Durante tres años, Adrián Montenegro entregó su corazón a una esposa que jamás dejó de amar a otro hombre. Mientras Valeria sacrificaba todo por su primer amor, él soportaba cada desprecio en silencio.
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cuatro días...
Las nueve de la mañana.
Por primera vez en muchos años, el ambiente en la sala de juntas del Grupo MTG era asfixiante.
Nadie hablaba.
Nadie se atrevía a romper el silencio.
Sobre la enorme mesa de madera descansaban decenas de carpetas, computadoras portátiles, informes financieros y gráficos proyectados en una pantalla de más de tres metros.
Todos tenían el mismo encabezado.
PROYECTO NÉMESIS
El proyecto más ambicioso en la historia del Grupo MTG.
Durante dieciocho meses de investigación y seis meses de desarrollo intensivo, la empresa había creado una plataforma de inteligencia empresarial capaz de integrar logística, producción, inventarios, finanzas y análisis predictivo en tiempo real mediante inteligencia artificial.
No era simplemente un programa.
Era una tecnología que prometía cambiar la forma en que operaban miles de empresas en todo el mundo.
Los contratos preliminares ya estaban listos.
Fondos de inversión internacionales esperaban el lanzamiento oficial.
Decenas de compañías habían reservado reuniones para firmar acuerdos exclusivos.
Los analistas financieros estimaban que, solo durante el primer año, el Proyecto Némesis generaría miles de millones en ingresos para MTG.
Y ahora...
Todo estaba al borde del colapso.
Porque el mundo entero había visto aquella presentación... bajo el nombre del Grupo Ferrer.
...
Adrián permanecía de pie frente a la pantalla.
Su traje impecable contrastaba con el cansancio de su rostro.
No había dormido.
Llevaba toda la noche revisando documentos junto al departamento jurídico.
Aun así...
Su voz seguía siendo firme.
—Gracias por venir con tan poca anticipación.
Alrededor de la mesa había más de treinta personas.
Accionistas.
Directores.
Ingenieros.
Diseñadores.
Jefes de desarrollo.
Los responsables del Proyecto Némesis.
Gabriel tomó el control de la presentación.
La primera diapositiva apareció.
En letras rojas podía leerse:
Impacto inicial.
—A menos de veinticuatro horas del anuncio del Grupo Ferrer, nuestras acciones han comenzado a caer.
Otra imagen apareció.
Gráficos descendentes.
Noticias.
Titulares.
Comentarios en redes sociales.
"¿MTG llegó tarde?"
"Grupo Ferrer sorprende al mercado con una innovación sin precedentes."
"El futuro de la inteligencia empresarial ya tiene dueño."
Ninguno de aquellos artículos mencionaba a MTG.
Para el público...
El Proyecto Némesis pertenecía a Ferrer.
Una directora financiera habló con evidente preocupación.
—Si nuestros principales inversionistas creen que llegamos después que Ferrer, muchos podrían retirar su apoyo.
Otro ejecutivo agregó:
—Aunque demostremos que el desarrollo es nuestro, el impacto comercial ya existe. La percepción del mercado cambia muy rápido.
En una esquina de la sala, una joven ingeniera bajó la cabeza.
Tenía los ojos enrojecidos.
Había pasado incontables noches trabajando en aquel proyecto.
Como ella...
Había más de doscientos empleados involucrados.
Personas que habían sacrificado cumpleaños, vacaciones y fines de semana.
No por obligación.
Sino porque creían en aquella idea.
Y ahora veían cómo alguien más recibía los aplausos.
...
Gabriel respiró hondo antes de continuar.
—Tenemos cuatro días.
Solo cuatro.
Después de eso estaba programado nuestro lanzamiento internacional.
Un pesado silencio se extendió por la sala.
Todos conocían la realidad.
Cuatro días...
No alcanzaban.
Un ingeniero rompió el silencio.
—Aunque trabajemos las veinticuatro horas...
No podemos desarrollar un nuevo producto en cuatro días.
Es imposible.
Otra directora asintió.
—Seis meses de desarrollo no pueden repetirse en menos de una semana.
Necesitaríamos un milagro.
Las palabras cayeron como un balde de agua fría.
Nadie las contradijo.
Porque eran verdad.
...
Adrián permanecía inmóvil.
Observaba los rostros de cada miembro de su equipo.
Veía frustración.
Rabia.
Tristeza.
Pero también veía algo más.
Orgullo.
Aquellas personas seguían allí.
Ninguno había abandonado la sala.
Ninguno se había rendido.
Finalmente habló.
—Sé lo que todos están pensando.
Su voz era tranquila.
—Sé que parece imposible.
Miró a los ingenieros.
Luego a los diseñadores.
Después a los accionistas.
—Pero antes de tomar cualquier decisión...
Quiero decirles algo.
Hizo una breve pausa.
—No considero que hayan fracasado.
Los presentes levantaron la vista.
—Lo que construyeron durante estos meses sigue siendo extraordinario.
Nadie puede quitarles el talento, las horas de trabajo ni el esfuerzo que entregaron.
Eso sigue siendo suyo.
El silencio dio paso a varias miradas emocionadas.
Algunos bajaron la cabeza para ocultar las lágrimas.
Adrián continuó.
—Ahora nos toca demostrar quiénes somos.
No vamos a actuar por desesperación.
No vamos a buscar atajos.
Y tampoco vamos a abandonar a este equipo.
Gabriel dio un paso adelante.
—Presidente...
Entonces, ¿cuál es el plan?
Adrián observó nuevamente la pantalla.
Respiró profundamente.
—Dividiremos el trabajo en tres frentes.
Primero, el equipo legal continuará protegiendo los derechos de MTG por las vías correspondientes.
Segundo, hablaremos personalmente con nuestros inversionistas para explicarles la situación y mantener su confianza.
Y tercero...
Su mirada recorrió toda la sala.
—No lanzaremos una copia de lo que ya conoce el mercado.
Vamos a mejorarlo.
Durante unos segundos nadie entendió.
Un diseñador preguntó:
—¿Mejorarlo... en cuatro días?
Adrián asintió lentamente.
—No podemos rehacer dieciocho meses de investigación.
Pero sí podemos perfeccionar aquello que ya construimos.
Agregar funciones que nadie espere.
Corregir detalles pendientes.
Convertir una crisis en una oportunidad.
Gabriel sonrió por primera vez desde que comenzó la reunión.
Conocía esa mirada.
Era la misma que Adrián tenía cada vez que enfrentaban un desafío imposible.
Los accionistas comenzaron a intercambiar opiniones.
Los ingenieros abrieron nuevamente sus computadoras.
Los diseñadores revisaron los últimos prototipos.
El ambiente seguía siendo tenso...
Pero algo había cambiado.
Había vuelto la esperanza.
Sin embargo, mientras todos empezaban a reorganizar el trabajo, Adrián permaneció unos segundos mirando por la ventana.
Sabía que recuperar la confianza del mercado sería una batalla difícil.
Pero había algo que le dolía mucho más que los millones perdidos.
El Proyecto Némesis llevaba ese nombre porque representaba el sueño de cientos de personas.
Y quien había abierto la puerta para que ese sueño terminara en manos de otro...
Era la mujer a la que todavía llamaba esposa.