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No te mueras, mi amor

No te mueras, mi amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor en la guerra / Completas
Popularitas:10.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mía Ríos

Valentina Mora es corresponsal de guerra. Tiene veinticinco años, una cámara y la convicción de que la verdad merece ser contada aunque duela. Lo que no tiene es miedo. O eso cree.

La primera vez que pisa una mina terrestre en Levante, un desconocido enmascarado le salva la vida. Solo ve sus ojos. Solo siente su mano arrancándole a la muerte. De su muñeca, ella se lleva un hilo rojo que no sabe que va a cambiarle el destino.

Santiago Herrera es el soldado más letal de su unidad y el más destruido por dentro. Desactiva bombas con las manos firmes de quien ya no le tiene miedo a morir. Pero cuando la ve a ella, por primera vez en años, quiere seguir vivo.

Se encuentran. Se pierden. Se vuelven a encontrar en cada rincón del infierno.

Pero Santiago guarda un secreto que podría destrozarlos a ambos. Y la guerra no perdona a los que se atreven a amar en medio de sus ruinas.

NovelToon tiene autorización de Mía Ríos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8

De vuelta a la guerra

Elena llamó tres veces antes de que Valentina contestara.

—No vas a ir.

No era una pregunta. Valentina reconoció el tono: la voz de ejecutiva, la voz de quien lleva veinte años tomando decisiones que nadie más quiere tomar.

—Ya firmé la solicitud, mamá.

—Pues la retiras. Llamas al director, le dices que te arrepentiste, y este tema se termina.

—No me arrepentí.

Un silencio de cinco segundos. Valentina los contó. Los silencios de Elena se medían en segundos, y cada segundo significaba un nivel más de presión contenida.

—Valentina, la situación en Levante ha empeorado. Lo dijeron en las noticias. Garún está bajo asedio, los hospitales están saturados, los corresponsales están pidiendo regresar. ¿Y tú quieres ir?

—Precisamente porque los demás se van, alguien tiene que ir.

—Ese "alguien" no tienes que ser tú.

—Sí, mamá. Sí tengo que ser yo.

Otro silencio. Más largo. Valentina escuchó algo al fondo — el clic de un encendedor, el suspiro largo de Elena exhalando humo. Su madre fumaba cuando estaba furiosa. Solo cuando estaba furiosa.

—Yo sé lo que es mejor para ti —dijo Elena—. Y esto no es lo mejor para ti.

—Lo sé, mamá.

—¿Entonces?

—Entonces voy de todos modos.

Elena colgó sin despedirse.

---

Roberto fue más fácil. Vino al Callejón de los Jazmines un domingo, con Patricia y Lucía, como siempre. Trajo pan dulce de la panadería de la esquina. Patricia trajo un ramo de margaritas. Lucía trajo un libro que había comprado para Valentina — una novela de misterio que sabía que no iba a leer pero que le daba una excusa para abrazarla.

Valentina les dijo durante el café.

—Me voy a Levante en dos semanas. Canal 7 me asignó como corresponsal en Garún.

Roberto dejó la taza en la mesa. Patricia se llevó la mano a la boca. Lucía la miró con los ojos muy abiertos.

—¿Por cuánto tiempo? —preguntó Roberto.

—Seis meses. Renovable.

Roberto asintió despacio. No gritó. No prohibió. Era la diferencia entre Roberto y Elena: él nunca prohibía nada. A veces Valentina deseaba que lo hiciera — que se plantara, que dijera que no, que la obligara a pelear por su decisión en lugar de dejarla ir con esa mansedumbre culpable de padre que sabe que perdió el derecho a opinar cuando eligió otra familia.

—¿Tienes seguro? —preguntó Patricia, porque Patricia siempre preguntaba lo práctico.

—Canal 7 lo cubre.

—¿Y chaleco antibalas?

—Patricia, no voy al frente. Voy a una base de prensa.

—Pero por si acaso.

Valentina sonrió. Patricia era así: no era su madre, no pretendía serlo, pero se preocupaba con la eficiencia de alguien que sabe hacer listas y resolver problemas. Valentina nunca la había llamado mamá. La llamaba Patricia, con respeto y sin rencor. Era suficiente para las dos.

Lucía la abrazó al salir.

—Tráeme algo —le susurró al oído—. Lo que sea. Una piedra, una foto, una historia. Algo de allá.

—Te voy a traer algo —prometió Valentina.

---

Andrea la ayudó a empacar.

Estaban sentadas en el piso de la habitación de Valentina, rodeadas de ropa, cables, cargadores, lentes de cámara y un botiquín de primeros auxilios que Andrea había comprado sin que nadie se lo pidiera.

—Tres pantalones cargo, dos camisetas negras, una blanca por si necesitas verte presentable, dos bras deportivos, ropa interior para siete días y lavas el fin de semana —dijo Andrea, doblando todo con precisión militar—. Las botas viejas, no las nuevas. Si corres con botas nuevas te salen ampollas y si te salen ampollas no puedes correr. Y si no puedes correr...

—Andrea.

—...te mueres. Lo leí en un manual de corresponsales. Página cuarenta y tres.

Valentina la miró.

—¿Leíste un manual de corresponsales?

—Leí el índice. Y la sección de "qué empacar." Y la de "qué hacer si te secuestran." Esa parte la voy a ignorar porque me da ansiedad.

Valentina se rio. Andrea también. Después se quedaron calladas un momento, sentadas en el piso con la maleta a medio hacer entre las dos.

—Estás huyendo de un corazón roto —dijo Andrea.

—Estoy corriendo hacia mi carrera.

—Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

—Lo sé.

Andrea tomó una camiseta y la dobló despacio, con más cuidado del necesario.

—Prométeme que no te vas a meter donde no debes.

—Siempre me meto donde no debo. Es mi trabajo.

—Valentina.

—Te lo prometo.

Andrea la abrazó. Fue un abrazo largo, apretado, de los que dejan marcas rojas en los brazos. Cuando se separaron, las dos tenían los ojos brillosos pero ninguna lloró. Habían pactado eso sin decirlo: nada de lágrimas hasta que el avión despegara.

---

El aeropuerto estaba tranquilo esta vez. Ni tormenta, ni motines, ni figuras enmascaradas entre la multitud. Solo un vuelo comercial a Estambul con conexión a Garún, una maleta de treinta kilos, y la credencial de prensa colgando del cuello.

Valentina pasó por seguridad. Se sentó en la puerta de embarque. Sacó el teléfono y miró la pantalla. Ningún mensaje nuevo. Ninguna llamada. Elena no había vuelto a hablar con ella desde la pelea. Roberto le había mandado un emoji de corazón — solo eso, un corazón rojo sin texto, que decía más que cualquier discurso.

En el bolsillo de la chamarra, doblado y arrugado, seguía el papel con el número de Santiago. No lo había destruido. No lo había usado. No sabía qué era peor.

El altavoz anunció el embarque. Valentina se levantó, se colgó la mochila, y caminó hacia la puerta.

La guerra había empeorado. Los informes de inteligencia describían Garún como una ciudad partida en dos: la zona verde controlada por las fuerzas de paz, y el resto. Los corresponsales anteriores habían pedido rotación anticipada. El periódico inglés había retirado a su equipo.

Valentina subió al avión y se sentó junto a la ventanilla. Afuera, la pista brillaba bajo el sol de la mañana. Adentro, su corazón latía con la mezcla de miedo y determinación que ya conocía — la misma que había sentido la primera vez que pisó Levante, tres meses antes de una bomba de presión y un par de ojos oscuros.

Esta vez no llevaba pulsera roja en la muñeca. Pero llevaba un número de teléfono en el bolsillo y una herida en el pecho que no sanaba.

El avión despegó.

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Carmen Gloria Rivas Barrio
Me encantó, un amor increíble, un amor dispuesto a todo, un amor a prueba de balas y de guerra
Miriam Molina Molina
Es una obra de arte... tan fantástica como real... dolorosa y amorosa como lo es la vida misma...
Por momentos te sumerge en la realidad que desangra y luego te sube a la exaltación de la vida amorosa...
Su narración por momentos te hace caminar...y luego correr hasta lograr sentir profundamente la vida misma... con su crueldad, su injusticia, su perdón dentro del recuerdo vivo de lo que se debe hacer... justo como el que alguien debe hacerlo.
Es una obra literaria en toda su extensión como ninguna otra.
Laura Castañon
que historia más maravillosa e impresionante me gusto mucho gracias escritora felicidades muchas bendiciones
Amanda Gongora
excelente felicitaciones gracias
Naicka Rodriguez
gracias me gustó mucho cada capítulo, me concentre tanto que hasta me involucre en todo los personajes, felicitaciones ame bastante esta historia 😍
Luz myriam Navarrete
Es buena la trama pero aburre q tiene poco dialigo de parte de los personajes mucha descriccion de alrrededor autora mejoralo bay no continuo ..dienpre repites lo mismo
Luna del Mar
Muy buena historia, excelente narración y trama. Felicidades escritora.
Helizahira Cohen
Esta interesante, bonita se ve
Isabel Balderas
esta historia me la encontré de casualidad y empecé a leerla pensando que era la típica historia de amor y el vivieron felices por siempre pero la leí completa y llore mucho solo me queda decir que esta historia me encantó sentí cada palabra como si estuviera yo presente en la historia 👏😭👏😭
Luna del Mar
Excelente primer capítulo
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