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NO ERA TU FAN

NO ERA TU FAN

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:357
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

Fama, dinero, miles de seguidores… Ian lo tiene todo. Y su mánager se asegura de que nada ni nadie arruine su carrera. Hasta que entra una nueva integrante al equipo: ella.

Dicen que es fría, que es profesional, que es incapaz de experimentar ninguna emoción. Para ella, maquillar a la celebridad más grande del momento es solo un trabajo más.

Pero Ian no está acostumbrado a ser invisible para nadie. Lo que empieza como curiosidad pronto se convierte en un reto: hará lo que sea para sacarle una sola reacción, aunque eso signifique poner en riesgo su propia estabilidad y descubrir que su mundo perfecto tiene mucho menos sentido que esa chica que no siente nada.

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 7 ENTREVISTAS, CANCIONES

El estudio de televisión era amplio, iluminado con decenas de focos que proyectaban una luz cálida pero intensa sobre el escenario. Las paredes estaban decoradas con paneles oscuros y luces de colores que cambiaban suavemente, y en el fondo, en letras grandes y brillantes, se leía el nombre del programa: “La Estrella”. Había asientos para el público, que se mantenía en silencio a la espera, y en el centro, una mesa de madera oscura y unos sillones cómodos de cuero negro, dispuestos frente a las cámaras. Todo tenía ese aire profesional y acogedor al mismo tiempo, propio de los espacios donde se entrevistan a las figuras más importantes del momento.

El presentador, Sergio Garacus, se acercó con una sonrisa amplia y le tendió la mano a Ian con mucho entusiasmo.

—¡Buenos días, bienvenido una vez más a nuestro programa! —comenzó con voz animada, mientras ambos se quedaban parados en el centro del escenario, bajo las luces principales—. Qué gusto tenerte aquí, Ian. Cuéntanos, ¿cómo te sientes hoy? ¿Cómo van las cosas por allá?

Ian respondió con esa voz grave, profunda y pausada que lo caracterizaba, con una calma que denotaba confianza y experiencia frente a las cámaras:

—Muy bien, Sergio, muchísimas gracias por invitarme otra vez. Es siempre un placer estar aquí y compartir un rato con ustedes y con toda la gente que nos sigue. Todo va marchando, con sus altibajos como siempre, pero bien, muy bien.

—¡Me alegra escucharlo! —respondió el presentador con una risa amable—. Vamos, siéntate cómodo, que tenemos mucho de qué platicar.

Se dirigieron hacia los asientos: Sergio tomó lugar detrás de la mesa de trabajo, mientras Ian se acomodaba en uno de los sillones amplios que estaban frente a él. Yo me quedé parada a un lado, detrás de las cámaras pero en un lugar desde donde podía ver todo con claridad, y no pude evitar dejar escapar una pequeña sonrisa —esa que había aprendido a hacer, suave y natural— al ver cómo él se acomodaba con tanta soltura, como si estuviera en su propia casa.

—Bueno, ya que estamos aquí —siguió Sergio, mirándolo con interés—, todos tenemos mucha curiosidad: ¿cómo se llama este nuevo trabajo que nos traes hoy? Sabemos que es algo muy especial para ti.

Ian se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos sobre sus rodillas, y habló con un tono más reflexivo, casi como si estuviera contando algo íntimo:

—Se llama “SENTIMIENTOS+”. Y como el nombre lo dice, va mucho más allá de lo que a simple vista se puede sentir. Habla del amor, sí, pero también de ese sentimiento tan difícil y a veces doloroso de tener que alejarte de las personas que más quieres. De entender que a veces hay que soltar, no por falta de cariño, sino porque los caminos se separan, o porque uno madura y el otro se queda estancado, o porque simplemente no se habla el mismo idioma emocional. Es un álbum que busca mirar más adentro, sin miedo a lo que encontremos ahí.

La entrevista continuó durante más de una hora, llena de momentos divertidos y dinámicas que hicieron reír tanto al público como a los presentes. En un juego en el que tenían que adivinar frases sin hablar, Ian terminó haciendo gestos tan exagerados y graciosos que incluso yo, que rara vez sentía ganas de reír, tuve que hacer un esfuerzo para no romper mi compostura. En otra parte, cuando le preguntaron cuál era su mayor defecto, respondió con esa media sonrisa que lo hacía ver tan atractivo: “Creo que a veces me cuesta entender por qué la gente no dice lo que siente en voz alta, prefieren callarse y esperar que los demás adivinen, y yo soy muy directo, así que a veces eso me confunde”. Cada respuesta salía con esa mezcla de seguridad y sensibilidad, como alguien que piensa mucho antes de hablar, tal como yo lo había percibido desde el principio.

—Bueno, llegamos al final de este rato tan agradable —anunció Sergio después de un buen rato, mientras el público aplaudía—. Pero no te irás sin cantarnos algo, ¿verdad? ¿Qué canción vas a regalarnos hoy?

Ian se quedó en silencio unos segundos, bajó un poco la mirada como si estuviera pensando en algo, y en ese momento sus ojos se dirigieron hacia donde yo estaba parada, al lado de Jovany. “Ahí está esa chica”, pensó para sí mismo, sin que nadie pudiera escucharlo, “esa que no sé qué piensa, esa que realmente no parece interesarse por nada de lo que pasa a su alrededor… pero hay algo en ella que me hace recordar algo que escuché hace tiempo”.

—Tengo una en mente —respondió finalmente, levantando la mirada y hablando con seguridad—. Se llama “Charla”. Creo que es perfecta para cerrar hoy.

Hizo una seña para que detuvieran un momento la grabación. Se puso de pie, tomó una botella de agua que tenía en una mesa al lado y bebió un trago largo para aclarar la garganta. Mientras tanto, yo me acerqué con calma, tomé el peine y le acomodé unos mechones que se le habían desordenado, pasando la mano suavemente por su cabello sin prisa. Él me miró brevemente, sin decir nada, pero se quedó quieto para dejarme trabajar.

Cuando todo estuvo listo, las luces cambiaron, se apagaron las principales y quedaron solo unos focos suaves que iluminaban el centro del escenario. La música comenzó a sonar: una melodía lenta, profunda, con acordes de guitarra que entraban suavemente en el ambiente. Ian se paró frente al micrófono, cerró los ojos un instante y empezó a cantar con esa voz que ahora sonaba más íntima, más cargada de significado:

 

“Charla”

Solo te pido una chance, una sola oportunidad

Para explicarte lo que siento, sin prisas, sin mentiras, sin maldad.

Tal para ti no fui lo suficiente, ni tan claro como debí ser

Pero para mí fuiste todo lo que pude ver.

Sé que hubo atracción, lo sentí en el aire, lo noté en la piel

Pero mi mente sigue regresando a esa charla que nunca terminó bien.

Sé que pude convencerte, sé que pude quedarme más tiempo

Solo con poder mirarte a los ojos, se me olvidaba todo el lamento.

Tengo ganas de reírme, de romper con este silencio

No sé si lo viste, no sé si lo sentiste también

Que en medio de tantas palabras, lo que no se dice es lo que más duele.

Y es que a veces el alma habla sin usar palabras

Se expresa en silencios largos, en miradas que no se cruzan

En pasos que se detienen justo antes de acercarse

En corazones que laten, aunque parezcan quietos y lejanos.

Te pido esa charla pendiente, la que dejamos a medias

Para entender si fue miedo, si fue orgullo, o simplemente destino

Porque no quiero quedarme con la duda

De saber si podríamos haber sido algo más que un recuerdo.

 

Mientras cantaba, sus ojos no se apartaron de donde yo estaba parada. Cada frase parecía dirigirse directamente hacia mí, aunque su expresión seguía siendo serena, solo con esa intensidad que salía a través de la música. El público lo escuchaba en completo silencio, embelesado, y Jovany a mi lado movía la cabeza al ritmo, disfrutando cada nota. Cuando terminó, los aplausos y gritos se escucharon con fuerza, y él inclinó la cabeza en señal de agradecimiento.

Pero no terminó ahí. Sergio sonrió y miró a Jovany antes de volver a la cámara:

—¡Qué hermosa canción! Pero sé que el público pide más, ¿verdad? —el público gritó de acuerdo—. Jovany, ¿le permitimos cantar una más?

El mánager asintió con una sonrisa, y Ian volvió a acercarse al micrófono, esta vez con una energía un poco más melancólica.

—Vamos con una que se llama “Dos personas” —anunció—. Es de las que dejan pensando un buen rato.

Y empezó de nuevo, con esa voz que ahora sonaba más sentida, más profunda:

 

“Dos personas”

¿Dónde estás? Te busco en cada rincón y no contestas

El celular suena y suena, pero no hay respuesta al otro lado

¿Qué pasa? ¿Te fuiste sin decirme nada?

¿Fue que te cansaste, o fue que simplemente moriste para mí?

Hasta las paredes de esta casa me hablan de ti

Cada rincón guarda un recuerdo, cada silencio es tu voz

Sigo pidiendo un poco de calma, para los dos

Desde el día que te fuiste, sigo esperando que vuelvas a cruzar la puerta.

¿Por qué te diste por vencido tan pronto?

¿Por qué no luchaste un poco más por lo que construimos?

Y pensar que te entregué todo lo que soy

Como quisiera que me hables, sin gritos, sin rencores, solo la verdad.

Somos dos personas que estuvieron tan cerca

Y terminaron tan lejos, sin entender el motivo

Dos caminos que se cruzaron un instante

Y ahora siguen cada uno por su cuenta, con un vacío en el pecho.

 

Cuando terminó esta segunda canción, Ian bajó los brazos, se pasó una mano por el cabello y suspiró hondo, notándose realmente cansado. El esfuerzo de cantar, de transmitir tanta emoción, se le notaba en el rostro y en la respiración agitada.

—Estoy agotado —comentó con una media sonrisa, mientras se secaba el sudor de la frente con un pañuelo—. Pero valió la pena.

Jovany se acercó rápido, mirando el reloj con cara de sorpresa y un poco de apuro:

—¿Cansado? Tienes razón, pero tenemos que movernos ya —le dijo en voz baja, pero lo suficientemente fuerte para que todos escucharan—. ¿Por qué no me dijiste que después de aquí tienes que presentarte en el evento de la moda, a media hora de camino? ¡Creí que solo veníamos a cantar aquí y ya!

Ian puso los ojos en blanco y se encogió de hombros:

—Se me olvidó entre tanta cosa… bueno, ya estamos a tiempo si nos apuramos.

Todos salimos con prisa hacia la camioneta que nos esperaba afuera. En cuanto subimos, las puertas se cerraron y el vehículo arrancó de inmediato. El interior era amplio, con asientos de cuero y suficiente espacio para moverse, y Jovany me dijo mientras se sentaba al frente:

—Melissa, quédate aquí atrás con él para que le ayudes a cambiarse rápido, no hay tiempo de llegar a otro lugar.

Asentí y me senté en el asiento de enfrente a Ian. Sin esperar más, él empezó a desabrocharse los botones del pantalón que traía, lo bajó poco a poco y terminó quedándose solo en ropa interior, frente a mí sin ninguna vergüenza, como si yo no estuviera ahí o como si fuera algo totalmente normal.

Yo lo miré con esa expresión habitual, neutra, sin sorpresa, sin sonrojo, sin ningún tipo de emoción reflejada en el rostro: simplemente lo observaba, esperando para ayudarle.

—¿No te vas a poner colorada ni a mirar para otro lado? —preguntó él con una media sonrisa, divertido ante mi reacción.

—No hay nada que no haya visto antes —respondí con calma, tomando la ropa que traía preparada para él.

Le extendí el pantalón de mezclilla azul claro, se lo puso y me incliné para abrochar los botones con cuidado, ajustándolo bien a su cintura. Luego le pasé la camisa blanca de algodón, se la metió por los brazos y yo le fui abrochando cada botón desde abajo hasta arriba, acomodando el cuello y asegurando que no quedara ni una arruga. Después le ayudé a ponerse los tenis blancos, ajustándole los cordones con precisión, y pasé el peine por su cabello para dejarlo con ese desorden natural que le quedaba tan bien.

Cuando todo estuvo listo, me senté a su lado, abrí mi maletín y saqué mis productos de maquillaje. Con cuidado le quité lo que ya tenía puesto, limpié su rostro con discos de algodón y crema, y volví a aplicar todo de nuevo, más ligero esta vez, para que aguantara mejor con el calor y el movimiento.

En medio del silencio, mientras yo trabajaba en su rostro, él me miró fijamente a los ojos y preguntó con esa voz grave y directa:

—Dime la verdad… ¿por qué no te ríes nunca? ¿Es que no encuentras nada gracioso, o es que yo no te caigo bien?

Levanté la mirada y me quedé viéndolo a los ojos unos segundos, sin dejar de mover las manos con los pinceles. “¿Y este qué trae ahora?”, pensé para mí misma, con total indiferencia. “¿De repente le importa si sonrío o no? No entiende que es algo que no sale así nada más”.

—Simplemente no es algo que me salga con facilidad —respondí en voz alta, con naturalidad y sin darle más importancia—. No tiene nada que ver contigo ni con lo que pasa. Así soy.

Él se quedó en silencio, pensativo, mientras yo seguía terminando mi trabajo, y en sus ojos se leía una mezcla de curiosidad y confusión, como si estuviera empezando a darse cuenta de que tenía frente a él a alguien muy diferente a todas las personas que había conocido en su vida.

 

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Quiara rara
/Joyful//Joyful/
Quiara rara
espero que sigas creciendo Haci con tu escritura ahora Soy tu fan número 1 👏👏🤭🤭
Quiara rara
¡wow!cool muy bien tienes talento para escribir eres verdaderamente excepcional 👏👏 felicidades 👏👏
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