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El Mercader De Los Recuerdos

El Mercader De Los Recuerdos

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Aventura
Popularitas:387
Nilai: 5
nombre de autor: Susiluu_

En un mundo donde los recuerdos pueden venderse, Kael Arden trabaja comprando aquellos que otros están dispuestos a olvidar para siempre. Pero cada vez que revive un recuerdo, también siente el amor, la alegría, el miedo o el dolor de quien lo vivió.

Todo cambia cuando adquiere un recuerdo imposible: el asesinato de un hombre... diez días antes de que ocurra.

Mientras intenta impedir ese futuro, Kael conocerá a Lyra, una joven incapaz de olvidar un solo instante de su vida. Juntos descubrirán que algunos recuerdos no pertenecen al pasado, sino al futuro, y que hay quienes están dispuestos a cambiar el destino a cualquier precio.

Porque hay recuerdos que pueden salvar una vida... y otros que pueden condenar al mundo.

NovelToon tiene autorización de Susiluu_ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La sala que no existía

«Las puertas más peligrosas no son las que permanecen cerradas, sino aquellas cuya existencia ha sido olvidada.»

— Fragmento del Libro de los Mercaderes, Volumen XI»

La lluvia había cesado.

Las últimas gotas resbalaban por las columnas de la antigua Academia mientras el cuerpo de Gabriel Llorente era cubierto con una sábana blanca.

Nadie hablaba.

Ni los bomberos.

Ni los agentes de seguridad que acababan de acordonar la zona.

El silencio era una forma de respeto.

Pero también de miedo.

Kael seguía sosteniendo la pequeña llave de plata entre los dedos.

Era más pesada de lo que parecía.

El metal estaba frío, como si hubiera permanecido décadas bajo tierra.

La inscripción no había desaparecido.

Sala 27. Archivo Central. Acceso exclusivo para K. Arden.

No podía apartar la vista de aquellas palabras.

—¿La conoces? —preguntó a Elias sin levantar la mirada.

El anciano tardó demasiado en responder.

—No.

Kael percibió la vacilación.

—No me has contestado.

Elias suspiró.

—He dicho la verdad.

No conozco ninguna Sala 27.

Pero...

Se detuvo.

—¿Pero?

—Conozco el número.

Lyra levantó la cabeza.

—¿Qué significa?

Elias guardó silencio unos segundos.

Después comenzó a caminar alejándose del incendio.

—Volvamos al Archivo.

Hay cosas que no deberían hablarse aquí.

---

El trayecto transcurrió en un silencio incómodo.

La ciudad seguía con su rutina, ajena al incendio que acababa de destruir parte de la historia de los mercaderes.

Los comercios cerraban.

Las cafeterías comenzaban a llenarse.

Las parejas paseaban junto al río.

Kael observaba todo aquello con una sensación extraña.

¿Cómo podía el mundo seguir igual cuando el suyo acababa de cambiar por completo?

Al llegar al Archivo Central, Marcus ordenó cerrar las puertas al público.

Era la primera vez que ocurría desde que Kael trabajaba allí.

Los visitantes fueron desalojados con educación.

Los empleados recibieron la orden de regresar a sus hogares.

En menos de veinte minutos, el enorme edificio quedó casi vacío.

Solo permanecían dentro cuatro personas.

Elias.

Kael.

Lyra.

Y Marcus.

El director condujo al grupo hasta la biblioteca privada.

Era una estancia circular donde se conservaban los libros más antiguos del Archivo.

En el centro había una enorme mesa de roble.

Sobre ella, Elias depositó la llave.

—Hace treinta años —comenzó—, el Archivo tenía veintisiete salas.

Kael levantó la vista.

—Pero ahora solo hay veintiséis.

—Exacto.

—¿Qué ocurrió con la última?

El anciano apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Desapareció.

Marcus soltó una risa nerviosa.

—Eso no tiene sentido.

Las habitaciones no desaparecen.

—No físicamente.

Respondió Elias.

—Desapareció de todos los planos.

De todos los registros.

De todas las memorias oficiales.

Lyra frunció el ceño.

—¿Está diciendo que alguien borró la existencia de una sala entera?

Elias asintió.

—Y no solo de los documentos.

También de las personas.

El silencio cayó de nuevo.

Kael sintió un escalofrío.

—¿Se puede borrar un recuerdo colectivo?

—Teóricamente no.

—¿Y en la práctica?

El anciano desvió la mirada.

—Nunca quise comprobarlo.

Kael empezó a comprender.

Había algo que Elias llevaba ocultando mucho más tiempo del que imaginaba.

—¿Qué había dentro de esa sala?

El director no respondió.

En su lugar, abrió lentamente un viejo mapa del Archivo.

Era el plano original del edificio.

Todas las habitaciones estaban numeradas.

Uno.

Dos.

Tres...

Veintiséis.

Y entonces...

Entre la Sala Veintiséis y la escalera principal había un espacio vacío.

Demasiado grande para ser un simple muro.

Lyra pasó lentamente los dedos sobre el papel.

—Aquí falta algo.

Elias asintió.

—Aquí estaba la Sala Veintisiete.

Kael observó el hueco.

Era imposible.

Había pasado miles de veces por aquel pasillo.

Jamás había notado que el edificio tuviera un espacio vacío.

—Quiero verla.

Dijo con decisión.

Marcus lo miró sorprendido.

—¿Y si realmente existe?

—Entonces quiero saber qué oculta.

Elias permaneció inmóvil.

Durante unos segundos pareció debatirse consigo mismo.

Finalmente tomó la llave.

—Venid.

---

Caminaron por los pasillos iluminados únicamente por las lámparas de emergencia.

Sin empleados.

Sin visitantes.

El Archivo parecía otro lugar.

Más antiguo.

Más silencioso.

Los pasos resonaban con fuerza sobre el suelo de piedra.

Kael conocía perfectamente aquel corredor.

A la izquierda estaba la Sala Veinticinco.

A la derecha, la Veintiséis.

Y al fondo...

Una pared.

Siempre había habido una pared.

Elias se detuvo frente a ella.

Apoyó lentamente la mano sobre la piedra.

—Perdonadme.

Susurró.

Nadie entendió a quién iba dirigida aquella disculpa.

Entonces introdujo la llave en una pequeña grieta casi invisible.

Kael jamás la habría visto.

Giró una vez.

Nada ocurrió.

La giró por segunda vez.

Un sonido metálico recorrió el interior del muro.

Marcus dio un paso atrás.

Toda la pared comenzó a vibrar.

El polvo cayó lentamente desde el techo.

Después...

La piedra empezó a desplazarse hacia un lado.

No era un muro.

Era una puerta gigantesca perfectamente camuflada.

Tras ella apareció una escalera que descendía hacia la oscuridad.

Un aire frío salió del interior.

Olía a papel antiguo.

Y a algo más.

A lavanda.

Kael sintió un extraño nudo en la garganta.

Ese aroma...

Lo conocía.

No sabía de dónde.

Pero lo conocía.

Lyra cerró los ojos.

—¿Qué ocurre? —preguntó Kael.

Ella respiró profundamente.

—Ese perfume...

Una mujer me abrazaba mientras lo llevaba puesto.

No puedo verla.

Solo recuerdo el olor.

Kael sintió un vuelco.

Él también.

Durante apenas un segundo...

Una imagen cruzó su mente.

Una mujer riendo.

Un colgante de plata.

Y el mismo aroma.

La visión desapareció tan rápido como había llegado.

Se llevó una mano a la cabeza.

—Yo también...

Elias observó a ambos con preocupación.

—Los recuerdos están despertando.

Kael levantó la vista.

—¿Qué hay ahí abajo?

El anciano respondió con una voz cargada de pesar.

—La verdad que juré enterrar para siempre.

Sin esperar respuesta, comenzó a descender por la escalera.

Kael intercambió una mirada con Lyra.

Ella asintió.

Los dos lo siguieron.

Ninguno imaginaba que, al final de aquellas escaleras...

les esperaba una puerta con dos nombres grabados en una placa de bronce.

Proyecto Aurora

Sujetos K-07 y L-03.

Sintió que el aire abandonaba lentamente sus pulmones.

—K... —susurró.

Su voz apenas era audible.

—Soy yo.

Nadie respondió.

Ni siquiera Elias.

El anciano permanecía unos pasos por detrás, con el rostro sombrío y los ojos clavados en aquella misma puerta que llevaba más de veinte años sin abrir.

Lyra dio un paso hacia delante.

Su mano temblaba.

—Entonces... ¿L-03 soy yo?

El silencio de Elias volvió a responder antes que sus palabras.

Kael sintió un escalofrío.

Toda su vida había creído que conocería la verdad poco a poco.

No imaginó que, de un momento a otro, descubriría que él y Lyra estaban unidos desde antes de recordar quiénes eran.

La puerta era de acero macizo.

En el centro había una cerradura idéntica a la llave que Gabriel le había entregado antes de morir.

Kael la sostuvo entre los dedos.

Notó el frío del metal.

Miró a Elias.

—¿Debo abrirla?

El anciano cerró los ojos durante unos segundos.

Cuando volvió a abrirlos, parecía mucho más viejo.

—Llevo veintidós años intentando impedir que llegara este día.

Pero ya no puedo detenerte.

Kael introdujo la llave.

Giró lentamente.

Un mecanismo antiguo comenzó a moverse al otro lado.

Primero un clic.

Después otro.

Y finalmente un profundo sonido metálico que resonó por todo el pasillo.

La puerta se abrió apenas unos centímetros.

Un olor a madera vieja, papel y lavanda escapó desde el interior.

El mismo perfume.

Más intenso.

Más cercano.

Kael sintió un dolor punzante en la cabeza.

Durante un segundo creyó escuchar una voz femenina.

"No tengas miedo, Kael."

Se llevó una mano a la sien.

La visión desapareció.

—¿Estás bien? —preguntó Lyra.

Él asintió, aunque ni siquiera estaba seguro de ello.

Empujó la puerta.

---

La habitación era mucho más grande de lo que esperaban.

No parecía un laboratorio.

Parecía una escuela.

Había pequeñas mesas de madera.

Estanterías repletas de cuentos infantiles.

Juguetes cuidadosamente ordenados.

Pinturas.

Puzzles.

Y dibujos colgados en las paredes.

Todo estaba cubierto por una fina capa de polvo.

Como si el tiempo hubiera dejado de avanzar allí dentro.

Marcus fue el primero en romper el silencio.

—¿Esto era un experimento?

Elias caminó lentamente entre las mesas.

Rozó con los dedos el respaldo de una pequeña silla.

—No empezó siéndolo.

Kael se acercó a una pared llena de dibujos.

La mayoría estaban hechos por niños de entre seis y diez años.

Casas.

Árboles.

Mascotas.

Familias.

Entonces encontró uno que lo obligó a detenerse.

Representaba un enorme cerezo en flor.

Debajo había dos niños cogidos de la mano.

Uno tenía el cabello negro.

La otra llevaba una larga trenza.

En la esquina inferior podía leerse una firma.

K.

Kael sintió que el pecho se le encogía.

—Yo...

Lo pinté yo.

No era una suposición.

Lo sabía.

Lo recordaba.

Muy vagamente.

Pero lo recordaba.

Lyra se acercó despacio.

Observó el dibujo.

Después sonrió con incredulidad.

—La niña...

Soy yo.

Los dos permanecieron en silencio.

Por primera vez desde que se conocían, no estaban unidos por el misterio.

Sino por un recuerdo compartido.

Aunque todavía estuviera incompleto.

Mientras tanto, Elias abrió uno de los armarios del fondo.

Dentro descansaban decenas de carpetas perfectamente conservadas.

Las sacó con cuidado.

Había nombres escritos en cada una.

K-01.

K-02.

K-03...

L-01.

L-02.

L-03.

Kael sintió un vuelco al ver aquella última.

Lyra respiró profundamente antes de tomarla.

—¿Puedo?

Elias dudó unos segundos.

Después asintió.

Ella abrió la carpeta lentamente.

En la primera página aparecía una fotografía.

Era una niña de unos ocho años.

Sonreía mientras abrazaba un enorme libro.

Lyra pasó un dedo por la imagen.

No dijo nada.

En la siguiente hoja había una evaluación.

Sujeto L-03

Capacidad de memoria: Excepcional.

Retención: 100 %.

Olvido espontáneo: 0 %.

Estado emocional: Estable.

Compatibilidad con K-07: 98,7 %.

Kael leyó aquella última línea dos veces.

—¿Compatibilidad?

Elias bajó la cabeza.

—Aurora buscaba parejas.

Los tres lo miraron sorprendidos.

—¿Parejas?

—No románticas al principio.

Parejas cognitivas.

Niños con habilidades complementarias.

Kael continuó leyendo.

En su carpeta aparecía algo parecido.

Sujeto K-07

Empatía emocional: Extraordinaria.

Sincronización afectiva: Superior a la media.

Compatibilidad con L-03: 98,7 %.

Lyra levantó lentamente la vista.

—Nos entrenaban juntos.

No era una pregunta.

Era un recuerdo.

Muy pequeño.

Pero real.

Comenzaban a regresar.

Elias respiró profundamente.

—Sí.

Durante cuatro años.

Erais inseparables.

Jugabais.

Estudiabais.

Aprendíais a comprender recuerdos juntos.

Kael sintió un dolor extraño en el pecho.

¿Por qué no podía recordar el rostro de aquella niña?

¿Por qué solo aparecían fragmentos?

Entonces encontró una fotografía escondida entre las últimas páginas.

La tomó con cuidado.

En ella aparecían seis niños delante del cerezo.

Uno de ellos era él.

Otro, Lyra.

Y detrás de ambos...

Una mujer joven los abrazaba con una enorme sonrisa.

Cabello oscuro.

Ojos grises.

Un colgante de plata.

Y un pequeño broche con forma de golondrina.

Kael sintió que el mundo se detenía.

Aquella sonrisa.

Aquel perfume.

La voz de hacía unos minutos.

Las piezas empezaban a unirse.

Miró a Elias con los ojos llenos de preguntas.

—¿Quién es ella?

El anciano respondió casi en un susurro.

—Se llamaba Elena Arden.

Era tu madre.

Las manos de Kael comenzaron a temblar.

Toda la vida había imaginado el rostro de su madre.

Nunca había conseguido recordarlo.

Y ahora lo tenía delante.

Sonriendo.

Abrazándolo.

Sin darse cuenta, una lágrima cayó sobre la fotografía.

Pero antes de que pudiera decir una sola palabra...

Lyra, que seguía revisando su carpeta, dejó escapar un grito ahogado.

Kael corrió hacia ella.

La joven sostenía una hoja completamente distinta a las demás.

No era un informe.

Era una orden oficial.

Firmada.

Sellada.

Y fechada veintidós años atrás.

En letras negras podía leerse claramente:

"Autorizada la extracción completa de los recuerdos de los sujetos K-07 y L-03. Motivo: protección inmediata. Responsable: Elena Arden."

Kael sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

No había sido un enemigo.

No había sido la Orden del Eco.

Según aquel documento...

Había sido su propia madre quien había ordenado borrar toda su infancia.

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Cliente anónimo
No esperaba un primer capítulo que fuese de novela ni un comienzo que rompiese tanto como la venta del recuerdo de su hijo volviendo a caminar. Tiene muchísimo calibre
Mimiko
Sin duda es de las obras más intrigantes y elaboradas que se puedan encontrar
Cliente anónimo
dejo mi comentario aqui para volver. me ha interesado mucho el prologo jeje
Neery!
esta me la apunto para leerla detenidamente, pinta para largo 🤯
Seku: Cómo de larga? Sería un desperdicio que se quedase corta. Podría ser hasta de trilogía! Me encanta el título, es súper original.
total 2 replies
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