Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.
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Thalindra
Thalindra caminaba por los pasillos del castillo como si siempre hubieran sido suyos. El sonido de sus tacones resonaba sobre el fino piso de mármol, obligando a los sirvientes a apartarse a su paso.
Las joyas de la reina Elyndra adornaban su cuello y muñecas, brillando tan elegantes que contrastaba con la frialdad de su expresión.
—¡Asegúrense de que los salones estén impecables para la cena! —ordenó con voz cortante.
Los sirvientes se apresuraron inmediatamente, murmurando entre ellos con evidente temor.
Al girar por uno de los corredores principales, Thalindra encontró a la duquesa Valery supervisando a varios empleados del castillo.
—Ah, duquesa —dijo con una sonrisa fría—. Qué bueno que la encuentro.
Valery levantó la vista hacia ella con calma.
—He estado pensando en mis hermanos —continuó Thalindra mientras acomodaba uno de los brazaletes de Elyndra sobre su muñeca— y creo que necesitan una educación mucho más rigurosa.
La duquesa permaneció en silencio, escuchando atentamente.
—Por eso he decidido que Myrelle será enviada al Conservatorio para la Nobleza —anunció—. Ahí aprenderá a comportarse como corresponde.
Valery contuvo apenas la sorpresa en su expresión.
Antes de que pudiera responder, Thalindra continuó:
—Y Lyrien… cuando alcance la edad adecuada, irá a un conservatorio equivalente. Será educado bajo los estándares que este reino merece y necesita.
—Thalindra… —comenzó la duquesa con cautela— quizá deberíamos consultarlo antes con el consejo o…
—No es necesario, duquesa —la interrumpió ella inmediatamente—. Mientras Aralisse esté lejos y mi hermano gobierne como regente, yo estoy al mando de este castillo.
Su voz se endureció ligeramente.
—Es mi deber asegurarme de que la familia Eldenry no pierda su lugar entre la nobleza.
Valery alzó la mirada con firmeza. No había miedo en sus ojos. Solo una determinación silenciosa que Thalindra claramente no esperaba encontrar.
—Con todo respeto —respondió la duquesa con voz serena—, creo que una decisión así requiere pensarse más. Los conservatorios pueden ser útiles, sí, pero el bienestar de Myrelle y Lyrien no debería decidirse en un instante, son demandantes al trono, su seguridad es importante.
Thalindra entrecerró apenas los ojos.
—Debemos discutirlo con el consejo —continuó Valery—. No es únicamente asunto suyo.
La sonrisa de Thalindra se endureció lentamente.
Se acercó varios pasos hasta quedar prácticamente frente a la duquesa.
—¿Consultarlo con el consejo? —repitió con desprecio apenas disimulado—. Mientras Alaric sea regente, yo llevo el mandó de esta casa.
Su mirada descendió apenas hacia Valery.
—Y cualquiera que cuestione la forma en que manejo las cosas… se arriesga a perder.
El silencio se tensó entre ambas.
—Usted es extranjera, duquesa —añadió Thalindra suavemente—. Podría hacer que la devolvieran a Vaelirah si quisiera.
La mano de Valery se cerró ligeramente sobre los pliegues de su manto, aunque mantuvo intacta la compostura.
—No intento desafiarla, Thalindra —respondió con firmeza—. Solo pido prudencia. Son niños… y acaban de perder a sus dos padres y su hermana mayor.
Thalindra inclinó apenas la cabeza.
—Entonces será mejor que aprendan a ser fuertes, la vida está llena de pérdidas.
La amenaza en su voz ya no intentaba esconderse.
—Si continúa interfiriendo en mis decisiones… comenzaré a considerar que no comparte mi visión sobre el bienestar de mi familia.
Extendió una mano elegantemente enguantada.
—Y si ese es el caso… podría pedir que Myrelle y Lyrien queden bajo micustodia directa desde este mismo día.
El silencio que siguió fue pesado.
La duquesa comprendió perfectamente lo que aquello significaba.
—¿Eso es una amenaza? —preguntó finalmente con voz contenida.
—Es una advertencia —corrigió Thalindra sin apartar la mirada—. Esta casa necesita orden. Y yo decidiré cuál es el orden adecuado para el apellido de mi padre.
Valery sostuvo sus ojos unos segundos más antes de responder en un susurro frío:
—Protege con demasiada devoción un apellido que ni siquiera es el suyo.
Aquellas palabras golpearon directamente el orgullo de Thalindra.
La joven ladeó apenas la cabeza, molesta.
—Cambie de opinión, ahora sí es una amenaza, haga lo que considere necesario, duquesa.
Sin añadir nada más, dio media vuelta. Sus collares tintinearon suavemente mientras se alejaba por el pasillo, dejando tras de sí una sensación helada… y la certeza de que el conflicto apenas comenzaba.
Valery permaneció inmóvil varios segundos observándola marcharse.
...***************...
La noche cayó sobre Lysirah y el castillo quedó sumido en un silencio intermitente, roto únicamente por el viento golpeando las torres y el lejano murmullo de la guardia nocturna.
Thalindra permanecía dentro de la sala privada de los Eldenry, apoyada contra la chimenea mientras contemplaba las llamas.
Alaric se encontraba frente a ella, inclinado sobre la mesa de roble, observando cuidadosamente cada expresión de su hermana.
—La duquesa… —murmuró él con ironía— parece incapaz de entender cuándo debe ceder.
Thalindra sonrió apenas. Aquella mezcla de astucia y frialdad volvía su expresión inquietante, casi peligrosa.
—Si queremos consolidar nuestro poder, necesitamos alejar a los herederos de padre.
—Exactamente. —Alaric asintió lentamente—. Mientras Valery permanezca preocupada por Myrelle y Lyrien, nosotros podremos tomar el control de la casa y del reino poco a poco.
Thalindra hizo girar lentamente un colgante de oro entre sus dedos.
—Mi plan es simple —explicó—. Primero los niños se acostumbrarán a obedecer nuestras órdenes. Después, la duquesa comprenderá demasiado tarde que su influencia desapareció.
Alaric sonrió con satisfacción.
—Y mientras tanto, nosotros fortaleceremos nuestra posición frente a los lores y el consejo.
Se recargó un poco más sobre la mesa.
—Valery no puede enfrentarnos públicamente. Sería un suicidio político.
—Exactamente —respondió Thalindra inclinándose hacia él—. Y cuando Aralisse regrese algún día…
Una pequeña sonrisa fría apareció en sus labios.
—Encontrará que su precioso reino ya no es lo que ella recuerda. Encontrara desprecio hacia ella.
Sus ojos brillaron apenas bajo la luz del fuego.
—Para entonces, nadie cuestionará nuestro lugar aquí. Ni siquiera podrá reclamar realmente el trono.
Alaric observó a su hermana con admiración y complicidad.
—Eres brillante, Thalindra.
Una sonrisa calculadora apareció lentamente en su rostro.
—Si jugamos correctamente nuestras cartas… Lysirah será nuestra sin necesidad de ensuciarnos las manos.
Thalindra cerró los ojos apenas un instante, disfrutando aquella sensación de poder que comenzaba a vivir después de años de humillaciones siendo la bastarda del rey.
—Y cuando llegue el momento, Alaric…
Abrió lentamente los ojos.
—No habrá nadie capaz de interponerse en nuestro camino.
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