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Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 2

Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 2

Status: En proceso
Genre:Romance / Vampiro
Popularitas:519
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

Un refugio maldito, una obsesión mortal y un secreto de sangre a punto de estallar.

Huyendo de su familia, Bibiana toma la drástica decisión de mudarse con Adam a una cabaña aislada en mitad del espeso bosque finlandés. Ellos creen estar construyendo su propio nido de amor en una paz idílica, sin embargo, ambos viven en una mentira: ignoran por completo la existencia de un Pacto de sangre, la oscura deuda del pasado que ya ha marcado sus destinos. Pero el invierno no perdona, y la tragedia golpea con la fuerza de un témpano.

Segunda temporada de la novela Destinada a un amor inmortal

NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

T2 Capítulo 20 - Decisiones peligrosas

Diego miró a su padre con una mezcla de rabia y asombro en el estudio.

—¿Cómo sabes que el novio de mi hermana está vivo? —preguntó, exigiendo la verdad.

—Matt me lo dijo —respondió Ignacio con amargura—. Al intentar acercarse a ella sintió el rechazo instintivo de la marca. Pero tú... tú ya lo sabías, ¿verdad?

Diego guardó silencio un segundo antes de admitirlo.

—Melissa y yo lo sospechábamos, papá. Pero no estábamos seguros.

—Ahora comprendes por qué tenemos que huir —insistió Ignacio, acercándose a él—. Si Bibiana se entera de que su prometido vive, no habrá forma de sacarla de aquí. Además, estamos en la mira de su padre. ¡Corremos peligro!

—Aun así, yo no me voy a ir —sentenció Diego, inamovible.

—¡Por Dios, hijo! Piensa en la seguridad de tu hermana.

—Lo mejor que puedes hacer es enfrentar las consecuencias de tus actos, papá —le espetó Diego—. Dile la verdad a Bibiana y deja que ella misma decida su destino.

—Sabes que no voy a hacer eso.

—Entonces atente a las consecuencias —advirtió Diego antes de salir—. Porque así huyas al fin del mundo, el pasado te alcanzará tarde o temprano para reclamar lo que cree que le pertenece.

En el apartamento de Melissa, el ambiente era mucho más ligero, aunque cargado de confesiones.

—Bibi, hay algo que quiero contarte... pero no sé cómo lo vayas a tomar —dijo Melissa con timidez.

—Dime, Meli. Puedes confiar en mí.

—Amiga... Diego y yo somos novios.

Bibiana abrió los ojos de par en par, sorprendida.

—¿De verdad? ¿Desde cuándo se conocen?

—Hace un mes. Espero que no te moleste que sea una vampira —murmuró Melissa.

Bibiana sonrió y tomó las manos de su amiga.

—Eso nunca me va a molestar. Al contrario, te felicito. Mi hermano es un gran hombre. A quien le va a dar algo es a mi papá... ¡si es que no le ha dado ya! —exclamó riendo, contagiando a Melissa.

A miles de kilómetros, en la Mansión Soler, Adam lanzaba ropa dentro de una maleta con movimientos bruscos.

—Voy a regresar por ti, Bibi... —susurraba para sí mismo.

—¿Qué estás haciendo, Adam? —preguntó Giselle al entrar.

—Regreso a Finlandia, hermana. Le diré que estoy vivo. No pienso irme de su lado nunca más.

—Si vas, nuestro padre te encontrará.

—Lo sé. Buscaré a Bibi, le explicaré todo y nos iremos lejos. Estoy seguro de que aceptará.

—No estás pensando con claridad...

—¡Estoy harto de huir como un prisionero! —estalló Adam—. Para nuestro padre los humanos son comida y quiere que seamos la "familia perfecta" bajo su régimen. ¡Ya no más!

Giselle lo miró con compasión.

—Entonces enfréntalo cuando vuelva de su viaje. Dile que te vas, le guste o no. Ya no te sometas. Mientras tanto, puedes decirle la verdad en sus sueños...

—No. Se lo diré en la realidad —sentenció Adam—. Bibi me necesita. Está sola y vulnerable aunque lleve mi marca. Ya no me conformo con soñarla; necesito tenerla conmigo de verdad.

Horas más tarde, en el estudio de los Anderson, Matt e Ignacio cerraban su trato oscuro.

—Diego y Bibiana se niegan a irse —se quejó Ignacio.

—Están hipnotizados por esos monstruos —respondió Matt con veneno—. Pero no importa. Tendrá que obligarlos.

—Nos vamos pasado mañana.

—Déjeme ir con ustedes, señor Ignacio —pidió Matt—. Bibiana no me soporta ahora por la marca, pero en otro lugar, con el tiempo, aceptará mi presencia.

Ignacio dudó, pero terminó asintiendo.

—Está bien, Matt. Ven con nosotros. Solo dame la oportunidad de recuperarla.

Mientras tanto, en el piso de arriba, Elena entraba sin llamar a la habitación de su hermana.

—¿Ya terminaste de empacar, hermanita?

—Sí —respondió Bibiana sin mirarla—. Mañana, apenas amanezca, me voy.

—Perfecto. Espero que esta vez no regreses.

—No te preocupes. No volverás a verme —dijo Bibiana, cerrando la puerta en la cara de su hermana.

Elena sonrió maliciosamente en el pasillo, saboreando su victoria.

Afuera, en la penumbra de la calle, los dos vigilantes de Marcelo permanecían inmóviles.

—¿Pudiste escuchar algo?

—Sí. El humano planea huir con sus hijos pasado mañana.

—Hay que informarle al Jefe de inmediato.

—Tranquilo —respondió el segundo con una sonrisa gélida—. No van a escapar. Esta vez nuestro Jefe no lo permitirá... por algo viene personalmente a este lugar.

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