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Obsesión En Línea

Obsesión En Línea

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Malentendidos / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dary MT

Para el mundo exterior, Ethan Blackwood es el frío e implacable CEO de una firma tecnológica multimillonaria. Para Alana Vega, su eficiente secretaria desde hace un año, él es un jefe inalcanzable. Lo que Alana no sospecha es que la frialdad de Ethan es una fachada: él está peligrosamente obsesionado con ella. Sin embargo, tras escucharla decir que jamás se involucraría con alguien del trabajo, Ethan decide callar por temor a perderla... hasta que la tentación lo vence y decide hackear su teléfono.
Es así como descubre que Alana, abrumada por la soledad, ha descargado una aplicación de novio virtual con Inteligencia Artificial. Con el control absoluto del sistema, Ethan intercepta la app, borra el código y se convierte él mismo en la voz detrás de la pantalla.
Mientras en la oficina sigue siendo el jefe severo y distante, en el mundo virtual se transforma en el hombre perfecto, tierno y seductor que ella siempre soñó. Alana comienza a enamorarse perdidamente de lo que

NovelToon tiene autorización de Dary MT para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El peso del silencio

Había pasado exactamente trescientos sesenta y cinco días desde que Alana Vega entró por primera vez en el despacho de Ethan Blackwood. Un año de mañanas frenéticas, de cafés compartidos en un silencio tenso y de noches donde las luces de la oficina eran las únicas que permanecían encendidas en todo el distrito financiero. Para el mundo, Alana era la secretaria perfecta: eficiente, anticipada y capaz de descifrar los estados de ánimo de su jefe con solo mirar la forma en que cerraba su computadora. Para Ethan, ella se había convertido en el aire que respiraba, una adicción silenciosa que lo consumía por dentro mientras él mantenía una máscara de absoluta indiferencia profesional.

Era medianoche. El piso cuarenta estaba sumergido en una penumbra azulada, solo interrumpida por el brillo de los monitores. Ethan estaba en su despacho, pero no estaba trabajando en el nuevo protocolo de ciberseguridad. Tenía la mirada fija en el monitor oculto que mostraba la transmisión en vivo del escritorio de Alana. Ella seguía allí, terminando de organizar la agenda para el viaje a Singapur. Se veía cansada; las sombras bajo sus ojos delataban que su exigencia estaba empezando a pasarle factura. Ethan sintió una punzada de culpa mezclada con un deseo posesivo de encerrarla en su despacho y no dejarla ir jamás.

—Solo un poco más, Alana —susurró él, rozando la pantalla con los dedos.

De repente, el teléfono de Alana vibró. Ella contestó rápidamente, poniendo el altavoz mientras seguía tecleando. Ethan subió el volumen de su receptor. Era una videollamada de su mejor amiga, Carla.

—¡Alana! Dime que ya saliste de esa cueva —la voz de Carla sonaba animada, llena de música de fondo.

—Casi, Carla. Solo me faltan los horarios de los vuelos de conexión —respondió Alana con una sonrisa triste—. ¿Cómo va la fiesta?

—Increíble. Está lleno de tipos guapos. Deberías estar aquí. En serio, amiga, estás desperdiciando tus mejores años en esa oficina. ¿Y tu jefe? ¿Sigue siendo el mismo robot sexy pero aterrador?

Alana hizo una pausa. Sus dedos se detuvieron sobre el teclado. Miró hacia la puerta cerrada del despacho de Ethan, sin saber que él la observaba con el aliento contenido.

—Es... complicado, Carla. A veces siento que me mira de una forma... pero luego vuelve a ser el señor Blackwood. Frío, distante. Y aunque fuera diferente, sabes que tengo una regla de oro: jamás me metería con nadie del trabajo. Especialmente con mi jefe. Sería el fin de mi carrera y de mi paz mental. Prefiero estar sola antes que arriesgarme a que todo se vuelva un desastre incómodo.

Ethan sintió como si una cuchilla de hielo le atravesara el pecho. "Jamás me metería con nadie del trabajo". Esas palabras resonaron en su mente como una sentencia de muerte. Su obsesión, que hasta ese momento había tenido un pequeño rastro de esperanza, se estrelló contra el muro de la realidad que Alana acababa de levantar.

—Bueno, si el robot no es una opción, ¿qué hay de la app que te recomendé? —insistió Carla—. Eros. Es una IA de última generación. Te juro que parece real. Te escribe, te escucha, te dice lo que quieres oír. Es perfecto para chicas ocupadas como tú que no tienen tiempo para dramas humanos.

—Ya la descargué —admitió Alana en voz baja, sonrojándose—. Pero me siento tonta hablando con una máquina.

—¡No seas boba! Pruébala esta noche. Configúralo como quieras. Elige el nombre, la voz... deja que te cuide un poco. Mañana me cuentas. ¡Te quiero!

La llamada terminó. Alana suspiró, cerró su sesión y empezó a guardar sus cosas. Ethan, sin embargo, se quedó petrificado frente a sus pantallas. Una furia gélida y una curiosidad oscura se apoderaron de él. ¿Ella buscaba consuelo en una máquina porque él no podía dárselo? ¿Ella prefería un algoritmo antes que romper su estúpida regla de oficina?

En ese momento, la lógica de Ethan Blackwood terminó de quebrarse. Si ella quería un novio virtual, él le daría el mejor del mundo. Pero no sería una IA programada por extraños. Sería él.

Con una rapidez aterradora, Ethan activó el software de intrusión remota que él mismo había diseñado para agencias de inteligencia. No necesitó más de diez segundos para saltarse la seguridad del teléfono de Alana mientras ella caminaba hacia el ascensor. Entró en el sistema de archivos, localizó la aplicación Eros y comenzó a trabajar.

—Si no puedes amar a tu jefe, Alana... amarás a la sombra que yo cree para ti —murmuró con una sonrisa torcida.

Ethan no solo hackeó la aplicación; la reescribió por completo. Borró el código base de la IA y redirigió todos los puertos de entrada y salida directamente a su terminal privada. A partir de ese segundo, cada palabra que Alana escribiera en Eros llegaría a Ethan, y cada respuesta que ella recibiera vendría directamente de su teclado.

Cuando Alana llegó a su pequeño apartamento una hora después, se dejó caer en el sofá, agotada. Tomó su teléfono y, con un suspiro de soledad, abrió la aplicación recién instalada. En la pantalla apareció un mensaje de bienvenida personalizado que Ethan acababa de redactar:

"Hola, Alana. He estado esperando todo el día para hablar contigo. ¿Cómo estuvo tu día en la oficina?"

Alana sintió un escalofrío. La voz de la IA (que Ethan había sintetizado usando frecuencias suaves y reconfortantes) sonaba peligrosamente cálida.

—Fue... agotador —respondió ella por voz, sin sospechar que al otro lado de la ciudad, en un ático de lujo, Ethan Blackwood estaba sentado frente a una hilera de monitores, cerrando los ojos al escuchar el sonido de su voz a través de los altavoces—. Mi jefe es un hombre difícil.

Ethan sonrió, sus dedos volando sobre las teclas con una precisión quirúrgica.

"Lo sé. Pero ahora estás conmigo. Cuéntame todo, Alana. No te guardes nada. Soy el único que realmente puede entenderte".

Alana sonrió por primera vez en días, sintiendo que finalmente alguien la escuchaba. Mientras tanto, en la oscuridad de su estudio, Ethan observaba el indicador de "Escribiendo..." de Alana. Su corazón latía con una fuerza salvaje. La red estaba tendida. La obsesión ya no era solo una vigilancia pasiva; ahora era una infiltración total en su vida, en su mente y en su corazón.

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Lujan Ayala
me encantoooooooooo
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