Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un
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Capítulo 19: Lo que no podemos evitar
Y sí… yo sé que debo ponerle freno a esto.
Pero el único freno real sería irme de la casa y alejarlos de Samuel. Y eso también sería un golpe muy fuerte para el niño. Debo pensar en él… porque el los adora.
Llegó el fin de semana.
El sábado, en la mañana, Isa me escribió para salir a comer y hablar un rato, ya que desde aquella noche en la discoteca no nos habíamos vuelto a ver. Y sí, tenía razón, así que acepté.
A las siete de la noche salí para encontrarme con ella en un restaurante.
Me tomé una foto, la subí a redes y salí.
Al llegar, ahí estaba Isa.
—Hola, nena, ¿cómo estás? —me saludó.
—Hola, Majo, bien… ¿y tú?
—Bien.
Nos sentamos, pedimos la comida y, apenas llegó el mesero, Isabella fue directa al grano.
—Quiero que me cuentes qué ha pasado con mi jefe.
Suspiré.
—Nada… lo mismo que te he dicho por chat. Decidimos alejarnos, Isa. Eso no va para ningún lado.
—¿Pero por qué lo hiciste? ¿Por lo que viste en la disco?
—En parte sí. Y además por mi trabajo. Tú sabes que no puedo cruzar límites.
—Por lo del trabajo te entiendo… pero si fue por lo que viste, tampoco me parece justo. Sí, él ha salido con muchas modelos, pero es un hombre soltero. Además, te puedo decir algo: cuando estaba con su difunta esposa, él no era así.
La miré alzando una ceja.
—¿Lo estás defendiendo?
Isa soltó una pequeña risa.
—No es defenderlo. Porque en realidad no sé qué quiere contigo. Pero sí sé una cosa: tú te veías diferente cuando hablabas con él. Nunca te había visto tan feliz… ni siquiera cuando vivías con tu ex.
Sonreí un poco, porque en el fondo sabía que tenía razón.
—Sí… la verdad me hace falta. Escuchar sus mensajes, hablar con él, verlo en el colegio… hasta cuándo inventaba excusas para llegar tarde solo para encontrase con Migo y las últimas bese termino besándome.
Isa abrió los ojos con diversión.
—¡Ay, amiga!
Bajé la mirada y confesé en voz baja:
—Te voy a decir algo… la última vez que nos besamos, en la discoteca, ese hombre se prendió… y yo también. Sentí lo mucho que lo afectó el beso y eso me asustó. Por eso salí corriendo. Pero yo también estaba igual…
Cerré los ojos y suspiré.
Isabella soltó una carcajada.
—Amiga, si te gusta tanto, ¿por qué no lo intentas? Aunque sea a escondidas, para pasar el rato… porque no es por nada, pero mi jefe está demasiado bueno.
La miré riéndome.
—¿Y si por “pasar el rato” termino enamorada y sufriendo?
Mi sonrisa desapareció un poco.
—Además, Samuel me dijo hace días que quería que su tía fuera su mamá… que no quería a nadie más.
Isa rodó los ojos de inmediato.
—Eso es porque esa arpía le mete ideas en la cabeza. Te lo digo: ella quiere quedarse con Alejandro y ser la señora de la casa.
—¿Y tú cómo ves eso? ¿Crees que lo logre?
Isa se acomodó en la silla antes de responder.
—Mira, una cosa sí es cierta: Valentina es bonita. Pero también he escuchado muchos rumores en la empresa y Alejandro jamás le ha prestado atención. Él la ve como la tía de Samuel y ya. La cansona es ella.
Suspiré.
—Sí, pero viviendo en la misma casa… no sé. Me cuesta creer que puedan resistirse.
—Pues no sé si haya pasado algo entre ellos, pero jamás he escuchado un rumor. Y créeme, las modelos son escandalosas. Si algo hubiera pasado, ya todo el mundo lo sabría. Además, cuando él estaba contigo te miraba diferente… no como mira a las demás.
Le sonreí con tristeza.
—¿Y últimamente sabes si ha estado con alguna modelo?
Isa negó con la cabeza.
—No. Y si hubiera pasado algo, ya me habría enterado.
Tomé un sorbo de mi michelada antes de volver a hablar.
—Imagínate que hoy Alejandro tenía competencia de crossfit y Samuel me invitó. Me dijo que iban “en familia”: su papá, su tía y él. Y lo dijo con tanta felicidad que me dolió el alma.
Bajé la mirada.
—Yo creo que él sueña con que su tía sea la esposa de su papá.
Isa negó enseguida.
—Eso es porque Valentina y la abuela le llenan la cabeza con esas ideas.
—Puede ser… pero al final son las ilusiones del niño.
Seguimos hablando y comiendo durante horas.
Mientras tanto, Alejandro había llegado a casa sobre las siete de la noche. Había pasado todo el día fuera y solo quería bañarse, comer y dormir temprano, porque al día siguiente debía madrugar otra vez.
Durante el evento le habían tomado muchas fotos y ya lo habían etiquetado en redes. En varias aparecía junto a Valentina y Samuel. Cualquiera que las viera pensaría que eran una familia feliz.
Y por primera vez eso le molestó.
Antes no le importaba lo que la gente creyera.
Ahora sí.
Porque María José existía.
Y no quería que ella siguiera imaginando cosas que no eran.
Suspiró frustrado mientras observaba una foto de María José en su celular.
Dios… cómo deseaba tenerla entre sus brazos.
Mientras tanto, Isa y yo seguíamos tomando micheladas cuando entré a redes sociales y vi los estados de Alejandro.
Dios mío… ese hombre.
—Mira esto —le dije mostrándole el celular a Isa—. Es inevitable no imaginar cosas con ese cuerpo.
Las dos nos echamos a reír.
—Amiga, ese hombre está demasiado bueno —dijo Isa divertida—. Es un pecado dejarlo ir.
Seguimos riéndonos hasta que volví a mirar las fotos.
En varias aparecían Alejandro, Samuel y Valentina juntos. Como una familia perfecta.
Sentí un pequeño nudo en el pecho.
—¿Ves esto? —le mostré a Isa—. Cualquiera pensaría que son una familia.
Isa bufó.
—Esa vieja siempre ha querido dar esa imagen.
Dejé de mirar las fotos y seguimos hablando hasta casi medianoche, cuando cada una tomó camino a su casa.
Al llegar, volví a entrar a redes.
En una de las fotos Alejandro aparecía con una medalla.
No pude resistirme.
“Felicitaciones ❤️”.
Apenas envié el mensaje me arrepentí.
Dejé el celular sobre la cama, me bañé, me cepillé los dientes y me acosté a dormir.
Aunque, siendo sincera…
No dejaba de pensar en él.
En su cuerpo.
En cómo sería estar entre sus brazos.
Solté una pequeña risa para mí misma.
Dios… esta soledad me está haciendo daño.