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Arqueólogo Del Umbral El Gemelo Perdido Crónicas Del Eclipse — Libro I

Arqueólogo Del Umbral El Gemelo Perdido Crónicas Del Eclipse — Libro I

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Mundo mágico / Reencuentro
Popularitas:152
Nilai: 5
nombre de autor: Benito Leal

Luciano creía ser un arqueólogo común, hasta que unas ruinas antiguas lo transportaron a un mundo de magia, monstruos y profecías. Allí, el Vigilante del Sello ve en él al gemelo perdido de una leyenda. Para sobrevivir, Luciano deberá dominar una magia ligada a sus emociones y forjar alianzas inesperadas. Pero su regreso ha despertado un viejo rencor: Blake Kane, su propio hermano gemelo, lo busca consumido por el odio y los celos. Mientras una antigua calamidad amenaza con destruirlo todo, ambos hermanos avanzan hacia un reencuentro que podría salvar el mundo... o reducirlo a cenizas. ¿Podrá Luciano reclamar su verdadero destino?

NovelToon tiene autorización de Benito Leal para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8 - Los últimos custodios

Edran llegó a Aethra demasiado tarde para salvarla y demasiado pronto para dejar de escucharla morir.

La isla se alzaba en medio de un mar cubierto por tormentas. Antes de la caída, ocho columnas de luz rodeaban sus torres y mantenían abierto un corredor entre las nubes. Ahora solo quedaban relámpagos deformes y fragmentos de piedra suspendidos sobre el agua.

Edran condujo la embarcación por una ruta que ningún mapa civil registraba. Luciano permanecía detrás de él, aferrado al borde y contemplando olas que se elevaban por encima del mástil sin llegar a romper.

—¿Eso es normal? —preguntó mediante una nueva lámina traductora.

—No.

—Agradezco que por fin compartamos una definición.

Edran no explicó que las tormentas reflejaban el estado del Sello. Si Aethra había perdido su red y el mar reaccionaba de aquella manera, la corrupción podía haber alcanzado instalaciones mucho más profundas que la cámara de reunión.

Desembarcó en una plataforma partida.

No había guardias.

Los portones de la orden seguían cerrados, pero sus inscripciones repetían la misma palabra de bienvenida sin reconocer a quienes llegaban. Edran apoyó la mano sobre el acceso. La piedra aceptó su firma y trató de absorberla.

Retiró los dedos antes de que la corrupción cruzara la piel.

—No toques ninguna inscripción —ordenó.

Luciano observó las líneas negras bajo la superficie.

—Iba a recomendar exactamente lo mismo.

Entraron por una abertura lateral creada por la explosión. El corredor principal estaba intacto en apariencia: lámparas encendidas, puertas alineadas y murales de los ocho atributos. Lo primero que revelaba el desastre era el silencio. Una sede construida para centenares de Aethari no contenía pasos, órdenes ni llamadas de auxilio.

Después aparecieron los cuerpos.

Edran se detuvo frente al primero. Una elfa oscura yacía junto a una estación de enlace, con ambas manos quemadas alrededor de un Nexo fracturado. Había intentado aislar la red cuando comenzó la disonancia.

Él conocía su nombre, sus combinaciones y la forma en que corregía a cualquiera que confundiera precisión con lentitud.

Cerró sus ojos.

Luciano dejó de hacer preguntas.

A medida que avanzaban, el patrón se repetía. No había señales de una batalla convencional. Las armas seguían en sus soportes. Las barreras se habían cerrado hacia adentro, atrapando a sus propios custodios. Los Nexos personales se fracturaron al mismo tiempo y devolvieron la energía contra quienes los portaban.

—La red los atacó —dijo Luciano.

—La red no decide.

—Entonces alguien decidió por ella.

Edran lo miró. La conclusión era correcta y había llegado sin conocer el sistema.

Bajaron hasta la cámara de reunión. El centro había colapsado en un pozo de cristal negro. Alrededor permanecían ocho asientos principales y docenas de marcas vacías donde otros Aethari habían desaparecido sin dejar cuerpo.

Edran encontró a tres supervivientes.

El primero respiraba bajo una barrera de Tierra que se había petrificado alrededor de su torso. La segunda había perdido la vista y toda sensibilidad mágica. El tercero conservaba suficiente Viento para mantener el veneno lejos de su corazón, pero no para ponerse en pie.

Luciano se arrodilló junto a ellos.

—¿Cómo puedo ayudar?

Edran le entregó vendas y señaló qué heridas podía comprimir sin tocar los residuos. Luciano obedeció. No poseía magia, pero sabía escuchar indicaciones, observar respiraciones y mantener despierto al herido que empezaba a rendirse.

—Háblele —dijo mientras presionaba una venda—. Su voz le importa más que la mía.

Edran pronunció el nombre del Aethari herido.

El hombre abrió los ojos.

—La inscripción... estaba limpia —susurró—. La revisamos tres veces.

—¿Quién la llevó al núcleo?

—El Círculo presentó la traducción. La autorización... llevaba sellos de varias casas.

—¿Cuál de ellas?

El superviviente intentó responder. Una línea negra atravesó su garganta y borró la palabra antes de que pudiera formarla. Edran contuvo la corrupción con dos dedos, pero el recuerdo ya había desaparecido.

La prueba había sido diseñada para destruirse cuando alguien intentara nombrar a los responsables.

Edran examinó el pozo. El Círculo del Saber Infinito tenía la ambición y el conocimiento necesarios para alterar una inscripción Primordial. No poseía, por sí solo, acceso a todos los sellos políticos utilizados. Alguien dentro de una casa influyente había abierto la ruta.

Casa Vhaleris apareció en su mente antes de que pudiera impedirlo.

No porque hubiera encontrado su marca, sino porque Darien Kane había muerto mientras investigaba sus alianzas. Edran había entregado a Blake a esa misma casa creyendo que su disciplina y sus recursos podrían protegerlo.

Quizá no había salvado al niño.

Quizá lo había colocado dentro de la conspiración.

Una vibración sacudió la cámara. El pozo de cristal comenzó a extenderse por las paredes.

—Tenemos que moverlos —dijo Luciano.

—No sobrevivirán al corredor.

—Tampoco sobrevivirán aquí.

Luciano miró los ocho asientos y después las fracturas del techo. Sacó la libreta, comparó la inclinación de los muros y señaló un pasaje cubierto por una placa ceremonial.

—Esa pared no soporta peso. Oculta otra salida.

Edran conocía la cámara desde antes de que Luciano naciera. Nunca había visto una puerta allí.

Golpeó la placa con la base de su arma. Detrás apareció un conducto de mantenimiento utilizado por los constructores originales y eliminado de los planos modernos.

—Los edificios antiguos siempre conservan las decisiones que las reformas intentan esconder —dijo Luciano.

Edran transportó a dos heridos. Luciano sostuvo al tercero por debajo de los hombros y avanzó pese al dolor de su propio brazo. Alcanzaron una plataforma exterior segundos antes de que el centro de Aethra se hundiera.

Las torres no cayeron hacia el suelo.

Se doblaron hacia el pozo, convertidas en líneas de luz negra, y desaparecieron una tras otra. Siglos de archivos, armas, nombres y fórmulas quedaron comprimidos en un silencio que hizo retroceder el mar.

Edran levantó una barrera alrededor de los supervivientes. El impacto la atravesó. Sintió cómo varios de sus Nexos perdían años de energía en un solo instante.

Cuando el estruendo terminó, la isla era una corona de ruinas alrededor de un cráter.

De la élite que había custodiado Elyndra solo quedaban tres heridos, Edran y quizá otros supervivientes que habrían escapado antes del colapso. Si seguían vivos, ocultarse sería su única defensa hasta descubrir quién había contaminado la red.

Luciano contempló la destrucción.

—Ese era el lugar al que no quería llevarme.

—Era el lugar más seguro de Elyndra.

—Entonces su escala de seguridad necesita una revisión.

La broma murió antes de alcanzar sus ojos.

Edran se apartó hacia el borde de la plataforma. Había perdido la orden, el archivo central y la posibilidad de verificar a Luciano mediante un consejo. También había confirmado que la brecha y la caída estaban conectadas por algo más que el tiempo: la corrupción había despertado cuando el arma abrió el camino desde la Tierra.

El joven podía ser la clave que sus enemigos buscaban.

Abandonarlo lo convertiría en una presa. Entregarlo a una facción repetiría el error cometido con Blake. Mantenerlo ignorante no impediría que su herencia respondiera en el peor momento.

Edran regresó junto a él.

—Me pediste que te enseñara a sobrevivir.

Luciano asintió.

—Cambiaré las condiciones. No buscarás Nexos sin autorización. No ocultarás síntomas. No intentarás Luz ni Oscuridad solo. No aceptarás contratos de una casa o facción sin informarme.

—Eso suena menos a clases y más a libertad condicional.

—También obedecerás cuando ordene retirarte.

—Esa condición parece negociable.

—No lo es.

Edran extendió la mano.

—Si aceptas, serás mi discípulo hasta que puedas elegir tu propio camino sin destruirte en el intento.

Luciano miró la mano, después las ruinas de Aethra.

—Quiero volver con mi familia.

—No puedo prometerte una puerta.

—Prométame que aprenderé por qué se cerró.

Edran pensó en Maerys, en el niño perdido y en el nombre que todavía no debía pronunciar.

—Eso sí puedo prometerlo.

Luciano estrechó su mano.

Muy lejos de Aethra, en una sala de entrenamiento de Casa Vhaleris, Blake Kane detuvo una hoja de Oscuridad a medio recorrido.

El joven de cabello negro sintió una resonancia blanca atravesar el mundo y unirse al Eco de la isla caída. Era débil, desconocida y, sin embargo, ocupaba un vacío que le habían enseñado a odiar desde niño.

Nokthar se agitó alrededor de su brazo.

Blake miró hacia el oeste.

Por primera vez en veinticuatro años, el heredero oscuro supo que su enemigo había regresado.

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Milaidys Santana
Un inicio lleno de acción y drama... espero leer más /Ok/
Wilken Blanco
Interesante inicio, rápido y lleno de acción e intriga. Espero leer que más tienes para escribir.
Benito Leal: Muchas gracias por leer, espero que en los próximos capítulos puedas disfrutar de toda la magia que tiene este mundo
total 1 replies
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