Micaela es una joven humilde y llena de sueños que gana una beca para estudiar Literatura en una de las universidades más importantes del país.
Allí conoce a Nicolás, el director: un hombre atractivo, poderoso y verdadero dueño de la universidad.
Todos conocen su fama: relaciones ocultas con alumnas y un corazón que nunca se queda con nadie.
Pero cuando Micaela llega, algo empieza a cambiar.
Ella no quiere dinero ni poder, solo estudiar y salir adelante.
Aun así, el amor aparece cuando menos se espera, incluso donde no debería existir.
#Contiene: #RomanceProhibido #DirectorYAlumna #DiferenciaDeEdad
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capitulo 20: ¿Me ama?
Minutos más tarde, Micaela permanecía llorando en el baño, sentada en el suelo. Malú, yendo hacia el baño en ese momento, no imaginaba que la encontraría así y captó fragmentos de lo que murmuraba entre lágrimas.
—Micaela, ¿por qué estás así? —preguntó Malú mientras la ayudaba a levantarse—. Dime ¿de quién te enamoraste?, ¿quién te hizo tanto daño?
—No es nada, Malú. Solo un recuerdo que duele, nada más —mintió, esperando que Malú no siguiera preguntando y no tener que contarle la verdad.
—Micaela, ¿de verdad no hay nada más? Puedes confiar en mí sabes cuánto te quiero —le dijo Malú, mirándola con afecto mientras tomaba sus manos.
—Estoy bien, Malú, no te preocupes. Iré al salón de clases —respondió con premura, evitando cualquier nueva pregunta.
Malú no dijo nada más. La dejó salir del baño, con esa sensación persistente de que algo no andaba bien con Micaela, una impresión que venía creciendo desde hacía semanas.
Al salir, escuchó una voz que la llamaba. Al girarse, se dio cuenta de que era la profesora Sonia, quien la observaba con un gesto de evidente disgusto y rivalidad.
—Acompáñeme, ahora mismo —ordenó la profesora Sonia, dejando claro que no era una invitación.
—Lo siento, no puedo. Voy a llegar tarde a clase —contestó Micaela, todavía afectada.
—Será mejor que hablemos. A las dos nos conviene —añadió, indicándole con la mano que caminara detrás de ella.
Micaela no estaba en condiciones de hablar, y lo que había escuchado minutos antes seguía dándole vueltas en la cabeza. A pesar de eso, la siguió.
Entraron a un salón vacío. La profesora señaló una silla y se sentó frente al escritorio. Micaela se sentó también, con una incomodidad que se le notaba.
—No sé qué crees que tienes con el director, Micaela, pero te equivocas si piensas que es algo especial. Yo llevo tres años compartiendo su cama y jamás me ha tomado en serio.
Así que no te hagas ilusiones. Nicolás no cambia, y no será contigo con quien lo haga—finalizó la profesora, sonriendo al percibir cómo Micaela luchaba por no mostrar lo mucho que aquellas palabras le afectaban.
—¿Por qué me dice eso, profesora? De verdad agradezco la intención, pero sinceramente no lo necesito --respondió Micaela, procurando no sonar grosera, aunque el cansancio por todo lo que venía viviendo ya se le notaba.
—Queda en usted decidir si me escucha o no; si no, terminará como yo, enamorada de un hombre que solo me busca para satisfacer sus deseos —agregó Sonia.
Micaela no quiso seguir escuchándola. Salió del salón apresurada, intentando no llorar. Tenía que controlar sus emociones, no dejarse vencer; sabía que cualquier desborde podía afectar a ese pequeño ser que llevaba en su vientre.
Llegó al salón donde le correspondía la siguiente clase, aunque le fue imposible concentrarse. Apenas terminó, salió sin demora y tomó una buseta que la llevó de regreso a casa. Su padre ya le permitía volver sola; le había impuesto un horario, y ella lo cumplía al pie de la letra.
Horas después, ya se encontraba en su hogar. Esperó con ansias la llegada de la noche, el único momento en que podría encerrarse en su cuarto y dejar escapar, al fin, el llanto que llevaba atorado en la garganta.
Llegó la noche, y con ella el peso del dolor. Micaela se encerró en su habitación y, ya sin fuerzas, dejó que el llanto fluyera, liberando todo lo que había contenido durante el día.
—No debí enamorarme de él no debí —se repetía entre sollozos, acariciando su vientre.
En otra parte — oficina del director
Como siempre, el director era el último en salir de la universidad. Últimamente pasaba horas extras, aguardando a que Micaela apareciera y poder contemplar la dulzura de su mirada antes de besarla. Pero al darse cuenta de que ya era tarde, tomó su chaqueta y salió, con un vacío repentino en el pecho.
*𝙰𝚕 𝙳𝚒́𝚊 𝚂𝚒𝚐𝚞𝚒𝚎𝚗𝚝𝚎*
Ya Micaela estaba en la universidad cuando el director la mandó a llamar. Aunque no quería ir, sabía que no podía negarse; por ello, reunió la última fuerza de voluntad que le quedaba y entró a su oficina. Apenas la vio, él se acercó, cerró la puerta tras ella y la abrazó.
—Señorita Chávez, ¿por qué no vino a verme? Me preguntaba qué le sucede —dijo él, notando un cambio en su semblante.
—Nada, señor director, estoy bien —respondió secamente, apartándose de él.
—Dígame la verdad, Micaela Chávez, para poder ayudarla —se acercó más a ella, y sin poder controlarse, la besó con intensidad. Pero ella parecía no corresponderle.
—No, suélteme, director. ¡No quiero que me bese más! —protestó Micaela, con las gafas casi a punto de caerse por la fuerza del beso.
—Señorita Chávez, dígame qué le pasa —insistió el director, percibiendo claramente su rechazo.
—No puedo seguir en algo que no tenemos claro. Dígame, ¿qué soy para usted? —se atrevió a preguntar Micaela, frustrada.
El director quedó atónito; nunca la había visto comportarse de esa manera y no encontró palabras. Se alejó un poco y caminó por la oficina, llevándose la mano a la barbilla.
—Señorita Chávez, usted es para mí…
—Respóndame, por favor —lo interrumpió Micaela con los ojos húmedos—. ¿Me ama?
La pregunta lo sumió en la confusión; nunca había tenido claridad sobre sus sentimientos hacia Micaela. Su silencio fue la respuesta, y ella, al notarlo, salió de la oficina sintiendo que no había lugar para su amor.