Valeria Castillo tiene una vida clara y ordenada: es periodista deportiva, ama su trabajo y sabe perfectamente cómo manejar a los hombres arrogantes del mundo del boxeo. Al menos… eso creía.
Todo cambia cuando conoce a Adrián Vega, el boxeador más prometedor del campeonato nacional. Talentoso, peligroso dentro del ring, insoportablemente seguro de sí mismo fuera de él… y con una sonrisa capaz de arruinarle la paciencia a cualquiera.
Lo que empieza como simples entrevistas pronto se convierte en algo más complicado: miradas demasiado largas, discusiones cargadas de tensión y una atracción imposible de ignorar. Adrián está acostumbrado a ganar todas sus peleas, pero nunca ha tenido que luchar por el corazón de una mujer que no piensa caer fácilmente.
Entre entrenamientos brutales, campeonatos que pueden cambiar una carrera, celos inesperados y momentos tan caóticos como románticos, Valeria descubrirá que amar a un boxeador significa vivir al borde del nocaut emocional.
Porque Adrián Vega puede derrotar a cualquiera en el ring…
pero con Valeria Castillo cada día es una pelea nueva.
Y tal vez la más difícil de todas.
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Capítulo 8 Información confidencial
El evento en el gimnasio seguía lleno de gente.
Niños corriendo.
Fotógrafos.
Entrenadores hablando con políticos que fingían saber algo sobre deporte.
Valeria estaba entrevistando a un entrenador local al otro lado del recinto.
Camila se había quedado cerca de las gradas revisando fotos en su teléfono.
Fue entonces cuando una sombra apareció frente a ella.
Camila levantó la mirada.
Adrián Vega.
—Hola otra vez —dijo él con tranquilidad.
Camila sonrió inmediatamente.
—Hola, campeón.
Adrián miró alrededor.
—¿Dónde está tu amiga peligrosa?
Camila señaló hacia el otro lado del gimnasio.
—Entrevistando a alguien.
Adrián siguió la dirección con la mirada.
Vio a Valeria hablando con un entrenador mientras tomaba notas.
Concentrada.
Seria.
Profesional.
Adrián volvió a mirar a Camila.
—Perfecto.
Camila entrecerró los ojos con curiosidad.
—Eso suena sospechoso.
Adrián apoyó un brazo en la baranda.
—Tengo una pregunta.
—Miedo me da.
—¿Puedes darme el número de Valeria?
Camila se quedó en silencio.
Luego lo miró lentamente.
—¿Estás hablando en serio?
—Completamente.
Camila cruzó los brazos.
—¿Por qué?
Adrián levantó una ceja.
—Porque no me lo quiere dar.
Camila soltó una risa.
—Eso suena muy Valeria.
Adrián suspiró.
—Intenté ser educado.
—¿Intentaste?
—Sí.
—¿La acusaste públicamente de distraerte durante una pelea?
Adrián pensó un segundo.
—Eso fue después.
Camila volvió a reír.
—No voy a traicionar a mi amiga tan fácil.
Adrián inclinó la cabeza.
—No es traición.
—¿Qué es entonces?
—Ayuda humanitaria.
Camila lo miró con diversión.
—¿Para quién?
—Para mí.
Camila fingió pensarlo.
—Hmm.
Camila sacó su teléfono.
Adrián se inclinó un poco hacia adelante.
Camila levantó un dedo.
—Una condición.
—Dime.
—Si la haces llorar…
—No lo haré.
—…yo le abro las dos cejas.
Adrián se quedó en silencio un segundo.
Luego sonrió.
—Trato justo.
Camila escribió algo en su teléfono.
Luego giró la pantalla.
—Aquí.
Adrián memorizó el número.
—Gracias.
Camila lo miró con curiosidad.
—Por cierto.
—¿Sí?
—Le gustó hacerla reír.
Adrián se encogió de hombros.
—No fue tan difícil.
Camila sonrió.
—Lo fue.
Adrián volvió a mirar hacia donde estaba Valeria.
Ella seguía concentrada en su entrevista.
Sin notar nada.
Adrián murmuró:
—Interesante.
Esa noche…
la casa de los Vega estaba llena de ruido.
La familia estaba cenando.
Una mesa larga.
Platos llenos.
Conversaciones cruzadas.
La hermana pequeña de Adrián, Sofía, estaba viendo algo en su tablet.
De repente soltó un grito.
—¡OTRA VEZ!
Todos la miraron.
—¿Qué pasa? —preguntó la madre.
Sofía giró la pantalla.
—¡El video!
Adrián suspiró.
—Otra vez no.
El padre tomó la tablet.
El famoso clip empezó a reproducirse.
Adrián con la venda.
“Una periodista con ojos verdes me distrajo.”
Luego la voz de Valeria.
“Voy a abrirle la otra ceja.”
La familia entera comenzó a reír.
Lucas, el hermano mayor, golpeó la mesa.
—¡Te amenazó frente a todo el país!
Adrián tomó agua con calma.
—Fue una exageración.
La madre sonrió.
—Me gusta.
Adrián la miró.
—¿Te gusta?
—Sí.
—¿Por qué?
—No parece impresionada contigo.
Lucas levantó la mano.
—Confirmo.
Sofía intervino.
—¿Es tu novia?
Adrián casi se atragantó con el agua.
—No.
El padre levantó una ceja.
—Todavía.
Adrián lo miró.
—Papá.
La madre apoyó el codo en la mesa.
—¿La viste hoy?
Adrián asintió.
—Sí.
Lucas sonrió.
—¿Y?
Adrián pensó un momento.
—Intentó ignorarme.
—¿Funcionó?
Adrián negó con la cabeza.
—No.
Sofía sonrió.
—La voy a buscar en internet.
Adrián levantó un dedo.
—No hagas eso.
Demasiado tarde.
Sofía ya estaba buscando.
—Valeria Castillo.
Pausa.
—Periodista deportiva.
La madre miró a Adrián.
—Bonito nombre.
Lucas añadió:
—Bonitos ojos.
Adrián lo miró con expresión peligrosa.
Lucas levantó las manos.
—Solo digo lo que dijiste tú.
La madre observó a Adrián con atención.
—Te gusta.
Adrián apoyó la espalda en la silla.
—Es interesante.
Lucas soltó una carcajada.
—Eso significa que sí.
Adrián ignoró el comentario.
Sacó su teléfono.
Miró el número que había memorizado.
Valeria Castillo.
Se quedó observando la pantalla un momento.
La madre lo miraba con una sonrisa tranquila.
—¿Vas a escribirle?
Adrián levantó la vista.
—Tal vez.
Lucas apoyó la barbilla en la mano.
—¿Qué vas a decir?
Adrián pensó un segundo.
Luego escribió un mensaje.
Lo leyó.
Sonrió un poco.
Y presionó enviar.
Al otro lado de la ciudad…
Valeria estaba en su apartamento revisando notas cuando su teléfono vibró.
Número desconocido.
Abrió el mensaje.
"Buenas noches.Prometo no mencionar tus ojos verdes si prometes no romperme la otra ceja.— Adrián."Valeria se quedó mirando la pantalla.
Luego murmuró:
—Camila está muerta.
Pero por alguna razón…
no bloqueó el número.
Y eso…
era el verdadero problema.