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Al Dejarte Ir, Todo Empezó

Al Dejarte Ir, Todo Empezó

Status: En proceso
Genre:La Vida Después del Adiós / Reencuentro
Popularitas:792
Nilai: 5
nombre de autor: mila1204

Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.

Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.

Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.

NovelToon tiene autorización de mila1204 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ecos del pasado

—¿Desearía un aperitivo señora?

Levanté la mirada y descubrí a uno de los camareros frente a nosotros. Llevaba una bandeja repleta de pequeños postres. Al verlos sentí tanta felicidad, reconocí inmediatamente algunos de mis favoritos.

—Sí, por favor.

El camarero acercó la bandeja y tomé tres de ellos. Ethan y Elian, en cambio, solo aceptaron un par de copas.

Yo realmente tenía hambre, así que no tardé en comenzar a comer. Probé uno de los postres y luego el otro, alternándolos sin prestar demasiada atención a los demás.

—Come más despacio cariño, te vas a ahogar —dijo Ethan, un poco divertido pero preocupado.

Me detuve sentí un poco de vergüenza.

—Lo siento.

Ethan soltó una pequeña risita.

—Realmente tenías hambre. Si quieres, podemos ir al bufé.

—No, tranquilo. Estoy bien —respondí, mientras tomaba otro pequeño bocado.

Noté que Elian me observaba con una expresión de asombro.

—Despacio, que nadie va a quitarte la comida. Oye, Ethan, alimentar a Valeria debe ser bastante costoso —dijo Elian, antes de estallar en carcajadas.

—Eres un tonto —respondí.

—Solo un poco nada mas —contestó Ethan, mirándome.

Al verme, no pudo contener la risa.

—¡Oye! —protesté, mientras Elian también seguía riéndose.

Me distraje   y, sin darme cuenta, un pedazo de torta cayó sobre mi vestido.

—¡Oh, no! —exclamé.

Ethan se acercó de inmediato con su pañuelo e intentó ayudarme a limpiar la mancha, pero, en lugar de quitarla, terminó esparciéndola aún más.

—Creo que solo la empeoré perdón —dijo.

—No importa tranquilo. Iré al baño.

—Te acompaño.

—No, quédate con Elian. Ya regreso.

—Está bien, pero ten cuidado.

—¿Dónde está el baño? —pregunté.

—Hay uno en el primer piso — respondió Elián

Comencé a bajar las escaleras. Los tacones hacían que cada paso fuera un poco incómodo, especialmente en aquellos escalones. Mientras bajaba, pensé que quizá habría sido mejor pedirle a Ethan que me acompañara.

Entonces, mi pie se deslizó.

—¡Ah!

Perdí el equilibrio y sentí que iba a caer por las escaleras. Sin embargo, antes de tocar el suelo, unos brazos me sujetaron firmemente por la cintura.

El susto hizo que reaccionara por instinto. Me aferré al pecho de aquella persona, respirando agitadamente este solo me sostuvo con más fuerza.

Durante unos segundos permanecí inmóvil, todavía estaba asustada, hasta que levanté lentamente la mirada y descubre quién me había sostenido.

—Daniel —dije, casi en un susurro.

Él me observó detenidamente. Yo hice lo mismo.

Levanté la mirada y lo detallé un poco más, intentando asegurarme de que realmente era él. Su cabello negro, el traje perfectamente arreglado, aquel saco que le daba un aire elegante y, sobre todo, sus ojos azules. No había duda. Era Daniel.

Un viejo conocido.

Y también el primer hombre que amé.

Lo había amado en secreto durante dos años, mucho antes de que mis sentimientos por Ethan comenzaran a surgir.

—¿Se encuentra bien? —preguntó Daniel.

—Sí, gracias.

—Qué manera de reencontrarnos, ¿no crees, Valeria?

—Sí. Es sorprendente… demasiado inesperado.

Daniel me dedicó una sonrisa y yo simplemente lo observé, intentando asimilar aquel encuentro.

—Daniel, vamos. Debemos darnos prisa o llegaremos tarde —dijo una joven que se acercó a nosotros—. Nos están esperando.

Daniel asintió, pero antes de marcharse volvió a mirarme.

—Me dio gusto verte. Hablaremos después.

—Sí, claro, pero…

—Me mudé aquí otra vez. Estoy viviendo en mi antigua casa.

Entonces extendió la mano y me entregó una tarjeta.

—Llámame cuando puedas. Me gustaría compartir un rato contigo.

—Por supuesto.

Daniel se acercó y medio un breve beso en mi mejilla. Yo apenas reaccioné, todavía sorprendida por aquel inesperado reencuentro.

Me quedé allí, observándolo mientras se alejaba con ella.

Una escena particular

Era extraño. Durante mucho tiempo me había negado a amar. Entonces apareció Daniel. Primero se convirtió en mi mejor amigo y, poco después, me enamoré de él. Lo amé en silencio durante dos años, aunque él nunca correspondió a mis sentimientos. Su corazón pertenecía a alguien más.

¿Por qué estaba pensando en todo aquello ahora?

Era ridículo.

Sacudí ligeramente la cabeza y dirigí mi mirada hacia él una última vez.

Pero Daniel también se había dado la vuelta.

Nuestros ojos se encontraron una vez más.

Esta vez fui yo quien apartó la mirada.

Me di la vuelta y continué caminando.

Fui al baño, tomé una toalla, la humedecí con un poco de jabón y comencé a limpiar el vestido. Después de unos minutos, la mancha había disminuido bastante. Esperé un rato a que la tela terminara de secarse y, mientras tanto, aproveché para retocarme el maquillaje.

Poco después, comenzaron a entrar más personas al baño y me sentí un poco incómoda. Decidí salir.

Recorrí los largos pasillos de la inmensa mansión y no pude evitar quedar fascinada por su arquitectura. Cada rincón parecía cuidadosamente diseñado. Lo que más llamó mi atención fueron las plantas que rodeaban las columnas. Algunas caían desde lo alto, formando una especie de cascada de hojas y flores que hacía que el lugar pareciera sacado de un cuento.

Al final del pasillo encontré un balcón. No había nadie allí, así que decidí acercarme.

Salí y quedé maravillada.

Había numerosas flores adornando el lugar y, más allá de la terraza, el jardín se extendía con árboles enormes y perfectamente cuidados. La combinación de las luces, las flores y aquella imponente mansión hacía que todo pareciera un palacio.

Me quedé observando el paisaje durante unos segundos, hasta que algo llamó mi atención.

Olivia.

¿Qué hacía allí?

Me acerqué un poco más. Estaba a punto de bajar las escaleras cuando noté que alguien se acercaba a ella.

Esperé unos segundos.

Entonces lo reconocí.

Era Mateo.

Lo observé durante unos segundos mas. Su espalda se veía más ancha ahora; había crecido tanto que a veces me costaba creer cuánto había cambiado. Su cabello oscuro estaba ligeramente despeinado, igual que el de Ethan sus ojos los que más me llamaron mi atención. Tenían aquella misma mirada profunda y cálida que tantas veces había visto en Ethan.

Por un instante, me pareció estar viendo a Ethan muchos años atrás fue nostalgico.

Mateo se parecía tanto a él que resultaba imposible no notarlo. Tenía algunos de sus gestos.

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