Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
NovelToon tiene autorización de NELSI BLANCO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 8
Sara toma los documentos con cuidado y se dirige con paso firme hacia la oficina de Alejandro. Al llegar, toca la puerta suavemente y, tras un breve momento, él la invita a entrar.
Sara, sintiendo una mezcla de nerviosismo y ansiedad, se presenta con un tono un tanto tembloroso y dice: Buenas, señor. Le traigo un pequeño resumen de documentos para que los revise y nos indique qué pasos debemos seguir a continuación.
Alejandro, al escuchar sus palabras, la mira fijamente y responde con un tono de incredulidad: ¿Un pequeño resumen? No entiendo por qué me traes eso. Necesito los documentos completos para la reunión de mañana. ¿Acaso ustedes creen que esto es un juego?.
Ante su reproche, Sara se siente aún más nerviosa y, tratando de mantener la compostura, replica: No, señor. Estos son los documentos que le he traído.
Alejandro, visiblemente frustrado, expresó: Mira, no necesito un pequeño resumen. Ve y dile a todos que si no se sienten capacitados para llevar a cabo este trabajo, que me lo digan de inmediato.
Sara, sintiéndose nerviosa, respondió: Señor, lamento mucho esto. Aquí están los documentos que solicito; creo que están completos.
Ante esto, Alejandro se levantó con evidente enojo y replicó: No necesito que tú creas que están completos, lo que necesito es que realmente lo estén. Y si eso que me traes es solo un pequeño resumen, no me sirve en este momento. Ahora, por favor, retírate.
Sara, sintiendo una gran presión y nerviosismo, abandonó la oficina rápidamente. Al regresar al salón, compartió con sus compañeros que el CEO estaba de muy mal humor.
Alana: No recibió los documentos.
Diana: Pero si los solicitó, ¿qué ocurrió, Sara?
Sara: No tengo idea, de verdad. Entré y le expliqué que aquí estaba el pequeño resumen, y él se molestó muchísimo. Dijo que necesitaba que estuviera completo y que si ninguno de nosotros estaba capacitado para este trabajo, lo dijéramos de inmediato.
Cheo: Pero, ¿por qué dijiste que era un resumen si estaba completo?
Sara: Estaba tan nerviosa que no sé qué pasó.
Cheo: ¿Y así pretendes ser la persona que acompaña al CEO en las reuniones importantes?
Sara: ¡Cállate!
Cheo: No, no me voy a callar, Sara. Por tu culpa, todos vamos a pagar las consecuencias. Solo tenías que entregarle los documentos.
Sara: Pero lo hice, Cheo. El problema es que él está de mal humor.
Cheo: ¿Y por qué dijiste que era un resumen?
Diana: ¡Basta ya, chicos! No podemos permitir que esto se convierta en una pelea entre nosotros. Lo más adecuado sería que Alana vaya con el CEO y le explique que ya tenemos listos los documentos.
Alana: ¡Yo!
Diana: Sí, amiga, tú conoces este tema un poco mejor que nosotros y sabemos que tienes la capacidad de aclarar toda esta situación.
Cheo: Sí, Alana, por favor, ve y habla con él.
Alana asintió con una sonrisa y salió de la sala con los documentos en mano, dirigiéndose directamente hacia la oficina del CEO. Al llegar, tocó la puerta y, tras un breve momento, le hicieron pasar.
Cuando Alejandro la vio entrar, exclamó con una expresión de aprobación: ¿Están completos los documentos?. Alana, sintiéndose un poco nerviosa, respondió con firmeza: Sí, señor, aquí están todos los documentos completos. Se acercó a su escritorio y comenzó a explicarle cada punto de los documentos con gran detalle.
Alejandro se sintió sorprendido por la claridad y la elocuencia con la que Alana exponía la información. La observaba atentamente, absorbiendo no solo lo que decía, sino también la forma en que lo decía. En ese momento, le cruzó por la mente un pensamiento: Qué linda es.
Alana, notando que Alejandro había caído en sus pensamientos, rompió el silencio y le preguntó: ¿Qué le parece, señor?.
Alejandro, con una sonrisa de satisfacción, exclamó: ¡Excelente! Quiero que seas tú quien me acompañe a la reunión de mañana. Saldremos de la oficina a las 8, así que te pido que por favor llegues temprano.
Al escuchar esto, Alana, visiblemente sorprendida por la invitación, respondió: Está bien, señor. Así será. Muchas gracias. Ahora me retiro.
Sin embargo, Alejandro la detuvo diciendo: Espera.
Alana se quedó en su lugar, un poco confundida. Entonces, Alejandro continuó: ¿Cómo es que sabes tanto sobre estos temas?.
Alana, con una expresión de orgullo en su rostro, respondió: Estudié mucho durante mi tiempo en la casa hogar, y al finalizar mis estudios, decidí dedicarme a ayudar allí mismo. Ahora estoy cursando la universidad.
Alejandro miró a Alana con atención y pronunció: Me parece que lo has hecho muy bien. Así que, puedes ir a terminar tus asuntos. Alana sonrió con gratitud y respondió: Gracias, señor.
Al salir de la oficina, se encontró con Yuly. Al ver a Alana sonriendo y saliendo de la oficina de Alejandro, Yuly sintió una punzada de molestia y la miró de manera despectiva. Alana, sin prestarle atención y con una actitud despreocupada, regresó a su oficina.
Una vez allí, compartió con todos sus compañeros lo emocionada que estaba por cómo habían quedado todos los documentos y lo bien que había explicado todo durante la reunión. Además, mencionó que Alejandro decidió que ella fuera la que asistiera a la reunión.
La noticia alegró a todos, quienes se sintieron contentos por el logro de Alana, y continuaron trabajando animadamente en sus tareas.
Yuly entró en la oficina de Alejandro y, con tono desafiante, preguntó qué estaba haciendo ella allí. Alejandro la observó con desdén y replicó que eso no era de su incumbencia.
Molesta, Yuly no pudo evitar expresar su enojo y lanzó una provocadora pregunta: ¿acaso también planeas llevarla a tu cama? Este comentario irritó a Alejandro, quien, levantándose de su asiento, se acercó a ella con determinación.
—No me hagas escenas de celos, Yuly —le dijo, tratando de mantenerse calmado—. Sabes perfectamente que entre nosotros no hay nada más que sexo y diversión. Eso es todo, así que guárdate las dramatizaciones para ti, ¿de acuerdo?
Yuly lo miró furiosa, sin poder contener su rabia, y le respondió de manera contundente: ¿eso es lo que piensas?
Alejandro: Eso es lo que es.
Yuly: Alejandro, tú eres el amor de mi vida, te amo. No puedo evitar ponerme celosa, amor.
Alejandro: ¿Qué acabas de decir? ¿Acaso te has vuelto loca, Yuly?
Yuly: Es la verdad, mi amor.
Alejandro: Cálmate, no me llames así. Sabes perfectamente que no me interesan las emociones amorosas; no lo acepto. Es un juego, así que es mejor que dejes de pensar en eso. No vengas más aquí si no es por trabajo.
Yuly: No puedo.
Alejandro: Sal de aquí ahora, no quiero escucharte.