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“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

“Crónicas Del Mundo Antes De Él”

Status: En proceso
Genre:Edad media / Mitos y leyendas / Mundo de fantasía
Popularitas:310
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: El comienzo del sufrimiento

El santuario estaba destruido.

Las llamas consumían árboles antiguos. El hielo cubría el suelo roto. Y la oscuridad de Alicia seguía extendiéndose lentamente como una enfermedad imposible de detener.

Anastasia respiraba agitadamente.

Incluso ella había comenzado a recibir heridas.

Pequeñas líneas de sangre recorrían su brazo y parte de su rostro mientras sostenía firmemente la espada divina.

Pero sus ojos azules seguían completamente firmes.

Alicia observó el campo de batalla en silencio.

Y entonces…

levantó lentamente una mano.

El ambiente cambió instantáneamente.

Una presión monstruosa cubrió todo el santuario.

Los cultistas comenzaron a retroceder aterrados incluso siendo aliados.

Porque reconocían aquella presencia.

La Autoridad de la Envidia.

Las sombras alrededor de Alicia comenzaron a deformarse violentamente.

Y entonces…

aparecieron.

Manos negras.

Decenas.

Cientos.

Brazos invisibles que distorsionaban el espacio mientras surgían desde la oscuridad absoluta.

Cecilia sintió que su cuerpo se congelaba del miedo.

Porque podía sentirlas…

aunque apenas lograra ver fragmentos de ellas.

Anastasia abrió ligeramente los ojos.

—¡Todos atrás!

Las manos se lanzaron violentamente.

El bosque explotó.

Casas destruidas. Árboles atravesados. Cultistas aplastados incluso por accidente.

La autoridad atacaba todo sin distinguir aliados o enemigos.

La madre de Cecilia levantó inmediatamente enormes barreras de hielo intentando proteger a los aldeanos.

—¡No se acerquen!

BOOM.

Varias manos atravesaron el hielo como si no existiera.

Anastasia cortó decenas de ellas con su espada divina mientras avanzaba hacia Alicia.

Pero eran demasiadas.

Muchísimas.

El cielo entero parecía cubierto por aquella oscuridad.

Entonces…

una de las manos apareció detrás de la madre de Cecilia.

Todo ocurrió demasiado rápido.

El padre de Cecilia gritó.

—¡NO!

La mano negra atravesó violentamente el pecho de la mujer.

El tiempo pareció detenerse.

Cecilia abrió los ojos completamente.

La sangre cayó lentamente sobre la nieve.

Su madre tembló apenas unos segundos.

Y entonces…

la mano desapareció.

El cuerpo de la mujer cayó hacia adelante.

—¡MAMÁ!

El padre de Cecilia la sostuvo inmediatamente antes de que tocara el suelo.

Sus manos comenzaron a llenarse de sangre.

—¡N-no…! ¡No, no, no…!

Cecilia corrió desesperadamente hacia ellos.

El mundo entero se había vuelto ruido.

Gritos.

Lágrimas.

Explosiones lejanas.

Pero ella solo veía a su madre.

La mujer respiraba con dificultad mientras sangre caía lentamente de sus labios.

Sus ojos amatista buscaron inmediatamente a Cecilia.

Y aun así…

intentó sonreír.

Anastasia apretó los dientes con furia.

La presión divina alrededor de su espada explotó violentamente.

—¡ALICIA!

Pero la Maga Oscura simplemente retrocedió lentamente entre las sombras.

Su expresión era extrañamente vacía.

Como si aquello no hubiera significado nada.

Y al mismo tiempo…

como si le doliera demasiado.

Entonces habló.

Su voz recorrió todo el santuario destruido.

—Pronto llegará un chico.

El silencio cubrió el lugar apenas unos segundos.

Incluso Anastasia frunció ligeramente el ceño.

Alicia levantó lentamente la mirada hacia el cielo roto.

Las sombras comenzaron a envolverla lentamente.

—Les dejaré pasar veinticinco años…

Su voz sonaba distante.

Casi melancólica.

—Para que sean testigos del sufrimiento de ese chico.

Cecilia no entendía aquellas palabras.

Nadie las entendía.

Pero algo en la forma en que Alicia habló…

hizo que el ambiente se volviera todavía más aterrador.

Como si estuviera hablando de algo inevitable.

De una tragedia que todavía no comenzaba.

Anastasia sostuvo con fuerza su espada.

—¿De qué estás hablando?

Alicia sonrió apenas.

Una sonrisa triste.

Vacía.

—Un niño roto.

Las sombras comenzaron a tragarse lentamente su cuerpo.

—Que seguirá regresando incluso después de perderlo todo.

El viento recorrió violentamente el santuario.

Y por un instante…

Cecilia creyó escuchar algo.

Un sonido extraño.

Lejano.

Como un suspiro vacío dentro de la oscuridad.

Entonces Alicia desapareció.

Las sombras se desvanecieron junto con los cultistas restantes.

Y el santuario quedó en silencio.

Solo permanecieron: las llamas, las ruinas, y el sonido desesperado de Cecilia llorando junto al cuerpo herido de su madre.

Capítulo 8

El comienzo del sufrimiento — Parte 2

Las sombras desaparecieron lentamente del santuario.

Y con ellas…

Alicia.

La presión monstruosa de la Envidia finalmente se desvaneció dejando únicamente destrucción, humo y silencio.

Los cultistas restantes huyeron junto a la oscuridad.

Nadie intentó perseguirlos.

Porque todos estaban demasiado destrozados.

Las llamas seguían consumiendo partes del pueblo mientras la nieve creada por la magia de hielo comenzaba a derretirse lentamente mezclándose con sangre sobre el suelo.

Cecilia seguía arrodillada junto a su madre.

Temblando.

Llorando.

—Mamá… mamá no…

El padre de Cecilia sostenía desesperadamente a su esposa intentando detener la sangre con sus manos.

Pero ambos sabían la verdad.

La herida era mortal.

La mujer respiraba con dificultad.

Cada respiración parecía dolerle.

Y aun así…

sus ojos amatista seguían buscando únicamente a Cecilia.

—Mi niña hermosa…

Su voz era débil.

Pero cálida.

Como siempre.

Cecilia inmediatamente tomó su mano entre lágrimas.

—N-no hables… te vas a curar… mamá por favor…

La mujer sonrió suavemente.

Incluso ahora…

seguía intentando tranquilizarla.

—Escúchame…

Sus dedos temblorosos acariciaron lentamente el rostro de Cecilia.

—Un día… llegará alguien que te ame…

Las lágrimas seguían cayendo por las mejillas de la niña.

—Como tu padre me amó a mí.

El hombre cerró los ojos con dolor apenas escuchó esas palabras.

Porque sabía…

que ella se estaba despidiendo.

—Y amor…

La voz de la mujer comenzó a quebrarse.

—No caigas en la tristeza.

El viento recorrió lentamente las ruinas del santuario.

Las llamas iluminaban débilmente el rostro de Cecilia mientras lloraba desconsoladamente.

—Yo siempre estaré contigo.

La niña negó desesperadamente con la cabeza.

—No… ¡no! ¡No quiero eso! ¡No quiero que te vayas!

Su madre sonrió otra vez.

Pero esta vez…

sus ojos también estaban llenos de lágrimas.

—Lo siento…

Entonces miró lentamente hacia su esposo.

Y por un instante…

ambos se observaron en silencio.

Sin palabras.

Porque no hacían falta.

Habían vivido juntos. Amado juntos. Y ahora…

debían separarse.

El hombre apretó los dientes intentando no derrumbarse.

Pero las lágrimas terminaron cayendo igualmente.

—Te amo…

La mujer cerró lentamente los ojos apenas un instante.

—Yo también…

El silencio cubrió el santuario.

Y entonces…

su mano perdió fuerza lentamente.

Cecilia quedó inmóvil.

Sus ojos amatista abiertos completamente.

Como si su mente se negara a entender lo ocurrido.

—…Mamá…?

No hubo respuesta.

El viento sopló suavemente entre los árboles destruidos.

Y Cecilia comenzó a llorar todavía más fuerte.

Un llanto roto.

Desesperado.

Demasiado doloroso para una niña tan pequeña.

Muy cerca de ellos…

Anastasia observaba la escena en silencio.

Su espada seguía en su mano.

Pero ahora…

se sentía increíblemente pesada.

La Espada Santa bajó lentamente la mirada.

Y por primera vez desde que había llegado…

su expresión se quebró.

Culpa.

Una culpa enorme.

Porque ella había llegado para proteger el santuario.

Y aun así…

alguien murió frente a sus ojos.

Apretó con fuerza el mango de su espada.

Tanta fuerza que sus manos comenzaron a sangrar.

—…No fui suficiente.

Su voz apenas era un susurro.

El peso de esas palabras cayó silenciosamente sobre ella.

Porque Anastasia Artea del Alba era conocida como la mujer capaz de proteger a todos.

Pero esa noche…

había fallado.

Y mientras Cecilia lloraba abrazando el cuerpo de su madre…

Anastasia comprendió algo aterrador.

La tragedia acababa de comenzar.

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