Marian Soler solo quería conservar su beca en Aurum Academy y conseguir el tratamiento que su hermana menor necesitaba. Pero una noche escucha una conversación que no debía: Demian Valcárcel, el heredero más poderoso de la universidad, está atrapado en un compromiso impuesto con Isabell Santoro.
Cuando Demian descubre la situación de Marian, le ofrece un trato imposible de rechazar: fingir ser su prometida durante seis meses a cambio de dinero, protección y acceso médico para su hermana.
Ella acepta por necesidad. Él la elige por conveniencia.
Pero en Aurum nada es gratis. Entre rumores, fiestas de élite, secretos familiares y una prometida dispuesta a destruirla, Marian tendrá que decidir si puede sobrevivir al mundo de Demian sin perderse a sí misma… ni caer por el heredero que juró no amar.
NovelToon tiene autorización de Tao P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8 — Una salida con precio
—¿Quiénes? —preguntó Marian.
—Mi padre. Los Santoro. Cualquiera que quiera presionarme a través de lo que escuchaste.
—Yo no quiero presionarlo.
—Pero pueden presionarte a ti.
Marian respiró hondo. Le temblaban las manos, así que las cerró.
—Aléjese de mi familia.
—No puedo.
—Sí puede. Solo decida no meterse.
Demian la miró con esa frialdad que parecía no dejar espacio para súplicas.
—Tu hermana está en el Hospital Santa Regina con un tratamiento atrasado y una deuda que crece más rápido que tus turnos. Tu madre ha solicitado dos prórrogas. Tú trabajas de noche, estudias de día y finges que puedes sostenerlo todo porque admitir lo contrario te parece una derrota.
Marian no se dio cuenta de que había dejado de respirar hasta que le dolió el pecho.
Cada palabra era una invasión.
Cada dato, una puerta forzada.
Pero lo peor era que no había mentira.
—Cállese —dijo.
Demian no se movió.
—No te lo digo para humillarte.
—¿Entonces para qué? ¿Para demostrarme que puede desnudar mi vida en un pasillo?
Sus ojos se endurecieron apenas.
—Para que entiendas que no estás en posición de fingir que esto no te afecta.
Marian sintió los ojos calientes.
No iba a llorar.
No frente a él.
No en Aureum.
—Usted no sabe lo que yo puedo sostener.
—Sé que llevas demasiado tiempo sosteniendo sola.
La frase la descolocó.
No fue suave.
No fue cálida.
Pero no sonó como burla.
Y por eso le dolió de otro modo.
Marian apartó la mirada primero. Odiaba haberlo hecho. Odiaba sentirse expuesta. Odiaba que Demian Valcárcel hubiera podido mirar su vida desde arriba y nombrarla con tanta precisión.
—¿Qué quiere? —preguntó al fin.
Demian no sonrió.
—Ofrecerte una salida.
Marian volvió a mirarlo.
—No quiero nada de usted.
—No has escuchado la oferta.
—No necesito escucharla.
—Sí necesitas.
—No.
—Marian.
Otra vez su nombre.
Controlado.
Bajo.
Como si pudiera detenerla.
Ella dio un paso para irse.
Demian habló antes de que avanzara.
—Puedo hacer que tu beca quede fuera de observación antes de esta tarde.
Marian se detuvo.
—Puedo cubrir la deuda médica de tu hermana sin que el hospital vuelva a llamarlas por pagos atrasados. Puedo conseguir que revisen su caso especialistas que tu familia no podría pagar ni vendiendo todo lo que tiene. Puedo impedir que mi padre toque tu expediente mientras estés bajo mi protección.
Marian se giró lentamente.
El corazón le latía tan fuerte que le costaba escuchar.
—¿Bajo su protección?
—Sí.
—¿Y qué tendría que darle a cambio?
Demian sostuvo su mirada.
En ese momento, Marian entendió que la oferta ya estaba preparada.
No era un impulso.
No era compasión.
Demian había pensado en ella como riesgo, como oportunidad, como variable.
Y había decidido convertirla en algo útil.
—Necesito romper mi compromiso con Isabell Santoro —dijo.
Marian sintió una punzada de alerta.
—Eso no tiene nada que ver conmigo.
—Puede tenerlo.
—No.
—Mi padre no aceptará una negativa directa. Los Santoro tampoco. Pero si existe otra prometida, una elegida por mí, el acuerdo deja de ser una obediencia automática y se convierte en conflicto público.
Marian lo miró sin entender.
O quizá entendiendo demasiado.
—Está loco.
—Estoy siendo práctico.
—Quiere usarme.
—Sí.
La honestidad le cortó el aire.
Demian dio un paso hacia ella, no suficiente para tocarla, solo para bajar la voz.
—Y tú puedes usarme a mí.
Marian sintió asco, rabia y miedo mezclados.
—No soy como ustedes.
—No dije que lo fueras.
—No voy a venderme.
La mirada de Demian se afiló.
—No confundas un contrato con una rendición.
—No disfrace las cosas.
—No lo hago. Sería una mentira pública. Seis meses. Reglas claras. Beneficios claros. Tú me ayudas a romper una alianza que no elegí. Yo protejo tu beca, tu nombre y el tratamiento de tu hermana.
Marian dio un paso atrás.
—No meta a Lía en esto.
—Ya está metida.
—Porque usted la investigó.
—Porque mi mundo investiga antes de tocar.
—Qué asco de mundo.
—Sí.
Otra vez esa aceptación seca.
Marian odiaba que no intentara parecer mejor de lo que era.
Odiaba que no le prometiera bondad.
Odiaba, sobre todo, que lo que ofrecía era exactamente lo que ella necesitaba.
—No —dijo.
La palabra salió débil al principio. La repitió con más firmeza.
—No.
Demian la observó.
—Piénsalo.
—No.
—No tienes que responder ahora.
—Ya respondí.
Marian giró y caminó hacia la salida del edificio con la visión un poco borrosa, pero la espalda recta.
No iba a dejar que ese hombre con voz fría y apellido dorado decidiera el precio de su vida.
No iba a darle a Aureum otra forma de humillarla.
No iba a permitir que Lía se convirtiera en una cláusula.