reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
NovelToon tiene autorización de karolina oquendo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Episodio 11: La jaula no me detiene
El encierro continuaba, pero ya no se sentía como una condena, no para Lucía, porque con el paso de los días había aprendido a convertir ese espacio reducido en algo útil, en un lugar donde su cuerpo descansaba lo necesario… y su mente trabajaba el doble, y aunque el tiempo avanzaba lento en apariencia, dentro de ella todo seguía moviéndose, creciendo, cambiando, igual que el bebé que llevaba en su vientre.
Seis meses… y acercándose a siete.
Ya no podía ignorarlo ni aunque quisiera.
El peso era más evidente, no solo al caminar, sino incluso al respirar en ciertos momentos, al inclinarse, al girarse en la cama, al intentar encontrar una posición cómoda que no le causara esa presión constante en la espalda baja, y aun así, no se quejaba, solo se adaptaba, porque no tenía otra opción.
Una de sus manos descansaba sobre su vientre mientras revisaba unos papeles, y en ese momento sintió un movimiento más claro que los anteriores, no solo una presión leve, sino algo más firme, más definido.
Lucía se detuvo.
—…vaya…
Murmuró en voz baja.
No sonrió ampliamente.
Pero sus ojos se suavizaron.
—Ya te haces notar.
Deslizó ligeramente la mano.
—Bien… eso es bueno.
No había miedo en ese momento.
Solo una certeza tranquila.
Estaba vivo.
Estaba bien.
Y eso… era suficiente para seguir.
Pero ese pequeño instante no la distraía de lo importante, porque apenas unos segundos después su expresión volvió a la normalidad, a esa calma calculadora que ya era parte de ella.
El plan avanzaba.
Lento.
Pero firme.
Las cartas con Laura seguían llegando, siempre discretas, siempre bien manejadas, y cada respuesta traía información útil, avances del proyecto, posibles inversionistas interesados, nombres que poco a poco empezaban a formar una red que no dependía del ducado.
—Bien…
Pensó mientras leía.
—Muy bien.
El proyecto de cultivos no solo era viable… era prometedor, y eso era lo más importante, porque no se trataba solo de crear algo nuevo, sino de hacer que otros dependieran de ello, de mover el mercado poco a poco sin que nadie lo notara demasiado pronto.
Pero eso no era todo.
Lucía no olvidaba la otra parte.
La caída.
Porque no bastaba con irse.
No bastaba con sobrevivir.
—Voy a dejarlo sin nada…
Pensó con frialdad.
Y esta vez no era una idea impulsiva.
Era un objetivo.
Uno bien construido.
Mientras tanto, su cuerpo volvía a recordarle su estado, un ligero mareo al levantarse demasiado rápido la obligó a detenerse un momento, apoyándose en la mesa cercana mientras respiraba con calma.
—…tch…
Cerró los ojos unos segundos.
—Aún no…
Murmuró.
—No puedo descuidarme.
Esperó.
Respiró.
Y cuando el mareo pasó, volvió a moverse, más despacio, más consciente.
Ya había aprendido.
No podía forzarse como antes.
Pero tampoco iba a quedarse quieta.
Los sirvientes empezaban a cambiar.
No todos.
Pero algunos sí.
El trato hacia ella era diferente, más cuidadoso, más atento, ya no solo por miedo, sino por algo más cercano al respeto, porque incluso encerrada… Lucía seguía teniendo presencia, seguía teniendo control en pequeñas cosas que otros no notaban.
—Tráeme lo que te pedí.
Dijo con calma a uno de ellos, señalando un dibujo.
Una planta específica.
El sirviente asintió.
—Sí, duquesa.
Sin dudas.
Sin retrasos.
Y eso…
Era avance.
Kilian, por su parte, no estaba tan tranquilo como parecía.
Al inicio, el encierro fue una decisión simple para él, una forma de castigo, una manera de imponer control, pero con el paso de las semanas… algo no encajaba.
Lucía no reaccionaba.
No pedía.
No suplicaba.
No buscaba salir.
Nada.
—…¿Qué está haciendo?
Murmuró una noche.
Porque ese silencio…
No era normal.
Y lo peor era que empezaba a incomodarlo.
Sin darse cuenta, empezó a buscar excusas para acercarse, para pasar cerca de esa ala del ducado, para preguntar indirectamente a los sirvientes, pero las respuestas siempre eran las mismas.
—La duquesa está tranquila.
—Descansando.
—No ha causado problemas.
Eso no le gustaba.
Para nada.
Nieves, en cambio, sí había cambiado.
Aunque intentaba mantener su imagen, la humillación que sufrió no había desaparecido del todo, y eso se notaba en pequeños detalles, en su forma de hablar, en su necesidad de reafirmarse constantemente, de mostrarse superior, de demostrar que seguía teniendo el control.
Y por eso…
Seguía visitando a Lucía.
—Deberías haber aprendido ya…
Dijo una tarde, sentándose sin permiso.
—Después de todo lo que pasó.
Lucía no respondió de inmediato.
Solo la miró.
Luego bajó la mirada lentamente hacia su vientre.
El bebé se movió otra vez.
Suave.
Constante.
Y su mano se apoyó ahí casi por reflejo.
—No te preocupes…
Murmuró en voz baja.
No para Nieves.
—Todo está bien.
Nieves frunció el ceño.
—¿Me estás ignorando?
Lucía levantó la mirada.
Tranquila.
—¿Dijiste algo importante?
Silencio.
Tenso.
Pesado.
Nieves apretó los labios.
—Sigues igual de molesta…
Lucía inclinó apenas la cabeza.
—No.
Una pausa.
—Estoy ocupada.
Y eso…
Fue peor que cualquier insulto.
Esa noche, Lucía no durmió bien.
El bebé se movió más de lo habitual, obligándola a cambiar de posición varias veces, a acomodarse con cuidado, a respirar más lento hasta encontrar un punto donde el cuerpo dejara de quejarse, y aun así, no perdió la calma.
—Ya falta menos…
Susurró en la oscuridad.
Su mano sobre el vientre.
Firme.
Protectora.
—Aguanta…
Una pausa.
Sus ojos se abrieron lentamente.
—Porque cuando llegue el momento…
Su mirada se endureció.
—Nos vamos.
Y esta vez…
Nada iba a detenerla