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Destinada al Alfa que Rechazó el Vínculo

Destinada al Alfa que Rechazó el Vínculo

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Hombre lobo / Reencarnación / Completas
Popularitas:51
Nilai: 5
nombre de autor: Rosana Lyra

Él la rechazó. Ella decidió hacerlo caer de rodillas.

Cillian Voss es el Alfa de Luna Roja: multimillonario, controlador y roto por dentro. Hace más de dos décadas enterró a la mujer que amaba y, con ella, cualquier intento de volver a sentir. Su manada lo respeta. Sus enemigos lo temen. Pero nadie conoce al hombre herido que se esconde tras esa mirada helada.

Aurora Hale, futura Alfa de Estrella de la Mañana, nunca fue de las que bajan la cabeza. Inteligente, provocadora y peligrosamente decidida, creció aprendiendo a moverse entre el poder, el orgullo y la manipulación.

Durante la celebración de la Luna Azul, un vínculo imposible despierta entre los dos.

¿El problema? Cillian se niega a aceptarlo.

Para él, el destino es una maldición cruel. Para Aurora, el rechazo es apenas el comienzo del juego.

Mientras el deseo crece de forma obsesiva y sus lobos se resisten a la separación, ella toma una decisión: no será la mujer que le ruega al Alfa de Luna Roja. Hará algo mucho más peligroso.

Lo hará perder el control.

Porque hay lazos que no se pueden romper. Y hay Alfas que terminan de rodillas antes siquiera de darse cuenta de que están enamorados.

NovelToon tiene autorización de Rosana Lyra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Solté el aire despacio, notando cómo crecía el peso de la irritación. Ya no quería hablar de esa noche.

—Rechazo el vínculo —dije con todas sus letras—. No voy a aceptar a una sustituta de Lyris.

Logan mantuvo la vista fija en mí.

—Nadie sustituye a nadie.

—La Diosa cree que sí —contraataqué, amargo—. Fue tan cruel que tomó a otra hembra, Aurora, y le dio la misma cara. —Se me oprimió el pecho solo de decirlo—. La misma estatura, un cuerpo parecido… hasta la maldita sonrisa. Es inhumano. Es como restregarme el pasado en la cara.

Pensé en Aurora, en la forma en que me había mirado, como si ya me conociera por dentro. El beso volvió como un recuerdo involuntario, fugaz, pero lo bastante intenso para calentarme la boca otra vez.

—No voy a pasar otra vez por el dolor de perder a alguien, Logan. —Mi voz bajó, más grave—. No importa lo que opine la Diosa. No importa lo que quiera mi lobo.

Por algún motivo, sonrió. Una sonrisa pequeña, de lado, que me irritó al instante.

—¿Qué pasa? —gruñí.

—Nada. —Negó con la cabeza, pero el brillo en sus ojos siguió ahí—. Solo pensaba que, si la Diosa es tan tonta, parece tener un sentido del humor interesante.

—Logan.

Respiró hondo, haciendo girar el vaso, y luego señaló con discreción un punto más adelante, al otro lado del claro.

—Parece que la destinada del Alfa, entonces, está haciendo lo correcto.

Seguí la dirección que indicaba. Tardé un segundo en encontrarla… pero cuando la encontré, el mundo volvió a estrecharse.

Aurora estaba unos metros más allá, junto a otra mesa, conversando con un macho al que no conocía bien, pero reconocía de vista. Un Alfa de rango menor de una de las manadas pequeñas. Estaba inclinado hacia ella, con el cuerpo vuelto en su dirección, claramente encantado con lo que veía.

Y ella… ella sonreía. No con la sonrisa controlada de quien tiene que guardar las apariencias. Una sonrisa abierta. Viva. Dirigida a otro macho.

Los puños se me cerraron antes de que me diera cuenta. El rechinar de mis dientes fue lo bastante fuerte para que Logan lo oyera. Un gruñido bajo se me escapó de la garganta, vibrándome en el pecho.

Su olor, aun mezclado con el de la fiesta, me alcanzó. Miel y canela, dulce y cálido… atravesado ahora por el olor masculino de otro. No era una marca, no era un vínculo, pero era demasiada cercanía. Demasiada atención.

Yo lo había provocado. Lo sabía.

Le había dicho que rechazaba el vínculo. Le había dicho que se mantuviera lejos de mí. Ella me advirtió que, si era así, encontraría a otro que sí lo aceptara.

Y ahí estaba. Cumpliendo exactamente lo que prometió.

—Es valiente* —susurró Hades, con un orgullo que solo me irritó más—. No se va a quedar sentada esperando a que decidas.*

Aquel macho inclinó más la cabeza y dijo algo que hizo reír a Aurora. El sonido de su risa llegó hasta mí, ligero, y golpeó con fuerza un lugar que yo creía cerrado desde hacía mucho.

Ella giró un poco el rostro y con ese movimiento el cuello quedó más expuesto. La piel clara, tentadora, en una línea perfecta que terminaba justo donde cualquier lobo marcaría. Donde yo marcaría.

Un segundo bastó para que mi imaginación me traicionara.

Vi la escena como si fuera real… él acercándose demasiado, apoyándole la mano en la cintura, inclinando el rostro, reclamando lo que no era suyo.

El aire me salió de los pulmones de golpe.

—No la va a tocar. —La frase salió atravesada, mitad gruñido, mitad promesa—. Se lo advertí.

Logan me miró de reojo.

—Acabas de decir que rechazas el vínculo.

—¿Y qué? —Me volví para encararlo, con los ojos ardiendo de rabia—. Rechazo ese vínculo ridículo que la Diosa volvió a meter a la fuerza en mi vida. Lo que no rechacé es que ella… —me interrumpí un segundo, tragándome lo obvio— pertenece a Luna Roja ahora.

—Pertenece a la Diosa —me corrigió Logan, tranquilo—. Y a sí misma. Tú estás en medio de esa ecuación, quieras o no.

Otro gruñido me subió por la garganta, más fuerte, y asustó a unos jóvenes que pasaban cerca.

—Le dije que hoy no se acercara a otro macho. —Apreté los puños todavía más, sintiendo que las uñas casi me perforaban la palma—. Ella lo sabe.

—Y aun así, ahí está —observó Logan, neutral—. Quizá porque aprendió de ti a desafiar órdenes.

Hades se rio, divertido e irritado a la vez.

—Te creaste un problema tú solo, Alfa.

Volví a mirar a Aurora.

Se echó el cabello hacia un lado al reírse de algo que dijo el otro macho. El movimiento dejó otra vez al descubierto el cuello, la curva del hombro, la línea del escote. El tipo inclinó el cuerpo un poco más, claramente interesado, claramente entusiasmado con la atención de ella.

Sentí cómo los celos subían como veneno caliente. Yo no creía en las segundas oportunidades. No creía en la Diosa. No creía que fuera capaz de sobrevivir a perder a alguien otra vez.

Pero en ese momento, con su olor mezclado con el de otro macho, con su sonrisa vuelta hacia una dirección que no era la mía, con el recuerdo de su boca tocando la mía… tuve la certeza de una cosa.

Si ese idiota se atrevía a extender la mano y tocarla, le arrancaría el brazo. Y eso sería solo el comienzo.

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