Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 10
Camila sintió que la luz comenzaba a desvanecerse. Su madre se alejaba lentamente, pero su sonrisa seguía allí, cálida y eterna.
—Te quiero, mamá
dijo Camila, con lágrimas en los ojos.
—Yo también te quiero, mi niña
respondió Olga
—Siempre te he querido. Y siempre estaré contigo, en cada paso que des. Ahora ve. Ve y vive. Ve y ama. Ve y rectifica.
La luz se desvaneció.
La oscuridad regresó.
Y luego, un destello cegador.
Camila abrió los ojos con un sobresalto. Respiró hondo, sintiendo que sus pulmones se llenaban de aire puro y limpio. Su cuerpo no dolía. Su vestido no estaba. Estaba acostada en su cama, con Yogo acurrucado a su lado, roncando suavemente. El sol de la mañana entraba por la ventana, pintando la habitación con tonos dorados.
Miró sus manos. Estaban limpias, sin sangre. Se tocó el rostro, sin moretones. Todo estaba intacto. Todo estaba bien.
Pero no lo estaba.
Los recuerdos la golpearon como un torrente de agua helada. El almacén. El dolor. La violación. La muerte. Las palabras de Fernando. Y luego, el rostro de su madre, sus palabras de aliento, su promesa de una segunda oportunidad.
Camila se incorporó de golpe, sintiendo que el corazón le latía con una fuerza desbordada. El anillo de compromiso no estaba en su dedo. Aún no se lo había dado Rafael. Miró la mesita de noche y vio una nota, escrita con la letra inconfundible de Rafael:
Hoy será un hermoso día, quiero verte, ven a mi casa. — Rafael"
Camila tomó la nota con manos temblorosas. Las lágrimas brotaron de sus ojos, pero no eran lágrimas de alegría. Eran lágrimas de terror, de confusión, de un dolor que no podía procesar.
— No puede ser. No puede estar pasando otra vez.
Yogo despertó y la miró con sus ojos leales, moviendo la cola. Dío lamidas en su mano, como si quisiera consolarla. Pero nada podía consolar a Camila en ese momento.
Salió de la cama y corrió al baño. Se miró en el espejo y vio su rostro intacto, su piel sin marcas, sus ojos limpios de lágrimas recientes. Pero dentro de ella, todo era un caos.
—¿Fue real?
se preguntó en voz alta
— ¿Todo eso fue real?
Se sentó en el suelo del baño, abrazándose las rodillas, y lloró. Lloró por el dolor que había vivido, por el miedo que la paralizaba, por la confusión de estar viva cuando sabía que había muerto.
Pero también lloró por la esperanza. Su madre se lo había dicho. Era una segunda oportunidad. Tenía la oportunidad de cambiar su destino, de evitar el sufrimiento, de hacer justicia.
Se levantó y se secó las lágrimas. Tenía que hablar con alguien. Con alguien que le creyera, que la entendiera, que la apoyara. Y sabía exactamente con quién.
Tomó su teléfono y marcó el número de Norma.
—¿Camila?
contestó su amiga, con voz alegre
—Norma
dijo Camila, con la voz quebrada
—Necesito verte. Ahora.
—¿Qué pasa? Suenas terrible. ¿Estás bien?
—No
respondió Camila
—No estoy bien. Pero no puedo explicarlo por teléfono. Necesito verte. Por favor.
—Estoy en camino
dijo Norma, sin dudar
—Espera, voy para allá.
Veinte minutos después, Norma llegó a la casa de Camila. Encontró a su amiga sentada en la cama, con la mirada perdida, abrazando a Yogo como si fuera su única tabla de salvación.
—Camila
dijo Norma, sentándose a su lado
—¿Qué pasó, te hizo algo Rafael?
—No es Rafael
respondió Camila, con voz temblorosa
— Es peor. Mucho peor.
—Entonces dime
insistió Norma, tomándole las manos
— Dime qué pasó.
Camila tomó aire, sintiendo que cada palabra le arrancaba un pedazo del alma. Y entonces, comenzó a hablar. Le contó todo. El secuestro, la violación, las palabras de Fernando, la muerte. Le contó sobre su madre, sobre la luz, sobre el renacimiento. Le contó que había vuelto en el tiempo, que estaba viviendo el día en que Rafael le pediría matrimonio, pero que ella ya había vivido todo aquel horror.
Norma la escuchó en silencio, sin interrumpir, sin juzgar. Cuando Camila terminó, su amiga tenía lágrimas en los ojos.
—Camila
dijo Norma, abrazándola con fuerza
—Lo que te pasó es horrible. Es una pesadilla. Y no sé si lo que dices es real o no, pero te creo. Te creo porque te veo, porque te conozco, porque sé que no inventarías algo así.
—¿Crees que estoy loca?
preguntó Camila, con la voz quebrada.
—No
respondió Norma, con firmeza
—Creo que te pasó algo terrible, y que tu mente está intentando procesarlo. Pero también creo que tienes una oportunidad, Camila. Una oportunidad para evitar que eso vuelva a pasar.
—Pero no sé cómo
dijo Camila
—No sé cómo enfrentar a Fernando. No sé cómo mirar a Rafael sin pensar en todo lo que pasó.
—¿Y qué vas a hacer cuando él te pida matrimonio?
preguntó Norma.
Camila sintió que el corazón se le rompía al pensarlo.
—No puedo decirle que sí. No puedo casarme con él ahora. No cuando tengo esta carga dentro de mí.
—¿Entonces qué le vas a decir?
—Voy a decirle que no
respondió Camila, con una determinación que apenas podía sostener
— Voy a decirle que necesito tiempo. Que no estoy lista. Y mientras tanto, Norma, voy a investigar. Voy a encontrar pruebas de lo que Fernando y sus amigos planean. Voy a demostrar quiénes son realmente.
Norma asintió.
—Haré lo que sea necesario para ayudarte, Camila. Pero también tienes que ser fuerte. Esto no va a ser fácil.
—Lo sé
dijo Camila, sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros
—Pero tengo que hacerlo. Por mí, por Rafael, y por todas las mujeres que Fernando pueda lastimar en el futuro o que ya lastimo.
Se abrazaron, y Camila sintió que no estaba sola. Tenía a Norma, tenía a Yogo, y tenía una nueva oportunidad. El camino sería difícil, pero estaba decidida a recorrerlo.
—Ahora
dijo Norma
— ¿qué hacemos con Rafael?
Camila apretó los puños.
—Voy a verlo. Voy a verlo y le diré que no. Dolerá, pero es necesario. Además no se si es cómplice o no de Fernando
El teléfono de Camila sonó. Era Rafael.
—¿Camila?
dijo él, con voz emocionada
— ya estoy ansioso por verte, Tengo algo muy importante que decirte.
Camila cerró los ojos, sintiendo el corazón latir con fuerza.
—Sí
respondió, con voz firme
—Rafael pero mejor ven tu, estoy algo ocupada para salir, hablamos aqui.
Colgó y miró a Norma.
—Es hora.
Norma le apretó la mano.
—Pase lo que pase, estaré aquí. Siempre.
Camila respiró hondo. Sabía que lo que estaba a punto de hacer cambiaría su vida para siempre. Pero también sabía que era necesario. Esta vez, el miedo no la silenciaría. Esta vez, lucharía.