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La Cura No Es El Olvido.

La Cura No Es El Olvido.

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:964
Nilai: 5
nombre de autor: Jakelyn Arevalo

En el corazón de un pueblo olvidado donde la guerra es el único idioma que se habla, Isaí, una joven doctora de 23 años, lucha cada día por arrebatarle vidas a la muerte. Su mundo de batas blancas y juramentos éticos se tambalea cuando conoce a Antonio, un guerrillero marcado por la pólvora cuya sola presencia es una sentencia de peligro.
Lo que comienza como una cura clandestina se transforma en un romance prohibido que desafía toda lógica. Sin embargo, en un lugar donde la lealtad se paga con sangre, el amor es un lujo mortal. Convencido de que su cercanía es la mayor amenaza para la mujer que ama, pero el reto y desafío más grande que enfrentar es un inesperado embarazo que sirve de ruleta a huir dejando a atrás los sueños por amor no es la Cura al olvido.

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Capítulo 8: El último susurro de la verdad

Otra noche que le hizo a Antonio volver, era desesperante no hacerlo y en descuido se volvió a escapar, ya en ese tiempo no se vería raro, si lo hacía era las segunda vez después de un año nadie lo notaría si no dejaba rastro.

El sudor le pegaba la camisa al cuerpo mientras se abría paso entre los helechos gigantes de la zona sur. Antonio sabía que no tenía mucho tiempo. Eliécer, su compañero de patrulla y el hombre más implacable de la columna, ya debía haber notado su ausencia en el puesto de control. Eliécer no era solo un soldado; era un rastreador que olía el miedo y la duda a kilómetros.

—Solo una vez más —se repetía Antonio, con los pulmones ardiendo—. Solo para que no me odies.

Llegó al pueblo cuando la neblina bajaba de los cerros como una mortaja blanca. No entró por el callejón de siempre; esta vez, saltó la cerca trasera y se coló por la ventana del consultorio que Isaí dejaba siempre entornada, esa pequeña rendija de esperanza que ella se negaba a cerrar.

Isaí estaba de espaldas, ordenando unos frascos de penicilina. El eco de las botas de Antonio sobre la madera podrida la hizo congelarse. No gritó. El miedo ya no era una novedad en su vida, pero el aroma a tabaco y monte que inundó la habitación le devolvió el alma al cuerpo en un golpe seco.

—Viniste —susurró ella, sin atreverse a girar, temiendo que fuera un espejismo de su tristeza que le jugará una mala pasada.

—Isaí, mírame —la voz de Antonio era una súplica rasgada, que la arrollo a la verdad.

Cuando ella se dio vuelta, sus ojos se encontraron después de un año de vacío. Isaí no lo recibió con un abrazo; lo recibió con la dureza de quien ha sido abandonada en medio del fuego.

—¿Por qué? —fue lo único que pudo articular ella, con las lágrimas contenidas—. Me dejaste sin explicación creyendo que todo fue un engaño, para deshacerte de mi, que solo me usaste para sanar tus agujeros de bala.

Antonio dio un paso adelante, ignorando el dolor de su propia herida mal cerrada que eran nada a las duras palabras de isai. La tomó por los hombros con una desesperación que la hizo temblar.

—Me fui porque eres lo único limpio que he tocado en esta guerra, Isaí. Si me quedaba, te habrían matado para castigarme. Mi silencio fue tu escudo, aunque te partiera el corazón.

El tiempo se detuvo. Antonio le explicó brevemente la red de vigilancia, las sospechas de su compañero y cómo había tenido que fingir una traición interna para que dejaran de vigilarla a ella. Pero justo cuando Isaí iba a responder, un silbido seco cortó el silencio desde el exterior. Un código de aves que solo Antonio conocía.

—Es Eliécer —dijo Antonio, palideciendo. Su rostro recuperó la máscara de guerra—. Me encontró.

Se acercó a ella, tomándole el rostro entre sus manos rudas por última vez.

—Escúchame bien: si no regreso, si esta es la última vez que me ves, no me esperes más. Vive, doctora. Cura a los que se queden, pero no dejes que mi recuerdo sea tu tumba, pero si no pasa nada y puedo volver mi promesa sigue aferrada a tí mi doctora.

Le dio un beso que sabía a hierro y a despedida final. Antes de que Isaí pudiera retenerlo, Antonio saltó por la ventana, perdiéndose en la neblina justo cuando una sombra armada aparecía en la esquina de la calle.

Isaí se quedó sola en medio del consultorio, con el calor de sus manos aún en las mejillas y el peso de una verdad que ahora, en lugar de aliviarla, la aterraba más que el olvido.

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Elizabeth Medina
que fuerte decisión de Antonio pero tiene que proteger a la doctora
Elizabeth Medina
bueno veremos que pasa con esta doctora y ese desconocido
Jakelyn Arevalo
Los invito a ver parte de mi historia, en 25 capítulos que continuará 😘😘😘
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