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TODOS LLORARON EN MI FUNERAL… EXCEPTO ÉL

TODOS LLORARON EN MI FUNERAL… EXCEPTO ÉL

Status: En proceso
Genre:CEO / Venganza
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Jonathanf

Todos lloraron cuando Isabella Morel murió. Todos… excepto su esposo. Alexander Vega, el hombre más poderoso y temido de la ciudad, permaneció inmóvil frente al ataúd de la mujer que juró amar para siempre. Sin lágrimas. Sin dolor. Sin explicaciones. Pero lo que nadie sabe… es que Isabella sobrevivió. Ahora, escondida bajo una nueva identidad, regresará para descubrir quién intentó matarla y por qué el hombre que aún ama parece ocultar secretos capaces de destruirlo todo. Porque detrás del imperio Vega hay mentiras, traiciones y una verdad tan peligrosa… que alguien estuvo dispuesto a enterrarla viva para mantenerla oculta. Y esta vez, Isabella no volverá como víctima. Volverá para hacerlos caer a todos.

NovelToon tiene autorización de Jonathanf para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La mujer dentro del automóvil

Alexander Vega permaneció inmóvil en medio de la casa abandonada.

El teléfono de Isabella seguía iluminando débilmente su rostro mientras el mensaje continuaba abierto en la pantalla.

> “Ella ya comenzó a recordar quién murió realmente aquella noche.”

El silencio alrededor se volvió insoportable.

Alexander sintió cómo algo frío comenzaba a extenderse lentamente por su pecho.

No.

Todavía no.

Isabella no podía recordar eso.

No después de todo lo que había hecho para impedirlo.

Apretó el teléfono con fuerza mientras intentaba controlar la rabia creciendo dentro de él.

Porque aquel mensaje solo podía significar una cosa:

Marco De Luca estaba jugando con ellos.

Otra vez.

Alexander cerró los ojos apenas un segundo.

Y entonces recordó el instante exacto en que encontró a Isabella aquella noche.

La autopista vacía.

El olor a gasolina.

El automóvil destruido contra la barrera de concreto.

Y sangre.

Muchísima sangre.

Pero no era Isabella quien debía estar allí.

El sonido de pasos lo obligó a volver al presente.

Dante Russo apareció desde el pasillo con expresión oscura.

Traía sangre en la camisa.

Y eso empeoró inmediatamente el ambiente.

Alexander levantó lentamente la mirada hacia él.

—¿Dónde está ella?

Dante permaneció en silencio unos segundos antes de responder.

—Segura.

Aquella respuesta no calmó absolutamente nada.

Alexander caminó lentamente hacia él.

—Te di una sola responsabilidad.

—Y sigo cumpliéndola.

—¿De verdad? Porque Marco De Luca acaba de entrar a una de tus casas, habló con Isabella y después desapareció.

La mandíbula de Dante se tensó apenas un instante.

Eso bastó para confirmar que también estaba perdiendo el control de la situación.

Y Alexander odiaba eso.

—Marco tenía ayuda interna —dijo Dante finalmente.

Alexander soltó una risa seca.

Peligrosa.

—¿Y acabas de descubrirlo ahora?

Dante sostuvo la mirada sin moverse.

—Hay alguien dentro de Vega Group moviendo información.

El silencio cayó violentamente entre ambos.

Alexander volvió a mirar el mensaje en el teléfono.

Y entonces algo hizo clic dentro de su cabeza.

Emma.

No.

Emma era muchas cosas:

* emocional

* impulsiva

* culpable

Pero no traidora.

Entonces pensó en otra persona.

Gabriel.

El hermano perfecto.

El hombre que jamás debía involucrarse.

Alexander sintió una punzada incómoda en el pecho.

Porque si Gabriel seguía investigando…

terminaría encontrando cosas que podían destruirlo todo.

Y lo peor era que Isabella jamás le perdonaría algo así.

Dante observó cuidadosamente su expresión.

—¿Estás pensando en él?

Alexander no respondió.

Pero Dante ya conocía esa mirada.

La misma que Alexander tenía antes de tomar decisiones peligrosas.

—No lo hagas —dijo Dante.

Eso llamó inmediatamente la atención de Alexander.

—¿Desde cuándo me das órdenes?

—Desde que empezaste a perder claridad por ella.

El ambiente se volvió helado.

Alexander avanzó lentamente hasta quedar frente a Dante.

—Ten mucho cuidado con lo que dices.

Pero Dante no retrocedió.

Nunca lo hacía.

—Marco está usando exactamente lo que siempre fue tu punto débil.

Silencio.

—Isabella.

Aquella palabra quedó suspendida en el aire.

Alexander apretó la mandíbula.

Porque odiaba admitirlo.

Pero Dante tenía razón.

Todo comenzó a descontrolarse desde el momento en que Isabella descubrió demasiado.

Y aún así…

incluso ahora…

Alexander seguía siendo incapaz de lastimarla.

---

Gabriel Morel observaba a Emma Sinclair desde el otro lado de la sala mientras intentaba procesar todo lo que acababa de escuchar.

Marco no trabajaba solo.

Aquella frase seguía repitiéndose dentro de su cabeza.

Porque significaba algo aterrador.

Había más personas involucradas.

Más secretos.

Más mentiras.

Emma parecía completamente destruida sentada en el borde del sofá.

Las manos le temblaban ligeramente.

Y Gabriel comenzaba a comprender que el miedo de Emma era real.

Demasiado real.

—Necesito que me digas toda la verdad —dijo él finalmente.

Emma levantó lentamente la mirada.

Sus ojos estaban húmedos.

Agotados.

—No existe una verdad simple en todo esto.

—Entonces empieza por el principio.

Emma permaneció callada varios segundos.

Como si estuviera debatiéndose entre escapar… o confesarlo todo de una vez.

Finalmente respiró profundo.

—¿Recuerdas el viaje de Isabella y Alexander a Milán hace dos años?

Gabriel frunció el ceño.

Claro que lo recordaba.

Después de aquel viaje…

la relación entre Isabella y Alexander jamás volvió a ser igual.

—Fue allí donde todo empezó a romperse —continuó Emma.

Gabriel cruzó los brazos.

—¿Por Marco?

Emma asintió lentamente.

—Alexander y Marco tenían negocios juntos mucho antes de que Isabella lo conociera.

Eso sorprendió inmediatamente a Gabriel.

—¿Negocios?

—Marco manejaba ciertas conexiones de Alexander en Europa.

Gabriel sintió incomodidad inmediata.

La manera en que Emma evitaba ciertos detalles dejaba claro que hablaban de cosas ilegales.

Cosas peligrosas.

—Entonces Isabella conoció a Marco en Milán.

Emma bajó la mirada.

—Y él se obsesionó con ella.

El silencio llenó la habitación.

Gabriel recordó inmediatamente el tipo de hombre que Marco De Luca siempre fue:

* encantador

* arrogante

* peligroso

Las mujeres solían acercarse demasiado rápido a hombres como él.

Y eso nunca terminaba bien.

—¿Mi hermana estuvo con él?

Emma tardó demasiado en responder.

Demasiado.

Gabriel sintió cómo el pecho comenzaba a tensarse.

—Emma.

—No lo sé exactamente.

—Eso no fue una negación.

Emma cerró los ojos.

—Isabella estaba muy mal emocionalmente en esa época.

La rabia comenzó a subir lentamente dentro de Gabriel.

—Así que sí pasó algo.

Emma levantó rápidamente la mirada.

—¡Ella amaba a Alexander!

—Eso no responde la pregunta.

Emma guardó silencio.

Y eso fue peor.

Muchísimo peor.

Gabriel comenzó a caminar lentamente por la sala intentando controlar los pensamientos que empezaban a aplastarlo.

Porque si Isabella realmente tuvo algo con Marco…

entonces Alexander tenía motivos muchísimo más personales detrás de todo aquello.

Entonces Emma habló otra vez.

Más despacio.

Más nerviosa.

—La noche del accidente… Isabella iba a encontrarse con alguien.

Gabriel se detuvo inmediatamente.

—¿Con quién?

Emma dudó.

Eso bastó para alterarlo todavía más.

—Emma.

—Con Marco.

El mundo pareció detenerse.

Gabriel sintió un vacío brutal en el estómago.

No.

No podía ser.

—¿Qué acabas de decir?

Emma comenzó a llorar nuevamente.

—Alexander descubrió los mensajes horas antes del accidente.

Gabriel retrocedió lentamente.

Y de repente todo empezó a sentirse muchísimo más oscuro.

Porque ya no parecía solamente una conspiración.

Ahora también parecía una historia de obsesión.

Celos.

Traición.

Y un hombre peligrosamente enamorado perdiendo el control.

---

Isabella permanecía sentada dentro del automóvil mientras Dante conducía por una carretera vacía.

El silencio entre ambos comenzaba a volverse insoportable.

Porque su cabeza estaba llena de preguntas.

Y cada respuesta parecía empeorar todo todavía más.

Marco.

Emma.

Alexander.

Milán.

La sensación de traición comenzaba a consumirla lentamente.

Pero había algo peor.

Una parte de ella seguía queriendo defender a Alexander.

Incluso después de todo.

Eso la hacía sentirse estúpida.

Débil.

Dante notó cómo ella comenzaba a quebrarse emocionalmente.

—No pienses demasiado esta noche.

Isabella soltó una pequeña risa amarga.

—¿Sabes qué es horrible?

Dante no respondió.

—Que ya no sé si alguna vez fui realmente feliz… o solo estaba viviendo dentro de una mentira.

Dante permaneció callado unos segundos.

Luego habló sin apartar la vista del camino.

—Alexander sí te amaba.

Isabella sintió dolor inmediato en el pecho.

—Las personas que aman no destruyen así.

Esta vez Dante sí la miró.

Y lo que había en sus ojos resultó extrañamente honesto.

—Las personas como Alexander sí.

Aquella respuesta la dejó completamente en silencio.

Porque sonó demasiado real.

Demasiado triste.

Isabella apoyó lentamente la cabeza contra la ventana.

Y entonces un recuerdo volvió de golpe.

La noche del accidente.

La lluvia.

Su teléfono vibrando constantemente.

Alexander llamándola una y otra vez.

Y luego…

otro vehículo detrás de ella.

Las manos de Isabella comenzaron a temblar.

Algo más ocurrió esa noche.

Algo importante.

—Detén el auto.

Dante frunció el ceño.

—¿Qué ocurre?

—Detén el maldito auto.

Dante frenó inmediatamente en el borde de la carretera.

Isabella respiraba agitada.

El corazón completamente descontrolado.

Porque acababa de recordar algo imposible.

No iba sola aquella noche.

Había otra mujer dentro del automóvil antes del choque.

Una mujer herida.

Cubierta de sangre.

Isabella cerró los ojos con fuerza intentando reconstruir la imagen.

Cabello oscuro.

Perfume dulce.

Y una voz.

Dios…

conocía esa voz.

Dante observó cómo el miedo comenzaba a apoderarse completamente de ella.

—¿Qué recordaste?

Isabella levantó lentamente la mirada.

Y por primera vez desde el accidente…

parecía verdaderamente aterrada.

—Había alguien conmigo en el auto.

El rostro de Dante cambió apenas un segundo.

Pero Isabella lo notó.

—Tú ya lo sabías.

Silencio.

—¿Quién era? —preguntó ella con la voz quebrada.

Dante apretó lentamente las manos contra el volante.

Porque esa era exactamente la parte que Alexander esperaba evitar.

Demasiado tarde.

Isabella comenzó a respirar más rápido.

—Dante…

Él finalmente habló.

Pero lo hizo muy despacio.

Como si cada palabra empeorara algo irreversible.

—La mujer que encontraron dentro del automóvil…

no eras tú.

El aire desapareció completamente de los pulmones de Isabella.

Las lágrimas comenzaron a acumularse inmediatamente en sus ojos.

Porque en ese instante…

recordó exactamente quién estaba con ella aquella noche.

Y el horror de aquella verdad…

hizo que deseara no haber recuperado jamás la memoria.

1
Eliana Galann
muy buena! al final nadie murio de verdad? solo fingieron sus muertes? mas capitulos por favor
Eliana Galann
Que suspenso! lo leido hasta el momento esta muy bueno, felicitaciones
Georgetth Rosemary
maaasssssd
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