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Me Enamoré del Hermano Equivocado

Me Enamoré del Hermano Equivocado

Status: Terminada
Genre:Romance / Pérdida de memoria / Amor platónico / Completas
Popularitas:10.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina despierta sin recuerdos después de una caída. Lo único que tiene para entender su pasado es un diario lleno de pistas sobre el hombre que la cuidó desde niña.
Todos creen que ese hombre es Nico Montero, el chico que creció a su lado y que durante años pareció destinado a quedarse con ella. Pero Nico ya está cansado de cuidarla. Ahora ama a otra mujer y decide dejar a Valentina en manos de su hermano mayor, Sebastián.
Sebastián es serio, frío y demasiado protector. Valentina empieza a creer que las páginas de su diario hablan de él… y sin darse cuenta, se enamora del hombre equivocado.
O quizá del único correcto.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8

La casa del terror

El sábado a las tres de la tarde, Sebastián estaba en una sala de juntas en Torre Montero.

Doce personas esperaban su decisión.

En la pantalla principal había una presentación sobre inversión hotelera. Daniel Ortega estaba de pie junto a la mesa, con una carpeta abierta y el reloj revisado tres veces en menos de diez minutos.

—El grupo Castellanos pidió confirmar la reunión de las cinco —dijo Daniel en voz baja.

Sebastián no levantó la vista del contrato.

—Que esperen confirmación.

—Isabella Castellanos viene personalmente.

—Lo escuché.

Daniel miró el celular de Sebastián, colocado boca arriba junto a la taza de café.

No era una costumbre suya.

Sebastián siempre dejaba el celular en silencio, pantalla abajo, durante reuniones. Ese día no. Ese día, cada vez que se encendía, sus ojos iban a la notificación antes de volver al contrato.

La última notificación era de Valentina.

"Ya llegamos a Parque Aventura."

Sebastián había leído el mensaje.

No había respondido.

En Parque Aventura, Valentina revisó su celular por quinta vez en diez minutos.

—No ha contestado —dijo.

Lucía tomó dos boletos de una máquina automática.

—Dijo que iba a ver.

—En idioma Sebastián eso era un sí.

—Tal vez en idioma Sebastián eso era un "estoy en una junta y no puedo salir corriendo porque una universitaria quiere abrazarme en una casa embrujada".

Valentina guardó el celular en el bolsillo, pero lo sacó de nuevo de inmediato.

Nico llegó con Mateo desde la zona de comida. Mateo traía dos refrescos y una bolsa de churros. Nico venía sin ganas de estar allí.

Lucía lo había llamado esa mañana.

"Si no vienes, ella va a sospechar por qué no estás nunca. Y no pienso explicarle tu desastre."

Nico no discutió. Apareció.

—¿Quieres churros? —preguntó Mateo, ofreciendo la bolsa a Valentina.

—No sé si puedo.

Lucía revisó la etiqueta.

—No tienen camarón, genia.

—Me refiero a azúcar. Sebastián dijo que no exagerara.

Mateo soltó una risa.

—¿Sebastián te regula los churros?

Valentina tomó uno.

—Me regula todo.

Nico la miró morder el churro. Antes, ella le habría dado el primer bocado a él sin preguntar. Ahora miró hacia la entrada del parque, esperando a otro hombre.

—Podemos subir a la rueda —dijo Nico—. Se ve desde arriba si llega.

Valentina aceptó.

Durante una hora, intentaron llenar el tiempo. Rueda, carrusel, autos chocones. Mateo hizo chistes malos. Lucía le respondió peor. Nico ganó un muñeco pequeño en un juego de aros y se lo ofreció a Valentina.

Era un conejo amarillo.

Ella lo sostuvo con cuidado.

—Está lindo.

—Antes te gustaban mucho.

La frase salió sin permiso.

Valentina levantó la mirada.

—¿Antes?

Nico se quedó quieto.

Lucía lo pateó en el tobillo.

—Antes del golpe —corrigió él—. Digo, por lo que recuerdo.

Valentina asintió, pero el momento se rompió.

A las cuatro y media, Lucía tomó su celular y se apartó con la excusa de comprar agua. Abrió el chat de Sebastián.

"Valentina te está esperando."

Adjuntó ubicación.

Miró el mensaje enviado y guardó el teléfono antes de arrepentirse.

En Torre Montero, Daniel estaba explicando una cláusula cuando la pantalla del celular de Sebastián se encendió.

Sebastián leyó el mensaje.

No cambió de expresión.

Dejó la pluma sobre la mesa.

—La reunión termina aquí.

El director financiero se quedó con la boca abierta.

—Señor Montero, falta aprobar el punto cuatro.

—Daniel lo revisa conmigo esta noche.

Daniel parpadeó.

—¿Esta noche?

Sebastián ya estaba de pie.

—Cancela Castellanos si no llego a tiempo.

—Isabella no va a tomarlo bien.

—Que no lo tome.

Daniel cerró la carpeta y lo siguió hasta el elevador.

—¿Necesita chofer?

—No.

—Entonces al menos no maneje como si no existieran semáforos.

Sebastián entró al elevador.

—Mándame la ubicación al tablero del auto.

Daniel se quedó fuera con la carpeta contra el pecho.

—Eso no fue un sí.

La puerta se cerró.

En Parque Aventura, Valentina seguía mirando la entrada.

—Vamos a la casa del terror —dijo Lucía.

—Cinco minutos más.

—Vale, si llega, me llama. Te lo prometo.

Nico miró el letrero de la atracción. Una calavera de plástico abría y cerraba la mandíbula con un ruido mecánico.

—No tienes que entrar si te da miedo.

Valentina levantó la barbilla.

—No me da miedo.

Mateo soltó una carcajada.

—Dijiste eso como alguien a quien sí le da miedo.

—Cállate.

Entraron en fila. Primero Mateo, luego Lucía, después Valentina y Nico al final. El pasillo estaba oscuro y olía a plástico caliente. Un altavoz escondido repetía risas falsas. Valentina avanzó con una mano extendida, buscando la pared.

El primer muñeco saltó desde una ventana lateral.

Valentina gritó.

—¡No era real! —dijo Mateo desde adelante, riéndose.

—¡Eso no ayuda!

Lucía regresó un paso para tomarle la mano, pero otro grupo entró detrás y empujó. Las luces parpadearon. Alguien chocó contra el hombro de Valentina.

—¿Luchi?

—¡Aquí! —respondió Lucía desde adelante.

Valentina giró hacia la voz, pero una figura con máscara salió de una cortina negra justo frente a ella. El grito le salió completo. Cerró los ojos y se lanzó hacia la persona más cercana.

No fue Lucía.

Nico recibió el impacto contra el pecho.

—Vale.

Ella le rodeó la cintura con los brazos y escondió la cara en su camiseta.

—No me sueltes.

Nico levantó las manos sin saber dónde ponerlas.

Luego otro actor pasó demasiado cerca con una motosierra falsa. Valentina tembló. Nico bajó una mano a su espalda y la otra a la parte de atrás de su cabeza.

—Ya. Ya pasó. Es falso.

La frase le salió automática.

La había dicho muchas veces antes.

Valentina no lo notó. Solo respiró contra su pecho, con los ojos cerrados.

Lucía llegó a su lado.

—Vale, soy yo.

Valentina abrió un ojo.

—Me quiero ir.

—Vamos.

Nico no la soltó de inmediato porque ella no lo soltó primero. Caminaron así hasta la salida, lento, con Mateo apartando gente y Lucía mirando a Nico como si quisiera arrancarle los brazos.

Afuera, el sol de la tarde golpeó directo.

Valentina seguía con la frente pegada al pecho de Nico cuando escuchó una voz conocida.

—Valentina.

Levantó la cabeza.

Sebastián estaba a tres metros.

Sin saco. Camisa blanca con las mangas dobladas. El cabello un poco desordenado por haber manejado con la ventana abierta. En la mano derecha sostenía el celular; los dedos estaban tensos alrededor del aparato.

Valentina soltó a Nico como si hubiera despertado.

—¡Viniste!

Dio un paso hacia Sebastián.

Él miró sus brazos, luego la mano de Nico todavía suspendida en el aire, como si no hubiera alcanzado a apartarla.

Valentina extendió la mano.

—Te estaba esperando.

Sebastián retrocedió un paso.

El gesto fue pequeño.

Valentina se detuvo.

—Parece que no me necesitabas —dijo él.

No alzó la voz. No preguntó nada.

Eso lo hizo peor.

Nico abrió la boca.

—Sebastián, fue la casa del terror. Ella se asustó y—

—No te pregunté.

Mateo dejó de sonreír.

Lucía apretó los boletos usados en la mano.

Valentina miró a Sebastián, confundida.

—No era... yo pensé que era Lucía.

Sebastián guardó el celular en el bolsillo.

—Entonces Lucía puede llevarte a casa.

Se dio la vuelta.

Valentina se quedó con la mano extendida.

—Hermano mayor...

Sebastián no se detuvo.

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Glen
Parecía bueno pero a mitad ya te parece q no va a ningún lugar y después con un final raro, no me gusto
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Marisa Rodriguez de Cuello
es muy densa la trama y simple. también se pueden leer repeticiones del relato que confunden la lectura
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