🚨Está historia es intersexual, (Osea, mujer con sistema reproductivo de un hombre, comúnmente llamado p*ne) Si eres sensible a estás historias, por favor no leer. De igual manera, a veces lo que no nos gusta es porque nunca antes nos hemos atrevido a probar, así que no te prives de algo que nunca has probado.
Espero que os guste la novela. Dejen su Like y comentario. No olviden seguir para estar al tanto de cada capítulo que suba. Los episodios se subirán los lunes y viernes, gracias por todo😘 🚨
Alisha, es la jefa de la mafia: peligrosa, dominante... Valeria, aburrida de una vida que la consume, comete un error que cambiará todo: pedirle a Isabela que no la deje volver a su casa.
Ella no imaginaba que esa súplica sería tomada al pie de la letra. Ahora está atrapada en una jaula dorada, bajo el control de una mujer que mezcla crueldad con seducción, amenaza con un beso y castiga con una caricia.
Entre balas, risas oscuras y noches que arden, ambas descubrirán que lo prohibido pu
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Rusia En Mis Manos.
🥳Regalito🥳
—Todo listo. Ellos llegarán con unas horas de retraso, pero llegarán.
—Ok.
—Otra cosa, Adriana me llamó.
—¿Qué dijo?
—Que la llamara antes de despegar.
—¿Alguien más llamó?
—No, nadie más.
...Tenía la esperanza de que ella llamara, pero no lo hizo. ¿Por qué me importaba tanto? Era solo mi antídoto, ¿no?
—De acuerdo.
...No podía hacer más nada. Ahora solo necesitaba concentrarme en esa reunión y salir con buenos resultados. Debía enterrar mis emociones y convertirme en Alisha Rusca.
—Bien, no perdamos tiempo, ¡let's go!
...Nos subimos al avión privado; minutos después, ya estábamos despegando. Decidí dejar de pensar, o eso quise. Pero su rostro, su mirada desafiante, su cuerpo tembloroso... seguían atormentándome.
(...)
—Vaya, te ves demacrada, ¿no dormiste bien?
...Preguntó Diogo apenas me vio bajar del avión. Y sí, no pude dormir bien. Las pesadillas me habían asaltado durante toda la noche.
—No digas nada.
...Dije seria pasando por su lado para luego subirme a la camioneta que nos estaba esperando. Hoy, en la noche, era la reunión, y lo menos que quería era ponerme a practicar con él. Hoy, sí o sí, debo tener permiso absoluto sobre Rusia. Solo espero que esta reunión no se tarde como la última vez. La impaciencia me carcomía.
....
—Habla, ¿cómo va nuestro amigo aquí?
—Tengo malas noticias.
...Sentada sobre la silla de cuero y con un vaso de whisky en mis dedos sin hielo, lo moví lentamente; mi respiración era tranquila. Me di media vuelta quedando de espalda hacia Diogo, dándome una hermosa vista del verde de las montañas. Pero mi mente estaba en otra parte, maquinando estrategias y anticipando traiciones.
—Este viaje será divertido, ¿no crees?
...Dije con un todo de voz sarcástico.
—Tal parece.
...Lo escuché decir. Me di media vuelta quedando frente a él de nuevo.
—Dime.
—La persona que nos estaba informando sobre el señor Kalashov nos traicionó; toda la información proporcionada era falsa.
—Mmm...
—¿Qué quiere que hagamos con él?
—Nada.
...Era muy fácil matarlo y ya, pero él se aprovechó de mi confianza, y sería una lástima matarlo sin ningún sufrimiento. Quería hacerlo pagar por su traición.
—Pero jefa...
—No te preocupes, déjalo tranquilo; que crea que no sabemos nada. Veamos qué nos dice frente a su jefe. Quiero ver el miedo en sus ojos.
—¿Dejará que él lo mate?
—Claro que no, pero antes debo asegurar su permiso.
...No hago nada sin antes pensarlo, por eso estoy donde estoy. Pero este es un asunto menor; no es necesario que yo me encargue, pero... si no lo hago, no será el único en traicionarme. Debía enviar un mensaje claro: la traición se paga con sangre.
—¿Habla del permiso de entrada a Rusia?
—¿No es obvio?
—Claro. En una hora es la reunión; ya está todo listo.
—De acuerdo.
(...)
...El lugar de la reunión fue diferente esta vez; presentía que algo pasaría por el cambio de lugar, pero no me asustaba; antes me emocionaba. El peligro era como una droga para mí.
—Jefa, ya estamos listos.
...Comunicó Diogo cuando estaba a punto de entrar al lugar. No me preocupaba nada; nadie haría algo por lastimar al otro estando todos reunidos, pero nunca quita el que se crea el valiente. Salí del carro, acomodé mi arma en la cintura y luego mi traje. Necesitaba estar preparada para cualquier eventualidad.
—No te preocupes, no creo que nadie haga nada hoy.
...Yo lo tenía claro; nadie viene a estas reuniones con solo los guardaespaldas, por eso nadie hace nada, porque, por mi fuera, ya había matado a ese Kalashov, pero eso sería ganarme de enemigos a los demás, y en este mundo nadie sobrevive solo. Debía jugar mis cartas con cautela.
—Lo sé, pero no queda demás.
...Diogo siempre era el más precavido, y eso me gusta de él. Necesitaba a alguien que me mantuviera conectada a la realidad.
—No perdamos tiempo, andando.
...Decidimos entrar. Dentro del lugar, el ambiente era frío, oscuro, con olor a sangre, con ego de superioridad y peligroso. Todo olía a los líderes de este mundo, un mundo lleno de engaños, sufrimiento, matanzas, soledad... todo mostraba eso, pero había algo más; había ese ambiente de que algo pasaría aquí, y, para ser sincera, sentir eso fue un placer, porque me emociona el peligro.
...La sala se sentía aún peor; la tensión se sentía a lejos, las miradas de 'yo soy más poderoso que tú' no faltaron. Nadie aquí era amigo de nadie, mucho menos confiaban en el otro; lo único que los unían era el acuerdo que habían dejado los mayores en nosotros, porque sí, antes eran nuestros padres quienes asistían a estás reuniones, pero después que algunos de nuestros padres (incluyendo al mío) murieron, el mando pasó a nosotros y con eso pasó también (ese pedazo de papel que para mí no sirve ni un culo) pero que todos debemos seguir, pero ya me estoy hartando de eso, porque odio ser mandada por alguien que quiero ver muerta. Ese acuerdo era como una soga alrededor de mi cuello.
...Todos estábamos sentados en la mesa redonda (somos seis en total) esperando que llegara la señora Satō. Luego de hacerse esperar, entró al salón, como siempre con una docena de hombres detrás de ella.
(De verdad que la palabra 'arrogancia' le queda pequeña a ella) pero... así como tiene de arrogante, tiene de mala, por eso seré más mala que ella, porque la culpable de mi desgracia no vivirá mucho tiempo. Esa mujer era la responsable de la muerte de mi padre. Y yo me encargaría de hacerla pagar.
—Señora Rusca, ¿le gusto?
...Escuché decir a la señora Satō. Creo que estaba tan sumergida en mis pensamientos que no me olvidé del mundo. Me acomodé y le respondí.
—Disculpe mi sinceridad, pero usted no es de mi gusto.
...Dije con voz firme y cortante. Jamás sentiría algo por ella. Solo desprecio.
—Tranquila. Bien, ¿alguien me acuerdo cuáles son los acuerdos ya firmados?
...Ella comenzó a hablar. Yo me quedé mirándola. Cada vez que abre su boca, me dan ganas de meter mi arma en ella y descargarla dentro de ella. Pero calma, Alisha, todo a su tiempo. La paciencia es mi mejor arma.
—Para hacerlo más corto, los puntos a hablar son: mi permiso de entrada a la señora Rusca, y el acuerdo que hicieron nuestros padres. Los demás ya están todos listos.
...Dije Kalashov. Lo único de eso que realmente me importaba era ese acuerdo, porque, aunque ese acuerdo no ha traído tantas pérdidas, para ser sincera, era un acuerdo que no me favorecía, porque a la persona que más odio debía mostrarle respeto. Su sumisión me daba asco.
—Te diré algo, Kalashov: hoy mismo se firma ese acuerdo. Y para lo otro, es imposible llegar a un acuerdo. Nuestros padres hicieron ese acuerdo fue por una razón, y esa razón no debe ser tan mala ya que a nosotros nos ha servido, ¿no es así?
—No estoy de acuerdo. Mi padre me dijo que cuando hicieron ese acuerdo solo cuatro estaban de acuerdo, los otros dos se oponían, y para ser sincero, no creo que todos estén de acuerdo aquí, ¿o me equivoco?
...Dijo el señor Hilton. Todos comenzaron a murmurar entre ellos. Sonreí maliciosamente. Creo que ahora la mayoría están en contra, incluyéndome, claro. Era el momento de sembrar la discordia.
—Yo tengo algo que decir.
...Habló Kalashov mientras me miraba. Yo lo miré igual. Sus ojos brillaban con una mezcla de miedo y desesperación.
—Yo no puedo firmar ese permiso para la señora Rusca.
...Levanté una ceja. ¿Este idiota qué dirá ahora? ¿Acaso se había vuelto loco?
—¿Qué pasa? ¿Por qué no firmarás?
...Preguntó la señora Satō. Yo también me estaba haciendo la misma pregunta. ¿No se suponía que esos regalitos en cada envío eran para esto? La había sobornado durante años.
—Mire, señora Satō, la señora Rusca ha estado metiendo sus cargas gratis a mi territorio, y eso no está permitido...
...Resoplé. ¿Este me está exponiendo? ¿Acaso creía que iba a salir impune?
—Todos sabemos que eso no está permitido, pero a ella no le importaron las reglas. No le quise responder porque estaba esperando está reunión, para que usted, mi señora, la castigara por mí.
...Sentí mi sangre arder; hasta su todo de voz al hablar es tan falsa como su supuesto imperio; habla más firme un niño que él, maricón de cuarta. Todos me miraban, mientras yo lo miraba a él. Quería matarlo ahora mismo, desgraciado. Deseaba ver su sangre derramada en el suelo.
—¿De qué habla el señor Kalashov, señora Rusca?
...Pregunta la señora Satō; la volteo a mirar para luego responderle.
—Así es, señora Satō.
—¿Me puede explicar por qué ocurrió esto?
...Iba a responder, pero alguien se adelantó.
—Eso no se pregunta, señora Satō; ella rompió las reglas, y usted sabe que en este mundo las reglas son lo más importante.
—Sabes, anoche soñé que te arrancaba la garganta con mis propias manos.
—Ves, señora Satō, ahora me amenaza de frente.
—Te crees muy hombre, pero siempre andas escondiéndote detrás de una mujer.
...Antes pensé que él era así porque estábamos en su territorio, pero ahora creo que de verdad es un maricón. Su cobardía me daba asco.
—¡¡Se callan los dos!!
...Gritó la señora dejando su arma sobre la mesa. Todos, menos yo, se alertaron. En el momento en que ella me apunte con su arma, me dará motivos suficientes para meterle un tiro en la cabeza. Mi padre una vez me dijo: "Si quieres estar en este mundo, el miedo debe morir; de lo contrario, serás controlada toda tu vida", y si muero ahora, no me arrepiento de nada. Mi vista fue a los ojos de esa mujer; ella también me miraba, nos mirábamos fijamente, la tensión entre nosotras se cortaba con tijeras, como si con tan solo una frase algo descontrolaría todo. Luego de unos segundos, ella respiró hondo y se relajó; luego, habló. Podía sentir el odio emanando de su cuerpo.
—¡¿Me creen estúpida?! ¿O quieren que les muestre qué tan capaz soy?
...Decía mientras acariciaba su arma. Yo estaba esperando solo que ella actuara para así actuar yo también. Porque ganas de matar a unos cuantos aquí no me faltaban. Estaba lista para desatar el infierno.
—Ahora, señora Rusca, ¿me dirá qué está pasando?
...Dirigió su mirada a mí. Yo estaba seria, porque por fin me doy cuenta que ese tal Kalashov es solo una broma, y así dicen que es el más duro de Rusia? Qué chiste. Respiré hondo y hablé. Era el momento de dar mi golpe.
—Es cierto; todo lo que dijo él es cierto, pero... Este imbécil estaba al tanto de ello; de hecho, tengo pruebas de que él me dio el permiso, sin nombrar que le daba una buena cantidad de mi carga por eso.
...Sentí la mirada pesada de él sobre mí al darse cuenta que ya estaba perdido. Sus ojos reflejaban el terror.
—¿Es cierto eso?
...Preguntó la señora Satō. El trago grueso. Los demás murmuraban mientras lo señalaban, entonces entendí que esté ya estaba comiendo de mis manos. Kalashov nada que respondía, porque él sabía que en el momento que tenga permiso de entrar gratis, el ya no serviría para nada, porque en el fondo sabe que es más la fama que tiene de lo que puede hacer. Era un simple peón en mi juego.
—¡Responda!
...Gritó la señora Satō golpeando la mesa. Yo solo sonreí. Parece que lo cambiaron; no parece el mismo de las anteriores reuniones, o tal vez yo no le había prestado tanta atención. Su debilidad me daba asco.
—Eeh...
—Ya no es necesario.
...Dijo la señora Satō. Yo había escuchado del poder que tenía el padre de Kalashov en Rusia; todo el mundo lo respetaba, pero parece que eso se fue cuando él murió, ya que su hijo es tan cobarde como su misma palabra. Pero eso es bueno; así será mucho más fácil. Pero viéndolo bien, ¿por qué Salomón me traicionó? Le puedo brindar mucho más que este inútil. ¿Acaso había subestimado a Kalashov?
—Bien, ya que ambos están de acuerdo en que la señora Rusca entre al país con su carga...
...Una carpeta fue entregada a cada uno.
—Firmen; después de la firma, ya no tendrá que pagarle nada.
...Genial; este país será mío, y solo mío. El poder era mi única adicción.
—No sonrías, ni creas que podrás adueñarte de este país, no mientras yo esté vivo.
...Solo le sonreí. No creo que tenga mucho que ofrecer, ya que hoy ha dejado el legado de su padre por el piso. Su amenaza era patética.
—Eso te dijo él? Y le crees?
...Él sabía de quién le estoy hablando. Quería verlo sufrir.
—Claro que sí, o es que ese no es tu plan?
—No sé.
...Terminamos de firmar y nos intercambiamos documentos. Sellé mi destino con sangre.
—Tú no eres nadie fuera de tu país, y aquí no harás lo que quieras.
...Le volví a sonreír finalizando de firmar el papel. No necesitaba hablar, porque mi objetivo no es solo su país. Su ingenuidad me daba asco.
—Listo, eres bienvenido a mi país cuando quieras.
—Bien, ambos ya firmaron, eso quiere decir que problema resuelto. Y lo último, sobre el acuerdo de nuestros padres...
...Sí, ese tema sí me interesa. Porque estoy cansada de ser mandada por alguien más, como si fuéramos niños de kinder. Necesitaba romper las cadenas que me ataban al pasado.
—Yo seré sincera: es un acuerdo absurdo, pero por años ese acuerdo nos ha servido para no meternos con el otro, para andar bajo las sombras como nos plazca, para no tener tantos muertos...
...Claro, porque ella derramó sangre para estar donde está, piensa que los demás haremos lo mismo. Pero tiene razón en algo: ese acuerdo nos permite movernos sin mucho ruido en este mundo, pero si quiero que mi plan funcione, ese acuerdo debe terminar. Estaba dispuesta a sacrificar todo para alcanzar mi objetivo.
—Por eso estoy en contra de que ese acuerdo se rompa.
—Yo también.
—Yo también.
...Bueno, tres de seis; con cuatro que estén de acuerdo, ese acuerdo continuará, y eso es algo que no debe pasar. No podía permitir que mi plan se viera frustrado.
—Yo no estoy de acuerdo.
...Dijo un hombre que estaba justo a mi lado; sentí que tenía esperanza. Necesitaba un aliado.
—Yo tampoco estoy de acuerdo en que se rompa.
...Dije, esperando que al menos empatáramos, pero, por desgracia, el último voto era el de Kalashov.
—Yoo...
...Él nos miraba a todos. Ojalá no sea que está de acuerdo. La tensión se podía sentir en el aire, o al menos eso sentía yo, porque un empate quiere decir que se hará otra reunión. Yo lo miré y justo él me miró; luego soltó una sonrisa burlona y respondió.
—Yo estoy de acuerdo en que...no se rompa.
...¡Mal nacido! Solo lo hizo para joderme. Lo miré con ganas de cortarle el cuello ya mismo, pero... Contuve mi ira. Todavía no era el momento.
—Bien, la reunión se levanta. Vamos a cenar para celebrar, yo invito.
...Dijo levantándose de la mesa sonriente. En cambio a mí, la sangre me hervía del coraje que sentía. Estaba a punto de estallar. Entonces me levanté también; luego dije:
—A mí me perdonarán, pero no asistiré.
...Dije para luego salir de esa habitación; sentía que me ahogaría si no salía de allí pronto. Necesitaba respirar.
—¡Señora Rusca, espere!
...Escuché decir a la señora Satō, pero no me detuve; debía salir de aquí rápido. A pasos ligeros salí de ese lugar, me subí al auto para luego Diego poner en marcha el auto. Llegamos a casa; fui directo a servirme un trago, me tomé el trago, y sin darme cuenta el vaso salió disparado de mi mano golpeando la pared con un chasquido seco, un estallido agudo que quebró el silencio de la sala.
~¡Craash-tchhh!~
...Por un instante, el sonido pareció quedarse suspendido en el aire; hasta mi respiración se había pausado, hasta que Diogo se acercó. El alcohol no era suficiente para calmar mi furia.
—Alisha...
...Solo me había tomado un trago, pero sentía el olor a alcohol, o tal vez solo era rabia. El sabor amargo de la derrota se extendía por mi boca.
—Debes tener paciencia. Sabíamos que no sería fácil...
—¡Ya son años en esto, Diogo! ¡Esto no es de ahora, tú mismo lo sabes!
...Desde que me enteré quién fue la persona que le arrebató la vida a mis padres, me propuse quitarle la suya con mis propias manos, pero es difícil cuando esa persona es alguien que no puedes tocar. Su recuerdo me atormentaba.
—¡Claro que lo sé! ¿Crees que a mí no me da rabia? ¡Claro que sí, pero la paciencia es la clave del éxito, y lo sabes!
...De la rabia que tenía, estaba a punto de estallar, pero él tiene algo que siempre me hace calmar.
—Pero...
—¡Alisha!
...Él levantó un poco la voz; yo lo miré mientras levantaba una ceja. Diogo es una de las pocas personas que me ha levantado la voz y sigue con vida.
—¿Me levantaste la voz?
—No escuchas; no tengo de otra. Además, Valeria te vive gritando, pero aun así no le dices nada, y yo, amigos de años, pero te enojas si te levanto un poco la voz.
...Dijo cruzándose de brazos. Cerré mis ojos mientras suspiraba. Parece que a Diogo no le cae bien Valeria. ¿Por qué me importaba lo que pensara de ella? Pero...
—Señorita Valeria para ti. Oye, ¿me puedes decir por qué no te cae bien Valeria?
—Oye, ¿no estábamos enojad@s no hace mucho?
—Tú lo dijiste: "La paciencia es la clave del éxito".
...Dije mientras me servía otro trago. Apenas escuché el nombre de Valeria, me calmé por completo; fue como si tomara analgésico para el dolor. ¿Qué me estaba haciendo esa mujer?
—¿Quieres uno?
...Le ofrecí un trago.
—De acuerdo.
...Serví los dos trago, los cuales lo terminamos de una vez para luego servir otro, y otro, y otro más...
—No más; sabes que no puedo emborracharme.
...Dijo él cuando ya íbamos por el quinto trago.
—Soy tu jefa, ¿quién te despedirá si no llegas temprano? Nadie.
...Le dije. Él solo sonrió. Yo entendía por qué no podía tomar mucho: estábamos en un país ajeno sin tanto personal; eso es riesgoso. Su responsabilidad me daba seguridad.
—Sabes que no es por eso.
—Lo sé. Está bien, ya no tomes más.
—Sí.
...Nos quedamos en silencio, ambos sentados en los muebles de la sala.
—Dime, ¿por qué ella aún no me escribe? Le dejé un celular en la mesita de noche, ¿acaso no lo ha visto? ¿O no me quiere escribir?
—Eeh...
—No, mejor no respondas. Es mejor así. Ah! Otra cosa, ¿dónde está nuestro hombre?
...Él me sonrió. Levanté una ceja. Sabía lo que estaba por venir.
—¿Dónde?
—¿Dónde más si no? Es obvio que aquí.
...Sonreí. La venganza es un plato que se sirve frío.
—Bien, ¿hace cuánto que no te diviertes?
—Desde lo de Ortega.
—Bien, entonces hoy es tu día de suerte.
...Ambos sonreímos; una sonrisa que lo único que mostraba era frialdad.
—Vamos; después de esto, en tu habitación te esperaba una sorpresita.
—Eso suena genial, pero dime, ¿no seré la única, o sí?
...Él sonrió; entonces supe que la noche era de los dos. La lujuria era otra forma de escapar de la realidad.
—¿Qué esperamos? Vamos.
...Ambos nos pusimos de pie, y sin pensarlo nos dirigimos donde estaba el traidor, pero hasta hoy lo sería. Hoy pagaría por su traición con sangre.