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La Primera Vez Que Te Vi

La Primera Vez Que Te Vi

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Fantasía épica / Completas
Popularitas:210
Nilai: 5
nombre de autor: TaquitoFLs

Una historia de Dos personas que no pueden destruirse en una historia donde tienen que hacerlo. Hay dificultades, hay deshonras y traiciones que llevarán a atraerse el uno al otro y será el momento perfecto en el que demuestren que el amor no es más que simples palabras, si no las acciones que demuestren una redención de los pecados que cometieron. Spin off de las series originales: El ascenso de un linaje.

NovelToon tiene autorización de TaquitoFLs para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: El hombre al que la ley traicionó

Los rumores los llevaron primero a un pueblo fronterizo, después a otro, hasta que finalmente encontraron algo más concreto que un nombre susurrado con miedo: un campamento improvisado en las afueras de un bosque quemado, donde apenas quedaban cinco hombres de lo que, según se decía, había sido un escuadrón de más de veinte.

Llegaron justo a tiempo para ver cómo la guardia real los tenía rodeados.

—Larss Skill —gritó el capitán al mando, la voz cargada de un desprecio oficial que sonaba ensayado, repetido demasiadas veces para ser genuino del todo—. Por orden de la corona, quedas sentenciado a muerte por traición, junto con lo que queda de tus hombres. No hará falta ningún juicio. Ya se celebró en tu ausencia.

Un hombre alto, de postura recta incluso rodeado por completo, dio un paso al frente sin ninguna prisa. No llevaba armadura ceremonial, solo el equipo desgastado de alguien que llevaba meses sin poder detenerse a descansar del todo.

—¿Traición? —Su voz era grave, calmada, sin el menor rastro del pánico que cualquier persona sensata debería sentir rodeada de cuarenta soldados—. Desmantelamos tres redes de trata de personas que tu "corona" se negó a tocar durante años, porque los hombres detrás de ellas pagaban impuestos puntuales. Si eso es traición, entonces me declaro culpable con orgullo.

—Cuida tu lengua.

—¿Por qué? ¿Vas a matarme dos veces?

El capitán levantó la mano, la señal para que los arqueros dispararan.

Blanck no dudó ni un segundo. El fuego lo envolvió por completo, la distancia entre él y la primera línea de flechas desapareciendo en un instante — las interceptó todas antes de que llegaran a su objetivo, quemándolas en el aire con un gesto que apenas pareció esfuerzo.

El campamento entero se quedó en silencio.

—¿Un dragón celestial? —murmuró el capitán, retrocediendo un paso—. Esto no estaba en el reporte.

—No estoy aquí por orden de nadie. —Blanck avanzó, Kate e Isolde a sus flancos—. Estoy aquí porque no me gusta ver a cuarenta hombres armados contra cinco que apenas pueden sostenerse en pie.

—Este hombre es un fugitivo condenado.

—Este hombre está de pie frente a ustedes sin bajar la cabeza. Eso ya dice más de él que cualquier condena.

El capitán dudó, calculando probabilidades que claramente no le gustaban. Un dragón celestial, en territorio abierto, sin ninguna orden clara que lo respaldara pero con poder más que suficiente para hacer valer su presencia. Después de un largo momento, hizo una señal, y la formación entera empezó a retroceder.

—Esto no termina aquí, Skill.

—Nunca termina —respondió Larss, sin ninguna satisfacción en la voz, solo cansancio—. Esa es la parte que más me agota.

Cuando la guardia real por fin desapareció entre los árboles, Larss se giró hacia Blanck con la misma cautela con la que había enfrentado a los soldados, quizás más.

—¿Por qué interviene un dragón celestial en algo que no le incumbe?

—Porque sé lo que se siente que un sistema te castigue por hacer lo correcto. —Blanck sostuvo su mirada, sin ningún intento de suavizar la conversación—. Necesito hablar contigo. A solas, si es posible.

Larss lo estudió un largo momento, la desconfianza tan arraigada en él como la disciplina misma.

—Los dragones celestiales no piden nada sin esperar algo a cambio.

—No te equivocas. —Kate dio un paso al frente, presentándose sin ceremonia—. Pero lo que él tiene que decirte, va a interesarte más de lo que crees.

Se apartaron del resto del grupo, hasta un claro donde el ruido de los pocos sobrevivientes reorganizando el campamento se volvía apenas un murmullo lejano. Blanck le contó todo — su rebelión silenciosa contra su propio padre, lo que Ray X le había hecho a Isolde, la amenaza que pesaba sobre un pueblo entero, la necesidad urgente de reunir aliados capaces de enfrentar algo que ninguno de ellos podía vencer solo.

Larss escuchó cada palabra sin interrumpir, con la misma atención metódica con la que, según entendería Blanck años después, escucharía cada informe de sus propios agentes de CEPP.

—Entonces me estás pidiendo que declare la guerra al hombre más poderoso que existe. —No era una pregunta. Era, casi, una constatación.

—Te estoy pidiendo que ayudes a proteger a gente que no puede protegerse sola. Algo que, según acabo de presenciar, ya has estado haciendo toda tu vida, aunque el mundo entero te haya castigado por ello.

Algo en la expresión de Larss cambió — no ablandándose del todo, pero sí abriéndose una fracción, lo suficiente para que la conversación dejara de sentirse como un interrogatorio.

—¿Sabes por qué formé ese escuadrón?

—No.

—Cuando era joven, mi hermana menor fue vendida por un grupo que operaba bajo protección directa de la corte. Nadie hizo nada. Nadie investigó. El caso se cerró en menos de una semana porque el hombre detrás de la red era demasiado importante para molestarlo. —Su voz no temblaba, pero algo detrás de ella cargaba un peso que llevaba años sosteniendo solo—. Decidí que si la ley no iba a proteger a quienes no podían defenderse, entonces yo lo haría. Con o sin su permiso.

—¿La encontraste? A tu hermana.

Larss negó con la cabeza, una sola vez, sin más explicación necesaria.

—Eso fue lo que me convirtió en lo que soy. Y también es exactamente la razón por la que no puedo negarme a lo que me estás pidiendo, por más suicida que suene. —Miró hacia donde sus últimos cinco hombres seguían reorganizando lo poco que les quedaba—. Si tu padre es capaz de arrasar un pueblo entero solo para castigarte a ti, entonces es exactamente el tipo de poder que llevo toda mi vida tratando de detener. Solo que nunca imaginé que tendría que enfrentarlo a esta escala.

—Hay algo más que necesitas saber, antes de decidir del todo.

—¿Qué?

—Nadie puede matarlo. —Blanck sostuvo su mirada, la seriedad absoluta en cada palabra—. Tiene un poder que se activa con su propia muerte. Copia la fuerza exacta de quien lo derrote, y se vuelve algo imposible de contener después. Si vamos a hacer esto, tiene que ser para sellarlo, no para ejecutarlo. Sin importar cuánto lo merezca.

Larss se quedó en silencio, procesando el peso adicional de esa información — la diferencia entre una guerra de venganza y una de contención estratégica, mucho más difícil de sostener bajo presión.

—Eso va a ser mucho más complicado de lo que ya imaginaba.

—Lo sé.

—Y aun así, necesito hacerlo. —Extendió la mano, el gesto firme, sin dudas visibles a pesar de todo—. Cuenta conmigo. Y con lo que queda de mis hombres, si están dispuestos a seguirme una vez más.

Blanck tomó su mano, el acuerdo sellado con la misma solemnidad con la que Larss debía sellar cada decisión importante de su vida.

—Bienvenido, entonces.

—Todavía no me agradezcas nada. —Por primera vez, algo parecido a una sonrisa breve cruzó el rostro de Larss, apenas perceptible—. Ni siquiera sabes si voy a sobrevivir lo suficiente para que valga la pena la bienvenida.

Esa noche, mientras el campamento se preparaba para el viaje que vendría, Kate se acercó a Isolde, ambas observando a Larss dar instrucciones precisas a sus últimos cinco hombres con la misma disciplina calmada que había mostrado desde el primer momento.

—Es distinto a lo que esperaba —comentó Isolde.

—¿En qué sentido?

—Pensé que encontraríamos a alguien desesperado. Roto. —Observó cómo Larss revisaba, uno por uno, el estado de las heridas de cada uno de sus hombres, sin dejar pasar ni un detalle—. Pero se mueve como alguien que lleva toda la vida cargando con la responsabilidad de proteger a otros, incluso cuando ya no le queda casi nada propio que proteger.

Kate asintió, algo parecido al respeto asomándose en su expresión.

—Ese tipo de gente es la más peligrosa de perder en una guerra. Y también la más valiosa de tener de tu lado.

A lo lejos, Larss terminó de vendar la herida de uno de sus últimos hombres, y por un instante, alzó la vista hacia donde Blanck conversaba con Isolde — evaluando, quizás, si de verdad había tomado la decisión correcta al confiar en la palabra de un dragón celestial que decía luchar contra su propia sangre.

No tenía forma de saber todavía que aquella decisión, tomada en un claro de bosque quemado, terminaría definiendo el resto de su existencia — ni que, siglos después, un joven llamado Yan escucharía la historia de este mismo momento, contada por labios muy distintos, como el origen de un legado que ninguno de los presentes esa noche podría haber imaginado.

Continuará...

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