Entre secretos prohibidos y un vínculo imposible, ¿será el amor su única salida… o la razón de su caída eterna?
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La Invitación
La lluvia continuaba cayendo cuando Caleb salió de la biblioteca.
El aire fresco impregnó el campus universitario con el aroma de la tierra mojada. Los estudiantes caminaban deprisa bajo paraguas de distintos colores, riendo mientras corrían hacia los edificios para evitar empaparse.
Caleb avanzó con la misma tranquilidad de siempre.
No llevaba paraguas.
Las gotas resbalaban sobre su cabello oscuro y su amplio suéter blanco, pero no parecía importarle.
A pocos metros de la entrada principal, una profesora se cruzó con él.
—¡Caleb! Justo te estaba buscando.
El joven levantó la vista y sonrió con educación.
—Buenas tardes, profesora.
—El decano quiere verte en su oficina cuando tengas un momento. Dijo que es algo relacionado con una beca de investigación.
—Entiendo. Iré enseguida.
La profesora asintió antes de alejarse por el pasillo.
Caleb continuó caminando.
Una beca.
Aquello era extraño.
Él nunca había solicitado ninguna.
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En la comisaría, Ian seguía revisando las imágenes recuperadas de las cámaras.
Había detenido el video exactamente en el instante en que aparecía aquella figura vestida de negro.
Amplió la imagen una y otra vez.
Nada.
El rostro permanecía oculto por la lluvia y la mala calidad de la grabación.
Uno de los agentes entró apresuradamente.
—Detective.
Ian levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
—Investigamos el historial universitario de Caleb.
—¿Y?
—Es impecable. Las mejores calificaciones de su generación. Ninguna sanción disciplinaria. Profesores que hablan maravillas de él.
Ian apoyó lentamente la espalda en la silla.
Aquello complicaba aún más las cosas.
Cuanto más investigaba a Caleb, más perfecto parecía.
Y eso, precisamente, era lo que despertaba sus sospechas.
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En la Torre Black Crown, Draven contemplaba la ciudad desde el ventanal de su despacho.
Uno de sus hombres dejó una carpeta sobre el escritorio.
—Conseguimos acceder parcialmente a los registros de la universidad.
Draven abrió la carpeta.
En la primera página aparecía una fotografía reciente de Caleb.
Debajo de ella solo había una frase.
"Becario de excelencia. Expediente sin anomalías."
Draven dejó escapar una leve sonrisa.
—Las personas más peligrosas suelen tener los expedientes más limpios.
Cerró la carpeta.
—No interfieran con su vida universitaria.
El subordinado pareció sorprendido.
—¿Debemos esperar?
—Sí.
Draven volvió la vista hacia la lluvia.
—Quien lo está observando terminará cometiendo un error.
Y cuando eso ocurra...
Nosotros estaremos preparados.
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Caleb llegó finalmente al edificio administrativo.
El pasillo estaba casi vacío.
Frente a la puerta del despacho del decano respiró con calma y llamó dos veces.
—Adelante.
Al entrar encontró al decano sentado tras su escritorio.
Pero no estaba solo.
En uno de los sillones había un hombre de traje gris que Caleb jamás había visto.
Su expresión era amable, aunque sus ojos analizaban cada movimiento del estudiante.
El desconocido se levantó despacio.
—Así que tú eres Caleb.
El joven respondió con una inclinación cortés de la cabeza.
—¿Nos conocemos?
El hombre sonrió.
—Todavía no.
Extendió una tarjeta sobre el escritorio.
—Represento a una fundación que busca estudiantes con talentos excepcionales. Nos gustaría hacerte una invitación.
Caleb tomó la tarjeta entre sus dedos.
No mostraba ningún logotipo.
Solo un nombre grabado en letras negras.
Fundación Helix.
Durante una fracción de segundo, la sonrisa de Caleb desapareció.
Tan rápido como había ocurrido, volvió a mostrar su expresión tranquila.
Guardó la tarjeta en el bolsillo de su suéter.
Y, sin dejar de mirar al desconocido, preguntó con absoluta serenidad:
—¿Qué clase de talento creen que tengo?
El hombre respondió con una sonrisa difícil de interpretar.
—Eso es precisamente lo que queremos descubrir.
El despacho quedó en silencio.
Caleb sostuvo la mirada del visitante durante varios segundos.
Finalmente, una leve curva apareció en sus labios.
—Pregunta número seis...
Su voz fue apenas un murmullo.
—¿Qué resulta más peligroso... encontrar aquello que llevas años buscando o descubrir que nunca fuiste tú quien llevaba el control de la búsqueda?
Continuará...