Luciana Montreal siempre obtuvo lo que quiso.
Incluso a David Balbuena… el único hombre que alguna vez se le resistió.
Pero el deseo no siempre trae victoria.
Entre noches que la consumieron y una verdad que lo cambió todo, Luciana entendió que hay algo más peligroso que no tener a alguien… tenerlo y descubrir quién es en realidad.
Años después, convertida en una mujer poderosa e inalcanzable, ha construido un mundo donde nadie puede tocarla...
Hasta que el pasado regresa... y no viene solo: Un hombre que aún puede hacerla arder. Otro que ya decidió que será suya.
Entre el fuego que la desarma y el control que amenaza con atraparla, Luciana deberá enfrentar la única decisión que nunca pudo dominar: seguir lo que la consume… o no volver a perderse jamás.
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LA BODA
NARRADOR
Luciana fue al salón donde se celebraría la boda. Allí sería la ceremonia luego de pagar una buena suma de dinero.
David estaba esperando por ella, usando un traje de color azul cuando la vio llegar. Ella caminaba con su padre, tomada del brazo. Cada paso que daba lo hacía con seguridad, tal como si estuviese en el concurso de belleza más prestigioso al que había asistido.
Aquella noche, ella era una reina y lo sabía.
Los 150 invitados se pusieron de pie, todos vestidos de gala.
La señora Rossetti sonreía. Luciana la miró y sintió satisfacción.
Cuando los dos novios se reunieron, comenzó la ceremonia y muy pronto respondieron que aceptaban la unión con seguridad. Cada uno de ellos tenía un propósito diferente.
Sus familias se saludaron. Los Balbuena creían que finalmente David había sentado cabeza y que dejaría de estar de mujer en mujer. Esperaban que Luciana fuera la indicada para que él no volviera a sus andanzas. Los Montreal estaban convencidos de que ese matrimonio era un error y esperaban que su hija pidiera el divorcio muy pronto.
El vestido que Luciana usaba era largo, sofisticado y también sensual por su espalda descubierta. Cuando David puso la mano en su espalda desnuda, a ella se le erizó la piel. Él lo sintió y supo que la noche de bodas sería satisfactoria para los dos.
Algunos invitados se acercaron a saludar a los recién casados. Fue allí cuando David conoció a Amy y Luciana a los pocos amigos de su esposo.
Amy saludó con frialdad al esposo de su mejor amiga. Para él fue más que obvio que ella no aprobaba la unión. En cambio, los amigos de David saludaron con más cercanía a Luciana y la miraron con disimulo.
-Creo que no le agrado a tu amiga- Le dijo David a su esposa mientras se dirigían a la mesa principal
-No, no lo haces. Cree que cometí un error al casarme contigo- Ella fue sincera
-Mis amigos creen que soy afortunado al casarme con una belleza tan distinguida como tú. Sé que varios de los invitados querrían estar ocupando mi lugar ahora- Luciana sonrió
-Lo sé. Deberías cuidarme porque varios hombres han querido poner el mundo a mis pies. Lo sabes- Él hizo un gesto afirmativo
-Lo tendré presente- Respondió creyendo que él no tendría competencia alguna porque ella por años lo había mirado a él
¿A David le importaba que su esposa fuera tan deseada? No. Ni un poco. Lo único que le interesaba es que ella fuera fiel mientras el matrimonio durara.
-Espero que recuerdes las cláusulas de nuestro matrimonio y que no seas infiel o te costará caro- Ella sonrió hablándole al oído
Quienes veían a la pareja, no sospecharon lo que estaban hablando. A simple vista parecían la pareja perfecta, considerando su atractivo y también sus fortunas.
-Espero que tú también las recuerdes, princesa- David le respondió usando su mismo tono, con una sonrisa en los labios y una mirada fría en sus ojos
Luciana lo observó. Sonrió más ampliamente y después desvió la mirada.
La decoración del salón era exquisita, recién en ese momento ella reparó en aquello. La organizadora había hecho un buen trabajo sin tener pistas que seguir para satisfacer los gustos de los novios.
Luciana estuvo segura de que la contrataría para celebrar su boda religiosa más adelante. Ella ese día estaba más segura que nunca de que enamoraría a su esposo. Sabía perfectamente cuánto él la deseaba y ella sentía lo mismo. Además, ella era consciente de que poseía muchas virtudes. ¿Por qué David no la amaría? Sería más que estúpido si la perdiera.
La celebración continuó, los nuevos esposos bailaron. Allí fue todavía más evidente para Luciana de cuánto él la deseaba. Las palabras indecentes que él le dijo al oído lo confirmaban. También la manera de acariciar su espalda mientras se movían al ritmo de la música.
-¿Quieres irte?- Le preguntó
-Quiero quitarte ese vestido- Respondió él
Varios minutos más tarde, ellos se retiraron. Se dirigieron al aeropuerto. David tenía su avión privado esperando por ellos. La luna de miel fue en lo único que pensó. Después de todo, no le interesaba nada más en su nueva esposa.
Al abordar el avión, los dos ocuparon sus asientos. La mano de él, en las piernas de Luciana, tocándola con suavidad cada vez más cerca de su intimidad. El único impedimento para que lo hiciera era el vestido, precioso y sensual, pero incómodo para acceder a un sitio tan importante.
Después de algunos minutos, David se quitó el cinturón e hizo lo mismo con el de ella. Se puso de pie, la dio la mano y la llevó caminando con prisa al único cuarto al que solamente él tenía acceso en largas distancias.
Cuando entraron, él cerró la puerta y la besó con pasión mientras desarmaba su peinado.
-Te queda bien el cabello así, pero no me permite sujetarlo cuando te embista- Luciana jadeó sorprendida y también excitada
Ella sin pudor alguno llevó su mano al cinturón y segundos después pudo dejar que el pantalón de su marido cayera. La mano de Luciana fue sobre la gruesa dureza escondida en el bóxer.
Para David aquello fue suficiente para quitarle el vestido y dejarla solamente usando una pequeña braguita de encaje de color blanco, debido a que el vestido no le permitía usar sostén.
Él la besó con desenfreno mientras se quitaba la ropa. Algunos botones de su camisa salieron disparados.
Luciana, respiraba agitada, su cuerpo palpitaba de deseo y necesidad. Escuchar el desespero de su marido le alteraba el pulso.
Para ella, que jamás había experimentado tal nivel de deseo en el pasado; estar con David era una experiencia increíble. Pensaba que para él separar el sexo del amor sería imposible, así fuera de esa manera estaba segura de enamorarlo.
Para él, ella era una belleza ardiente que no merecía más que toda su pasión y además estaba seguro de no amarla jamás. Él solamente tenía sexo, el amor nunca entraba en la ecuación.