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PRÉSTAME TÚ NOMBRE

PRÉSTAME TÚ NOMBRE

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lily Benitez

Elena sin memoria acepta fingir ser la novia de Nahuel que tiene un matrimonio arreglado y no quiere casarse con esa a la que eligió su familia, quien le promete averiguar sobre su identidad.

NovelToon tiene autorización de Lily Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

16- Sustituta

No soy Elena. Soy una sustituta. Una cara parecida. Un cuerpo que encontraron y que les sirvió para no perder la imagen familiar. Para que Duarte Logística no se fuera a la mierda en la bolsa.

Tengo un nombre prestado. Una vida prestada. Un papá prestado.

Subí a mi cuarto sin hacer ruido. Cerré la puerta. Puse la traba. Me tiré en la cama y me tapé con la almohada. No lloré. Las personas sin nombre no lloran. Las sustitutas tampoco.

Solo sentí agonía. Una agonía grande, que me apretaba el pecho y no me dejaba respirar. ¿Quién soy?

 ¿De dónde salí?

 ¿Tengo familia que me busca?

 ¿O no tengo a nadie y por eso me quedé?

Me dormí cuando ya entraba el sol. Soñé con una ruta. Con luces. Con gritos. Y con una voz que decía “aguantá, nena, aguantá”.

—Nena —papá me despertó a las once, con golpecitos en la puerta—. ¿Estás bien? No bajaste a desayunar.

Me senté. Tenía los ojos hinchados. Él no dijo nada. Solo me miró con esa culpa que le veo desde que “volví”.

—Vamos de compras —dijo—. Te compro lo que quieras. Vestidos, zapatos, carteras. Lo que sea. Para que te distraigas.

Quise decirle que no. Que no quería nada. Que quería mi nombre, no un vestido. Pero asentí. Porque las sustitutas sonríen. Porque las sustitutas no hacen problemas.

Centro comercial. 3:24 de la tarde.

Papá me dejó en la puerta de Tiffany & Co. con su tarjeta negra y dos de seguridad a diez metros.

—Comprá lo que te guste, mi vida —me besó la frente—. Te paso a buscar en dos horas. Germán viene a las cinco.

Asentí. Entré. No miré nada. No toqué nada. Solo caminé. Con 20 años y con un agujero en el pecho que ningún collar de diamantes iba a llenar.

Y ahí la crucé. Mala suerte. Karma. O Dios riéndose de mí.

Silvina Montenegro. 23 años, pelo planchado, uñas rojas, y una sonrisa de víbora que se comió al canario. Con dos amigas y con bolsas de Prune y Rapsodia.

—Mirá quién está acá —dijo, fuerte, para que todos la escucharan—. La recogida de la calle. La NN que ahora se cree princesa.

Sus amigas se rieron. La gente miró. Yo quise seguir de largo. No me dejó.

Se me paró adelante. Me midió de arriba abajo. Yo tenía jeans y una remera blanca. Ella, un vestido entallado en color blanco hueso y tacos de 12.

—Comprando tu ajuar, ¿no? —siguió, y levantó una bolsa—. Yo también. Mirá. Este es para el tocador de la noche de bodas. Con Nahuel Ibarra. ¿Te suena? El nieto de Octavio. Mi futuro marido.

Me mostró una foto en el celular. Lencería roja. Encaje. Etiqueta de Victoria’s Secret.

—Le encanta el rojo —dijo, y se lamió los labios—. A Nahuel, digo. Aunque bueno, a él le gusta todo. Es intenso. Es fuego. No como vos, que sos un témpano. Por eso se aburre.

Apreté las bolsas que no tenía. No le iba a dar el gusto de verme temblar.

—Él no te quiere —siguió, y dio un paso más cerca—. Sos una novedad. Una pobre chica sin memoria que le dio lástima. Te recoge, te usa, y después te tira. Como hizo con todas.

Sacó el celular otra vez. Pasó fotos. Nahuel en un boliche, con una rubia. Nahuel en la playa, con una morocha. Nahuel en un asado, con una pelirroja a upa. Todas colgadas de él. Todas riéndose. Todas siendo algo que yo no era.

—Mirá —dijo—. ¿Las ves? Todas más lindas que vos. Todas con apellido. Todas con pasado. Vos no tenés nada, Elena. Ni pasado, ni futuro. Solo un nombre que te prestaron.

Me ardieron los ojos. Pero no lloré. No acá. No delante de ella.

—Si sabés que es así —le dije, y me sorprendió lo firme que me salió la voz—, si sabés que no me quiere, ¿por qué insistís en casarte con él? ¿Por qué te gastás plata en encaje rojo para un tipo que, según vos, te va a cambiar por la primera que pase?

Silvina se rió. Tiró la cabeza para atrás. Las amigas la imitaron.

—Ay, nena —dijo, y me tocó la cara. Le saqué la mano de un golpe—. Porque no me importa con quién se acueste Nahuel. Puede cogerse a todo Formosa si quiere. A mí, a vos, a la empleada de mi casa. Me da igual. Porque al final del día, al final de la vida, la que firma los papeles soy yo. La que se queda con la estancia soy yo. La que se queda con Ibarra Logística soy yo. La dueña de todo.

Se acercó a mi oído. Olía a perfume caro y a veneno.

—Vos sos un polvo, Elena —susurró—. Un polvo con amnesia. Yo soy la esposa. Y las esposas no se cambian. Las esposas se heredan.

Se fue. Con sus amigas, con sus bolsas, con su encaje rojo. Riéndose. Dejándome parada en el medio del shopping, con 20 años y con la certeza de que tenía razón.

Yo era una recogida de la calle. Un nombre prestado. Una sustituta.

Ramiro me uso como esposa. Jerardo Duarte me usa como hija.

Y Nahuel Ibarra, el chico de los ojos que me hacían sentir viva, era el premio. El apellido. La empresa. Todo.

Salí del shopping sin comprar nada. Me senté en el cordón de la vereda. Sin seguridad, sin tarjeta negra, sin papá.

Y por primera vez en un mes, me largué a llorar. No por Silvina. No por Nahuel.

Lloré porque no sabía quién era. Y porque, al parecer, a nadie le importaba saberlo tampoco. Solo les importaba que me llamara Elena Duarte hasta que las acciones subieran.

Pensé en irme.

¿Pero a dónde?

Me golpeo la cabeza con ambas manos, quiero recordar.

¿Por qué no puedo?

¿Será que pase por algo muy traumático y por eso mi memoria se bloqueó?

Suspiro frustrada.

Con tal de recordar no me importa lo que sea.

Por ahora les seguiré el juego. No tengo a donde ir.

De última le enfrentare a German, acordare con él seguir en el papel de la hija recuperada si me ayudan a encontrar a mi verdadera familia. No se negara, me necesitan, segun escuche.

1
Maya
Decepcionan cuando son tan estúpidos en ser cobardes y no defender su amor y aceptar esas estupideces de contrato y más el doctor estúpido que elegido el contrato que a su hijo son cobardes
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena se acuerde de quien las choco y iba manejando era octavio y no Nahuel. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Maya
Tantp que mencionan la edad
Maya
Ese chico es un cobarde y pendejo
Cynthia Estefanía Galarza
espero que en la casa a Elena le den algo de lo que es alergica y sepa que es su hija, y que Nahuel y Elena se casen en secreto. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Claudia Patricia Cruz Saa
No entiendo sí no es su hija entonces quien es
Maria Carmen Rodriguez Mensia
!!! OHHHHH ,QUE BUENA HISTORIA ...GRACIAS ESCRITORA ...🌹
Maria Carmen Rodriguez Mensia
.!!De impacto!! buena buenísima!!...
Maria Carmen Rodriguez Mensia
!! Me encanta ,buenísima ,no la dejaré de leer hasta terminarla ...🌹👏👏
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena recuerde quien es. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Cynthia Estefanía Galarza
que le pida ayuda al doctor Daniel y a Nahuel que le diga que ellos no son su familia y la ayude a escapar. 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Fran Sánchez
Cómo ese tipo ,dio con ellos tan pronto 😅
Maya
Tenían que poner imágenes de su nuevo look
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena le pida a Nahuel que la acompañe. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
mariela
El viejo como que es un hueso duro de roer y cree que todo se tiene que hacer a su voluntad pero esta vez como que se va a equivocar porque Nahuel y "Elena" no se lo permitirán quiero leer ese enfrentamiento.
mariela
Son bellos los protagonistas quien es realmente ella para secuestrarla tenerla encerrada, drogada y borracha del sistema de desaparecidos porque quien ese hombre que lo hizo y quien le pago 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
mariela
Que paso realmente con Elena quien era el degenerado que la tenia encerrada 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Como la secuestro y desde cuando lo hizo 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Veremos que pasa si la ayuda Nahuel ella se decidirá aceptar la propuesta
🤔🤔🤔❓❓❓❓
Elizabeth Sánchez Herrera
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