Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.
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Capítulo 8
El disparo aún resonaba entre los árboles.
—¡Cúbranse! —gritó Viktor.
Los escoltas rodearon de inmediato a Adrián y Emma, formando un escudo humano mientras buscaban al francotirador.
—¡Lo perdimos! —informó uno de los hombres por el comunicador.
El atacante había desaparecido.
Adrián observó su mano. La bala apenas le había rozado la piel, pero la sangre comenzaba a correr entre sus dedos.
Emma tomó un pañuelo de su bolso y, sin pensarlo, se acercó.
—Estás herido...
—Es solo un rasguño.
Ella envolvió su mano con delicadeza.
Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.
Cuando Emma levantó la vista, volvió a encontrarse con aquellos ojos grises.
Su corazón dio un vuelco.
Otra imagen cruzó por su mente.
Un niño con la rodilla lastimada.
Ella rompiendo un pedazo de su vestido para hacerle un vendaje.
—No llores... ya va a pasar.
Emma soltó la mano de Adrián de golpe.
—¿Qué pasa? —preguntó él.
—Yo... ya hice esto antes.
Adrián sintió un nudo en la garganta.
Cada recuerdo que regresaba era una prueba de que el pasado seguía vivo.
Viktor levantó la caja metálica del suelo.
La bala había atravesado el sobre, pero la llave de plata seguía intacta.
—Por suerte no la dañó.
Adrián tomó la llave.
Era antigua.
Pesada.
En uno de sus lados tenía grabado un símbolo: un lobo sosteniendo una estrella entre sus colmillos.
Emma pasó los dedos por el grabado.
Apenas lo tocó, sintió un fuerte dolor en la cabeza.
—¡Ah...!
Cerró los ojos.
Una voz masculina apareció en sus recuerdos.
"Emilia, esta llave abre aquello que un día tendrás que proteger."
La voz era cálida.
Tranquila.
Parecía la de un padre.
Emma abrió los ojos sobresaltada.
—Escuché a alguien...
—¿Qué dijo? —preguntó Adrián.
—Me llamó Emilia.
Y habló de esta llave.
Viktor intercambió una mirada con Adrián.
Aquella llave no era una casualidad.
Era una pista.
Los vehículos emprendieron el regreso hacia la ciudad.
Durante el viaje, nadie habló.
Emma observaba la llave una y otra vez.
Sentía que escondía una parte de su historia.
Al llegar a la residencia Volkov, Adrián reunió a Viktor en su despacho.
—Quiero saber qué abre esa llave.
—Ya mandé fotografías a nuestros especialistas.
En ese momento, uno de los técnicos llamó por videoconferencia.
—Señor Volkov, encontramos algo.
La imagen de la llave apareció ampliada en la pantalla.
—Ese símbolo pertenecía a una antigua bóveda privada construida hace más de treinta años por la familia Volkov.
Adrián se incorporó.
—¿La bóveda sigue existiendo?
—Sí.
Está debajo de la antigua mansión familiar.
Aunque oficialmente fue clausurada después del incendio de hace veinte años.
Emma escuchaba desde la puerta.
—¿Qué hay dentro?
El técnico negó con la cabeza.
—Nadie lo sabe.
Solo existían dos llaves.
Una desapareció.
La otra...
Es la que ustedes tienen.
A varios kilómetros de allí...
El anciano golpeó la mesa con furia.
—¡Inútiles!
Tres hombres permanecían de pie, sin atreverse a levantar la vista.
—¿Cómo pudieron dejar escapar la llave?
Uno de ellos respondió con voz temblorosa.
—No sabíamos que el detective la conservaba.
El anciano respiró hondo.
—Esa llave jamás debía llegar a manos de Emilia.
Damián permanecía en silencio.
No dejaba de pensar en Emma.
Todavía podía ver el miedo en sus ojos cuando comenzaron los disparos.
El anciano lo observó.
—¿Te arrepentís?
—No.
—Mentís.
Damián no respondió.
—No olvides por qué aceptaste trabajar para mí.
—No lo olvidé.
—Entonces demostralo.
Traé a Emilia antes de que llegue a la bóveda.
Porque si descubre lo que hay allí...
Todo habrá terminado para nosotros.
Esa misma noche...
Emma no podía dormir.
Salió al jardín de la residencia buscando un poco de aire.
La luna iluminaba el lugar.
Adrián ya estaba allí.
—¿Vos tampoco podés dormir?
Él sonrió apenas.
—Hace muchos años que no duermo tranquilo.
Emma se acercó lentamente.
—¿De verdad me buscaste durante veinte años?
—Todos los días.
—¿Nunca te rendiste?
Adrián negó con la cabeza.
—Jamás.
Porque te hice una promesa.
Emma sintió un calor extraño en el pecho.
Sin darse cuenta, apoyó su cabeza sobre el hombro de Adrián.
Él permaneció inmóvil.
No quería romper ese instante.
Por primera vez desde que se reencontraron, Emma sentía que estaba exactamente donde debía estar.
Pero la tranquilidad duró apenas unos segundos.
El celular de Viktor comenzó a sonar.
Contestó de inmediato.
Su rostro perdió el color.
—¿Qué pasó? —preguntó Adrián.
Viktor guardó silencio unos instantes.
Luego respondió con voz grave.
—Señor...
Entraron a la antigua mansión Volkov.
La bóveda...
Ya fue abierta.
Adrián quedó helado.
—¿Cómo?
Viktor levantó lentamente la vista.
—Porque... alguien tenía la segunda llave.
Continuará...