmediatamente.

Bajó ligeramente la cabeza.

—Prepararé todo.

Misaki volvió a mirar a los hombres.

—Hiroshi.

Él se detuvo.

—Quiero vivo al hombre que dio la orden.

—Entendido.

—A los demás...

Misaki observó cómo uno de sus hombres derribaba al otro.

—No me importa.

Cuatro camionetas negras atravesaron Tokio.

Misaki viajaba en la segunda.

Vestía completamente de negro.

La katana descansaba sobre sus piernas.

Hiroshi estaba sentado frente a ella.

—Dieciocho confirmados.

Misaki pasó lentamente el pulgar por la vaina.

—¿Salidas?

—Dos principales. Una de servicio.

—Bloquéenlas.

—Ya está hecho.

Misaki levantó los ojos.

—¿Cámaras?

—Desactivadas.

—Policía.

—Tenemos veinte minutos antes de que alguien haga preguntas.

Misaki asintió.

—Nos sobran diez.

Hiroshi la observó.

No había nervios.

No había adrenalina visible.

Nada.

Como si estuvieran camino a una reunión.

La camioneta se detuvo.

Misaki tomó la katana.

—Vamos.

El primer hombre cayó antes de poder avisar que habían llegado.

El segundo alcanzó a verlos entrar.

—¡Kuroda!

Ese grito recorrió el vestíbulo.

Misaki entró detrás de sus hombres.

No llevaba el rostro cubierto.

Los demás sí.

Uno de los hombres de Wei la reconoció.

Y palideció.

—Mierda...

Misaki lo miró.

—Por fin alguien inteligente.

El hombre levantó el arma.

No llegó a disparar.

Misaki desenvainó la katana.

Un movimiento.

El arma cayó.

Otro.

El hombre también.

Los disparos comenzaron.

Los Kuroda se dispersaron.

Misaki avanzó.

No retrocedió.

No buscó cobertura.

Un hombre apareció desde la derecha.

Ella esquivó el disparo, cerró la distancia y lo derribó antes de que pudiera volver a apuntar.

Otro intentó atacarla desde atrás.

Misaki giró.

Bloqueó el cuchillo.

Le torció la muñeca.

El hombre gritó.

Misaki no cambió de expresión.

Lo derribó y siguió caminando.

—Primer piso —dijo Hiroshi.

Misaki miró las escaleras.

—Arriba.

En el segundo piso los esperaban.

Seis hombres.

Armados.

Misaki salió primero.

—¡Fuego!

Los disparos atravesaron el pasillo.

Los Kuroda buscaron cobertura.

Misaki observó.

Esperó.

Contó.

Uno.

Dos.

Tres.

La ráfaga se detuvo.

—Ahora.

Avanzó.

Un hombre apareció.

Misaki lo derribó.

El siguiente intentó sujetarla.

Ella golpeó primero.

Rodilla.

Codo.

Katana.

Cayó.

El tercero retrocedió al verla.

Ese segundo de miedo lo condenó.

Misaki siguió avanzando.

Detrás de ella, sus hombres terminaban lo que ella dejaba a su paso.

Hiroshi alcanzó su posición.

—Quedan tres.

—Dos.

Hiroshi miró hacia adelante.

Un cuerpo cayó desde una puerta lateral.

Misaki ni siquiera lo miró.

—Ahora uno.

Hiroshi permaneció en silencio.

Había trabajado con ella durante años.

Y aun así había momentos en los que entendía perfectamente por qué algunos hombres evitaban incluso pronunciar su nombre.

El último hombre del piso salió de una habitación.

Vio a Misaki.

Se quedó quieto.

La katana estaba manchada.

También una parte de su rostro.

—No...

Misaki caminó hacia él.

El hombre retrocedió.

—Esperá.

Ella continuó.

—Yo no tuve nada que ver.

—Entonces elegiste mal el hotel.

—Por favor.

Misaki se detuvo frente a él.

—¿Sabés cuál fue el error de Wei?

El hombre negó con la cabeza.

—Pensó que robarle a los Kuroda era un negocio.

La hoja descendió.

Misaki siguió caminando.

Tercer piso.

Cuarto.

Cada nivel ofreció menos resistencia que el anterior.

No porque hubiera menos hombres.

Porque el rumor avanzaba más rápido que Misaki.

Ella estaba ahí.

No un grupo enviado por Takeshi.

No Hiroshi.

No simples soldados Kuroda.

Misaki.

La Katana de la Yakuza.

En el cuarto piso, dos hombres abandonaron sus armas apenas la vieron.

Misaki se detuvo.

—¿Dónde está Wei?

Uno señaló hacia arriba.

—Quinto.

—¿Cuántos?

—Cuatro con él.

Misaki lo observó.

—Gracias.

El hombre soltó el aire.

Entonces Misaki miró a Hiroshi.

No necesitó decir nada.

Continuó hacia las escaleras.

Detrás de ella se escucharon dos golpes secos.

Nunca miró hacia atrás.

Cuando llegó al quinto piso, había sangre sobre su ropa.

Ninguna era suya.

Hiroshi caminaba varios pasos detrás.

Los demás mantenían distancia.

No por miedo a que Misaki los atacara.

Por respeto a la mujer que acababa de abrirse paso por cuatro pisos sin necesitar que nadie la protegiera.

Llegaron a la última habitación.

Misaki levantó una mano.

Todos se detuvieron.

Ella abrió la puerta.

Entró sola.

Wei Zhang estaba junto a la ventana.

Cuatro hombres lo rodeaban.

Todos levantaron sus armas.

Misaki observó cada una.

Después lo miró a él.

—Wei Zhang.

El hombre intentó mantener la compostura.

—Misaki Kuroda.

—Me conocés.

—Todo Tokio te conoce.

Misaki inclinó ligeramente la cabeza.

—Entonces esto es todavía más decepcionante.

Wei frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

—Que hayas sido tan estúpido.

Uno de sus hombres avanzó.

—Cuidado con cómo hablás.

Wei levantó una mano.

—No.

Misaki miró al hombre.

—Dejalo.

Wei intentó sonreír.

—Viniste hasta acá por unos contenedores.

—No.

Misaki avanzó.

Los cuatro hombres levantaron sus armas.

Ella ni siquiera los miró.

—Vine porque intentaste robarle a mi familia.

—Puedo devolverte el doble.

—No entendiste.

Otro paso.

—No me importa lo que había dentro.

—Entonces ¿qué querés?

Misaki se detuvo.

—Que nadie vuelva a intentarlo.

Wei sonrió.

—¿Y pensás conseguirlo matando gente?

Misaki miró alrededor.

Después volvió a mirarlo.

—Está funcionando.

La sonrisa desapareció.

Uno de los hombres atacó.

Misaki se movió primero.

El disparo falló.

La katana no.

El segundo intentó alcanzarla desde el costado.

Misaki bloqueó el arma con la hoja, golpeó su garganta con el antebrazo y lo lanzó contra una mesa.

El tercero disparó.

Misaki se desplazó.

Hiroshi apareció en la puerta.

Ella levantó una mano.

No.

Hiroshi se detuvo.

Misaki no necesitaba ayuda.

El hombre volvió a disparar.

Falló.

Misaki llegó hasta él.

Lo derribó.

El cuarto miró a Wei.

Después a Misaki.

Después a los tres hombres en el suelo.

Dejó caer el arma.

Misaki lo observó.

—Inteligente.

El hombre levantó las manos.

—Yo no...

Misaki lo atacó antes de que terminara.

Wei quedó solo.

Retrocedió hasta que su espalda chocó contra la ventana.

—Estás loca.

Misaki avanzó hacia él.

—No.

La punta de la katana se detuvo frente a su garganta.

—Sé perfectamente lo que estoy haciendo.

Wei respiraba con dificultad.

—Puedo pagarte. El doble. El triple de lo que había en esos contenedores.

Misaki lo observó en silencio.

—Seguís sin entender.

—Entonces explicámelo.

—No se trata de lo que intentaste llevarte.

Bajó lentamente la katana.

—Se trata de que creíste que podías hacerlo.

Wei miró la hoja.

—Fue un error.

—No. Un error es equivocarse de contenedor. Vos averiguaste nuestros horarios, compraste trabajadores del puerto y mandaste hombres a robar nuestra mercancía.

Otro paso.

—Eso fue una decisión.

Wei tragó saliva.

—Y las decisiones tienen consecuencias.

Misaki miró a Hiroshi.

—Traelo.

Dos hombres sujetaron a Wei y lo obligaron a acercarse a una mesa.

—¿Qué vas a hacer?

Misaki no respondió.

Wei comenzó a forcejear.

—¡Esperá! ¡Misaki!

Ella dejó la katana sobre la mesa.

Hiroshi comprendió antes que nadie.

Y apartó la mirada apenas un instante.

Wei también lo entendió.

—No.

Misaki tomó su muñeca.

—¿Con qué mano?

Wei la miró sin comprender.

—¿Qué?

—¿Con qué mano firmaste la orden para robarnos?

El hombre palideció.

—Misaki...

—¿Esta?

Levantó su mano derecha.

Wei intentó liberarse.

—¡Esperá! ¡Podemos arreglar esto!

Misaki lo miró directamente a los ojos.

—Ya lo estoy arreglando.

El movimiento fue rápido.

Un solo golpe de la katana.

Wei gritó.

Su mano cayó sobre la mesa.

Los hombres que quedaban en la habitación permanecieron completamente inmóviles.

Misaki no.

Ni siquiera parpadeó.

Wei cayó de rodillas, apretándose la muñeca mientras uno de los Kuroda se acercaba para detener la hemorragia.

Misaki limpió tranquilamente la hoja.

—Que no se muera.

Hiroshi asintió.

—No se morirá.

Wei levantó hacia ella un rostro desencajado.

—Sos una demente.

Misaki guardó la katana.

—Y vos sos un ladrón.

Se agachó frente a él.

—Ahora vas a volver con los tuyos.

Wei respiraba entrecortadamente.

—Vas a contarles lo que pasó en este hotel.

Misaki señaló con la mirada la mano que había quedado sobre la mesa.

—Y cada vez que alguien te pregunte qué te pasó...

Se inclinó un poco más.

Su voz fue baja.

Fría.

—Vas a decirles que intentaste robarle a los Kuroda.

Wei la miró con odio.

Misaki no pareció impresionada.

—Podría matarte.

Se puso de pie.

—Pero dentro de una semana nadie recordaría tu cadáver.

Miró su muñeca vendada.

—Eso lo vas a recordar todos los días.

Después miró a Hiroshi.

—Que vuelva con los suyos.

—Sí, señorita Kuroda.

Misaki comenzó a caminar hacia la puerta.

—Ah, Wei.

El hombre levantó la cabeza.

Ella lo miró por encima del hombro.

—La próxima vez que quieras tocar algo que pertenece a mi familia...

Sus ojos descendieron hacia la mano sobre la mesa.

—Acordate de lo que te costó la primera vez.

Y salió.

1
Kary Monte
🥺🥺🥺🥺😭😭😭cuánto sufren ambos
dante estás enamoradisimo.
misaky tienes que aceptarlo aunque te sientas culpable te has enamorado de dante, ya no sigas haciéndote daño ni 💔 partiendo el corazón de dante 😖😖😖
Kim Nava
pobre nene ellos metidos en sus tonterías y se olvidan del pequeño
Kim Nava
Dante solo controlate no salgas como animal a reclamar porque sabía perfectamente que ella está todavía atada a Ren y a su promesa y recuerdos será dura que ella lo olvide a si cuando el fue el único que estuvo con ella en las peores 😩
y también aquí Misaki de una debe poner en orden sus pensamientos y sentimientos por que mientras ella no suéltenme a Ren jamás podrá ver a alguien más diferente y sin culpa
Mayelin Gimenez
Por favor Dante no vayas a cometer una estupidez! Piensa antes de hablar y actuar!
Kary Monte
te entiendo Dante
pero por favor
así como no te detuviste al escuchar el nombre de ren
queriendo dar tiempo
sigue pensando así tu mismo dijiste el fue su primer amor su esposo su amigo el padre de su hijo fue todo y le fue arrebatado.
ten paciencia conversa tu la amas
verdad no hagas nada de lo que te puedas arrepentir
misaky debe pensar y distinguir como quiere vivir, esperemos sea pronto 🙏🙏🙏
Kary Monte
si pensarás mejor
tu crees que ren te hubiera pedido que buscarás venganza que te quedarás estancada en el amor que se tuvieron
lo dudo si dices conocer a tu marido el te hubiera dicho se feliz
Kary Monte
esto es producto
de que te sientes culpable
culpa eso es porque el no pertenecía tu mundo
y por tu culpa murió
hasta cuándo misaky dejaras de culpar te
así no puedes amar como van amarte dino te dejas amar 😖😖😖😖
Kary Monte
qué???? es diferente para misaky
misaky lo hiciste inconsciente seguro que si 😣
Kary Monte
ohhh dante 😭😭😭
Kary Monte
oh no 😣😣😣😣 es lo más horrible que puede pasar estando en la cama pronuncinciar el nombre de otra persona 😖😖😖😖😖
Kim Nava
esos irlandeses están siendo una piedra en el culo 😡
Kary Monte
necesitamos acabar con esos irlandeses de una vez 🤜🤛💪💪💪💪
pero en verdad creen que pueden hacer de misaky una presa grave error
Kary Monte
🤔🤔🤔a qué se refiere
Kary Monte
por misaky también
😡 malditos
Kary Monte
exacto no salgas no te expongas 🙏
Kary Monte
🥺🥺 solo fue un roce
que ya no sangre más 🙏🙏🙏
Kary Monte
suerte que está Hiroshi
son demasiados 😬😬😬 ten cuidado misaky🙏🙏
Kary Monte
mateo no te levantes 😬😬😬
dante llama a más de tus hombres los están cerrando
y dónde esta el helicóptero 😡
Mayelin Gimenez
Que horror! Pero Misaki va saber cómo enfrentar la situación! El doctor es como sospechoso!
Kim Nava
quien sera
díganme loca pero ese doctor noe dio buena espina
ojalá logren salir de ahi
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